lunes, 27 de febrero de 2017

Manchester frente al mar

Un hombre atormentado, silencioso y violento sobrevive de conserje, arreglando desperfectos en varios bloques de una triste y fría ciudad, cuando recibe una noticia que le hace enfrentarse a su pasado.

Su hermano ha muerto, y debe hacerse cargo de su sobrino, un adolescente de 16 años. De vuelta a su localidad, una población marítima, revive su pasado, su vida, sus calles, sus barcos,sus amistades, su familia, su existencia, su espíritu, a la vez divertido e inconsciente hasta que una tragedia rompe su vida, haciéndole hundirse en las ciénagas de la desesperación, perseguido por el monstruo de la culpa, que le susurra al oído día y noche su responsabilidad, convirtiéndolo en un hombre que huye de sí mismo, encerrado en una lúgubre habitación, donde solo espera que la vida pase rápido ,para poder cerrar los ojos definitivamente.

Pese a su desconcierto, debe hacer frente a sus demonios, enfrentarse cara a cara a sus recuerdos, revivir todo. La película mezcla pasado y presente, puertas que se abren y que se cierran, la lucha entre la huída y el olvido, el perdonarse a sí mismo, o seguir hundido en la obscura celda de su vida.



Familias rotas, vidas cuarteadas por el dolor, por pérdidas antes de tiempo, bellos paisajes, miradas que lo dicen todo sin decir nada, gotas de humor, a veces negro, manos que se abren, y siempre la duda, de si agarrarlas o dejarlas escapar.

Manchester frente al mar es un drama, negro como una noche invernal, pero con algún pequeño rayo lunar iluminando mínimamente el terreno pedregoso y en cuesta por el que se mueven los principales protagonistas.

Una gran película, no apta para quienes busquen cine de evasión y sonrisa, el más necesario, reconozco, en estos lúgubres tiempos. Pero, qué se le va a hacer, servidor siempre ha tenido predilección por el cine melancólico, de perdedores y fracasados, de seres heridos y rotos en su interior.

Un reflejo de mi propia personalidad, sin más.

sábado, 25 de febrero de 2017

El fin y los medios. Sobre los ideales y los métodos empleados para su realización

Menos conocido que Un Mundo Feliz, Aldous Huxley escribió un ambicioso ensayo, El fin y los medios, en plena época de auge de los totalitarismos y el rearme, no muy diferente a la nuestra, donde analiza las posibilidades de reforma del mundo y del hombre, tocando numerosos aspectos.

Ensayo irregular, con capítulos más interesantes que otros, lo positivo de su visión es su carácter holístico y su acierto, en mi opinión, en la unión que hace de lo material y lo espiritual, de lo cercano y medible y lo trascendente.

De hecho Huxley sostiene que la sociedad ideal es la que sigue el camino propuesto por profetas, místicos y filósofos de diversas escuelas y corrientes, camino por desgracia olvidado, que él resumen en una palabra: desapego. Siendo el hombre y mujer desapegado aquel que se aleja de las pasiones como la ira, la avaricia, el ansia de riqueza o el poder, en búsqueda de lo trascendente. 

Frente a la idea que algunos pueden tener de que seres desapegados son seres encerrados en sí mismos, el ideal de hombre desapegado es el del ser solidario y bondadoso, que comprende que todos estamos unidos, que no hay independencia plena individual, sino interconexión entre todos los seres con el Universo.

Esta idea es el núcleo de su ensayo, donde reflexiona sobre la necesidad de la descentralización y autonomía política y económica para favorecer la libertad y la responsabilidad frente a la concentración de poder y la sumisión; el cambio educativo, que debería unir la teoría y la práctica, es decir los estudios y el trabajo, así como evitar la especialización, para acercarse lo más profundamente posible a una visión de conjunto.

El impulso al asociacionismo a todos los niveles, a la prácticas no violentas de resolución de conflictos con la necesidad de crear grupos destinados a evitar las guerras, su rechazo a las idolatrías de la época que le toco vivir: ideologías como el nacionalismo, el fascismo y el comunismo, con sus dioses como la nación, el partido, el caudillo, la clase, recorre todo su libro; su defensa de la cooperación frente a la competencia económica y entre individuos, su elogio del misticismo, más cercano en sus simpatías al budismo y a la idea de un "dios" o trascendencia impersonal frente a nuestra imagen del Ser Divino similar a nosotros, son algunos de los temas que propone.



Un texto interesante, que nos indica algunos caminos para el cambio, sin ser un manifiesto, ni un programa de transformación integral, quizás, cierto, un tanto confuso por eso de tocar muchos temas, más bienintencionado que práctico, pero que puede servir en algunos aspectos, probablemente, en mi modesta opinión más en los ético, espiritual y filosófico que en lo político y económico.

En cualquier caso El fin y los medios, como otras obras del autor, nos muestran a un hombre de talante crítico y libre, preocupado por el mundo, independiente y con criterio propio.Cualidades imprescindibles en esos futuros seres desapegados que quieran cambiar el mundo sabiendo que los fines y los medios han de ser acordes, que los medios determinan el fin. Que si los medios son negativos, el fin acabará por serlo.

domingo, 19 de febrero de 2017

Ni izquierdismo, ni nacionalpopulismo: revolución comunal universal y autogestión

Mucho está dando que hablar el triunfo de Trump, el Brexit y el ascenso de la nueva derecha populista, con el más que probable próximo éxito de Le Pen en Francia.

Como es habitual, son muy escasos los análisis de fondo del proceso, dominando la indignación, el insulto y el griterío de incomprensión. Pero para comprender el éxito del que llamaremos nacionalpopulismo, hay que tener en cuenta que responde, en lo más profundo, a un creciente alejamiento de los dogmas del progresismo, de esa especie de inquisición políticamente correcta, relativista  y buenista, basada en unas pocas ideas fuerza, tales como el feminismo de Estado, la igualdad de toda cultura o religiosidad, el autoodio hacia Europa y sus tradiciones mientras se justifican las opresiones ajenas, la defensa de la inmigración masiva sin analizar sus consecuencias y a quién beneficia fundamentalmente-el capital local y trasnacional-, la centralidad de los discursos en defensa de las minorías, necesarios pero no hasta el extremo de hacer que las mayorías se sientan olvidadas y marginadas, especialmente parados y trabajadores pobres de los países-que somos creciente mayoría-.

Estos factores y otros, son los que pienso que están detrás de la descomposición en muchos lugares del izquierdismo, siendo absorbidos de manera creciente parte de sus votantes por las derechas populistas, que usan también un discurso social y que, si son inteligentes y se muestran contrarios al neoliberalismo, podrían provocar el desmoronamiento casi definitivo de las fuerzas de izquierda en numerosos países a corto y medio plazo.



Pero aunque esta reacción podría ser positiva en algún aspecto , como en rechazar el enfrentamiento impulsado por los poderes entre hombres y mujeres  y una visión más alejada de relativismos varios, el nacionalpopulismo no supone nada esperanzador, pues no toca los problemas esenciales, no va a la raíz de los problemas, no pone en duda la dominación y la explotación, a lo sumo sueña de manera ingenua, como he dicho en varias ocasiones ,en que los jerarcas nacionales, alejados supuestamente de la globalización capitalista-otro mito insostenible, pues globalización capitalista y Estados nación van de la mano- se comportarán de manera mucho más solidaria con sus siervos nacionales, en vez de verlos como mano de obra.

La reacción populista personalmente se me asemejaría mucho a una especia de avaro que teme, porque observa la realidad, que su mundo de riquezas mengue progresivamente, señalando a los de fuera, en vez de ver que son fundamentalmente un sector de sus propios y queridos compatriotas los que le están robando la cartera, aliados con poderosos de fuera, cierto, pero con la evidente colaboración de los primeros.

Por otra parte hay que tener en cuenta la tendencia tan humana de pasar de un extremo a otro, de ser como péndulos, por lo que no descarto en absoluto que pasemos de la inquisición progresista, a una nueva, de corte ultraconservador, que provocaría el azuzamiento de conflictos interraciales, para alejar cualquier riesgo de creación de un colectivo popular fuerte, que vea las cosas claras y decida , por fin, enfrentarse al sistema, sin buscar enfrentamientos internos artificiales.



Por todo lo dicho, hay que romper amarras con el izquierdismo y el populismo, y plantear lo que podría llamarse cuarta postura. Ni capitalismo, ni comunismo, ni formas intermedias demagógicas y autoritarias varias.

Esa postura sería la comunal, la autogestionaria o autónoma de la sociedad frente al dominio de instituciones separadas de ella  y grupos varios que se arrogan el poder de controlarla y dirigirla, desde la patronal a partidos políticos de todo signo y color.

La alternativa comunal debe ser capaz de equilibrar lo local y lo global, la propiedad privada individual o familiar y la comunitaria, la necesidad de aislamiento y de comunidad, la unidad y la diversidad, el campo y la ciudad así como integrar en la lucha a hombres y mujeres, mayorías y minorías sexuales y raciales.

Debe proponer la revolución sin ambages, pero entendida como una etapa más de un proceso, no como una ruptura total e inmediata de un día para otro que nos abre las puertas del paraíso. Debe promover la ética personal y el cambio en el interior de cada uno, junto con el político y económico. 

Tiene que defender, por primera vez en decenios, el estar fuera de las instituciones, y por tanto debe arriesgarse a crear formas de sociedades paralelas en diversos aspectos, convivencia, producción, consumo, espiritualidad, ayuda mutua, pero federadas, con un objetivo y un plan, pues de lo contrario serán islotes sin influencia real-pese al riesgo, por aquello de la Ley de Hierro de la Oligarquía, es inevitable crear una organización, flexible, ajena a dogmas, manejada por las propias bases, de vocación universal, o con hermanas en los diversos países, que puedan, si llega el caso, actuar conjuntamente, con el claro objetivo de superar el Estado-nación-.

Hay que unir lo mejor del pasado y el presente. Frente a la fracasada forma de partido político-y el nuevo engaño que puede venir, del que he leído ya varios defensores en las redes sociales, el llamado partido-movimiento, supuesta mezcla positiva de ambos, y que no sería más que una copia del famoso Movimiento Nacional Franquista, o sea despotismo con ropaje diferente, de democracia participativa-, hay que volver a  crear consejos,concejos,  juntas o asambleas en el ámbito vecinal, municipal, laboral, ocio y demás. De lo contrario nunca caminaremos a una sociedad autónoma.

Debemos ofrecer una esperanza a la humanidad, pero una esperanza reflexiva, que no engañe con falsas salidas y caminos facilones que no llevan a ninguna parte, como los caudillismos y partidos varios que nos asolan.

La revolución comunal, por la igual libertad en todos los ámbitos, es el camino a abrir.

domingo, 5 de febrero de 2017

De la internacional del espíritu a la internacional de esclavos asalariados: dos esfuerzos que deben converger

De la difícil y peligrosa situación en la que se mueve la humanidad, con la pobreza, las desigualdades crecientes, las guerras y las continuas amenazas y demostraciones de poderío militar para mostrar músculo a los enemigos, de todos esos terremotos que están hundiendo nuestros cimientos en medio de una aparente indiferencia general, una despreocupación resignada de que es lo normal, que el mundo siempre ha sido así; una ceguera voluntaria, un buscar falsas salidas, reducidas a votar a este o al otro charlatán de turno por si suena la flauta; una deprimente creencia en que el cambio lo puede traer un nuevo grupo de mandamases, y nosotros sólo vamos a tener que poner la mano para que llueva maná del cielo y la tierra; en medio, pues, de esta situación desesperante , toca reflexionar y analizando la historia ver qué fuerzas contrarias a las que nos aplastan harían falta para ir construyendo una resistencia real con potencialidad para dar un vuelco o, cuando menos, afrontar la maquinaria que se nos viene encima.



De un análisis muy somero  saco en conclusión que nuestro estado de postración absoluta viene marcado por la destrucción de todo espíritu unificador. Nuestras sociedades se caracterizan por el enfrentamiento de todos contra todos, la división en compartimentos estancos, las luchas fragmentarias y sectoriales.

Mujeres contra hombres, blancos contra negros, religión contra religión, izquierda contra derecha, adultos frente a niños. En el lado de las teorías tenemos esa citada fragmentación, ese alejamiento de lo holístico: el feminismo, el ecologismo, el decrecimiento, centrados todos ellos en un aspecto, lo económico, lo ecológico, el tema mujer, entre otros. Al final, por otra parte todos ellos acaban absorbidos por el sistema, que los utiliza para favorecer ese enfrentamiento-parte del feminismo se ha convertido en un arma contra el hombre, al que se le culpabiliza de todo, rehuyendo la responsabilidad de la mujer en la opresión y la destrucción-, para crear buena conciencia verde y obviando que el primer ecosistema que se ha aniquilado es el humano, su vida interior y su libertad de pensar, de conciencia, por ejemplo, o creando ideas radicales pero que en general no van contra el sistema en su raíz, por lo que acaban siendo ideas inofensivas para consumo de la izquierda burguesa, que no comprende, por ejemplo, que un pobre, un precario, un parado, una persona que gana seiscientos euros de sueldo, por ejemplo, no va a sonarle nada positivo que le hablen del decrecimiento. El decrecimiento ya está en nuestras vidas, aplastándonos como una losa contra el suelo.

Todo este panorama desolador ha traído consigo la desaparición casi total de un imaginario realmente revolucionario y lo más preocupante, la falta casi total de una cosmovisión de hermandad universal, de que los problemas de fondo son similares a todos. Que lo que hasta hace pocos años veíamos como algo lejano, algo de los pobres negritos de África, por ejemplo, con nuestro paternalismo del que se sentía superior, siempre a salvo en su burbuja de prosperidad eterna, está entre nosotros,que ese futuro que creíamos luminoso se ha tornado obscuro como la boca del lobo.

Para poder empezar a asomar la cabeza y tomar aire se necesita encontrar ese espíritu unificador, como diría aquel brillante pensador, desconocido y desgraciadamente fallecido prontamente Gustav Landauer.

Ponía como ejemplo histórica la denostada por casi todos en esta horripilante modernidad que se las da de época superior a todas, Edad Media. Ciudades libres, guildas, propiedad comunal, asociaciones campesinas conformaban una comunidad de comunidades, una sociedad real, de vida activa y asociativa,federativa, de lo local a lo global, imperfecta pero de más hermandad, donde lo que la unía era el cristianismo, ese cristianismo era el espíritu que ligaba a los hombres.

Ahora, en Occidente, no existe tal espíritu. Las religiones, al menos hoy por hoy, han caído, por sus propios errores y horrores, cierto, aparte de por los avances de la ciencia. El problema es que ninguna ideología ha logrado crear ese espíritu, como pensaba Landauer que podría realizar el socialismo-libertario, en su visión-.

Si algo ha demostrado el siglo veinte es que las ideologías no son ese elemento de unión en positivo. Lo son y han sido de enfrentamiento, o de falsa unión basada en la coacción, en la centralización de poderes, como mostró la temible historia del socialismo o capitalismo de Estado, de Rusia a Cuba.

Por lo tanto esa Internacional del Espíritu de la que estamos huérfanos debe estar basada no en lo doctrinal, lo ideológico, sino en lo espiritual, lo filosófico entendido como alcanzar formas de vida individuales crecientemente elevadas. Para mí dos son las ideas claves de ese Espíritu, y es el amor y el desapego. El amor entendido en su verdedero sentido como sociedad hermanada donde se evita la dominación, la explotación, las desigualdades y autoridades artificiales, no tanto las naturales de la diversidad de dones o del conocimiento- siempre temporales, no fijas, en el segundo caso- pues en tal sociedad, y la nuestra es un ejemplo de ello llevado a su casi total perfección, reina el desamor y el odio o indiferencia de todos contra todos.

Y, junto al amor, el desapego, como escribía Huxley en El fin y los Medios. El desapego al lujo, la ambición de poder, de fama, de éxito, de posesiones materiales, de posiciones sociales, de la lujuria, de los deseos. El desapego del propio Yo y las cosas del mundo porque ha comprendido que hay una realidad última y superior. Que no tiene por qué ser un Dios, sino el Todo, esos lazos que nos unen al Cosmos y a todo ser viviente y objeto inanimado, de rocas a estrellas y que favorecería la unión de opuestos, lo individual y lo total, el todo y la parte, sin enfrentar lo uno a lo otro.

En ese terreno podrían encontrarse y trabajar en común desde hombres y mujeres creyentes, pero autocríticos con la historia y actuación de sus religiones, que reconocieran que deben volver a sus fuentes, la de sus escritos y tradiciones, para lograr un entendimiento correcto de ellas, alejados del servilismo tradicional de sus Iglesias y dirigentes a los poderosos y agnósticos y ateos que a su vez reconozcan que nuestra sociedad aespiritual o antiespiritual atea o agnóstica nos ha vaciado interiormente y nos ha lanzado por una pendiente muy peligrosa de amoralidad donde ya prácticamente todo vale, donde todo está cada vez más mercantilizado, y la libertad real que prometían no se ha cumplido.



Esta Internacional del Espíritu sería enormemente poderosa pero quedaría manca si no va unida a una Internacional si se quiere más material. La Internacional obrera, la de los esclavos asalariados conscientes de su esclavitud, que como la Primera Internacional comprendiera la necesidad de compartir luchas y esfuerzos internacionales porque internacionales son los problemas e internacional es la opresión. Y que la emancipación es obra de los trabajadores mismos o no es.

Esta Internacional se sacudiría todas las teorías burguesas radicales que sólo confunden y distraen para ir a la raíz de los problemas, una raíz que ni los llamados radicales actuales mencionan. El trabajo asalariado como base del mal. No se puede aceptar con naturalidad ser mercancías u objetos que se compran y se venden. Reconocer que somos esclavos, es un paso decisivo para eso ,y mientras no se dé, no hay nada que hacer.

Esas dos Internacionales están por construir, o reconstruir, y su actuación conjunta es lo único que podría servir para afrontar nuestra pésima situación y para evitar esa falsa y temible salida que está tomando mucha fuerza en muchas personas bienintencionadas a izquierda y derecha: el Estado nación y su reclusión total en él, que sólo agravaría más las cosas, pues, como he escrito en varias ocasiones el estado nación va unido al enfrentamiento, al militarismo, al imperialismo, a la destrucción.

¿Utopía, sueño infantil?. Posiblemente, pero el realismo y pragmatismo actual nos acerca a la pesadilla o al sueño eterno para gran parte de la humanidad.