viernes, 8 de marzo de 2019

Reflexiones sobre las movilizaciones de encuadramiento nacionales y feministas

En los últimos tiempos estamos asistiendo a movilizaciones de diferente signo, de nacionalistas o patrióticas hasta feministas; pero todas ellas, impulsadas por fuerzas dispares en apariencia, tienen un denominador común: el intento de las autoridades de encuadrar a la población y a la clase obrera bien bajo las banderas de la estelada y la rojigualda, bien promoviendo mediáticamente mañana, tarde  y noche el discurso de género como supuesta rebeldía.

El nacionalismo catalán, cuya táctica final para crear un nuevo Estado explotador y saqueador de sus ciudadanos era la vía eslovena, es decir conseguir el apoyo de una potencia extranjera y lograr organizar una fuerza armada, usando a los trabajadores de carne de cañón, no ha logrado el éxito esperado. Ningún estado de peso les ha reconocido, y la clase trabajadora, en su mayoría, no ha sido conquistada para la causa de sus dirigentes corruptos. Sólo sectores de la burguesía y pequeña burguesías, así como fundamentalmente del estudiantado, han sido abducidos por la falsa disidencia promovida por los partidos catalanistas.

Lo que sí provocó es una respuesta de las derechas nacionalistas españolas, que a imitación de la clase gobernante en Cataluña, se lanzó a una guerra patriótica, enarbolando banderas al viento, persiguiendo también una movilización masiva en defensa de la patria, que como en el caso de los dirigentes nacionalistas catalanes, era una movilización en defensa de sus privilegios, de sus negocios, de sus corrupciones.



Porque el nacionalismo y el patriotismo realmente existentes son el falso idealismo conque se encubre la dominación y la explotación de un grupo sobre la mayoría de los habitantes de un territorio. Algo que conviene sacar de tarde en tarde de paseo para hacer ver que la clase política, la burocracia y la burguesía dirigentes representan los defensores del bien común, de la ciudadanía, en vez de la realidad, una forma organizada de mantener y perpetuar el expolio de bienes y recursos, incluyéndonos a nosotros, los "recursos humanos".

Sin embargo, pese a que aún mantienen fuerza, los discursos y luchas patrioteras no logran el encuadre deseado para los dirigentes del aparato estatal. De ahí que el Estado y el Capital estén buscando una forma de ropajes progresistas que sea más efectiva para lograr el sometimiento servil de una sociedad expuesta a las consecuencias de una crisis sin fin. Esta ideología de estado se ha encontrado en el feminismo, de ahí el bombardeo mediático conque se nos somete a todas horas en las televisiones para hacernos creer en las bondades de tal sistema de ideas.



La nueva religión de Estado es muy efectiva a todos los niveles. En la clase alta y media alta, porque permite impulsar mecanismos de recambio en los puestos directivos de las empresas y las administraciones. Se busca la paridad de sexos en los puestos de gobierno y control de las clases asalariadas. Esto se ve claro en la defensa encendida que del feminismo hacen figuras femeninas de peso en el mundo de los negocios o los medios de comunicación y hasta la corona, de Leticia a Ana Rosa Quintana, entre otras.

En el resto de clases se propaga la idea, en gran parte falsa, de la brecha salarial-que en realidad viene marcada por la antes mencionada escasa presencia de mujeres en puestos de mando, no porque se pague más a los hombres por el mismo puesto y jornada de trabajo-, para impulsar protestas en la base social, haciendo creer que se lucha contra una injusticia, cuando en realidad se está tapando el proceso de empobrecimiento y precarización de los asalariados, por no hablar del paro. Un gran éxito para el capitalismo. De paso se agita el problema de las mujeres asesinadas, sin mencionar, claro, el fracaso de la Ley de Violencia de Género, culpabilizando a toda la población masculina, convertida en maltratadores potenciales.

Esto puede verlo por televisión, cuando se nos informó de la existencia de círculos de hombres, que por lo que pude observar consisten en reuniones donde se alienta una especie de autoodio a la condición masculina, agresores latentes .Todo muy bien pensado y planeado. Todo un proyecto de ingeniería social consistente en eliminar cualquier pulsión de agresividad o violencia, pues de esa manera nunca habrá una respuesta revolucionaria contra las autoridades, todo quedará en un Flower Power inofensivo.

La ideología feminista, por tanto, con su demagogia supuestamente anticapitalista, es la táctica de encuadre "militarista de progreso", cercana en ciertos aspectos al fascismo clásico, por cuanto éste también usaba una retórica anticapitalista que encubría la dominación real del capital, pero más efectiva por su apariencia progresista, que el fascismo patriótico y de banderas que usan las derechas españolistas y los catalanistas. Más efectiva pero no menos terrorista, intelectualmente hablando, que Casado, Rivera, Santiago Abascal y sus homónimos de Cataluña. Esta misma tarde escuchaba por la radio a una ministra de nuestro gobierno, creo que Carmen Calvo, expresar que: "quien no es feminista, no es demócrata".

¿Qué une, por tanto, a ambas movilizaciones de encuadramiento?. El espíritu autoritario y militarista. La preparación de la alfombra a patriotas y feministas, hombres y mujeres,  para el exterminio en masa en los campos de batalla.

En mi opinión, las crisis sin fin del capitalismo, provocarán, o al menos así lo deseo, más pronto que tarde, el desfonde de las tácticas movilizadoras de los poderes a izquierda y derecha. Se irá viendo que las banderas al viento y el griterío de unos y otros, de nada servirá. Que son distracciones, falsas disidencias, falsas rebeldías. Que la igualdad de sexos en la dominación y la explotación de la menguante mano de obra, no puede ser ningún ideal.

La clase obrera despertará, se dará cuenta de que las naciones, los nacionalismos, son su cárcel, su campo de vigilancia y control. Que el feminismo es una táctica divisoria, interclasista, para hacer más eficaz su aceptación de ser mercancías, objetos de usar y tirar.  Se retomará una lucha obrera y comunal autónoma, alejada de todos los partidos e incluso organizaciones sindicales de distinto tipo, anarcosindicalistas incluidas- siglas en descomposición, que se han tragado todos los sapos, del Proces al feminismo institucional-, convertidas en punta de lanza, bienintencionadas, de las tácticas de nuestros amos.

Cierto es que se perderá tiempo, un tiempo precioso, que se suma al perdido ante el señuelo de los partidos emergentes. Pero volverá la normalidad, la de la lucha esforzada por una sociedad sin clases, sin Estados nación, de solidaridad internacionalista, disolviendo la tinta de calamar de las trampas identitarias, nacionales, de género y otras. Como regresan siempre las golondrinas en primavera.

martes, 26 de febrero de 2019

La historia de un caballo

Sorprendente, emotiva y profunda, como casi todas sus novelas, este escrito de Tolstoi: La historia de un caballo , da voz a un noble y decrépito equino, condenado desde su nacimiento a la marginación por su peculiar aspecto físico, diferente al resto de sus congéneres.

Usando como protagonista a un caballo dotado de alma y sentimientos humanos,  el autor hace un vívido retrato moral y psicológico del ser humano y su tendencia a juzgar por las apariencias, de marginar al diferente, del trato brutal, mezclado a veces con explosiones de cariño y compasión. Pero como no podía ser menos la novela desmenuza la vaciedad de la clase noble, de los ricos de su país, Rusia, siempre intentando aparentar ser más que nadie, llevando una vida sin más sentido que la mera apariencia, el conquistar mujeres como trofeos que exhibir en sus vitrinas, de fiesta en fiesta, derrochando y malgastando, perdiendo rápidamente su vitalidad, embotados sus espíritus bajo el amor al placer sin freno, sin cortapisas.



Como demuestran casi todos sus escritos ,Tolstoi era a la vez un buscador de un sentido profundo y espiritual de la vida y un crítico de la sociedad de su época, todo ello mezclado con unas maravillosas descripciones de la naturaleza, de los seres vivos y un analista de la psiquis humana, con sus luces y sus sombras, sus ataduras y servidumbres, tanto de ricos como de pobres.

Desconocida entre sus grandes libros, la alegoría que representa La historia de un caballo merece ser rescatada para los lectores actuales que quieren al brillante, contradictorio y atormentado buscador de la verdad y de la fe, Lev Tolstoi, muerto lejos de la gloria y la fama, en una remota estación de tren, siempre insatisfecho, siempre en búsqueda de la buena vida, la que él pensaba representaba el Evangelio, Jesús de Nazaret, traicionado por las Iglesias.

sábado, 16 de febrero de 2019

¿Podría ser el Universo una Mente?

Es una hipótesis interesante, que puede tener visos de realidad, especialmente si tenemos en cuenta fenómenos como el entrelazamiento cuántico, entre otros. Este vídeo les hará reflexionar sobre ello.

Personalmente, a veces se me pasa por la cabeza una hipótesis muy loca y descabellada: la realidad sería algo parecido a un juego de muñecas rusas, con una figura debajo de otra y así sucesivamente. Esto viene porque se ha comprobado que, a nivel cuántico, la observación define una realidad, colapsa la función de onda .Por tanto nuestra conciencia, de alguna manera, también es creadora. Si crea múltiples universos o realidades, o si sólo traza un camino, eliminando totalmente otras posibles alternativas, se nos escapa. 

Pienso que nunca alcanzaremos la verdad. Porque aunque lleguemos a comprobar la idea del Universo como una mente, o un organismo vivo, siempre quedará el interrogante del origen de esa o esas conciencias. Quizás podamos teorizar la idea de que no existe un origen y final, pero nuestros sentidos y sentimientos, probablemente muy limitados, no pueden abrazar ese concepto. Lo que sí parece es que todo en el Cosmos está interconectado, por lo que la hipótesis de una conciencia conteniendo otras, y, quizás, estas otras conteniendo a su vez otras, se debe tener muy en cuenta.

¿Desaparecerá alguna vez todo, pues las últimas observaciones nos indican que el universo se encamina a su muerte por expansión indefinida y acelerada frente a la tesis del eterno renacimiento del Big Crunch, desde la primera conciencia a la última? .¿O algunos universos del multiverso pueden renacer eternamente? .¿Podemos definir el alma como la conciencia cuántica, que puede sobrevivir un tiempo tras la muerte cerebral, desgajada de nuestro yo material?. Y si existiera: ¿también perecería como parece que todo perece y perecerá en nuestro Cosmos? .Muchos son los interrogantes que, creo, quedarán sin respuesta.


sábado, 9 de febrero de 2019

Venezuela: la extensión del conflicto mundial y la verdadera naturaleza de la Modernidad

Antes de manera intermitente, y muy recientemente de manera fija, Venezuela se sitúa al fin como nuevo punto en el tablero de la lucha geopolítica entre las tres principales potencias, que han llevado al mundo a una evidente y nueva Guerra Fría.

Sin olvidarnos, por supuesto, del drama que afrontan los hermanos venezolanos, ante una política económica ruinosa y demagógica, una especie de estatalización patrimonialista y saqueadora del chavomadurismo, que ha organizado una suerte de narcoestado donde se ha enriquecido enormemente  la oligarquía dirigente en nombre de la revolución y el socialismo-mandos militares, miembros del Partido , policía...-  es desde el punto de vista geoestratégico  donde me gustaría centrar el análisis.

Con toda probabilidad la operación de la oposición, con el apoyo norteamericano, llevaba tiempo fraguándose .Su puesta en marcha para lograr el reconocimiento internacional ha sido muy cercana en el tiempo, curiosamente,  con la noticia del apoyo militar ruso al régimen madurista, fundamentalmente el envío de caza-bombarderos Tupolev, que pueden llevar carga nuclear. También está por medio el apoyo económico de China a Venezuela, pues no olvidemos que China está expandiendo su presencia económica por todo el globo, incluyendo Latinoamérica.

Estados Unidos, derrotado en Siria y en otros países, queriendo retirarse de algunos de ellos-quizás un repliegue táctico y temporal por el costo económico enorme de su presencia militar, que además no ha dado frutos-, necesita, de una parte, un desquite, de otra no puede permitir la influencia rusa en países muy cercanos, ni mucho menos la amenaza nuclear al lado, como quien dice, de sus fronteras. 

De ahí viene, en mi modesta opinión, la aceleración del proceso opositor frente al autoritarismo madurista.



Hay algo que nos llama mucho la atención de este conflicto, con riesgo de saltar de regional a mundial. Y es que los dos bandos enfrentados buscan el apoyo del ejército para triunfar. Quizá poca gente haya caído en que este llamado a la colaboración de las Fuerzas Armadas nos muestra, pese al velo que la Modernidad ha impuesto sobre ello, dónde reside en última instancia el poder: en los tanques, los misiles, las metralletas .

Se nos vende la imagen de la Modernidad como la era de la Razón, la justicia, la libertad, la igualdad, los derechos humanos, la democracia, el debilitamiento de las autoridades frente a los individuos y la sociedad civil, cada día más autónomos y emancipados.

Pues bien, este relato, un tanto simplista por mi parte si se quiere, pero más o menos con el que nos movemos, el que nos venden, salta por los aires con sólo mirar un pequeño país del mundo. La Modernidad, en su esencia, es la expansión tentacular de los poderes estatales y del capital, la conquista progresiva y lenta, pero sin fin a la vista , gracias al desarrollo tecnológico- que no es una herramienta neutra, sino que responde a los intereses de quienes nos gobiernan-, de las conciencias individuales, la propaganda  y el adoctrinamiento, el achatamiento de la imaginación de otra sociedad, de vislumbrar otras formas de vida. Y es, por tanto, la militarización, aunque ahora resulte en parte del mundo-la nuestra- menos visible, al no ver  golpes de estado como antaño y, por tanto, dar la sensación de que el peso y la influencia de lo militar en el devenir de nuestras sociedades es casi inexistente.

Alguien podría pensar que el caso venezolano es muy particular, y que no debe generalizarse. Pero recordemos cómo hace escaso tiempo nuestro gobierno, gobierno de coalición de izquierdas y que hace bandera del feminismo, hacía público el incremento del gasto militar; lo cual, por cierto, me reafirma en mi tesis de que el impulso institucional y del capital al feminismo tiene, entre otros objetivos ,como explotar y sacar el mayor dinero posible a la población en una etapa de crisis sistémica y dividir a los oprimidos por sexos, dificultando cualquier unión colectiva, tener la opción de movilizar a las mujeres junto con los hombres en el caso de que  estalle el conflicto mundial. 

Estamos, nos guste o no, en una fase clara de rearme, de militarización y renuclearización del mundo. Con una novedad significativa. Y es que si América Central y del Sur estuvo prácticamente ausente de los dos grandes conflictos que sacudieron el mundo ahora, por desgracia, puede verse afectada de lleno, especialmente el área del caribe. Aunque esperamos que Venezuela no acabe convertida en una nueva Siria, guerra donde se entrecruzarían los conflictos nacionales, regionales y mundiales.

Casi todo la tierra se ha convertido en terreno posible de un incendio, sin que parezca asomar ninguna reacción. Lógico, al desaparecer el imaginario revolucionario, volatilizado en los sesenta, a lo sumo principios de los setenta, con Mayo del 68 como símbolo del canto del cisne.

Directa o indirectamente hemos aceptado ir a rebufo de los gobernantes locales y las potencias imperialistas, sin poner en duda las raíces del sistema de alienación, a lo sumo proponiendo algunas reformas que la crisis de acumulación y beneficio del capital hace inviable, aunque se nos venda como realista y pragmáticas: rentas básicas, trabajo garantizado, o votar a nuevas opciones políticas.

Pero aceptar ir a rebufo, ser un actor secundario en el guión, implica aceptar que somos desechables, liquidables. Si eso sucediera, no podríamos lamentarnos de nada, al haber aceptado participar de un juego con las cartas marcadas en beneficio de las clases dirigentes, y por tanto con final previsible para nosotros, los don nadie, los que pensamos que siempre iban a dejarnos tranquilos disfrutando de pequeños placeres mundanos, que el enriquecimiento y las clases medias no eran un paréntesis en la historia, permitido por circunstancias pasajeras excepcionales.

Necesitaríamos retomar una conciencia de clase autónoma, de aceptación de lo que somos, mercancías de usar y tirar,  para transformarlo , reelaborando un proyecto de autonomía comunitaria   y de lucha interior espiritual para hacerse digno de un nuevo ideal, de una cosmovisión superior a la actual. De esa manera lograríamos tener los oprimidos una línea propia e independiente de los dictados de los Estados-nación, de las naciones imperiales, de los partidos e ideologías aparentemente opuestas, que no tienen más fin que considerarnos una masa de votantes y consumidores hedonistas a los que distraer y engañar.

De lo contrario, parece que podríamos asistir como espectadores pasivos a la conversión de la Tierra en campo de batalla. Rezando, antes de llegar a eso, para que los gobernantes, temiendo por sus vidas, su poderío y sus fortunas, no cometan la locura de embarcarse en un conflicto mundial de consecuencias nefastas, también para ellos.

En realidad, eso es hoy la única esperanza que se escucha de nuestros labios.

domingo, 27 de enero de 2019

Hermanas

Un huracán de amor y odio, ataques crueles y despiadados a la yugular e instantes de reencuentro. Momentos donde parece que todo cae, todo se desploma para siempre, y otros donde parece amanecer y amainar la gigantesca tormenta.

Hermanas, obra que puede verse en el Kamikaze, nos muestra un brutal combate entre dos seres unidos por lazos de sangre, condenados a odiarse y amarse en una pelea sin fin. Una infancia marcada por dos padres sumamente cultos e intelectuales, que, sin pretenderlo, marcan la vida de sus dos hijas, que buscan convertirse en dos gotas de sus progenitores, estar a la altura de su talento. 

De ahí arrancan los traumas, los bloqueos emocionales, el autocastigo, el autoodio, enmascarado en un rechazo visceral a la hermana, a la que se considera objeto de atención privilegiada  de los dos padres talentosos y a la que, por tanto, se culpa de los fracasos, la insatisfacción, los naufragios psicológicos, en un intento de compararse una a otra en sus logros.

Una competición por ver quién brilla más, quién es más competitiva, que supone la caída de ambas cuesta abajo y sin frenos en un torbellino de furia, de ensañamiento, de escupirse y arañarse una a otra directo al corazón, a los sentimientos. Un combate de boxeo de golpes que parecen interminables, hasta que el destello de un recuerdo infantil, de unos instantes de verdadera hermandad, parece apaciguar y poner fin, hasta que algo hace volver a vomitar toda la ira y la rabia.



Hay un pero en la obra, que para mí está cerca de hacerla naufragar, de convertir una representación magistral, que no da respiro, de dos actrices que se mimetizan plena y perfectamente con sus personajes. Y son los momentos en que se usa un lenguaje, unas palabras hipercultas, algo que, pese a la cuna familiar en que han crecido, acostumbradas a la perfección, a importancia del lenguaje, de la belleza estilística, no resulta natural, pues nada más natural que lo bajo, lo soez, o no lo reflexionado, lo no masticado, en las explosiones de ira.

Pero la obra resurge y vuelve a brillar cuando retornan los momentos de disputa dialéctica natural, al nivel de calle, donde todo vuelve a resultar inteligible, y las dos hermanas se nos hacen seres naturales, que se disputan cuál de las dos fue más cruel con la otra, cual de las dos marcó con doloroso hierro candente y marca inextinguible el alma de la otra.

Si pueden, les recomiendo que no se la pierdan. Disfrutarán de dos espíritus condenados al amor y al odio, condenadas a seguir juntas, y, a la vez, podrán reflexionar sobre las raíces infantiles de muchos de los traumas, problemas y complejos que asolan nuestras mentes, esos demonios que nos persiguen sin apenas descanso por las calles y laberintos de nuestras vidas, siempre amenazando con  alcanzarnos y golpearnos , y que, una vez hemos caído en el barro, nos zarandean hasta que logramos zafarnos de sus tormentos y proseguir la carrera, carrera que finaliza cuando nos extinguimos, cuando ya nada ladra en nuestro cerebro y reina por fin el silencio, la calma, el mero latir relajado del Universo.

domingo, 20 de enero de 2019

Sócrates. Vida y doctrinas

Sin duda  es Sócrates una de las personalidades más interesantes de la historia de Occidente, generosa, desprendida, sencilla, con un método muy peculiar de buscar la verdad escondida en el subsuelo de todo hombre y mujer, mediante el diálogo, las preguntas, en calles, plazas, talleres. Sin distinguir entre ricos y pobres, siempre interrogando a unos y a otros.

La editorial Alderabán publicó años ha un libro sobre sus ideas, su vida filosófica, basado en los recuerdos de uno de sus discípulos, Jenofonte. Más veraz, según opinión general, que Platón, que achacó a Sócrates opiniones que probablemente éste nunca tuvo. Jenofonte intentó transcribir con fidelidad todo lo que vio y escucho de él y de otros. 

El texto es una defensa encendida de su querido maestro, que fue condenado a muerte por corromper a la juventud, entre otras cosas. Dividido en tres partes- la mejor para mí sin duda la última, El banquete-, nos muestra a un Sócrates defensor de la justicia, de la virtud, empeñado en hacer mejores a sus amigos, a sus oyentes, especialmente a la juventud. Y, sobre todo, su discurso final, es un elogio de la belleza del alma, como forma de belleza superior a la física, y de la amistad, como forma de amor puro por encima del deseo carnal. Pues la belleza del alma, así como la verdadera amistad basada en la unión de espíritus virtuosos, es más sólida, más fuerte, más imperecedera que la unión basada en la atracción física, que provoca mayor esclavitud y tormentos, así como esclavitud en quienes se dejan arrastrar por lo carnal, e intereses turbios en quienes, consciente de su atractivo, lo utilizan en beneficio propio frente a sus aduladores, ante quienes buscan sus favores sexuales. Y en general, además, el amor carnal, tiene fecha de caducidad, la del tiempo, destructor implacable del atractivo físico.



Nos nos dejó nuestro querido filósofo nada escrito, pero sí los vívidos y luminosos recuerdos de quienes estuvieron a su lado, como en un matrimonio de amigos fraternales en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la fortuna y en el infortunio final de la cicuta .Infortunio dudoso, pues el mismo Sócrates, creyente en la inmortalidad del alma, se planteó si quizá el infortunio no sería seguir en la vida.

Para acabar el comentario del libro, lanzo un interrogante a los escasísimos lectores del blog: ¿comparten mi opinión de que la amistad, ese tesoro para Sócrates, está desapareciendo de nuestras vidas, sustituida por esas falsas "amistades" de multitudes sin rostros ni cercanía auténtica, palpable, de las redes sociales, de los ordenadores y los móviles?. ¿Qué nos diría Sócrates si nos visitara en nuestras calles asfaltadas, llenas de anuncios, en las estaciones de trenes, metros y autobuses, siempre pegados nuestros ojos a las pequeñas  pantallas que con sus cadenas invisibles nos atrapan, nos esclavizan?.

domingo, 13 de enero de 2019

Nostalgia y búsqueda de la divinidad, de la primavera

Rememorando mi vida, hoy, una tarde dominical de melancólico invierno, cielo azul y árboles desnudos, de frío que se cuela en los huesos, que enfría el alma, que empuja la tristeza hasta mimetizarse con el cuerpo, he sentido una búsqueda sin encuentro definitivo, un hueco, un vacío, que se llama Dios.

Muy pronto, apenas con diez años, como reacción a un cristianismo, unos creyentes, algunos muy queridos, que yo sentía no reflejaban cómo debía pensar un seguidor del Evangelio, abracé el ateísmo. Pero no hay persona que, en el fondo de su corazón, piense más en la divinidad que un ateo.

Y hoy, en este frío atardecer, de cualquier día de enero, he comprendido que la interrogación y la búsqueda de Él ha estado siempre ahí, incluso en los debates y momentos de negación, en las clases infantiles, en aquel colegio religioso, cuando se discutía su existencia o inexistencia. 

 Percibo claramente, tan claramente como el cielo azul que hoy hemos disfrutado, ya obscurecido por el avance paulatino de la noche, su presencia lejana y silenciosa desde siempre. La insatisfacción con mi vida, el rechazo al mundo materialista que nos cerca, la sensación de vacío ante los llamamientos a perseguir diversos placeres como forma de anestesia y huida de una existencia ajena al espíritu humano, a la verdadera libertad.

He comprendido que tras ese telón de fondo estaba el suave llamado, el dulce cántico de la divinidad, que me incita sutilmente, mediante señales casi imperceptibles a romper el velo que nos oculta la trascendencia, trascendencia que no niega lo material, sino que lo completa, como al día sigue la noche, la primavera al invierno.

Pero cuando doy un paso para rozarle a Él, al Misterio, a lo Incognoscible, siento que se aleja dos pasos. Y si doy dos pasos, lo hace tres. Es como si mi marcha a través del Universo no tuviera fin, pues Dios se aleja conforme se expande el Cosmos, y la nostalgia por su alejamiento al infinito, me crea una sensación de desconsuelo, de desolación.

Le llamaba, pero sentía que no me respondía. Hasta que hoy, una pequeña luz de calor en este frío invierno, como una luz anunciadora de la primavera, de momento encerrada en los troncos aparentemente muertos de los árboles, en el cuasi silencio de la Naturaleza, en la ocultación e hibernación de gran parte de la vida, me ha echo ver que quizás, busco donde no debo.

Quizás, sólo quizás, debo buscarlo, con la yema de los dedos en el cesped, con el rostro pegado a los árboles, con la nariz oliendo los olores del aire invernal, con los ojos contemplando las aves que no nos abandonan en este época, las estrellas que siempre están ahí, opacadas por las luces contaminantes de la gran ciudad, observando la luz débil y tenue, pero luz al fin y al cabo, de la luna.

Quizás, también, en los rostros, los cuerpos y las voces de las personas que caminan, creyendo ir a alguna parte, cuando no hay más estación final que la muerte, sin prepararnos jamás para ella, huyendo de ella como manada de lobos que corren tras nosotros aullando al viento.

¿Estará Dios, su chispa, en todo lo que nos rodea, lo que vemos y lo que no?. ¿Despuntará y se hará más visible y luminoso en la primavera que aún espera?. ¿Es mi añoranza de Dios una nostalgia de una primavera que se hace esperar, tras una larga glaciación que ha sojuzgado al mundo con su gélido aliento materialista?.