domingo, 14 de julio de 2019

Científicos intentarán demostrar la existencia de universos paralelos

Esta noticia, que descubrí de casualidad, me resulta sumamente interesante . Aunque más que un Universo paralelo o espejo se trataría de otra dimensión adicional, nada me gustaría más que el resultado fuera positivo. Se probaría que la realidad supera a la ficción, y que dicha realidad es mucho más rica y compleja de lo que suponemos, de lo que perciben nuestros sentidos. Veremos qué determina el experimento.


sábado, 6 de julio de 2019

La trampa de la diversidad. Cómo el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora

Por fin nos encontramos ante un libro crítico, y muy bien reflexionado, sobre una de las banderas del mundo occidental actual: el culto a la diversidad. Y cómo ésta, que en sí no es negativa, ha sido impulsada por el neoliberalismo para crear múltiples identidades competitivas entre ellas, que favorecen el individualismo, disuelve la separación de clases  y oculta la explotación económica creando una especie de mercado donde las personas pueden agarrarse a algunas de las numerosas identidades que se presentan, intentando remarcar sus diferencias con los demás, cuando, además, pese a este mercado de lo diverso, no dejamos de encontrarnos en sociedades mucho más uniformizadas de lo que pensamos, especialmente en su pensamiento conformista o de falsas rebeldías identitarias.

El autor, Daniel Bernabé, nos lleva al triunfo de Reagan y  Margaret Thatcher, especialmente esta última, como pistoletazo de salida de la trampa identitaria al menejar un discurso que elogiaba la desigualdad frente a la uniformidad del mundo obrero. También, junto a ellos, antiguos exhippies o revolucionarios del 68 que, ante el fracaso de sus sueños subversivos, se refugiaron en un discurso de cambio interior, de repliegue hacia sí mismos, de abandono de la acción colectiva, lo que acabó desembocando en la situación actual: el olvido de lo que nos une como explotados, parados, precarios, empobrecidos, frente a un discurso que ensalza el género, lo sexual, lo ecológico...de tal manera que, desgajado de esa autopercepción como clase obrera o trabajadora, acaba por servir al capitalismo.

Uno de los aspectos más interesantes del libro es la comparativa que hace de películas y series de los ochenta, marcados todavía por una presencia de conflictos de clases, con protagonistas o temáticas que tocaban lo social, como por ejemplo Anillos de oro o Turno de Oficio, con otras de los noventa, como Médico de Familia, con personajes de clase media o media alta, que habitan grandes chalets, en zonas residenciales lujosas, con trabajadores como una criada andaluza ignorante y chabacana, sin personalidad fuerte o profunda, sin ideas propias.

En las series y películas puede verse el triunfo de la idea aspiracional a ser clase media, o a creerse clase media, aunque no sea el caso. Desaparece, por tanto, la aspiración obrera. Eso sí, empezamos a ver personajes homosexuales, de color, feministas..., pero alejados, en general, de conflictos laborales, de las miserias del trabajo o su ausencia.

Aquí aparece ya el mercado de la diversidad, donde se supone que todo gay, toda mujer, toda minoría racial, debe pensar igual, centrando sus preocupaciones en sus problemáticas de género, como si los gays, los negros o las mujeres no sufrieran la explotación o la exclusión social.

Todo este culto a la identidad se ha convertido en central en las fuerzas de izquierdas. Lo que ha provocado un rechazo en la población, digamos ,"normal", es decir blanca y heterosexual, que no se siente identificada con esas banderas, sintiéndose también olvidada, acercándose, a veces,  a la extrema derecha. Extrema derecha, que, por cierto, también hace bandera de algunas cosas de esa política de la diversidad, siendo algunos de sus líderes mujeres, veganas y ecologistas, por ejemplo.



El autor, y yo coincido plenamente con él, sin menospreciar la defensa de los derechos de sectores de la población antaño sojuzgados, y que lo siguen siendo en parte del mundo, como los homosexuales, considera que su defensa debe englobarse en la defensa de su identidad de clase, de explotados; es decir poniendo en el foco el conflicto capital-trabajo. De lo contrario, como sucede, les hacen el juego al capitalismo, nutriéndose de sus valores, de su competitividad, de su individualismo atomizador.

El activismo vacío actual de la diversidad ,meros fuegos artificiales inofensivos o útiles a los poderosos, debe dar paso al regreso de la acción colectiva, a las ideas fuertes, al rechazo a convertirse en un tenderete mercantilista donde se venden diversidades múltiples y frágiles, que no ayudan a entender dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos si continuamos enganchados en la trampa de la diversidad. Diversidad que, por desgracia, no es de pensamiento, de poner en duda de abajo arriba el sistema imperante. La diversidad que realmente necesitaríamos para afrontar los grandes peligros que nos acechan.

domingo, 23 de junio de 2019

El crash. Tercera fase

Interesante, ameno y recomendable libro del famoso economista Santiago Niño Becerra, uno de los pocos autores que predijo la crisis económica que estalló en 2007-2008. En El Crash, sostiene que la crisis no ha terminado, sino que se encuentra en su tercera fase. La primera fue la etapa donde se llego a la conclusión que las políticas keynesianas de gasto público no servían para atajar la crisis, provocada por el estallido de las burbujas de crédito, por la hinchazón de la economía ficticia o financiera, entrándose en la fase de recortes y austeridad. A partir de 2012 se entra en la segunda fase: tasas de interés del cero por ciento y compra masiva de deuda, lo que Niño Becerra considera inyectar anfetaminas en vena. Ahora, según él, entramos en la tercera fase, la del cambio de modelo, si bien dentro del capitalismo.

El fin de la crisis, que el autor calcula que llegará hacia 2023, no implicará volver a años de bonanza, de vacas gordas. Implicará, entre otros aspectos, pasar del usar y tirar, a la eficiencia, a la rentabilidad, al producir lo que se necesite y en la cantidad que se necesite. Todo ello unido a una flexibilidad, precariedad, paro y subempleo muy elevado. La robotización y tecnologización de numerosos sectores productivos causará una necesidad menguante de mano de obra, frente a otras décadas del siglo XX donde había más o menos pleno empleo.

Las desigualdades aumentarán cada vez más, la clase media irá desapareciendo, la riqueza se concentrará en cada vez menos manos y el capitalismo llegará a una situación de grandes oligopolios, de corporaciones poderosas que, en su opinión, pueden llegar a sustituir parcialmente al Estado, que ya no podrá mantener el nivel de prestaciones actual. Si bien noticias recientes como posibles nacionalizaciones en la economía alemana, y el simple hecho de que fue el Estado el que salvó el capitalismo inyectando grandes cantidades de dinero en bancos y empresas, me llevan a dudar en relación a la tesis de la debilidad estatal frente al poderío de grandes empresas. Otra cosa es que se pueda llegar a una confluencia casi absoluta entre el Estado y las grandes corporaciones en tareas tanto de prestaciones menguantes, como represivas o de control de la clase trabajadora. Medidas como el control horario del gobierno socialista, apuntan a ello.

Habrá una pequeña minoría de gente que vivirá muy bien, una amplia masa de subempleados que entrarán y saldrán sucesivamente del mercado laboral y un amplio sector de excluidos .Para evitar posibles estallidos sociales o dejar morir a multitudes crecientes, Santiago Niño Becerra elucubra, negando la posibilidad a una guerra mundial, con una renta básica, ocio gratuito y la legalización de la marihuana. También sostiene que la idea de propiedad privada perderá fuerza ante la idea de compartir, de uso temporal, como sucede ya con las personas que comparten coche.

Llega a pensar que aquí podría venir el principio del fin del capitalismo, hacia otra cosa que no se atreve a definir, más o menos entre el 2060 y el 2070.

Un libro que no es optimista, puesto que su autor no quiere engañar a nadie con falsas esperanzas. 

Pero que no tiene en cuenta la siempre posible acción humana, la probabilidad de cambiar el rumbo enfrentándonos a las autoridades, luchando por otra sociedad. Aunque es cierto que, hoy por hoy, al menos en la superficie, da la sensación de reinar en la sociedad un absoluto conformismo, una aceptación entre inconsciente y resignada del siniestro porvenir. Si bien siempre nos queda una esperanza de reacción, ésta es muy tenue, si ciertamente no queremos jugar a autoengañarnos.





martes, 18 de junio de 2019

El Pentágono confirma la realidad del fenómeno OVNI

Casi nunca he escrito de un tema tan polémico, con muchas aristas, que no acaba de resolverse y que concita desde multitudes de incrédulos a numerosos conspiranoicos que en diversos canales de youtube sostienen que estamos gobernados en las sombras por extraterrestres malvados.

Personalmente es un tema que siempre me ha apasionado, más en la infancia y adolescencia, cuando se es más crédulo. Con los años se pierde algo el interés y aparece un sano escepticismo,  un escepticismo abierto,  pero la curiosidad y la inquietud permanece. Debo reconocer que soy de los que creen que el fenómeno es real, y que en un pequeño porcentaje de casos escapa a la explicación natural o de aeronaves humanas, que creo que explican la gran mayoría de casos.

Últimamente parece que el fenómeno OVNI se está poniendo sobre el tapete .Algunos científicos van abriendo sus mentes, o arriesgándose a considerar la posibilidad de la alternativa extraterrestre en determinados casos. Pero ha sido fundamentalmente una noticia aparecida hace poco, la que ha descubierto el interés y el estudio de instituciones u organismo oficiales sobre dicho fenómeno tan esquivo como antiguo. La Armada norteamericana y sobre todo el Pentágono, han reconocido que continúan estudiando este tema, una forma de admitir su realidad .

Y entrevistas a pilotos, han confirmado que el origen humano parece no poder explicar algunos casos. Esto me reafirma en mi opinión de que algunos OVNIS no pueden explicarse como algo terrestre, no al menos de este tiempo o de la superficie, pues entre las variadas hipótesis sobre su procedencia está la de que son humanos del futuro, e incluso algunos plantean la posibilidad de que sea algo que se mueve en el subsuelo. Esta última tesis es muy marginal y difícil de sostener en base al conocimiento científico y especialmente al gradiante geotérmico, que nos indica el aumento de presión y temperatura conforme se profundiza en el subsuelo, al contrario, sin embargo, que en otros planetas y satélites del propio sistema solar, como Europa o Ganímedes, donde se cree que hay agua líquida bajo la corteza helada, incluso posiblemente hasta en Plutón, por ejemplo.

No obstante, los OVNIS parecen moverse también por el interior de la tierra, y han sido vistos saliendo o entrando en los océanos, en zonas montañosas, y hasta en volcanes activos, lo que sería un indicio más de una tecnología que supera a la nuestra, al poder resistir altísimas temperaturas. No digo con esto que me incline a dicha tesis, que me parece muy complicada a todos los niveles, sino que no me cierro a ninguna posibilidad. Al fin y al cabo la creencia en que los OVNIs son naves extraterrestres no deja de ser cultural, como en otros momentos de la historia podían achacarse a algo divino o demoníaco.

Los que niegan los OVNIS tienen la objeción, nada desdeñable, de que si realmente existieran ya habrían contactado con nosotros. Pero supongamos que nos encontráramos nosotros con una civilización, pongamos 10.000 años  más atrasada que nosotros: ¿tendríamos derecho a imponer nuestras costumbres, a pretender hacerles avanzar de un soplo miles de años?. Es más, ¿tendría eso sentido?. Añadamos a los diez mil años un cero, o dos. Por otra parte, nadie puede salvarnos de nosotros mismos. O, ¿acaso pretendemos que alguien nos vigile eternamente para que no nos autodestruyamos en algún conflicto mundial?. Porque, por otra parte, que nadie dude de que si una hipotética civilización extraterrestre hiciera algo así: ¿cuánto tardaríamos en acusarles de querer invadirnos y colonizarnos?. Lo que quiero expresar con esto es que, cuando se analiza detenidamente, la idea del contacto es mucho más compleja y delicada de lo que parece.

De todas formas, tengo la sensación, no sé si equivocada o no, de que se nos está dando información con cuentagotas, como si quisieran acostumbrarnos a la realidad del fenómeno y, finalmente, en un futuro no lejano a la noticia oficial de que no estamos solos. Que, por cierto, siempre me ha parecido lo lógico. Y si eso sirviera para pinchar el globo del egocentrismo humano, pues bienvenido sea.






sábado, 8 de junio de 2019

La última lección

Desasosegante, imaginativa, misteriosa, retorcida, con un inicio brutal y un final inesperado, La última lección nos sitúa en una clase de una prestigiosa escuela donde se han reunido los alumnos y alumnas más brillantes y con mejores notas; chicos y chicas de miradas inexpresivas, verbo deslenguado, afilado y cortante, aparentemente estatuas insensibles frente a todos y a todo y un profesor sustituto que asiste atónito al comportamiento extraño de seis de ellos.

Extrañeza que se va convirtiendo en obsesión, en seguimiento, en un intento de correr la cortina para descubrir qué ocultan ese peculiar grupo de adolescentes duros como piedras y distantes como un monumento en lo alto de la cima de una montaña. Lo mejor de la película no son solo las brillantes actuaciones de todos sus protagonistas, sus miradas, sus rostros, que hablan sin hablar, el miedo psicológico, sino sus giros inesperados.



La última lección nos muestra a unos chavales que parecen nihilistas, de vuelta de todo, niños ricos de vida fácil y aburrida que giran a la psicopatía, pero que en realidad representan una lucidez temprana, la de aquellos que muy pronto han tomado conciencia del fracaso de su sociedad, de sus vidas, condenados en un entorno cada vez más competitivo y degradante, donde el futuro aparece pintado de negro y la humanidad  y la tierra en grave peligro. 

Análisis de la situación actual, la falta de fe en el futuro, la separación entre jóvenes y adultos, la creciente violencia y competitividad, el culto al éxito, fomentado incluso por el propio sistema educativo, sistema que cada vez aporta menos, pues estudiar ya no es garantía de nada, la falta de límites, la conciencia ecológica... son numerosos los temas para la reflexión que aporta esta película francesa, tan original en su mezcla de géneros, como en su origen, planteamiento y final, donde, pese a la luz del verano y del calor en que se desarrolla, no hay lugar para los colores del optimismo.

domingo, 26 de mayo de 2019

Copenhague

Año 1941. En la capital de Dinamarca tuvo lugar un misterioso  y real encuentro entre dos de las más brillantes mentes científicas del siglo XX: Niels Bohr y Heisenberg, maestro y discípulo respectivamente del mundo de la física cuántica, siendo conocido el segundo por ser el descubridor del principio de incertidumbre.

Amigos desde los años veinte, colaboradores y a la vez rivales, admirándose y a la vez envidiándose, queriéndose y compitiendo por desarrollar y probar sus teorías, la política y , sobre todo, la segunda guerra mundial, terminan por separarles.

Nunca llegó a saberse cuál fue el motivo real del famoso encuentro, qué se dijeron, qué buscó realmente Heisenberg llegando de la Alemania nazi y visitando la casa de su vigilado amigo y maestro. Sólo se sabe que su relación se apagó para siempre tras unos pocos minutos de charla.

Este breve y enigmático reencuentro sirve de escenario para poder asistir en el teatro Abadía a una interesante representación y reflexión sobre la ética y la ciencia. ¿Era moral la participación de científicos, como Bohr y Heisenberg, en el desarrollo de la bomba atómica?. ¿Buscaba Heissenberg sonsacar a su viejo maestro información sobre cómo desarrollar el arma atómica, idea ya teoriza desde fines de los años 30?. O, al contrario, como se insinúa,¿ hizo creer Heisenberg a los nazis que la creación de una bomba nuclear era inviable, consiguiendo que éstos olvidaran el proyecto?. ¿O simplemente buscaba con la visita hacerse perdonar su colaboración con los nazis, aunque él no lo fuera y actuara por un sentido de lealtad a su patria? . 



Es interesante señalar, y así lo hace la obra, cómo la historia la escriben los vencedores: el físico alemán quedó señalado hasta el final de sus días. Bohr, sin embargo, situado en el bando aliado, y pese a que se sabe que sí colaboró en la creación de esa temible arma, que causó miles de muertos en dos ciudades japonesas por todos conocidas, nunca fue contestado.

Copenhague deja que sea el espectador quien saque sus conclusiones sobre si era lícito o no, para frenar el horror del Eje, desarrollar el hongo mortal, intentando comprender el terror de la época .O si algo así nunca puede ser comprendido. 

Lo único que personalmente pienso es que la ciencia se unió definitivamente a la industria de la muerte y la destrucción, labor en la que continua, si bien con un doble rostro, pues la propia ciencia que ha puesto en marcha ese terrible armamento que vuelve a asomar cabeza, amenazando con aniquilarnos, también ha salvado millones de vida.

Y es que la ciencia es el reflejo más claro y evidente de la contradictoria condición humana, de nuestra doble naturaleza con la que convivimos siempre, esa que se juega entre creación y destrucción, vida y muerte, odio o fraternidad, libertad o tiranía, amistad o enemistad, bien o mal.


martes, 21 de mayo de 2019

Reflexiones sobre el utopismo perverso del voto y el sistema de partidos

Es muy habitual, cuando ciudadanos y ciudadanas ejemplares, gentes de orden de todo el arco político, se encuentran con alguien que dice que no va a votar, que pone en duda su sistema, suelen salir con la manida frase de que "si no votas, no puedes quejarte" para, a continuación, si insistes en que la democracia de partidos es un cuento chino, e intentas argumentar contra ella, te sueltan lo de que "eres un utópico", esto es lo que hay, no hay alternativa...

No voy a entrar aquí en el debate sobre si opciones ajenas al sistema de partidos son o no viables, simplemente recordar que la llamada democracia, en el fondo una forma de dominación del Estado y el Capital peculiar, cada vez más evidente para quien quiera observar la realidad sin gafas ahumadas, , especialmente el ritual del voto, es una utopía, pero una utopía perversa.

Y digo perversa porque habría una forma de utopía positiva: aquella que acepta la necesidad de transformar las cosas, pero desde el esfuerzo y la lucha individual y colectiva. Aquel utopismo, si se quiere llamar así, consciente de que el camino del cambio social es largo, difícil, lento, mucho más cercano del precipicio del fracaso que del amanecer luminoso y los aplausos del éxito; de los arbustos espinosos de la incomprensión, la melancolía, la soledad y el desarraigo, que de las grandes alamedas por las que caminará el hombre libre.

El voto, el sistema de partidos, es lo contrario: la nefasta utopía basada en que por introducir un papel en una urna, escogiendo alguna sigla, se arreglan las cosas .Si eso es realismo, yo soy Pipi Calzaslargas


Claro, alguien puede decir que si la opción desengaña, se puede elegir otra, y luego otra, y otra, así hasta el infinito. El cuento de nunca acabar porque todas las opciones acaban, curiosamente, por desengañar.

Lo que cambia, por supuesto para bien , es el pecunio, las casas y casoplones de la clase política, sin diferencias ideológicas. La situación de sus ingenuos votantes-entre los que yo he estado, aunque fuera ocasionalmente a opciones  marginales, llegando a militar en un partido anaranjado, cuna del populismo por venir y  ahora de gran éxito-, por supuesto, no cambia, en general empeora y empeorará conforme la crisis del capitalismo mundial se haga más y más honda.

Hay, cierto, un sector social, bienintencionado, por supuesto, que defiende la doble táctica del voto y la movilización en la calle. Una vela a dios y otra al Diablo, podría decirse. En realidad podríamos definirlos como "apoyos críticos" del sistema, usando la terminología de antiguos defensores cínicos de dictaduras como la castrista y otras. Quienes votan, sostienen el régimen y se movilizan: ¿por quién o a favor de quiénes lo hacen? . ¿O por qué cuando gobierna la izquierda o los medios lanzan el hueso de alguna nueva opción izquierdista desaparecen las manifestaciones y ese sector no da la menor señal de vida?.

Quienes creen en esa utopía perversa del voto, continúan creyendo en opciones más cercanas a ellos, incluso siguen esperando sentados y con cien años el surgimiento de un líder que encarne al pueblo. Tal esperanza se ha mostrado vana una y otra vez, aunque ellos y ellas sigan picando también una y otra vez, intentando convencerte de que hay un sector que, si bien no es la Luz, al menos representa lo menos malo.

Se niegan a ver, que en este espectáculo que representan ante nosotros, las izquierdas son utilizadas para operaciones especiales, para anestesiar a la población y que ésta esté callada ensimismada en esa fútil esperanza de que, por fin, pueden llegar los suyos:así los Gal y la desindustrialización del país fue obra fundamental del gobierno socialista .Podemos y las mareas acabaron con cualquier conato de rebelión-¿quién se acuerda de Gamonal y las predicciones de múltiples internautas de que el país iba a arder?-. Y, ahora: ¿nadie barrunta nuevos recortes, nuevas medidas contra trabajadores y también, por supuesto, jubilados, amén de la esperada subida de impuestos, no sólo a los ricos, pues las cuentas no cuadran?.

Si yo admito que soy un utópico, admitan ustedes, ciudadanos respetables y votantes cívicos, que lo son en un grado mayor, por esperar imposibles demostrados tras larguísima experiencia de cuatro décadas. Y lo que te rondaré morena.