martes, 29 de noviembre de 2011

Elogio de la muerte personal como triunfo de la humildad y fin del dolor de vivir

Es poco frecuente en nuestra sociedad hablar de la muerte con naturalidad, poder reflexionar o debatir sobre ella sin causar  rechazo en mucha gente. La misma palabra, muerte, prefiere esconderse siempre que sea posible, como si fuera un familiar que ha cometido un terrible crimen y al que se encierra en un desván, pensando ilusamente que así no molestará, que nunca tendremos que enfrentarnos  a su aparición cara a cara.
Pero creo que esa postura constituye un error. Todos somos libres para decidir si preferimos vivir con una venda en los ojos, pensando que así seremos más felices olvidando lo que no conviene. Sin embargo tenemos la alternativa de mirar nuestro fin desde otra perspectiva, de pensar el final de nuestra historia desde una visión más luminosa . 
Esta nueva forma de concebir la muerte personal de forma positiva significa reconocer que la vida implica no sólo momentos pasajeros de felicidad y alegría, sino un profundo dolor,dolor inherente a todo ser consciente que sufre golpes cada cierto tiempo, como un boxeador en el ring . Golpes provocados por otros seres, por las circunstancias de la vida y, por supuesto por el peor enemigo personal, que no es sino uno mismo, sus miedos al fracaso, al que dirán. Pues bien, si somos capaces de ver que nuestra muerte implica la liberación del dolor que provoca nuestro caminar por el tortuoso sendero de la vida, podremos ser capaces de no atemorizarnos ante la idea de disolvernos en el vacío, y no sólo eso, sino de concebir la bajada del telón de la tragicomedia de la que somos actor principal, ya como un bien, ya con un sentimiento de serenidad.
Por otra parte, la aceptación tranquila de nuestra desaparición, de la finitud, tiene otro elemento positivo, y es ni más ni menos que la demolición del egocentrismo, del culto al Yo. Ese culto que es una de las claves del rechazo a la muerte, pues la cárcel del Yo hace que sintamos que su fin es algo terrible, intentando atrasar lo inevitable, o desarrollando ideas de inmortalidad, de vida después de la muerte, en un más allá donde perviviremos para la eternidad. Cuando no hay idea más terrible que la de pensarnos eternos, la de seguir atados al Yo por los siglos de los siglos. ¿Qué sentido podría darle un ser que nunca perece a su vida? ,¿qué tipo de vida podría desarrollar alguien inmortal, si la inmortalidad implicaría la desaparición de todo sentido, meta, moral e ilusión, que sólo crea lo perecedero, lo temporal ?. La aceptación de la muerte implica librarnos de la tortura del ego, implica un triunfo de la humildad, de los que no quieren ser durante toda la eternidad, de los que prefieren la belleza, la luminosidad de lo mortal, frente al terror de lo imperecedero.
Dicho esto, debemos aclarar que la idea de contemplar la muerte como un bien, en el sentido expresado no de odiar la vida, sino de reconocer que sólo una vida pasajera permite dar cierto sentido al existir ,y a la vez el fin nos permite acabar con el aspecto negativo, doloroso, de nuestro vagar en el mundo, sólo es posible como muerte personal. Jamás podremos ver como un bien el silencio frío y definitivo de los seres que amamos. La marcha de los amados nos arranca trozos de nuestro ser, nos deja huérfanos de cariño, de comprensión, de apoyo. Son desgarros que nunca cicatrizan, golpes que cada cierto tiempo provocan una aguda molestia de recuerdos nostálgicos, de sueños de abrazos que jamás se darán. La muerte personal, sin embargo,no provoca nada de esto, no nos condena a sentir el gélido vacío de las ausencias.
Y, quizá, reflexionando a la vez que escribo, parte del éxito de las religiones, de las creencias en un más allá, radique en el hecho de que consuela a mucha gente no tanto con una vida individual sin fin, sino por que hace soñar con una vida futura donde nos reencontraremos con los amados, con aquellas personas que nos trajeron al mundo dándonos su ternura, o aquellos con los que establecimos una bella relación de amistad, una profunda unión de conciencias, gentes por las que merecía la pena mantenerse en pie y con las que desearíamos caminar siempre, con una mano en sus hombros.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Un manual de vida: Epicteto y la filosofía de la virtud

Con el título de Un manual de vida, la editorial Los Pequeños libros de la sabiduría presenta una interpretación personal de las ideas y escritos del filósofo de la antigua Grecia, Epicteto. De él sólo han sobrevivido Enchiridion y Los discursos, suficiente para que podamos conocer lo atractivo de su filosofía. 
Pues bien, esta interpretación libre de las ideas del pensador griego, quien fuera esclavo durante parte de su vida, es sencilla y muy amena, permitiéndonos acercarnos al ideal de vida y comportamiento que proponía Epicteto.
Debemos destacar que los filósofos griegos daban una importancia central a la moral, y sus reflexiones se centraban en cómo vivir, cómo actuar, para alcanzar la virtud, y la felicidad.
Pues bien, en el caso de Epicteto, seguidor de la escuela estoica, lo esencial es conseguir la serenidad interior. Sólo alcanzando la serenidad, podremos acercarnos a la felicidad. Para alcanzar tal estado, Epicteto parte de que tenemos que ser capaces de distinguir lo que podemos controlar, como opiniones, aspiraciones...de lo que escapa a nuestro control, como el aspecto físico, la familia en que hemos nacido etc. Aprendiendo esto, podremos ser capaces de evitar obsesionarnos con cosas que terminan por hacernos daño y sufrir innecesariamente, al no poder controlarlas. Sólo así se alcanza la libertad
Partiendo de esta idea, el resto de sus reflexiones y consejos se centran en aceptar las cosas de la vida tal como vienen, sean buenas o malas y fundamentalmente en considerar que muchas cosas, más que ser malas de por si, es nuestra visión de ellas la que hace que puedan afectarnos negativamente o no. Es la forma de ver las cosas, la visión de los acontecimientos, la que puede hacernos daño. En todo hay que buscar un beneficio personal, un aprendizaje.
Para Epicteto no debemos vivir pensando en el que dirán,o de cara a la galería para obtener la aprobación ajena. Debemos vivir de acuerdo a nuestros ideales, a nuestros principios espirituales. Lo importante es lo que somos por dentro, la sabiduría y la belleza interior. Nuestro filósofo nos enseña a no dejarnos atrapar por las apariencias, y sobre todo a ser capaz de renunciar y no dar importancia a la riqueza, al éxito, al poder (no en vano él vivía modestamente en una cabaña). Otra de sus enseñanzas es que debemos definir qué clase de persona queremos ser, a quién admiramos, para desarrollar esos rasgos que consideramos moral y humanamente preferibles, observándolos en todo lo posible, y poniendo en práctica los principios que hayamos escogido.
De esta manera, valorando la sencillez, la prudencia, el dominio de sí mismo, la sabiduría y los valores morales y espirituales, intentando sacar lecciones positivas de lo que vemos como males, podremos acercarnos a la conquista de la serenidad y la libertad interior, y por tanto de la felicidad.
Esta es la lección que nos da Epicteto. Y como él ,otros filósofos clásicos que deberíamos rescatar si queremos alejarnos de una civilización sin ningún ideal de vida que el mero economicismo, centrada en la mera satisfacción de las necesidades fisiológicas. Civilización, si es que puede ser llamada de tal manera, que ha perdido toda noción de virtud, de elevación moral, cuando no se ríe de tales conceptos que considera algo propio de fanáticos religiosos o reprimidos. 
Es necesario, por tanto, volver a los clásicos y poner en el centro los valores humanos como la sabiduría, la verdad, la virtud, la libertad, la sencillez, la belleza. No limitándose, lo que quizá fuera el principal defecto de los viejos filósofos, a una postura de mejora individual, sino ser capaces de utilizar esa cosmovisión en el plano colectivo, tanto político como económico. La transformación debe ser tanto interna, como exterior, colectiva.
Escuchemos y aprendamos de pensadores como Epicteto, voces que escribieron, pensaron y analizaron en tiempos remotos, pero cuyas ideas, recomendaciones y visiones de la vida son atemporales, y necesarias para pensar el presente, reconociendo sus limitaciones

domingo, 13 de noviembre de 2011

Eva:humanidad y robótica

Entre las  películas que he visto en los últimos tiempos, quisiera destacar Eva. Especialmente por tratarse de una película  dirigida por un español que toca una temática muy poco común en nuestro cine, lo que es de agradecer.
Eva nos traslada a un futuro cercano, el año 2041. Un futuro similar al actual, alejado de visiones apocalípticas o desarrollos tecnológicos inimaginables que muestran otras películas futuristas. En ese futuro destaca el desarrollo de robots que acompañan a los seres humanos en diversas facetas de su vida, pero en lo demás, no hay muchas diferencias con el mundo del presente.
Pues bien, la película nos cuenta la vuelta de Álex, ingeniero especialista en robótica, a su ciudad de origen, llamado por la Facultad de Robótica para desarrollar un robot diferente del resto. En su vuelta, se reencuentra con un pasado que quiso abandonar,  un pasado que le hace reflexionar profundamente sobre su vida, sobre si la elección que hizo de marchar, de abandonar , fue o no correcta. Por la pantalla desfila su antigua novia, Lana, casada con su hermano, y la hija de ambos, Eva, que conecta rápidamente con Álex, estableciendo ambos una profunda conexión, un cariño y amistad especial. Eva es una niña muy diferente al resto, que Álex elige para llevar su personalidad al robot que tiene por misión desarrollar, un robot que difiera del resto por sus emociones, sus sentimientos.
Lo interesante de la película, y que ésta desarrolla de manera magistral, son las relaciones humanas, los conflictos, los tormentos y dudas del personaje protagonista, Álex, con respecto a la vida que lleva, su sensación de fracaso, de no haber elegido el camino correcto, su incapacidad para centrarse en algo, comprometerse y llegar hasta el final. Y, en medio de todo ello, los dilemas morales respecto a los robots, las dudas sobre si pudiera surgir una inteligencia, una conciencia similar a la humana en alguno de ellos, sobre si eso sería positivo o negativo. En una palabra, sobre dónde empieza la humanidad y si ésta no puede saltar en algún momento a los robots, o a alguno de ellos ,sin ser nosotros conscientes de ese hecho, y cuáles son los límites de la experimentación en el mundo de la robótica.
Eva combina humanidad y robótica, emociones y ansia de libertad, dando como resultado una película muy interesante de ver,sencilla, con un final tan sorprendente como melancólico.

miércoles, 12 de octubre de 2011

El giro estatolátrico:un pensamiento heterodoxo.

Con el título El giro estatolátrico repudio experiencial del estado de bienestar, el pensador y escritor Félix Rodrigo Mora nos vuelve a sorprender con un libro tan interesante como ajeno a los valores e ideas dominantes tanto en el ámbito político, como económico y moral. De él, ya tuvimos ocasión no hace mucho de leer otro libro profundo, denso, de aguda reflexión y también ajeno a las modas; se trata de La Democracia y el triunfo del Estado, texto recomendable a quienes amen el pensamiento libre e independiente, en tiempos de mentes uniformizadas, donde rige el Unipartido, aunque se disfrace de ideologías, colores y siglas diferentes.
Pues bien, en El giro estatolátrico, publicado por Maldecap, Félix, como en su anterior libro La democracia y el triunfo del Estado, realiza un análisis crítico de la organización estatal, en este caso del llamado Estado de Bienestar, la nueva definición del Estado de la modernidad. 
En nuestra opinión dos son las tesis centrales del libro: la primera, que frente a cierto discurso, en los últimos años se ha producido un incremento de la fuerza del Estado, y que frente a quienes sostienen que el Estado es quién puede frenar al capitalismo, éste último ha sido salvado por el Estado, por ejemplo inyectando millones de euros a la banca, para salvarla de la quiebra. Ejemplo de que Estado y capitalismo están íntimamente vinculados, pese a la idea dominante en la izquierda. Y es que resulta evidente que los diversos poderes están unidos entre sí, reforzándose mutuamente, tanto el estatal como el capitalismo privado, lo que no quita que según las épocas unos u otros adquieran mayor o menor fuerza.
La segunda tesis central, es que para Rodrigo Mora, el desarrollo del llamado Estado de Bienestar supuso la liquidación progresiva del antaño movimiento obrero independiente y autogestionado. Aquel movimiento obrero que desarrolló ateneos, escuelas libres, actividades culturales, grupos naturistas o excursionistas, que tenía redes de auxilio y apoyo mútuo entre sus miembros,pero que con el crecimiento del Estado providencia fue hundiéndose en la apatía, la docilidad, en renunciar a la autoorganización para exigir que instancias diferentes a ellos mismos le otorgara lo que antes se otorgaba por su propio esfuerzo y lucha. Por tanto para el autor, en una tesis que puede resultar polémica, el llamado Estado de Bienestar lo impulsaron Bismarck, los fascistas italianos y los nacionalsocialistas, frente a la idea dominante de que fue obra de las luchas de la clase obrera. Y esto fue así porque para los regímenes mencionados, la mejor manera de destruir las fuerzas revolucionarias era ir desarrollando un Estado que ofreciera algunos servicios sociales a la población obrera, y así conseguir que estos se convirtieran en masa dócil y manejable, en rebaño. y es que también frente a la opinión dominante, el régimen de dominio más racional corresponde al llamado Estado de Bienestar, pues es el que consigue una mano de obra no enferma y hambrienta, y por tanto que ofrece más productividad, más rendimiento.
El libro ofrece varios análisis interesantes, desde una crítica al feminismo de Estado, que con leyes como la Ley de la violencia de Género, han logrado incrementar las fuerzas policiales, y la acción represiva del Estado criminalizando a la población masculina, como una crítica de la educación estatal, basada en el adoctrinamiento, en la no reflexión, en la no crítica real de lo existente, proponiendo en su lugar un sistema de autogestión del saber y conocimiento como alternativa,de conocimiento entre libres e iguales que esperamos pueda desarrollar en mayor medida en otros libros. es interesante su crítica de la identificación de estatal con pública. Tanto la llamada educación pública como la sanidad pública, no son tales, son estatales. Verdad esencial, que nadie parece ver, pues ni en la educación o sanidad llamada pública, tiene algo que decir y ver la comunidad. Es algo dirigido y organizado desde las alturas, por altos funcionarios, en sus respectivos ministerios.
El giro estatolátrico habla también de moral, algo muy importante para Félix, con su habitual crítica de la moral del pedir, del no esforzarse, del hedonismo, de los derechos...algo de lo que nos sentimos muy próximos. Del fracaso de los movimientos de autodeterminación de los pueblos, de emancipación nacional...Si bien cae en el para nosotros error de dar una excesiva importancia a un movimiento político que para nosotros carece del menor interés intelectual y humano, la izquierda abertzale, en la que al contrario que Rodrigo, no vemos que en ningún momento de su historia tuviera una carga de profundidad, de pensamiento alternativo serio y sólido. Por no hablar de su pasado amoral de apoyo y defensa de ETA, lo que le aleja de los presupuestos morales del autor del libro. Si bien el autor manifiesta un alejamiento definitivo de su antaño simpatía hacia ese movimiento político.
Se compartan o no las tesis de El giro estatolátrico, es de destacar la necesidad de libros de pensamiento heterodoxo como el que hemos comentado. Y es que necesitamos recuperar la capacidad de reflexionar independientemente de los discursos y modas imperantes, aunque caigamos en el peligro de ser excluidos del círculo de los aceptados intelectualmente. Y de librarnos de la tenaza de las fuerzas conservadoras- liberales, por un lado, y las izquierdistas por otro, que nos imponen la creencia en el sistema estatal y capitalista, con diversos matices. Ese es para mi el valor esencial de este libro y de su autor, más allá de opiniones personales.

lunes, 19 de septiembre de 2011

La puerta de los tres cerrojos:una novela cuántica para todos los públicos

Con el título La Puerta de los tres cerrojos, la joven física Sonia Fernández-Vidal, ha publicado una pequeña novela, casi mejor llamarla cuento, sobre el mundo cuántico y sus misterios. El protagonista es Niko, un chico tímido y solitario de 14 años, que decide cambiar de camino para ir al Instituto, encontrándose una casa que nunca había visto antes. Aquí se inicia la aventura, cuando el chico entra en contacto con otro mundo y sus habitantes. De forma sencilla y amena ,en el relato se nos explican aspectos de la física, desde el origen del Universo, a la teoría de la relatividad, pasando por la doble naturaleza de la luz como onda y partícula, y los enigmas del mundo cuántico, como el de la superposición, consistente en que una partícula puede estar en varios sitios a la vez, hasta que la observación hace que se defina su posición en un lugar, el principio de incertidumbre, la existencia de múltiples dimensiones y Universos...Todo ello mezclado con una historia de amistad, amor y aventuras, que hace del libro una pequeña joya, apta para todos los públicos.
Se trata de un cuento que permite que todos podamos tener un primer acercamiento al mundo de la física cuántica, sin necesidad de haberla estudiado. Esperemos que la autora vuelva a sorprendernos con un libro de estas características, donde mezcla entretenimiento y aprendizaje.

viernes, 2 de septiembre de 2011

La sociedad del bienestar inmaterial y la libertad

Una de las características de las sociedades modernas es su culto al bienestar, entendido como bienestar material, lo que arrastra tras de si el desarrollo de la sociedad de consumo y una mentalidad individual y social centrada en los derechos, el pedir a instancias superiores y el servilismo, frente al esfuerzo, la libertad, y los deberes y cargas autoimpuestas. Aparte de este tipo de características, tales concepciones materialistas de la vida incluyen considerar centrales en nuestra existencia una idea de felicidad superficial, basada en una mezcla de hedonismo y rechazo al dolor, frente a lo que pensamos debería ser una concepción más elevada y profunda de la felicidad, que sería el vivir lo más cerca posible de los dictados de la conciencia personal, de los ideales y principios morales, siendo consciente de lo difícil que es de realizar, pero sabiendo que ese esfuerzo es la clave para una verdadera felicidad, siempre relativa y pasajera.
Pero la sociedad del culto al bienestar material como elemento central implica más elementos negativos, y es el reforzamiento del Estado y el capitalismo. Esto es evidente por el mero hecho de que una sociedad basada en los valores de la producción y el consumo, necesita de organizaciones autoritarias, jerarquizadas, que garanticen el desarrollo económico hasta el infinito, para poder entrar en la espiral de tener más y más, lo cual queda reforzado por la anteriormente citada mentalidad de pedir, de recibir, frente a luchar y conquistar la libertad.
También este tipo de sistema bienestarista, aparte de crear colectividades de escasa calidad humana, de escaso nivel de reflexión independiente, de inexistencia de innovación en el pensamiento político, o en la creación de arte que emocione por la bajeza de los objetivos vitales de nuestra sociedad,lo  que hace muy difícil que surja arte digno de tal nombre, contiene una trampa mortal. Y esa trampa no es más que la fragilidad de ese bienestar . Al ser un bienestar que depende de tener un trabajo, su pérdida sume a la gente en la pobreza, y en la destrucción psíquica y física. Al no existir sociedades basadas en el apoyo mutuo, la cooperación y el no abandono de los miembros de la comunidad en apuros, todo se fía a unas instancias superiores , como el Estado, que justifica su dominio y sujeción sobre las comunidades humanas,aportando algunos subsidios que tarde o temprano finalizan. Por tanto la sociedad del bienestar material, o el llamado Estado de bienestar, ofrece un bienestarismo que pende de un hilo.
Nosotros, sin embargo, apostamos por otro tipo de opción, quizá arriesgada y difícil. Y esa opción consiste en tener como central, o al menos al mismo nivel, lo que podríamos calificar de bienestar inmaterial. Es decir, consideramos que una sociedad basada en valores políticos, económicos y morales sólidos y realmente alternativos, centrados en un sistema de organización autogestionario, autogobernado, basado en la empatía, los bienes comunales, la responsabilidad, el trabajo libre, el esfuerzo, la participación, la igualdad política , la búsqueda de la verdad y la no manipulación de las mentes con los aparatos de propaganda conseguirá crear una sociedad donde se mantendrá un bienestar material más profundo sin necesidad de centrarse en él, por la sencilla razón de que tal sociedad no será una sociedad basada en la atomización, el sálvese quién pueda, el individualismo, la propiedad privada concentrada o estatal, la aceptación de la opresión, el espíritu de pedigüeños, la pasividad o resignación. Los individuos estarían unidos por lazos más sólidos, por lo que las necesidades básicas serían mejor cubiertas.
Por lo tanto pensamos que una sociedad centrada en el bienestar inmaterial se acercaría más a una sociedad libre, por cuánto tendría menor necesidad de ser dominada y también a  un bienestar material menos frágil, dentro de una potenciación de la frugalidad, de rechazo a colocar la producción y el consumo en el centro, al conformar una colectividad más solidaria.
Para terminar, señalar dos aspectos. El primero, que tal concepto de sociedad, implicaría una ruptura con las fuerzas políticas y sindicales de la izquierda dominante, pues éstas no son más que un brazo del sistema estatal y capitalista centrado en el consumo, el culto al dinero, el economicismo, las luchas meramente basadas en el tener  material; lo que en realidad refuerza el sistema imperante, aunque no quiera verse por parte de las citadas fuerzas y los intelectuales que las apoyan.
Y en segundo lugar, lo más difícil. Que no es más que levantar un nuevo pensamiento, un nuevo movimiento social capaz de desmarcarse de las viejas doctrinas que han levantado sociedades de siervos , de los viejos esquemas agotados de diversas ideologías como de las morales que acaban desarrollando. En esto nos jugamos el futuro, pues de seguir así, nuevas tiranías, nuevas o viejas fuerzas opresivas, destruirán lo poco que queda de libertad, pues nuestras sociedades carecen de convicciones y fuerzas para defenderse de los autoritarismos-al carecer de un pensamiento ético-político alternativo y fuerte- especialmente si éstos ofrecen pan aunque muera toda libertad.

domingo, 28 de agosto de 2011

Reflexiones sobre la JMJ

Pasado un tiempo prudencial consideramos necesario reflexionar sobre la exitosa Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid. Como era de esperar se ha producido el enfrentamiento entre laicos y religiosos, salvando las distancias algo parecido al choque entre las dos Españas de antaño. Unos, los católicos, en nombre de Jesús organizando un acto de ensalzamiento del Papa, un culto al líder que en nuestra opinión tiene muy poco o nada de evangélico. Por otra parte, el sector laico, criticando todo lo posible tal acto, pero no desde las posturas de cristianismo auténtico, la del Jesús del Evangelio, sino en su rechazo a cualquier manifestación pública de espiritualidad.
Nuestra postura es crítica hacia ambas posiciones, que consideramos sumamente peligrosa para la libertad, para una sociedad libre. Unos, la multitud de jóvenes católicos, porque no es consciente de que arrodillarse y aclamar y venerar a un hombre es anticristiano, pues no hay mas que leer el evangelio para ver el rechazo de Jesús hacia tales actitudes . Entre cristianos no caben Amos, no cabe hacerse esclavos de los hombres. La idea de que "El Reino de Dios está en vosotros" es clara. Un verdadero seguidor de la moral y la filosofía social evangélica no necesita de ningún representante de Dios en la tierra, así como tampoco de intermediarios ni sacramentos de ningún tipo. En el acto, Ratzinger acudió para justificar la existencia de la Iglesia católica a la famosa frase: "Pedro, tu serás la piedra sobre la que edificaré mi Iglesia". Esta frase nos resulta un claro añadido, algo puesto para justificar la existencia de una Institución que no casa con lo que predicó Jesús. No creemos por otra parte que Jesús quisiera crear ninguna Iglesia, pues el era judío y como tal murió.Tampoco conviene olvidar que Iglesia, en griego, significaba Asamblea. Asamblea y organización piramidal son cosas contrapuestas, por más que algunos, de buena fe, quieran hacer ver que no es así. De cualquier forma es lógico que las altas jerarquías católicas usen alguna frase para justificar su existencia, silenciando las que podrían poner en duda la existencia de su Institución.
Por otra parte tenemos a un fuerte sector laico que detesta toda manifestación pública de la religiosidad. Éstos no tienen en cuenta que las creencias, ya políticas, ya religiosas, no son sólo privadas, sino públicas. Toda persona con un ideal ansía conocer y organizarse con otras afines a su pensamiento. Es cierto que la religiosidad tiene un fuerte componente individual, basado en la comunicación personal con un Dios . Pero no se puede negar el contenido social de las creencias, nos gusten o no, coincidamos o no con ellas.
Por otra parte debemos también reflexionar sobre un elemento que escapa al análisis de muchos laicistas. Y es el hartazgo de mucha gente al materialismo, al relativismo, a la concepción zoológica del ser humano predominante en nuestra época, así como, nos guste o no, a la necesidad de consuelo de mucha gente, la necesidad de pensar que la vida continua tras la muerte. Personalmente nada nos aterroriza más en este Blog que la idea de la vida eterna. Para nosotros la muerte es positiva por cuanto libera de la servidumbre del sistema político y económico estatal y capitalista ,así como de la servidumbre creada por el propio organismo humano y sus necesidades. Pero reconocemos que nuestra postura es minoritaria, y que a millones de personas les asusta el fin definitivo
Sin embargo deberíamos profundizar en la fuerza de las religiones, pese a su descenso en muchos países occidentales, más allá de nuestras posturas personales. Y una de las causas del mantenimiento de la fuerza religiosa es el olvido o desprecio por parte del pensamiento izquierdista de lo no material, de los valores espirituales o inmateriales. Lo hemos afirmado últimamente en varias ocasiones. La sociedad de la modernidad ha convertido a los seres humanos en estómagos, en seres muy degradados centrados en lo material, lo cual facilita el triunfo del sistema de dominación. Pero aún así no han podido liquidar del todo la esencia humana, el ansia de dar una mayor importancia a valores no materialistas, como la solidaridad, el apoyo mutuo, la libertad...y también, nos guste o no, mucha gente sigue sintiendo la necesidad de creer en un Ser Superior, en un cielo donde continúe una vida libre de los males de la tierra . Esto último , ya digo, nos parece muy infantil, y preferiríamos que la gente se enfrentara con tranquilidad a la muerte, a la vuelta al vacío. Pero ese sueño subsiste queramos o no, y no podemos prohibirlo. Y, siguiendo con nuestra reflexión, creemos que las izquierdas han fracasado radicalmente en levantar una filosofía que ponga el acento en los bienes inmateriales, que se evada de un materialismo estrecho, de un anticlericalismo simplón. Si quitamos la hojarasca de sus discursos retóricos, vemos que no hay más ideal en las izquierdas que el vivir mejor . Con lo cual, mal que les pese, comparten la misma cosmovisión bienestarista y conservadora que la derecha. Es decir, las izquierdas no han llenado la necesidad de levantar una cosmovisión diferente, basada en elevar a los individuos por encima del componente zoológico(sin negar que también tenemos una naturaleza animal), es decir conseguir una sociedad de individuos virtuosos, que busquen el bien común, el compartir,el no dominar a  otros, la mejora personal y otros valores desde la libertad, como un camino elegido interiormente, pues la virtud impuesta no es virtud. A esto nos referimos cuando hablamos de valores espirituales, que no implican de por si la necesidad de seguir una religión, o de una creencia en un Dios. Pero lo que sí pensamos es que si nadie llena estas necesidades, las religiones podrán utilizarlas para llevar el agua a su molino.
En El paseante solitario nos gustaría que surgiera un tipo de religiosidad libre, como la desarrollada por un Tolstoy, por ejemplo. Una religiosidad no dogmática, no basada en la obediencia a ninguna persona o personas, tampoco en seguir un libro al pie de la letra un libro. Una nueva religiosidad que uniera lo individual y lo colectivo en comunidades basadas en la propiedad comunal, la reflexión, la no opresión entre sus miembros,la no obediencia más que a las normas decididas democráticamente entre ellos, la no necesidad de intermediarios ante su  Dios, la ley del amor... Ésto podía haber sido el cristianismo, y parte de ello forma parte de algunas de sus comunidades. Pero por desgracia salvo en unos pocos sectores el cristianismo fue engullido por los aparatos de dominación social y de él poco queda .
Sin embargo consideramos que puesto que hay mucha gente con necesidades religiosas, y puesto que no se ve que el ateísmo pueda atraer a multitudes, quedaría como freno a la fuerza de las religiones opresivas el nacimiento de una nueva religiosidad libre. Ahora bien, puesto que vivimos con los pies en el suelo, hemos de reconocer que, a corto o medio plazo, no observamos que pueda nacer esa nueva religiosidad que satisficiera esas necesidades que el materialismo ateo y agnóstico no satisface y que hiciera de contrapeso a quienes, desde las jerarquías católicas u otras religiones, usan el discurso religioso y no materialista para dominar mentes y cuerpos, para engañar a multitudes.
La necesidad de una nueva cosmovisión en la que quepan religiosos libres y ateos desde una perspectiva de libertad,de no dominio, es muy importante para luchar contra los peligros de las fuerzas liberticidas, ya religiosas, ya laicistas