viernes, 30 de diciembre de 2011

The Artist

He aquí una película sorprendente y muy recomendable. Arriesgada, realizada en blanco y negro, muda, como el cine original, ha sido para muchos una agradable sorpresa. Sencilla y melancólica recrea los últimos tiempos del cine mudo donde a falta de sonido, los actores y actrices gesticulaban y expresaban con sus gestos y movimientos físicos,un tanto exagerados, los sentimientos y emociones que sus papeles requerían.
The Artist nos lleva a contemplar el hundimiento de un actor de cine mudo que pasa de la gloria y los aplausos de la multitud, al olvido y el rechazo cuando aparece el cine sonoro, cine al que es incapaz de acostumbrarse, impidiendo su orgullo realizar el nuevo tipo de películas que reclamaban los espectadores.
Y frente a su fracaso, el triunfo de una joven actriz a la que él apoyó, que ayuda desde las sombras al antiguo galán, cada vez más hundido en la miseria moral y material. 
Debemos mencionar que todos los actores, incluido el entrañable perro que acompaña en su descenso a los infiernos al antiguo triunfador, expresan muy bien toda la gama de sentimientos que la película requiere, del amor al triunfo, el fracaso, la autodestrucción y el renacimiento.
The Artist es una apuesta arriesgada, teniendo en cuenta lo lejano que resultan los tiempos del cine mudo y la posibilidad de incomprensión por parte del público, pero que se ha saldado con con un merecido éxito. El riesgo, en ocasiones, merece la pena.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Triunfo y crisis de la civilización economicista


Mucho se está debatiendo desde que explotó la crisis económica sobre sus motivos y sus posibles soluciones, cada uno desde sus respectivas visiones ideológicas, ya más liberales, ya más socialdemócratas .Unos apostando por más austeridad y recortes y otros  por más impuestos a quienes más tienen, gravar a los bancos y las transacciones financieras o especulativas, nacionalizar la banca total o parcialmente… Pero muy pocas voces parecen querer analizar las raíces más profundas de la crisis económica y si ésta en el fondo pudiera corresponder a una crisis de civilización, es decir a toda una forma de entender la vida, de entender al ser humano.
Y en mi modesta opinión la naturaleza última de la crisis es civilizatoria. Corresponde a una crisis de lo que podríamos llamar civilización economicista. Por economicismo entendemos unas sociedades para las cuales el centro de todo es la economía comprendida en un amplio sentido: el dinero, el consumo, la productividad, el bienestar material, la acumulación de riqueza, lo fisiológico, el trabajo asalariado, la tecnología como liberación… Nuestra civilización considera tales aspectos esenciales, anteponiéndolos en la práctica a lo que podríamos calificar de valores del “espíritu” o la conciencia,  como la libertad entendida como no dominación, la reflexión, el autoperfeccionamiento moral, el amor al conocimiento por el conocimiento mismo, el esfuerzo, la cooperación, el compartir, la convivencialidad, el trabajo creativo o libre que busca el crecimiento personal o social sin coacción, sin contraprestación, entre otros valores.
Sin embargo, en un largo y lento proceso de siglos, terminó por expandirse y triunfar la llamada civilización economicista, aquella que pone el acento en los elementos materiales, en las sociedades de productores y consumidores, para los cuales lo esencial es la abundancia de productos y servicios, el mero vivir bien exigiendo a los de arriba. Esta citada civilización sabe atraerse a las multitudes vendiendo múltiples baratijas, creando necesidades constantes de objetos de los que disfrutar, usar y tirar y fomentando un estilo de vida que combina pasividad, competitividad, servilismo y hedonismo.
Pero tal civilización, obsesionada por lo monetario desde la ultraderecha a la ultraizquierda, conlleva el desarrollo de instituciones y poderes que escapan al control de los ciudadanos por un lado, desde la banca a los llamados mercados financieros, grupos de personas capaces a día de hoy de llevar a los países a la quiebra, o de ponerles en graves apuros, potenciando una economía ya ni siquiera productiva, sino especulativa; un tipo de sistema económico monstruoso, sin nombres o rostros claros detrás, que hace de los productores mercancías de usar y tirar. Y es que no somos conscientes, pese al culto por lo económico, que economía y política están unidas, que en gran medida la economía es política, por el mero hecho de que las relaciones económicas dominantes son relaciones de poder, de dominación. Nuestra actual civilización no es sólo esclava de las cosas, es también esclava de las personas que desde diversas instancias impulsan las formas de vivir, relacionarnos, trabajar, pensar y consumir
En segundo lugar todo esto se ha agravado al haber potenciado en épocas pasadas el endeudamiento a todos los niveles, desde el familiar, al provocado por la expansión del Estado, que bajo la etiqueta de Estado de Bienestar, implica unos gastos enormes y la creación de seres pasivos, que esperan todo de los dirigentes.
Diferentes factores que han llevado a la crisis de nuestra civilización, crisis agudizada por el ascenso de otras potencias que están empezando a ganar la partida en el juego del mercado mundial.
Pero la crisis del economicismo no implica que nuestro sistema de vida vaya a desmoronarse por sí mismo. Y esto es porque hoy por hoy no existe ninguna fuerza social consciente que ponga los anteriormente citados valores de la conciencia ,o humanistas, en el centro.
Es cierto que en principio hay indicios positivos  en los movimientos de protesta  que se están produciendo en algunos países occidentales, de España a Estados Unidos . Pero lo que tendríamos que preguntarnos es si las personas que se lanzan a protestar a las calles están luchando por crear una nueva y verdadera civilización, de hombres y mujeres conscientes y autogobernados, o si lo que en realidad quieren es mantener sea como sea la sociedad de consumo, la primacía de lo material, el seguir viviendo como ganado al que no falte el pasto.
Si es lo primero, hay esperanzas de reconstruirnos como seres humanos; si es lo segundo, estamos condenados a dar vueltas eternamente al círculo infernal de una civilización cada vez más degradada, la civilización del economicismo. Con grave riesgo de que tarde o temprano, las feroces luchas competitivas entre potencias, acaben en una nueva guerra mundial.

martes, 6 de diciembre de 2011

Reflexiones sobre las revoluciones árabes

Túnez, Egipto, Libia, Siria...han sido noticia estos últimos meses por las revueltas que se han producido en ellos. Una oleada de revoluciones se ha desarrollado por todo el mundo islámico, en lugares donde parecía que nada ocurriría, y donde la opinión general era que aquéllas sociedades nuca se moverían, que sus gentes aceptarían eternamente la situación en que vivían.
Pero, de forma sorprendente, la realidad se ha encargado de desmentir la idea dominante, y miles de personas en diversos países del mundo islámico se echaron a las calles a reclamar más libertad y una mejor vida, llegando en algunos casos, como en Libia, ha producirse una guerra civil en la que intervino la OTAN en favor de los sublevados. Y haciendo la vista gorda ante un hecho tan reprobable como la tortura y asesinato sin ningún tipo de juicio de Gadaffi. Hecho que junto con el asesinato de Ben Laden, también aceptado con naturalidad ,abre un camino muy tenebroso, el de pensar que todo vale, que el asesinato es legítimo, lo que nos llevaría a reflexiones profundas sobre lo que se nos viene encima sin darnos cuenta, que tipo de sociedad y sistema se está impulsando desde el Occidente de los derechos humanos; pero esto es otro tema...
Pasado un tiempo prudencial, pasado el entusiasmo inicial con que acogimos las rebeliones, es hora de intentar reflexionar sobre el futuro de los países que han logrado cambiar el régimen, o que parecen estar cerca de ello. Y he de reconocer que el optimismo, la luz que parecía desprenderse de las revoluciones, se ha tornado en duda, en sombras amenazantes.
Esto no significa que apoye algunas tesis que sostienen que todo ha sido un movimiento impulsado por Estados Unidos y algunos países occidentales para cambiar los sistemas políticos autoritarios de la zona, y beneficiar a Occidente. No creo en las tesis conspiranoicas, en la idea de que agentes ocultos de potencias mundiales puedan hacer movilizar a cientos de miles de personas, pues con tales argumentos cualquier revolución sería tachada de estar al servicio de intereses ocultos, con lo cual indirectamente se está favoreciendo el conformismo, la aceptación resignada de lo existente .Lo que no quita que una vez creada una situación revolucionaria las potencias intenten sacar tajada  convirtiendo los nuevos regímenes nacientes en aliados en el tablero mundial de amigos y enemigos.
Dicho esto, muchos pensábamos que se abriría un período de libertad para los países árabes, de triunfo del laicismo. Pero la falta de reflexión y la ingenuidad no son buenas compañeras, y las ilusiones se están enfriando rápidamente.
Y creo que algunos no tuvimos en cuenta la fuerza del islamismo, el que los movimientos políticos islamistas eran los más organizados, y por tanto los que acabarían imponiéndose. Es evidente que en las revoluciones  acaban triunfando las fuerzas más preparadas, aquellas que cuentan con una mejor organización, ideas más claras y cohesión interna, aunque no sean las que impulsaran la rebelión. Y estas son ,en muchos casos, los partidos islamistas. Son ellos quienes se están imponiendo, si bien en unos casos son grupos más moderados, y en otros más radicales. Pero este triunfo de fuerzas en principio autoritarias deberíamos haberlo previsto. La mayoría de las llamadas revoluciones, empezando por la mitificada revolución francesa, supusieron el triunfo del despotismo y el terror en sus diversas formas:del jacobinismo al comunismo o los caudillismos. Pocas lograron mantenerse ajenas a la tiranía, fundar la libertad. Y sólo este hecho debería haber conseguido hacer que fuésemos más precavidos.
Incluso si la intención de algunas potencias occidentales ha sido apoyar las revoluciones para conseguir que los países árabes fueran aliados frente a potencias emergentes como China o el problemático Irán, puede que tampoco se logre. Es evidente que un triunfo islámico en nada perjudicaría a Irán, que podría verse incluso reforzado, acelerando los preparativos de una guerra contra el citado país. Tampoco afectaría negativamente a China, el enemigo principal hoy por hoy de los Estados Unidos y de Europa Occidental, pues es difícil que regímenes islámicos hicieran pinza con Occidente contra China.
De cualquier forma no debemos oponernos a las rebeliones contra los autócratas, todo lo contrario, debemos alegrarnos cuando esto suceda, pues es una señal de que la idea de libertad no puede ser definitivamente destruida. Pero si debemos mostrarnos más precavidos, menos ingenuos, no olvidando la tendencia histórica de sustituir un sistema de opresión por otro.
Con todo, no sabemos lo que sucederá en el mundo árabe, ni si los gobiernos islámicos que parecen vislumbrarse en el horizonte liquidarán la libertad naciente, o la respetarán, pudiendo en un futuro ser sustituidos por otro tipo de fuerzas políticas. La historia, el tiempo, dirán.

martes, 29 de noviembre de 2011

Elogio de la muerte personal como triunfo de la humildad y fin del dolor de vivir

Es poco frecuente en nuestra sociedad hablar de la muerte con naturalidad, poder reflexionar o debatir sobre ella sin causar  rechazo en mucha gente. La misma palabra, muerte, prefiere esconderse siempre que sea posible, como si fuera un familiar que ha cometido un terrible crimen y al que se encierra en un desván, pensando ilusamente que así no molestará, que nunca tendremos que enfrentarnos  a su aparición cara a cara.
Pero creo que esa postura constituye un error. Todos somos libres para decidir si preferimos vivir con una venda en los ojos, pensando que así seremos más felices olvidando lo que no conviene. Sin embargo tenemos la alternativa de mirar nuestro fin desde otra perspectiva, de pensar el final de nuestra historia desde una visión más luminosa . 
Esta nueva forma de concebir la muerte personal de forma positiva significa reconocer que la vida implica no sólo momentos pasajeros de felicidad y alegría, sino un profundo dolor,dolor inherente a todo ser consciente que sufre golpes cada cierto tiempo, como un boxeador en el ring . Golpes provocados por otros seres, por las circunstancias de la vida y, por supuesto por el peor enemigo personal, que no es sino uno mismo, sus miedos al fracaso, al que dirán. Pues bien, si somos capaces de ver que nuestra muerte implica la liberación del dolor que provoca nuestro caminar por el tortuoso sendero de la vida, podremos ser capaces de no atemorizarnos ante la idea de disolvernos en el vacío, y no sólo eso, sino de concebir la bajada del telón de la tragicomedia de la que somos actor principal, ya como un bien, ya con un sentimiento de serenidad.
Por otra parte, la aceptación tranquila de nuestra desaparición, de la finitud, tiene otro elemento positivo, y es ni más ni menos que la demolición del egocentrismo, del culto al Yo. Ese culto que es una de las claves del rechazo a la muerte, pues la cárcel del Yo hace que sintamos que su fin es algo terrible, intentando atrasar lo inevitable, o desarrollando ideas de inmortalidad, de vida después de la muerte, en un más allá donde perviviremos para la eternidad. Cuando no hay idea más terrible que la de pensarnos eternos, la de seguir atados al Yo por los siglos de los siglos. ¿Qué sentido podría darle un ser que nunca perece a su vida? ,¿qué tipo de vida podría desarrollar alguien inmortal, si la inmortalidad implicaría la desaparición de todo sentido, meta, moral e ilusión, que sólo crea lo perecedero, lo temporal ?. La aceptación de la muerte implica librarnos de la tortura del ego, implica un triunfo de la humildad, de los que no quieren ser durante toda la eternidad, de los que prefieren la belleza, la luminosidad de lo mortal, frente al terror de lo imperecedero.
Dicho esto, debemos aclarar que la idea de contemplar la muerte como un bien, en el sentido expresado no de odiar la vida, sino de reconocer que sólo una vida pasajera permite dar cierto sentido al existir ,y a la vez el fin nos permite acabar con el aspecto negativo, doloroso, de nuestro vagar en el mundo, sólo es posible como muerte personal. Jamás podremos ver como un bien el silencio frío y definitivo de los seres que amamos. La marcha de los amados nos arranca trozos de nuestro ser, nos deja huérfanos de cariño, de comprensión, de apoyo. Son desgarros que nunca cicatrizan, golpes que cada cierto tiempo provocan una aguda molestia de recuerdos nostálgicos, de sueños de abrazos que jamás se darán. La muerte personal, sin embargo,no provoca nada de esto, no nos condena a sentir el gélido vacío de las ausencias.
Y, quizá, reflexionando a la vez que escribo, parte del éxito de las religiones, de las creencias en un más allá, radique en el hecho de que consuela a mucha gente no tanto con una vida individual sin fin, sino por que hace soñar con una vida futura donde nos reencontraremos con los amados, con aquellas personas que nos trajeron al mundo dándonos su ternura, o aquellos con los que establecimos una bella relación de amistad, una profunda unión de conciencias, gentes por las que merecía la pena mantenerse en pie y con las que desearíamos caminar siempre, con una mano en sus hombros.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Un manual de vida: Epicteto y la filosofía de la virtud

Con el título de Un manual de vida, la editorial Los Pequeños libros de la sabiduría presenta una interpretación personal de las ideas y escritos del filósofo de la antigua Grecia, Epicteto. De él sólo han sobrevivido Enchiridion y Los discursos, suficiente para que podamos conocer lo atractivo de su filosofía. 
Pues bien, esta interpretación libre de las ideas del pensador griego, quien fuera esclavo durante parte de su vida, es sencilla y muy amena, permitiéndonos acercarnos al ideal de vida y comportamiento que proponía Epicteto.
Debemos destacar que los filósofos griegos daban una importancia central a la moral, y sus reflexiones se centraban en cómo vivir, cómo actuar, para alcanzar la virtud, y la felicidad.
Pues bien, en el caso de Epicteto, seguidor de la escuela estoica, lo esencial es conseguir la serenidad interior. Sólo alcanzando la serenidad, podremos acercarnos a la felicidad. Para alcanzar tal estado, Epicteto parte de que tenemos que ser capaces de distinguir lo que podemos controlar, como opiniones, aspiraciones...de lo que escapa a nuestro control, como el aspecto físico, la familia en que hemos nacido etc. Aprendiendo esto, podremos ser capaces de evitar obsesionarnos con cosas que terminan por hacernos daño y sufrir innecesariamente, al no poder controlarlas. Sólo así se alcanza la libertad
Partiendo de esta idea, el resto de sus reflexiones y consejos se centran en aceptar las cosas de la vida tal como vienen, sean buenas o malas y fundamentalmente en considerar que muchas cosas, más que ser malas de por si, es nuestra visión de ellas la que hace que puedan afectarnos negativamente o no. Es la forma de ver las cosas, la visión de los acontecimientos, la que puede hacernos daño. En todo hay que buscar un beneficio personal, un aprendizaje.
Para Epicteto no debemos vivir pensando en el que dirán,o de cara a la galería para obtener la aprobación ajena. Debemos vivir de acuerdo a nuestros ideales, a nuestros principios espirituales. Lo importante es lo que somos por dentro, la sabiduría y la belleza interior. Nuestro filósofo nos enseña a no dejarnos atrapar por las apariencias, y sobre todo a ser capaz de renunciar y no dar importancia a la riqueza, al éxito, al poder (no en vano él vivía modestamente en una cabaña). Otra de sus enseñanzas es que debemos definir qué clase de persona queremos ser, a quién admiramos, para desarrollar esos rasgos que consideramos moral y humanamente preferibles, observándolos en todo lo posible, y poniendo en práctica los principios que hayamos escogido.
De esta manera, valorando la sencillez, la prudencia, el dominio de sí mismo, la sabiduría y los valores morales y espirituales, intentando sacar lecciones positivas de lo que vemos como males, podremos acercarnos a la conquista de la serenidad y la libertad interior, y por tanto de la felicidad.
Esta es la lección que nos da Epicteto. Y como él ,otros filósofos clásicos que deberíamos rescatar si queremos alejarnos de una civilización sin ningún ideal de vida que el mero economicismo, centrada en la mera satisfacción de las necesidades fisiológicas. Civilización, si es que puede ser llamada de tal manera, que ha perdido toda noción de virtud, de elevación moral, cuando no se ríe de tales conceptos que considera algo propio de fanáticos religiosos o reprimidos. 
Es necesario, por tanto, volver a los clásicos y poner en el centro los valores humanos como la sabiduría, la verdad, la virtud, la libertad, la sencillez, la belleza. No limitándose, lo que quizá fuera el principal defecto de los viejos filósofos, a una postura de mejora individual, sino ser capaces de utilizar esa cosmovisión en el plano colectivo, tanto político como económico. La transformación debe ser tanto interna, como exterior, colectiva.
Escuchemos y aprendamos de pensadores como Epicteto, voces que escribieron, pensaron y analizaron en tiempos remotos, pero cuyas ideas, recomendaciones y visiones de la vida son atemporales, y necesarias para pensar el presente, reconociendo sus limitaciones

domingo, 13 de noviembre de 2011

Eva:humanidad y robótica

Entre las  películas que he visto en los últimos tiempos, quisiera destacar Eva. Especialmente por tratarse de una película  dirigida por un español que toca una temática muy poco común en nuestro cine, lo que es de agradecer.
Eva nos traslada a un futuro cercano, el año 2041. Un futuro similar al actual, alejado de visiones apocalípticas o desarrollos tecnológicos inimaginables que muestran otras películas futuristas. En ese futuro destaca el desarrollo de robots que acompañan a los seres humanos en diversas facetas de su vida, pero en lo demás, no hay muchas diferencias con el mundo del presente.
Pues bien, la película nos cuenta la vuelta de Álex, ingeniero especialista en robótica, a su ciudad de origen, llamado por la Facultad de Robótica para desarrollar un robot diferente del resto. En su vuelta, se reencuentra con un pasado que quiso abandonar,  un pasado que le hace reflexionar profundamente sobre su vida, sobre si la elección que hizo de marchar, de abandonar , fue o no correcta. Por la pantalla desfila su antigua novia, Lana, casada con su hermano, y la hija de ambos, Eva, que conecta rápidamente con Álex, estableciendo ambos una profunda conexión, un cariño y amistad especial. Eva es una niña muy diferente al resto, que Álex elige para llevar su personalidad al robot que tiene por misión desarrollar, un robot que difiera del resto por sus emociones, sus sentimientos.
Lo interesante de la película, y que ésta desarrolla de manera magistral, son las relaciones humanas, los conflictos, los tormentos y dudas del personaje protagonista, Álex, con respecto a la vida que lleva, su sensación de fracaso, de no haber elegido el camino correcto, su incapacidad para centrarse en algo, comprometerse y llegar hasta el final. Y, en medio de todo ello, los dilemas morales respecto a los robots, las dudas sobre si pudiera surgir una inteligencia, una conciencia similar a la humana en alguno de ellos, sobre si eso sería positivo o negativo. En una palabra, sobre dónde empieza la humanidad y si ésta no puede saltar en algún momento a los robots, o a alguno de ellos ,sin ser nosotros conscientes de ese hecho, y cuáles son los límites de la experimentación en el mundo de la robótica.
Eva combina humanidad y robótica, emociones y ansia de libertad, dando como resultado una película muy interesante de ver,sencilla, con un final tan sorprendente como melancólico.

miércoles, 12 de octubre de 2011

El giro estatolátrico:un pensamiento heterodoxo.

Con el título El giro estatolátrico repudio experiencial del estado de bienestar, el pensador y escritor Félix Rodrigo Mora nos vuelve a sorprender con un libro tan interesante como ajeno a los valores e ideas dominantes tanto en el ámbito político, como económico y moral. De él, ya tuvimos ocasión no hace mucho de leer otro libro profundo, denso, de aguda reflexión y también ajeno a las modas; se trata de La Democracia y el triunfo del Estado, texto recomendable a quienes amen el pensamiento libre e independiente, en tiempos de mentes uniformizadas, donde rige el Unipartido, aunque se disfrace de ideologías, colores y siglas diferentes.
Pues bien, en El giro estatolátrico, publicado por Maldecap, Félix, como en su anterior libro La democracia y el triunfo del Estado, realiza un análisis crítico de la organización estatal, en este caso del llamado Estado de Bienestar, la nueva definición del Estado de la modernidad. 
En nuestra opinión dos son las tesis centrales del libro: la primera, que frente a cierto discurso, en los últimos años se ha producido un incremento de la fuerza del Estado, y que frente a quienes sostienen que el Estado es quién puede frenar al capitalismo, éste último ha sido salvado por el Estado, por ejemplo inyectando millones de euros a la banca, para salvarla de la quiebra. Ejemplo de que Estado y capitalismo están íntimamente vinculados, pese a la idea dominante en la izquierda. Y es que resulta evidente que los diversos poderes están unidos entre sí, reforzándose mutuamente, tanto el estatal como el capitalismo privado, lo que no quita que según las épocas unos u otros adquieran mayor o menor fuerza.
La segunda tesis central, es que para Rodrigo Mora, el desarrollo del llamado Estado de Bienestar supuso la liquidación progresiva del antaño movimiento obrero independiente y autogestionado. Aquel movimiento obrero que desarrolló ateneos, escuelas libres, actividades culturales, grupos naturistas o excursionistas, que tenía redes de auxilio y apoyo mútuo entre sus miembros,pero que con el crecimiento del Estado providencia fue hundiéndose en la apatía, la docilidad, en renunciar a la autoorganización para exigir que instancias diferentes a ellos mismos le otorgara lo que antes se otorgaba por su propio esfuerzo y lucha. Por tanto para el autor, en una tesis que puede resultar polémica, el llamado Estado de Bienestar lo impulsaron Bismarck, los fascistas italianos y los nacionalsocialistas, frente a la idea dominante de que fue obra de las luchas de la clase obrera. Y esto fue así porque para los regímenes mencionados, la mejor manera de destruir las fuerzas revolucionarias era ir desarrollando un Estado que ofreciera algunos servicios sociales a la población obrera, y así conseguir que estos se convirtieran en masa dócil y manejable, en rebaño. y es que también frente a la opinión dominante, el régimen de dominio más racional corresponde al llamado Estado de Bienestar, pues es el que consigue una mano de obra no enferma y hambrienta, y por tanto que ofrece más productividad, más rendimiento.
El libro ofrece varios análisis interesantes, desde una crítica al feminismo de Estado, que con leyes como la Ley de la violencia de Género, han logrado incrementar las fuerzas policiales, y la acción represiva del Estado criminalizando a la población masculina, como una crítica de la educación estatal, basada en el adoctrinamiento, en la no reflexión, en la no crítica real de lo existente, proponiendo en su lugar un sistema de autogestión del saber y conocimiento como alternativa,de conocimiento entre libres e iguales que esperamos pueda desarrollar en mayor medida en otros libros. es interesante su crítica de la identificación de estatal con pública. Tanto la llamada educación pública como la sanidad pública, no son tales, son estatales. Verdad esencial, que nadie parece ver, pues ni en la educación o sanidad llamada pública, tiene algo que decir y ver la comunidad. Es algo dirigido y organizado desde las alturas, por altos funcionarios, en sus respectivos ministerios.
El giro estatolátrico habla también de moral, algo muy importante para Félix, con su habitual crítica de la moral del pedir, del no esforzarse, del hedonismo, de los derechos...algo de lo que nos sentimos muy próximos. Del fracaso de los movimientos de autodeterminación de los pueblos, de emancipación nacional...Si bien cae en el para nosotros error de dar una excesiva importancia a un movimiento político que para nosotros carece del menor interés intelectual y humano, la izquierda abertzale, en la que al contrario que Rodrigo, no vemos que en ningún momento de su historia tuviera una carga de profundidad, de pensamiento alternativo serio y sólido. Por no hablar de su pasado amoral de apoyo y defensa de ETA, lo que le aleja de los presupuestos morales del autor del libro. Si bien el autor manifiesta un alejamiento definitivo de su antaño simpatía hacia ese movimiento político.
Se compartan o no las tesis de El giro estatolátrico, es de destacar la necesidad de libros de pensamiento heterodoxo como el que hemos comentado. Y es que necesitamos recuperar la capacidad de reflexionar independientemente de los discursos y modas imperantes, aunque caigamos en el peligro de ser excluidos del círculo de los aceptados intelectualmente. Y de librarnos de la tenaza de las fuerzas conservadoras- liberales, por un lado, y las izquierdistas por otro, que nos imponen la creencia en el sistema estatal y capitalista, con diversos matices. Ese es para mi el valor esencial de este libro y de su autor, más allá de opiniones personales.