jueves, 13 de junio de 2013

En qué consiste mi ideario:buscando un sentido a la vida

Aunque a lo largo de numerosos escritos que he ido colgando en este sencillo y mediocre blog he expresado mis opiniones sobre diferentes temáticas y hechos que están aconteciendo, tanto en el mundo como en nuestro país, dejando traslucir mucho de mis ideales, de mi forma de entender la vida, tanto en lo político como en lo moral, lo económico, lo artístico...creo que nunca he escrito un texto definiendo más detalladamente en qué consiste mi ideario, de qué fuentes bebo, cuáles son mis sueños y que sentido le doy a mi existencia.

Sobre todo siendo consciente que desde que comencé a escribir El paseante solitario, allá por 2009 hasta el día de hoy mi pensamiento ha experimentado ciertos cambios, por una parte ha regresado al pasado pero por otra se ha nutrido de nuevas ideas.

Aunque carece de interés, quisiera empezar por hacer un resumen brevísimo de mi evolución política, moral y religiosa.

Sensible desde muy niño a las injusticias y los abusos, no soportando ver que hubiera gente que no tuviera apenas nada y tuviera que mendigar para sobrevivir mientras otros nadaban en la abundancia y sublevándome el contemplar, en un colegio religioso, los abusos de niños mayores hacia niños pequeños, no en el sentido sexual, sino en el sentido de molestarles o de tirar sus balones de fútbol lo más lejos posibles por el simple de mostrar su superioridad física y de joder, ante el silencio y la pasividad de los profesores  de un centro que se decía cristiano, de forma muy incipiente, por supuesto, mi pensamiento empezó a evolucionar de forma diferente al de mi familia.

Nacido en una familia de derechas y religiosa, mi mente infantil captó rápidamente que la gran mayoría de quienes se dicen creyentes se alejaban totalmente de lo que podía leerse en el Evangelio. Yo les sentía totalmente afectos a los ricos, a los poderosos, juzgando a la gente por su dinero, por sus clase social lo que en mi opinión no coincidía para nada con lo que yo podía leer en la Biblia.

Esto hizo que a los nueve años perdiera la fe y me alejara para siempre de la Iglesia católica, pero no del Evangelio, hacia el que siempre he tenido simpatía y cercanía.

Era lógico, por tanto, que en el despertar de las inquietudes políticas, con trece o catorce años, me sintiera vinculado a la izquierda. Eran aquellos años los últimos de la URSS y parecía que la única alternativa al capitalismo pasando por los regímenes comunistas, por lo que durante un breve tiempo me convertí en un simpatizante del PCE, para disgusto de mi familia.

Pero la reflexión, algunas lecturas y la caída del Muro me hicieron ver la verdadera realidad sanguinaria y tiránica del mundo comunista y de sus partidos. Sin embargo, al contrario que muchos otros, mantuve intacto mi rechazo a las injusticias, a la opresión, al sistema, lo que me llevó a los quince años a abrazar el ideal anarquista.

Mi anarquismo, empero, fue siempre un anarquismo pacifista, pues, incapaz de matar una mosca, jamás simpaticé con algunos anarquistas que en el pasado cometieron atentados de triste recuerdo ni tampoco con cierta estética, afortunadamente cada vez más escasa, difundida por algunos medios o revistas libertarias del encapuchado, el tirachinas o el cóctel molotov.

Pronto dejé de sentirme un bicho raro cuando conocí, metafóricamente, a uno de los escritores y pensadores que más han influído en la construcción de mi ideario:Leon Tolstoi. Su anarquismo cristiano-en el sentido ético, no religioso-, su defensa de los valores del evangelio frente a la Iglesia, su rechazo del Estado, los ejércitos, el derramamiento de sangre y el culto al dinero y a la propiedad privada, influyeron poderosamente en mi conciencia, y, en cierto sentido, con algunas diferencias, a día de hoy se puede decir que sigo siendo anarcocristiano, o tolstoiano.

Sin embargo, mi rechazo a todo tipo de ortodoxia, la inexistencia de un movimiento libertario fuerte y no sectario, abierto a la sociedad, me hacían sentir que con el anarquismo no bastaba. Que la mera ideología no basta, que en la vida hay aspectos mucho más importantes.

Tras unos años de abandono de mis antiguos principios y una aventura política fracasada, pero que me ha enseñado mucho, descubrí poco a poco, y gracias a otro escritor, este vivo, y al que he conocido en persona ,Félix Rodrigo Mora, a los filósofos clásicos y sus diferentes escuelas.
Este descubrimiento fue esencial, pues sirvió para ensanchar la mente, valorar la moral como algo esencial en la vida y perfilar un ideario mucho más extenso que el constituido por los viejos libertarios tipo Tolstoi, Kropotkin, Bakunin y demás.

En los antiguos filósofos barbudos encontré, fundamentalemnte en estoicos y cínicos, dos aspectos esenciales:primero, que lo fundamental en la vida no debe ser la búsqueda de bienes materiales, honores, éxito o fama, sino la riqueza espiritual, la búsqueda de la virtud, del bien, de la justicia, no sólo en palabras, sino en actos, en la propia vida, de ahí el profundo amor que siento, por ejemplo, a un Epícteto, que siendo famoso por sus clases, vivía en una casa con solo una cama, una mesa y un candil, afrontando su cojera con dignidad o la fuerza y valentía de un Crates o un Diógenes viviendo practicamente como mendigos-asemejándose a los dioses, que nada necesitaban-.

Y en segundo lugar, valoro sus consejos para aceptar y afrontar los golpes de la vida y de las gentes con quien compartimos nuestro paso por el mundo, procurando relativizar las heridas que sufrimos, y no dando demasiada importancia a las cosas que no la tienen.

Se puede decir, por tanto, que mi ideario constituye una conjunción de un anarquismo pacífico y constructivo, firme pero nunca sectario, heterodoxo y tolerante con la diversidad de creencias, incluidas las religiosas, que tienen todo el derecho a expresarse y manifestarse públicamente, junto a una moral basada en principios estoicos y cínicos y en los de Sócrates-estos últimos en un sentido moderado, pues no creo necesario vivir a la intemperie, expuesto a mil penalidades-, especialmente del primer cinismo, el de Zenon de Citium, que defendía la modestia en el vivir pero también el autogobierno de los individuos por su genio interior, por su razón y que luego imitó uno de los últimos y más grandes estoicos ,Epicteto. pero también tomo del cristianismo su idea del amor, esencial si se quiere construir una sociedad basada en la libertad como no dominación. Pues sin esa idea del amor, sin unos principios morales fuertes como los de cínicos y estoicos, cualquier alternativa revolucionaria que quiera levantar una sociedad diferente, una vida diferente, libre del trabajo asalariado y la opresión del hombre por el hombre-dentro de los límites de nuestra imperfección-, está condenada al fracaso.

En esto consiste mi ideario, y ese ideario es el que dota un sentido a mi vida, pues quienes carecemos de fe en un más allá, en una vida eterna, quienes, incluso, nos aterroriza la idea de que nuestro Yo pueda ser eterno, y deseamos que nuestra vida acabe pronto, que podamos descansar para siempre, quedando nuestras cenizas dispersas por la tierra, allá donde la lleve el Dios Eolo, y nuestros átomos se dispersen, libres, por la infinitud del universo, debemos buscar un sentido profundo a la vida.

Y sin un ideal, sin un ideario, no habría sentido a nuestra existencia en medio de la belleza y sordidez de este mundo.


domingo, 2 de junio de 2013

Materialismo y economicismo en la sociedad contemporánea: la filosofía como resistencia y forma de vida.



Una de las características de la sociedad contemporánea es el dominio absoluto de los valores materialistas, de que lo fundamental de la vida es la riqueza material, el consumo, el dinero, el placer, el hedonismo.

Como estamos viendo con la crisis, todo se está reduciendo a la economía. Los sueños están limitados a volver a la época donde fluía el dinero, donde se consumía en abundancia, donde había menos paro, donde los animales del establo teníamos más comodidades.

Sin embargo, toda esa primacía y centralidad de lo material en su sentido más bajo, toda esa civilización basada en la persecución loca del oro, del goce, del rechazo al esfuerzo y a los valores elevados, se ha visto arrasada por un tsunami que nos está afectando muy gravemente.

Pero para nosotros, sí hay caminos alternativos. Y esos caminos consisten en colocar como categoría central los valores del espíritu, de la conciencia. Esos valores, que van desde la amistad a la solidaridad, la empatía, la libertad, la virtud, el esfuerzo por mejorarse interiormente y mejorar aunque sea mínimamente el entorno cercano, la recuperación de un sueño, un ideal de sociedad, la reconstrucción de lazos horizontales de apoyo mutuo y servicio al prójimo, la reflexión y el conocimiento, entre otros muchos.

Con esto no negamos, por supuesto, la necesidad de satisfacer las necesidades de techo, alimento, los deseos sexuales o de otro tipo. Si no que pensamos  que, al colocar los valores inmateriales, no medibles como el dinero en el centro, se lograría satisfacer mejor las necesidades más materiales, pues se impulsaría una economía a escala humana, no dominada por fuerzas ajenas, incontrolables, monstruosas y capaces de todo por incrementar su dominio.

Estamos asistiendo a lo que conducen los valores economicistas y materialistas más descarnados. A como la tecnología o la educación generalizada no nos salvan de la crisis, de la caída.

Y esto es así porque en nuestra opinión una civilización más sólida, más digna de tal nombre, debe pivotar sobre la calidad humana de sus miembros, sobre su moralidad, su bondad, su capacidad de autogobernarse, de reflexionar libremente, de no dejarse pastorear.

La sociedad contemporánea se ha construido en base a unos cimientos totalmente opuestos a los de la calidad humana, construyendo unos poderes, mecanismos e instituciones con una capacidad increíble de moldearnos y destruirnos. Nos creemos libres, pero realmente somos comunidades totalmente pastoreadas, corriendo detrás del oro, al que creemos solución y meta de la vida, y esto tanto la gente de orden, como los movimientos alternativos de protesta, que en realidad sueñan con volver a la sociedad destructiva de los verdaderos valores de antes de la crisis y que de seguir en ese camino les espera la muerte lenta.

No creyendo en las religiones que, con gente de buena fe y sectores que realmente hacen una gran labor aquí y en los países más pobres,  son instrumento de dominio, y no de verdadera espiritualidad, pensamos que se deberían reconstruir, o construir, corrientes filosóficas que, como en el pasado, por ejemplo los estoicos y los cínicos, o figuras como Sócrates y otros, con sus diferencias de visión, buscaban la buena vida, y, en general, no la entendían como la búsqueda de la riqueza material, de la abundancia de dinero, sino basada en algunos de los elementos señalados anteriormente.

Este rebrote de pensamientos filosóficos elevados, adaptados a los tiempos modernos, y entendiendo la filosofía como la entendían los antiguos griegos, es decir, usando la expresión de Pierre Hadot, filosofía como forma de vida, antes que como mera teoría, podría servir, en primer lugar, como forma de resistencia frente a los valores dominantes, y los poderes, instituciones, ideologías y organizaciones de distinto colorido que los impulsan.

Y, en segundo lugar, podría servir como elemento reconstructor de una nueva civilización del bien, de la belleza, de lo humano, de lo libre. Sustituyendo las religiones opresivas y tiránicas, impulsoras de la sumisión, por nuevas formas de entender lo elevado, lo espiritual.

domingo, 26 de mayo de 2013

Desayuno con partículas: la ciencia como nunca antes se ha contado

En colaboración con Francesc Miralles, la física Sonia Fernández Vidal ha publicado su tercer libro divulgativo sobre temas científicos, logrando acercar a lectores no versados en estas materias, de todas las edades, al mundo de la ciencia.

Tras La puerta de los tres cerrojos y Quantic Love, el libro Desayuno con partículas, con una portada muy chula y por tanto muy atrayente, de forma amena y sencilla nos vuelve a sumergir en el mundo de los enigmas de la física cuántica, pero sin olvidar los orígenes de la ciencia, en un viaje que nos lleva de la Grecia clásica y sus filósofos que también reflexionaban sobre la materia y el Universo, hasta Kepler, creador de la teoría heliocéntrica, pasando por una mente tan brillante como la de Newton, hasta llegar a las ideas de Einstein y finalmente a los descubridores del mundo cuántico, el mundo de lo micro, mundo que se comporta de forma absurda e ilógica para nuestras mentalidades.

Todo esto es presentado de forma amena, usando desde divertidos viajes en el tiempo, hasta fábulas que hacen reflexionar sobre la necesidad que tenemos de abandonar viejos hábitos, creencias y prejuicios para seguir avanzando, no sólo en el conocimiento, sino en nuestras vidas. 

Y es que una de las características de Sonia es que no es una científica al uso. Es, en realidad, una humanista, una renacentista con una mente abierta e inquieta, alejada del racionalismo estrecho, abierta a la espiritualidad en el buen sentido.

Y eso es lo que para nosotros, con su sencillez y amenidad en el estilo, nos hace admirarla y esperar cada uno de sus libros con emoción.

El resto de su texto es un recorrido por diversos aspectos del mundo que estudian los físicos, desde el principio de incertidumbre o la dualidad onda-partícula, al experimento de la doble rendija, la decoherencia o el entrelazamiento cuántico,  a la revolución tecnológica que está creando y seguirá creando la cuántica, como el ordenador cuántico, y todas las posibilidades que se abren como la teleportación; pasando por un viaje al CERN donde se ofrece  una explicación de los distintos tipos de partículas que componen la materia, el famoso Bosson de Higgs, la fuerza electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil y la gravedad...

Como los anteriores es una obra que merece la pena y que puede leerse por cualquier persona, aunque, claro, quienes no tenemos formación académica científica, debemos releerlo, especialmente la última parte, donde profundiza algo más en el mundo de las partículas y las fuerzas que rigen el Universo, lo cual, en realidad, es positivo.

Desde aquí damos las gracias a Sonia, magnífica divulgadora, por permitirnos conocer un mínimo de ese mundo tan complejo y apasionante como es la física.






sábado, 11 de mayo de 2013

En las cenizas del fracaso está la sabiduría



Escuchando el otro día a un de mis grupos favoritos, Amaral, exactamente su último CD, Hacia lo salvaje, en una de sus canciones me llamó la atención una frase, que hasta entonces me había pasado desapercibida. Probablemente por que lo que nos llama la atención de una canción, lo que nos queda grabado, no es tanto su letra, sus frases, sino un estribillo, un ritmo, unos sonidos, que es lo que hace que esa música nos emocione, nos haga sentir algo, nos despierte la llama de un sentimiento, bien de alegría, bien de pena, de melancolía o de viejos recuerdos de épocas pasadas, que parecen enterrados en el cementerio de la memoria, pero que ,algo inexplicado, los hace salir a la luz del presente, como el fogonazo y el destello de un cohete lejano, en una noche estrellada y bochornosa, nos hace rememorar los tiempos ya lejanos de la infancia.

Y, sin embargo, excepcionalmente, esas palabras, esa frase: “En las cenizas del fracaso, está la sabiduría” que llegaron a mis oídos mientras el agua de la ducha caía sobre mi cuerpo, consiguió removerme por dentro y hacerme reflexionar.

¿Realmente los fracasos, que cada cierto tiempo nos sacuden por dentro como un terremoto, nos acercan a la sabiduría?. Meditando mucho, con el recuerdo aún vivo de un fracaso reciente, de una batalla perdida-pero, con todo, con el grato recuerdo de unos buenos compañeros-, he llegado a la conclusión de que, en las cenizas del fracaso, está la sabiduría de un alma, de un corazón triturado, hecho pedazos por las fuerzas arrolladoras de la propia vida- a veces favorecedoras, otras veces enemigas, como una jauría de perros rabiosos que nos arañan y nos muerden en los sentimientos, hasta hacernos caer al suelo y cerrar los ojos esperando que se alejen y que el dolor pase rápido- que comprende que en la vida no hay paz ni felicidad completas y continuas, que, siempre, en el momento más inesperado, en cualquier callejón de la vida, nos asaltará el dolor, la infelicidad, la desilusión.

En las cenizas del fracaso está la sabiduría de aquel que sabe que cada cierto tiempo tiene que reconstruirse, que reinventarse. Que en cada fracaso va dejando fragmentos de su ser, que va menguando, que va perdiendo fuerzas lentamente, que cada vez le cuesta más elevar la cabeza para contemplar el cielo azul y el sol.

En las cenizas del fracaso está la sabiduría del que comprende que en la historia no hay un final feliz, sino una sucesión de derrotas, intercaladas con triunfos efímeros.

En las cenizas del fracaso está la sabiduría de quines entienden que la vida es un caer y un levantarse continuo para, al final, desfallecer definitivamente.

 En las cenizas del fracaso está la sabiduría de quienes descubren que es ese esfuerzo, probablemente absurdo, el que logra, a la postre, dar un sentido a la existencia.





domingo, 5 de mayo de 2013

La caza

Magnífica y angustiante película de Thomas Vinterberg que nos sitúa en un pequeño pueblo del Norte de Europa, con sus bosques, su belleza melancólica, sus fríos inviernos, sus habitantes, sus costumbres, sus fiestas, su solidaridad pero también la imposibilidad de escapar de sus miradas, de sus condenas.

El protagonista, Lucas, es un hombre maduro, divorciado, que trabaja en una escuela infantil, donde es muy querido por todos los niños.

Pero, un día, por parte de una de las niñas que más quiere, todo se tuerce. Un comentario, en principio inocente, de tipo sexual, es malinterpretado, y la apacible vida de Lucas se ve, de golpe, rota por una terrible acusación.

La persecución, la marginación, el odio, el señalamiento, la condena definitiva de su entorno, de sus hasta entonces vecinos y amigos le destrozan, marcando un antes y un después.

La caza es una aguda reflexión sobre el poder destructivo que puede tener sobre la vida de una persona, una acusación falsa, unos rumores maliciosos. Y sobre la rapidez con que condenamos a alguien antes de saber la verdad, sin dejar un resquicio a la defensa, a la presunción de inocencia. Como, los dedos, las bocas, se lanzan furibundamente sobre alguien, sobre un cualquiera, que pueden ser ustedes, o yo. Nadie está a salvo de que su camino por el mundo, se vea, sin comerlo ni beberlo, sacudido, marcando y destrozando una vida, un corazón, con la mancha de la negra duda para siempre.

Realista, desasosegante y brillante reflejo de lo que pueden traer unas palabras, en principio sin malicia, sobre el mundo que sostiene a una persona de cualquier sexo, edad o condición. 

La caza es una película, que no deberían perderse.







domingo, 28 de abril de 2013

Sindicalismo libertario versus sindicalismo de Estado




La imagen del líder de la UGT, Cándido Méndez, reelegido nuevamente tras 18 años en el cargo, es el símbolo perfecto de la debacle  de lo que llamaremos, para simplificar, sindicalismo de Estado. Es decir aquellas fuerzas sindicales partidarias del sistema de participación en las Instituciones a través de elecciones sindicales, Comités de Empresa, Juntas de Personal, liberados, subvenciones…

Este sindicalismo de gestión, considerado el adecuado a los tiempos modernos, el del Pacto Social y las fotos con la patronal y el Gobierno vemos que no tiene respuesta a la profunda crisis que está asolando España y que ya ha sobrepasado los seis millones de parados.

Abandonado todo ideal de sociedad alternativa a la existente este sindicalismo-que no carece, por supuesto, de militantes de buena fe que luchan por el bienestar de los trabajadores y tienen su mérito esforzándose en el día a día, los cuales  tienen todo nuestro afecto- se limita a defender unos derechos, centrándose en lo pequeño y olvidando una visión general y unas metas elevadas.

Y aquí está para nosotros la clave del camino hacia el precipicio que nos conduce este sindicalismo en su diversidad de siglas y tendencias, del general, al sectorial o corporativo, del izquierdista al neutro o teóricamente neutro. Y es que en un sistema basado en la desigualdad de poder, la idea de que hay una empalizada de granito que el Poder no va a destruir es una ficción. Esas empalizadas siempre serán de paja, y el poder podrá ir destruyendo esos derechos considerados intocables poco a poco.

Al ser en realidad este sindicalismo un sindicalismo defensivo centrado en lo mínimo-mejoras salariales, horarios…- y habiendo olvidado absolutamente su idea original de una sociedad donde los trabajadores conquisten y organicen los medios de producción de abajo a arriba se entrega atados de pies y manos a los trabajadores a las oligarquías dominantes que sí tienen una visión mucho más elevada de que hacer y, por tanto, todas las de ganar.

Aunque sean situaciones diferentes, conviene comparar dos actuaciones radicalmente diferentes. Una, la de la guerra civil, cuando ante el vacío de poder y el cierre de muchas empresas y fábricas por la situación, los sindicalistas de la época, fundamentalmente los y las anarcosindicalistas de la CNT las autogestionaron y volvieron a relanzar la maquinaria productiva, con mayor o menor fortuna. Y esto es así porque esos trabajadores tenían un ideal de sociedad, que se podrá compartir o no-el comunismo libertario-, tenían por tanto una idea que les guiaba, una formación, unas redes solidarias, unos sueños de cambiar lo existente, sin recibir ni una peseta del Estado, cuando no existían elecciones sindicales ni casi nada parecido a lo hoy existente. Y cuando mucha gente carecía de estudios oficiales, o universitarios, lo cual da que pensar.

Pero si volvemos al presente, con unos sindicatos que reciben dinero en relación a su nivel de representatividad, ¿qué respuesta están dando al creciente paro, al creciente cierre de empresas?. Ninguna, ni siquiera usan el dinero recibido para intentar crear una red de cooperativas, de economía solidaria, de mercado alternativo, de plataformas de parados. Con sus medios tendrían posibilidades de intentar algo de eso, ayudar a trabajadores y parados. Pero no lo hacen ni lo van a hacer, porque carecen de un verdadero ideal transformador, de una cultura obrera como la de antaño-con sus ateneos, sus escuelas libres-, han sido dominados por la idea de la necesidad de una estructura piramidal que nos de una serie de migajas, frente a la reconstrucción de una sociedad horizontal, de verdadera solidaridad y apoyo mutuo-aparte de la tendencia peligrosa a la corrupción del sindicalismo institucional, que en sus cúpulas se lucra con cursos o cobrando de los ERES-.

Han caído en la trampa, en el sueño ,de que participando del sistema se puede lograr mucho, mientras desde las alturas se nos va empujando al foso poco a poco ofreciendo esas migajas que cada día van siendo menores, pues la aguda crisis ya no permite contentar a los obreros que se soñaban con ser clase media que siempre vivirían prósperos y felices rapiñando al tercer mundo.

Ahora estamos en una situación muy complicada, con el agua al cuello, habiendo desaparecido casi del todo esa cultura, esos sueños, esas mentalidades rebeldes y constructivas que podrían ser de gran ayuda. Todo debe ser reconstruido, y el tiempo juega en nuestra contra, pues de seguir así en no mucho tiempo podremos asistir a la quiebra de la Seguridad Social y de las pensiones, con  las desastrosas consecuencias que ello traería.

Tenemos que relanzar un sindicalismo libertario, de combate pero que a la vez se atreva a plantear ese viejo ideal de una sociedad de trabajadores libres, no pastoreados, y que no caiga en populismos, que mantenga el sentido común. Pues uno de los peligros de todo sindicalismo, sin excepción, es su tendencia a propugnar una especie de Reino de Jauja, de sociedad de la abundancia material, donde todo se logra con el mínimo esfuerzo, apenas se trabaja, hay muy buenos sueldos y se vive como en un cuento de hadas. Esos ideales hedonistas, felicistas, deben desaparecer, pues esas mentalidades son, en parte, las que nos han conducido a esta situación.

Debemos retomar la idea del esfuerzo por el bien común, de que una vida digna no requiere de abundancia material, de esclavizarse a objetos, así como volver a darle una gran importancia a la calidad de los individuos, a la moral. A no esperar nada de las alturas, sino a lanzarse a la construcción de una sociedad autogestionada, lo cual exige abandonar las mentalidades y esquemas dominantes, de pasividad, representatividad y dejar hacer a otros..

Pero también debemos ser conscientes de que este sindicalismo alternativo solo puede ser una pata. La reconstrucción del socialismo libertario requiere de algún tipo de organización que vaya mucho más allá del ámbito sindical. Y que deje de lado totalmente posturas fundamentalistas, de considerarse en posesión de la verdad. La acusación a quienes tienen otras ideas de vendidos o traidores no sirve de nada. 

Debemos ser capaces de mostrar que hay otro camino, otras prácticas, respetando las posturas de cada uno, sin sectarismos.

Hay que estar en la calle, con los que piensan diferente pero mostrando que no pensamos como ellos, que tenemos un ideario que difiere, pero que no odiamos ni atacamos al que discrepa, ofreciendo nuestros argumentos.

Solo así habría alguna posibilidad  de que el socialismo de autogestión pueda volver a ocupar un lugar importante en la sociedad y aglutinar una fuerza humana de calidad que luche por una transformación revolucionaria sin los errores graves del pasado, sin pistolas ni bombas.

Muy probablemente nos espere la derrota, ser triturados y llevados allá donde los poderes verticales decidan. Pero, para nosotros, es preferible la derrota llevando un mundo nuevo en nuestros corazones e intentando llevar esas ideas a la práctica, intentando mostrar un camino, que ser derrotados sin nada que ofrecer, sin esperanza, como lo estamos siendo hoy por hoy. Sin nada que aportar a los hombres y mujeres del futuro.

jueves, 4 de abril de 2013

Corea del Norte: la nueva pieza en el tablero de la guerra fría




De nuevo, como cada cierto tiempo, vuelve a aumentar la tensión entre las dos Coreas, en este caso llegando a amenazar el dirigente de la Corea comunista con una guerra nuclear a los vecinos del Sur y a Norteamérica.

Para la mayoría se trata de una bravuconada, quizá un intento de su dirigente de movilizar a su población, de vender fortaleza y atemorizar a la comunidad internacional.

Pero más allá de los objetivos que tenga en mente Kim Jong-un de lanzarse o no a la guerra, el conflicto coreano es, después del de Siria, como comentamos hace un tiempo en el blog, un paso más en el choque de bloques de la nueva guerra fría, que pocos parecen percibir como tal.

Centrado el enfrentamiento mundial  básicamente en dos zonas, el Pacífico y Oriente Medio, Corea del Norte, aliada, aunque incómoda, de China y Rusia, es la nueva pieza del tablero de juego de las potencias, pieza a mantener por parte de Rusia y China, o a batir, por parte de los Estados Unidos.

Y es que los norteamericanos, antaño potencia claramente dominante, están empezando a mostrar claros signos de decadencia, con las derrotas, parciales o totales, en algunas de las últimas guerras en las que se ha metido, como Irak o Afganistán, a parte del enorme déficit que tiene su economía; pero muy probablemente harán un último esfuerzo para mantener su posición dominante todo lo posible.

Y puesto que hoy por hoy China es la economía emergente más fuerte del mundo, que está consiguiendo comerse paso a paso el mercado mundial, expandiendo su influencia por todo el mundo-a base, claro, de una explotación extrema de sus trabajadores- , los americanos están intentando cercarla militarmente, para lo cual le conviene ir destruyendo los regímenes aliados, como Siria, ahora Corea, y pronto Irán, en un intento desesperado de evitar que los chinos en pocos años sean los nuevos amos mundiales, dejándoles a ellos, y a sus aliados europeos-que ya no son casi nada en el mundo- como segundones.

Por eso, para nosotros, el peligro de que estalle la guerra no viene sólo por el delirio de un Jefe y un régimen que, como todos los comunistas del hoy y el ayer, no tiene ningún respeto a sus ciudadanos, que no son más que esclavos de las órdenes del Partido y a los que llegado el caso no importará que masacren, si no, aunque no se escuche decir, no nos parece nada descabellado que Obama y los suyos estén deseando poner en marcha su máquina militar aprovechando las locuras del dirigente coreano.

Conviene no olvidar que el único país que ha lanzado armas atómicas sobre otro son los Estados Unidos, y por supuesto todos sabemos que no tienen ningún escrúpulo a la hora de invadir y arrasar países con falsos pretextos.

De cualquier forma, un hipotético estallido de la guerra en el zona, sería de resultado más incierto de lo que parece para los USA. Aunque su potencial militar es enormemente superior al coreano, convendría que tuvieran la suficiente precaución para pensar que, en algún momento, podrían encontrarse con la respuesta de aliados de un país al que atacan, que en este caso podrían ser China o Rusia, o solo China, mucho más difíciles de batir, y con el riesgo añadido de acabar todo en una nueva guerra mundial. Por otra parte,a China, creemos que, pese a todo, no le interesa hoy por hoy una guerra que también podría perder, y más cuando está conquistando el mundo sin pegar un solo tiro. E intentando crear una alianza político-económica de potencias emergentes que compita y aparte definitivamente a las antiguas, aunque de momento con poco éxito.

Quizá esto sea lo que pueda acabar disipando los nubarrones amenazantes que pesan sobre el mundo, las dudas e incertidumbres de unos y otros.

Por nuestra parte, nosotros deseamos que no sigan tensando la cuerda, ni en Corea, ni en Irán, otra pieza del tablero en juego. La tercera guerra mundial, mucho más amenazante por la cantidad de armas nucleares existentes y por la claridad de la división, acabó sin guerra generalizada, por el derrumbe de la URSS. Esperemos que la nueva guerra fría, de perfiles menos nítidos al no basarse apenas en el choque ideológico y sí en el puramente económico, pero con las armas también  al lado, no desemboque en lo más temido.