sábado, 7 de septiembre de 2013

La filosofía como forma de vida

La filosofía como forma de vida es el  sugerente título de un libro de entrevistas a un filósofo francés, desgraciadamente fallecido hace pocos años, Pierre Hadot, autor que tiene un concepto de la filosofía antigua muy interesante y que plasmó en varias de sus obras.

La primera parte de la obra es quizá la menos entretenida, pues es un repaso a su vida, centrándose especialmente en sus años de seminarista y religioso en el seno de la Iglesia católica, hasta que una serie de discrepancias le hicieron abandonar la fe católica.

La última parte, que es la más apasionante para nosotros, se centra en su idea central de la filosofía clásica, no como habitualmente se piensa en ella y en la moderna, es decir sistemas teóricos y abstractos, ajenos al interés de la mayoría de la población, y sólo apta para intelectuales o gente con una alta formación, sino como forma de vida.

En este aspecto, según Pierre Hadot, los antiguos distinguían entre discurso filosófico, o teoría sobre la vida y sus problemas , de la vida filosófica. Vida filosófica que para él consistía en que para los hombres de la antiguedad clásica, el filósofo debía vivir acorde a sus principios. De ahí que, para el mundo grecorromano, personas que no escribían o no daban discursos, por su destacada o peculiar forma de vida se considerasen filósofos a todos los niveles. Y, entre ellos, nos encontraríamos a los cínicos, como el famoso Diógenes, que no tenían apenas doctrina pero que vivían en un desapago casi absoluto a las riquezas materiales, es decir eran coherentes con lo que predicaban.

También destaca la idea práctica que el denomina como ejercicios espirituales, que, pese al nombre, no deben confundirse con las prácticas espirituales de las religiones como la cristiana, sino que eran prácticas voluntarias destinadas a lograr una transformación interior en la persona, con diferentes propósitos, como alcanzar una mayor sabiduría, o preparaese para afrontar los golpes y penalidades de la vida, o para ser mejores personas, haciendo exámenes de conciencia, por ejemplo.

Otra idea interesante del libro, es la insistencia que ponían los filósofos clásicos en vivir y concentrarse en el momento presente, en vez de en el pasado y en el futuro, así como en lograr una conciencia cósmica, o sea el sentir que formamos parte de un todo.

Por sus páginas aparecen Séneca, Epicteto, Marco Aurelio, Epicuro, Plotino... pero también pensadores modernos como Foucoult, Goethe...

Se trata de un libro de un autor muy interesante y necesario para quien quiera acercarse a la filosofía sin miedo, y dando una visión de ésta muy diferente de la contemporánea. Porque, como dijo Henry David Thoreau, en la actualidad no hay filósofos, sino profesores de filosofía.

Y es que los clásicos nunca mueren, son eternos y, a veces, superiores a los modernos, con sus discursos tan profundos que nadie entiende y que para nadie sirven de ayuda.






domingo, 1 de septiembre de 2013

Del cotilleo laboral y malicioso

Se dice que el cotilleo, o arte de fisgonear y entrometerse en las vidas ajenas, es uno de los deportes nacionales en nuestro país, junto con la envidia.

Suponemos que no es exclusivo de España, que en mayor o menor medida se dará en otros países aunque no tenemos ningún dato sobre ello, y pensamos que sería muy interesante poder leer un estudio internacional sobre éste.

Pero, a falta del citado informe mundial, hoy nos gustaría reflexionar sobre un tema en apariencia intrascendente pero que puede ser mucho más serio y dañino para la vida de algunas personas que lo que se puede pensar inicialmente.

Hay quien piensa que el cotilleo tiene algunos aspectos positivos, que puede servir para establecer lazos, para conversar con más facilidad, para favorecer el diálogo. Todos, en alguna ocasión, caemos en él, opinando sobre algún aspecto de la vida o del comportamiento de alguna persona. Y no sólo aparece en el trabajo, sino también en los lugares donde habitan y conviven personas durante sus vidas, por eso algo de cotilleo aparece entre los vecinos de una casa.

Pero es en el mundo laboral donde el fisgoneo alcanza su máximo apogeo, y donde en ocasiones tal fisgoneo ocasional acaba convertido en cotilleo malicioso, destructivo, al extremo de llegar o bordear el acoso. Es decir hay mucha gente que convierte el cuchicheo sobre terceros en su verdadera profesión.

No es difícil encontrar cuando se conoce de cerca y se sufre a tales gentes, personas vacías, carentes de inquietudes  más allá de su trabajo, y eso cuando les interesa su trabajo.

Y es que cuando un hombre o mujer no tiene aficiones, no tiene un rico mundo interior y por tanto no sabe estar a solas consigo mismo, tiene que rellenar el hueco hablando de terceras personas, espiándolas e informándose de ellas.

Generalmente los cotillas malignos suelen buscar los defectos y debilidades del compañero o compañera de trabajo, pues lógicamente necesitan compensar su malvada vaciedad con un sentimiento de superioridad; critican defectos que se supone ellos no tienen, pues suelen considerarse dechados de virtud.

Pero, paradójicamente, cediendo a las experiencias personales ,me he encontrado ya con varios seres de este tipo dados a criticar la vagancia de otros dándoselas ellos y ellas de grandes trabajadores. La paradoja, o mejor dicho la duda que nos entra, es si realmente son tan trabajadores como afirman, pues no sólo dejan de perder mucho tiempo en observar lo que hace o deja de hacer otro trabajador, sino que llegan a recabar información lejos de su puesto sobre cómo es la o las personas objeto de su mirada cotilla.

Uno de los grandes peligros que tienen esta clase de trabajadores es que, mezclando inteligencia y cobardía, buscan como víctimas personas que suponen que son más débiles por su personalidad o que están en una situación más delicada que ellos: por ejemplo un contratado temporal frente a fijos o funcionarios.

La defensa contra ellos y ellas es muy difícil, pues buscan inflingir daño a las espaldas de la persona, nunca o casi nunca van de frente. Su objetivo es marcar con una especie de niebla envolvente a la gente, crear uno o varios estigmas a sus víctimas, pues en eso consiste su afición, su juego, su intento de darle un sentido a su vacía existencia.

Lo mejor es no hacerles caso, no responderles. Pues cuando se les responde una sola vez, su malignidad y cobardía sale a la luz claramente, no dudando en aprovecharse de su superioridad para hacer el mayor daño posible.

Acabando con estas reflexiones teñidas de experiencias personales, recomendamos, para evitar hundirnos en la enfermedad del cotilleo, ser capaz de tener una rica vida interior y desarrollar el mayor número de aficiones posibles, salvaguarda de la caída en la miseria moral del cotilleo laboral maligno y destructivo.

Y, puestos a cotillear, siempre será preferible cotillear el vuelo de un pájaro, al perro o el gato que cruza por la calle, o a esa vecina o compañera de trabajo que tanto nos atrae, esperando cruzarnos por la calle o los pasillos con ella, para darle colorido al día.




domingo, 25 de agosto de 2013

Hannah Arendt y la banalidad del mal

Hace pocos días que hemos visto la película de la directora alemana Margarethe Von Trotta sobre Hannah Arendt. Se trata de una pensadora y escritora de altos vuelos, compleja y de ideas independientes, incomprendida por muchos que no la pueden situar en un espacio ideológico definido.

La descubrí hace ya varios años, gracias al interesante libro Sobre la Revolución, teniendo pendiente de acabar La Condición Humana, y de leer Karl Marx y la tradición del pensamiento político occidental-del que sí he leído su vibrante texto, incluido en el libro, Reflexiones sobre la revolución húngara, una defensa del levantamiento del pueblo y los obreros húngaros en 1956 contra la dictadura comunista, así como de la creación de Consejos vecinales, de estudiantes, de trabajadores... en todo el país-. Pero el conocimiento es tan vasto y hay tantos y tantos libros interesantes por leer, que al final sólo se puede acceder a un mínimo de ellos.

Volviendo a la película ésta retrata el episodio más famoso y conflictivo de su vida, la del seguimiento como corresponsal de un periódico en Israel al juicio a un criminal de guerra nazi, detenido en Buenos Aires: Adolf Eichmann.

El film nos acerca también algo a su vida privada, mostrando a los intelectuales que constituían su núcleo de amigos así como a su segundo marido, un hombre de vida ajetraeda y por tanto muy interesante que en su juventud luchó con los espartaquistas y que llegó a ser profesor sin acabar el bachillerato, muestra de que el ansia de saber y las inquietudes están por encima del aprendizaje oficial, de las titulaciones. Todo ello combinado con imágenes de su juventud, cuando, estando estudiando, conoció al famoso filósofo Heidegger, del que se hizo amante, hasta que éste se unió a los nazis. Así mientras su profesor adquiría renombre en Alemania, Arendt huyó a Francia, de donde posteriormente también tendría que huir, embarcándose para los Estados Unidos.

Instalada en Israel  para seguir de cerca el juicio e informarse de las atrocidades en las que participó el nazi, leyendo toda la documentación disponible, empezó a desarrollar una idea que, de regreso a Estados Unidos, donde publicó su Informe, le causaría grandes problemas entre la comunidad judía.

Y ese concepto, esa idea, ella lo definió como "la banalidad del mal". Lo que quería decir con ello es que el mal es ejercido muchas veces por personas corrientes, no por demonios. Por burócratas que obedecen órdenes, aunque no tuvieran detrás, como parecía ser el caso de Eichmann, un odio al pueblo judío.

Esto no significaba que Hannah Arendt intentara eliminar la importancia de la responsabilidad personal, ni mucho menos minimizar el holocausto, si no que quería analizar, comprender que había originado aquella matanza tan terrible llevada a cabo por el partido nacionalsocialista y porque tanta gente había participado en el mal.

De ahí el concepto de la banalidad del mal, de cómo gente común y corriente pierde su capacidad de pensamiento independiente, su moral, sus ideas de lo que está bien y está mal para sumarse a una maquinaria de exterminio.

Pero esta idea suya no fue comprendida, causando un fuerte rechazo en mucho judíos y llegando a perder amistades para siempre. Lo que se agravó con su crítica a los Consejos Judíos, algunos de los cuales colaboraron con los nazis-para salvar sus vidas- en las deportaciones y exterminios en los campos de concentración. Un asunto muy delicado y dificilmente juzgable teniendo en cuenta aquellas terribles circunstancias.

Hay que destacar cómo, al defenderse de las injustas acusaciones de odio a los judíos, su pueblo, expresó su opinión de que ella no quería a ningún pueblo, sino sólo de sus amigos. Brillante comentario

Es cierto que la película sólo nos acerca a una mínima parte del pensamiento de la filósofa y escritora, pero es entretenida y puede servir para darla a conocer en nuestro país y que alguien, intrigado, se acerque a su obra.

Hannah Arendt, junto a otros autores como Castoriadis, Orwell, Albert Camus, Simone Weil...representan, para nosotros, lo mejor de la tradición intelectual moderna de Occidente, voces independientes, personalidades que supieron mantenerse leales a su conciencia, a la incomodidad de reflexionar libremente, al margen de los bloques de la guerra fría o de los sistemas, de los partidos y los caminos marcados, de los que se supone nadie, y menos un intelectual, debía desviarse.

Personas como ella siguen siendo necesarios en el presente, para resistir a los engaños y manipulaciones de los diversos poderes, de los modernos mecanismos de manipulación de masas, independientemente de la tendencia ideológica, del partido y empresas al que sirvan éstos.

Y para pensar y analizar sin miedo a quedarse solo.






domingo, 18 de agosto de 2013

Expediente Warren:el retorno del clásico de la casa encantada

Recientemente estrenada por fin hemos sacado un hueco para ver, precedida de buenas críticas, la película Expediente Warren.

Y tenemos que reconocer que, tras mucho tiempo, hemos logrado volver a disfrutar, en el sentido masoquista del término, de un buen film de terror. Y es que hay que reconocer lo difícil que es, en un terreno ya tan trillado y tan infértil para las sorpresas, realizar cine de miedo que enganche y realmente asuste, sin necesidad de recurrir a sustos fáciles, matanzas y sangre a borbotones.

Para nosotros, el miedo más logrado, el más profundo, el que te mantiene realmente eterrorizado y encogido en el asiento es el que juega no con la sangre, sino con lo psicológico, el que sabe conectar con nuestros pavores ancestrales, pavores vinculados a la obscuridad en una gran mansión, a los ruidos, sombras o susurros en mitad de la noche, ruidos que nos sobrecogen a veces, haciéndonos imaginar que algo tenebroso, algo desconocido se oculta en las penumbras cuando cae la noche.

Es cierto que este terror infantil se va difuminando con los años, hasta casi extinguirse. Pero el buen cine de terror, ya casi al borde de la extinción, es el que durante dos horas te hace revivir algo, o mucho, de esas sensaciones de la infancia.

Expediente Warren, basada en un caso real, supone, para nosotros, el regreso triunfal de ese género de terror, el de los fantasmas de las casas encantadas, el que, valga la redundancia, más miedo nos causa.

La película nos cuenta la progresiva caída en la pesadilla de una familia que se traslada a vivir a una bonita granja, al lado de un lago, en una zona boscosa. Pronto comienzan los encuentros con lo paranormal, que van de menos a más, de los olores, ruidos y sensaciones extrañas, a las agresiones a diferentes miembros de la familia.

Hasta que la madre, realmente asustada, entra en contacto con una pareja de reputados y famosos estudiosos de lo paranormal y la demonología, los Warren, matrimonio que realmente existió, y que  estudió el caso, para ellos el más terrorífico de sus carreras.

El film logra crear ese ambiente de terror, esos sustos, que tienen que ser ocasionales, no continuos, para lograr tener al espectador asustado hasta el fin; esa renuncia a lo fácil de asesinatos, descuartizamientos o matanzas. Esos actores sobrios, que logran acercarnos, unos más que otros, al estado de progresivo terror que se apodera de sus vidas. Y también juega con los armarios y con lo que hay debajo de la cama, o los sótanos,algo tradicional en nuestros temores infantiles.

En fin, una película muy recomendable para todos y todas los que quieran pasar un mal rato, que retoma lo mejor de los clásicos de las casas encantadas, apoyándose en un caso y unos personajes reales, más allá de la explicación que cada uno quiera darle.






lunes, 12 de agosto de 2013

Sobre la corrupción

De un tiempo a esta parte nos estamos acostumbrando a leer o escuchar noticias sobre casos de corrupción en diferentes partidos, sindicatos y organizaciones.

Desde Bárcenas en el PP pasando por los socialistas y sindicalistas de UGT y CCOO en Andalucía, hasta algún líder de la CEOE. La crisis, con los millones de parados y la difícil situación para muchas familias hace que este problema, que en otros tiempos no escandalizaba tanto, provoque una gran indignación en la ciudadanía, que posiblemente tenga su reflejo en las elecciones por venir, donde los dos partidos mayoritarios pueden perder muchos votos, y crecer la abstención.

Pero a nosotros nos gustaría analizar, más allá de filias y fobias a las diferentes siglas y  tendencias ideológicas-no pertenecemos ni simpatizamos con ningún partido ni sindicato del sistema- y reconociendo que la corrupción existió, existe y existirá sea cual sea la estructura política y económica de la que se dote la sociedad; que clase de sustrato, que formas de organización contribuyen a impulsarla.

En ese sentido, si analizamos los casos de corrupción políticos, vemos su vinculación, especialmente en casos de financiación irregular, sobresueldos... con los poderes económicos, es decir con las Empresas.

Poder político y poder económico, incluyendo la banca y los medios de comunicación, constituyen un bloque que se apoya y beneficia mutuamente a través del pago a los partidos, los cuales responden a su vez beneficiando a las Empresas y facilitándoles contratos.

Para nosotros, por tanto, es el crecimiento y concentración de los diferentes poderes, el humus del que se nutre la corrupción.

Pero no es sólo eso, es necesario ver cuáles son los valores morales y existenciales de una sociedad. Y en nuestra opinión, los valores del capitalismo, de la sociedad de consumo y del bienestar material, favorecen la corrupción, al convertir el ideal del provecho, la riqueza material, el progreso entendido como crecimiento económico sin fin, la voluntad de poder, el consumismo, el egoísmo, la jerarquización, la pasividad, el individualismo y la atomización, así como la inespiritualidad, o sea la creciente animalización y demolición de los valores elevados e inmateriales, en base de nuestras vidas individuales y colectivas.


Y esto es así tanto en la izquierda como en la derechas, en los más azulados como en los más rojos. Hace mucho que no hay más objetivo en los movimientos políticos, sociales y sindicales de izquierdas que el logro de mejores sueldos o pensiones, habiendo olvidado casi por completo la persecución de una sociedad con ideales morales y convivenciales elevados, única forma de poder derrocar alguna vez al capitalismo.


Esta pérdida de objetivos y éticas de vida superiores, se ve claramente en la sociedad civil. Aunque no pueda calificarse exactamente como corrupción, el que, durante muchos años, numerosas personas de nuestro país intentaran vender sus pisos a precios exorbitados, aprovechándose del prójimo en búsqueda del enriquecimiento rápido y fácil, siguiendo la cultura del provecho y del materialismo más descarnado es una prueba de la vinculación entre corrupción y valores materialistas y capitalistas dominantes.

Decíamos que no es exactamente corrupción, pues no hay saqueo de dinero público, pero este comportamiento de la sociedad española, puede calificarse de estafa masiva, la cual no está tan lejos de la corrupción. Hay, por tanto, una responsabilidad individual y colectiva fuera del mundo de los poderosos en la creación de comunidades amorales, creadoras y propiciadoras de la corrupción. Pues, si somos sinceros, ¿qué cabe esperar de un país que tolera y participa de tan monumental estafa a sus compatriotas? .De tal sociedad, no pueden salir políticos, empresarios o sindicalistas sin más objetivos que servir a los demás y mantenerse leales al bien común, sino poderosos en búsqueda del beneficio privado.

Por tanto, estas son para nosotros las principales fuentes de la corupción: ideal de provecho, voluntad de poder, dominio de los valores materialistas y economicistas, de culto al dinero, de persecución de la buena vida entendida como acumulación de riqueza, de propiedades...

La creación de una sociedad menos corrupta exige, por tanto, el surgimiento de nuevos valores en las gentes como  la búsqueda de la riqueza inmaterial como base de la vida y la libertad entendida no como consumir a todo trapo, sino en destruir la concentración de poderes, participando y controlando las nuevas organizaciones e instituciones democráticas, tanto políticas como económicas entre otros elementos.

Por supuesto, siempre existirá corrupción, pero un cambio de mentalidad es necesario si se quiere combatirla en serio, y no dejarse arrastrar por los cantos de sirena de los medios de comunicación y muchas personas que, de buena fe, creen que introduciendo primarias o votando a otros partidos, todo mejorará.

 Que no nos vuelvan a engañar.Lo fácil, a nada conduce.


domingo, 21 de julio de 2013

Sobre los deberes , los valores y la reconstrucción humana.




Desde, al menos, la Revolución Francesa con su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano hasta la actualidad, en el discurso político y ciudadano siempre escuchamos la palabra derechos. Pareciera como si  luchando o enarbolando la bandera de los derechos a la vivienda, al empleo, a una vida digna…y consiguiendo que estas reclamaciones aparezcan en las Constituciones, estuviera todo resuelto.

Mientras, la palabra y el concepto de deberes, es sepultado, y no escuchamos que se mencione en boca de nadie.

No obstante, un análisis más meditado, nos permite descubrir que solo dando un mayor peso a los deberes del que se le da por la casi totalidad de las colectividades, permitiría acercar a la realidad esos valores, principios y derechos que se exigen.

Cojamos el desgastado lema de la Revolución Francesa- aquella revolución ensalzada por casi todos y creadora de la civilización opresiva que tenemos, que cambió el dominio de manos y generalizó el militarismo, el control del Estado, el capitalismo y el trabajo asalariado, por ejemplo- Libertad, Igualdad, Fraternidad.

Pues bien, si definimos la libertad como un estado de no sujeción o dominación entre personas, nos damos cuenta de que ésta no es sólo un derecho, sino un deber. Tenemos el deber  de no interferir o destruir las libertades ajenas. Y esto es más claro cuando se opta por defender el concepto de libertad como no dominación, frente a la idea dominante de libertad negativa o liberal, basada sólo en que nadie se entrometa en nuestras vidas excesivamente, mientras nos encerramos en nuestras vidas privadas, ajenos a casi todo lo que nos rodea, con lo cual, indirectamente, aumentamos el peso de los poderes sobre nuestras vidas.

La libertad como no dominación, para ser efectiva, implicaría la participación y toma de decisiones en todos los ámbitos vitales que nos incumben, para ir rompiendo con las estructuras piramidales. Pero esta idea de libertad a desarrollar, tampoco podría reclamarse sólo como un derecho. Si no es vivida e interiorizada como un deber por los individuos, no pasaría del papel, de las buenas intenciones, y nunca llegaría a cristalizar en la base de una nueva civilización. Acabaría siendo retórica hueca.

Lo mismo es aplicable a la igualdad. Tenemos el deber de tratar al prójimo como queramos que nos traten a nosotros.

En cuanto a la fraternidad, la solidaridad, el apoyo mutuo…es mucho más claro la necesidad de que estos valores sean vistos como deberes de unos con otros para lograr pasar de la caridad- que es lo que tenemos actualmente con los sistemas de bienestar jerárquicos, de reparto de migajas a los más desfavorecidos, con la crisis cada vez más en disminución, aunque eso se presente como solidaridad laica- a la verdadera solidaridad, que consiste en compartir , en crear redes horizontales donde nadie quede abandonado a su suerte.

Por lo tanto, para nosotros, sólo una sociedad que ponga los deberes en el mismo o superior lugar al de los derechos-sin olvidar que los derechos siempre serán necesarios.-, deberes libremente aceptados, viviendo éstos en las mentes y corazones de los seres que constituyan esas colectividades podrá hacer realidad los valores y derechos que ahora sólo habitan en los papeles, en las intenciones.

Y, por tanto, sólo una civilización de los deberes así contemplados, podrá reconstruirnos como seres humanos destruidos por la mera reclamación de derechos, que nos ha convertido en seres pasivos, que aceptan alegremente la situación de siervos a cambio de ciertas comodidades que ya se están perdiendo y en seres insolidarios .

La comunidad de derechos y deberes equilibrados abriría la posibilidad de hacer nacer una civilización mejor, de mayor calidad humana, de gentes más conscientes.

domingo, 14 de julio de 2013

Sócrates. Un hombre de nuestro tiempo

El historiador Paul Johson, autor de libros como Historia del cristianismo, ha publicado un texto muy ameno sobre una figura legendaria del mundo de la filosofía: Sócrates.

Con el título: Sócrates. Un hombre de nuestro tiempo, la obra nos sumerge, no sólo en el mundo personal de Sócrates, sino en la Atenas de la época, pues sin ella nos es posible entender la existencia del filósofo.

Nacido en el 470 AC desarrolló su actividad y pensamiento en una época de esplendor de Atenes y de desarrollo del humanismo y de la democracia,gracias a la conjunción de un grupo de hombres con ideas innovadoras sobre la sociedad y la vida, como Pericles, que tuvo su reflejo en el mundo de las artes, el deporte, la política y la expansión comercial pero también militar.

Fisicamente se le describe como un hombre con barba, de labios gruesos, nariz chata y ojos saltones, de hecho el capítulo segundo del libro se titula: "Un feo guasón con el don de la felicidad". Él era consciente de su fealdad, pero no sólo no le suponía ningún problema, sino que se reía de si mismo con sus amigos, e incluso suscitó el enamoramiento de una de los más bellos jóvenes de Atenas, Alcibiades, enamorado de su inteligencia y su personalidad. Un amor según el autor, no correspondido.

No sabemos con certeza si fue escultor, como su padre, aunque sí hay constancia de que fue hoplita, o soldado de infantería en algunas guerras en las que participó Atenas.

Pronto, la voz de su conciencia, le indicó que tenía que ser un examinador de hombres, sin cobrara nada por su actividad, lo que hizo que redujera sus necesidades materiales al mínimo. Los testimonios nos indican que despreciaba el bienestar físico y material, en parte por temperamento y en parte por entrenamiento propio, achacándosele frases como "la pobreza es un atajo para el autocontrol", o la profunda y muy acertada "nada hay que decir a favor de la riqueza y alta alcurnia, que son caminos fáciles para el mal"-, cosas que vemos claramente en el mundo actual, con los escándalos del mundo político y económico, y la pasividad hasta hace poco de la gente de la calle, educada en el amor al dinero y la riqueza material, y a los que no importaban mucho las corruptelas, hasta que la crisis, el paro y la creciente miseria está provocando una indignación generalizada, aunque de momento silenciosa.

Recorría las calles, plazas y mercados de la ciudad interrogando a ciudadanos de todas las condiciones para sacar a la luz la inconsistencia de sus afirmaciones, reconociéndose ambos, interrogador e interrogado como ignorantes, que debían buscar en su interior la verdad, a través de preguntas y respuestas sucesivas. Este método se conoce como mayeutica, del que viene la famosa frase de "sólo sé que no sé nada". Es este un método de enseñanza y búsqueda de conocimiento realmente revolucionario, muy alejado del tradicional método de aprendizaje teórico, y que sería muy interesante ver si es o no aplicable a la enseñanza, anclada en métodos que, creo, ya no conducen a nada, pues no hay más que observar la escasez del pensamiento creador e innovador en una sociedad escolarizada y donde mucha gente llega a la Universidad. Y esto debería hacer reflexionar sobre donde están los fallos.

La fealdad de Sócrates hacía que algunas personas hacía que a veces sufriera insultos y zarandeos, pero su humor genial,queda de manifiesto en la respuesta que daba a quienes le decían que por qué no se enfurecía con esas cosas:"Si un burro te cocea, ¿emprenderías acciones legales contra él?".

Otra característica de su pensamiento es el rechazo a la ley del talión, o del ojo por ojo, algo dificilmente concebible en la época. Y también su rechazo al relativismo moral, y su búsqueda de una moral universal, tema de actualidad en una sociedad alejada de la búsqueda de una moral universal hundidad en el relativismo.

Se puede decir que con Sócrates la filosofía baja a la calle, a preocuparse de los asuntos mundanos, especialmente de la ética y de la justicia. Y podemos considerarlo como un impulsor del pensamiento libre e independiente de los ciudadanos, al incitarles a buscar la verdad por sí mismos, en su interior, todo esto unido a un elemento irónico que nos convierte su figura en alguien atractivo y admirable.

Se puede considerar que la misión fundamental de Sócrates, que según el autor creía impulsada por Dios-pues al parecer tenía un fondo monoteista- era como acanzar la vida buena,entrenando a la persona en el fortalecimiento de su alma, el lado moral de la persona y sede de las virtudes, lo que se lograba con el control de los instintos corporales que tendían al egoísmo y el materialismo. Esta comprensión y aprendizaje de las virtudes, aplicadas a la vida diaria, era la sabiduría.

Sócrates siempre intentó ser coherente con estos principios, comiendo y bebiendo con moderación y menosprecienda la acumulación de riquezas y bienes materiales.

Optimista en relación a la naturaleza humana, creía que nadie hacia el mal a sabiendas, y que este era fruto de la ignorancia.

Para Paul Johnson, el juicio y condena a muerte de Sócrates está vinculado a la amistad personal que le unió a tres políticos, antiguos discípulos suyos, que llevaron a Atenas a la guerra, la miseria y la tiranía-Alcibiades, Critias y Cármides-. Y si bien Sócrates rechazó sus acciones, llegando a desobedecer la orden de detener, confiscar sus riquezas y matar a un hombre rico fue convertido en chivo expiatorio, lo que unido al rechazo de algunos atenienses a sus ideas, hizo que fuera acusado de impiedad, por no creer en los Dioses y por corromper a los jóvenes.

No quiso huir de Atenas y aceptó ser juzgado de acuerdo a las leyes de la ciudad. Condenado a muerte por exigua minoría, se le dio la oportunidad de aceptar otra condena en lugar de la de muerte. Pero su carácter irónico le jugó una mala pasada .Con su talante habitual propuso pagar una multa de una mina, lo cual fue considerado como un insulto.

Encarcelado y encadenado, recibió las visitas de sus jóvenes amigos, como Platon-que se fue alejando posteriormente de su pensamiento, presentando un Sócrates muy alejado del real y de lo que realmente pensó-, Jenofonte o Antístenes, así como de su mujer, Jantipa, y sus hijos.

Tras beber la cicuta que le entregó el carcelero, murió, no sin antes despedirse con una frase enigmática y humorística ante los compungidos y llorosos discípulos: "Critón, debemos un gallo a Esculapio. Hazlo así, no te olvides".

Sócrates no escribió nada a lo largo de su vida y, tristemente, no nos ha quedado de él ni una carta. El creía en la filosofía como una actividad vital, no académica y no le interesaban las clases, academias y liceos.

El filósofo debía ser buena persona, y valiente, a la hora de enfrentarse con sus elecciones y sus consecuencias en la vida.

La filosofía implicaba una forma de heroísmo, y quien la seguía debería ser capaz de sacrificar hasta la propia vida, para lograr la mayor excelencia moral y mental.

Y eso hizo Sócrates, aceptando su muerte.

Por eso forma parte, para nosotros, del galeón de los ilustres, de los que con su vida y ejemplo, tienen mucho que aportar a la humanidad.