viernes, 27 de septiembre de 2013

La desnudez del cielo otoñal

No hay estación que nos provoque mayor sentimiento de brevedad que el verano. Parece como si las hojas del calendario volasen con una mayor rapidez que el resto del año, como si el tiempo, en los meses cálidos, decidiera acelerar su marcha, como si tuviera prisa por llegar a su próximo destino y no permitiera a los humanos acomodarse al estío, a sus noches de bochorno y ventanas abiertas, a la alegría y animación en las caras de la gente, a la libertad en el vestir, en el entrar y el salir, al alargamiento de la luz solar, a las voces y gritos de los niños, felices de escapar durante un tiempo de su encierro en los colegios,  a la naturaleza en pleno esplendor, tanto en los cielos como en el suelo, tanto durante el día como durante la noche, tanto las chicharras y su canto las tardes asfixiantes como los grillos y su cántico nocturno.

Todo bulle en verano, esa estación en la que, a veces, nos entra el deseo de ser seres de la noche, como los murciélagos, y hacer vida nocturna cuando el calor aprieta en exceso. Pero, en un abrir y cerrar de ojos, todo se acaba, el otoño abre sus fauces y va devorando lentamente la libertad, la luz, la vida en las calles, el verde de los árboles, los paseos para ver oscurecer, para observar el crepúsculo en algún lugar de descanso,el ardor de los pies descalzos en la arena de alguna playa, el poder escuchar el rumor de las olas, el poder oler y aspirar la sal marina, el poder sumergirte en esa maravilla que es el océano y sentirse parte de él, aunque sea brevemente, como un ser intruso en ese medio que se acerca esporádicamente, pero que sabe que jamás podrá formar parte plena de su inmensa belleza.

Pero, para nosotros, la mayor melancolía del otoño no está sólo en la progresiva desnudez de los árboles, en el progresivo silencio de los hombres y de los animales que nos acompañan con sus sonidos, con sus llamadas de atención durante el verano, en la muerte rápida de esa sensación de vitalidad, de alegría, de los meses de esplendor y aflojamiento de las cadenas.

No es sólo el suelo, nuestro hábitat, el que languidece, el que se cubre de silencio y nostalgia, el que pierde su colorido, su animación, el que se va cubriendo de hojas muertas. Es, también, el cielo. De él desaparecen esas siluetas veloces y ágiles, a veces silenciosas, a veces chillonas, sin las cuales la primavera y el verano no serían lo que son.

Nos referimos a las aves como los vencejos, los aviones y  las golondrinas. Nada sería lo mismo sin las voces de los vencejos, sin sus nubes sobrevolando los cielos del amanecer y el anochecer, con sus gritos  de niños jugando en las calles  del cielo. Por eso, cuando ya en agosto nos abandonan en busca de otras tierras lejanas, el verano y su felicidad sufre el primer golpe. Es el primer triunfo parcial del otoño sobre la naturaleza. Y la victoria del otoño, de la tristeza, se hace definitiva en septiembre cuando ya no podemos contemplar con envidia el vuelo de la bella golondrina, la que nos anuncia la primavera, ni al avión alrededor de sus nidos de barro en lo alto de los edificios.

La desnudez del cielo otoñal es, para nosotros, el mayor castigo de esa melancólica estación.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Nueva visita a un mundo feliz



En 1931 Aldous Huxley publicaba su obra más leída, Un mundo feliz. En esta distopia presentaba un cuadro del futuro, unos seiscientos años después de Ford, en el que describía una sociedad dividida en castas, creadas artificialmente, en la que había una pequeña minoría en las cúspide; donde los seres humanos eran fabricados en masa en laboratorios y adoctrinados desde la más tierna infancia para aceptar su lugar en la jerarquía social, a cambio de placeres y distracciones continuas, y del uso de una droga, el soma, que les permitía evadirse cuando quisieran de la realidad, sin los efectos negativos del alcohol y de las drogas que actualmente se venden o se consumen ilegalmente.

Casi treinta años más tarde publica Nueva visita a un mundo feliz, en el que hace una revisión de sus predicciones para ver si éstas estaban cercanas o lejanas en el tiempo. En su opinión, la realidad de Un mundo feliz podría situarse en torno a un siglo en el tiempo, por tanto era una posibilidad mucho más cercana de la que presuponía al escribir la obra original.

En Nueva visita a un mundo feliz Huxley analiza las diversas amenazas para la libertad de su mundo, el mundo de fines de los años 50, considerando que el futuro se parecería cada vez más a su visión de una dictadura que uniformizaría cada vez más a los seres humanos, destruyendo el libre albedrío y la reflexión autónoma con la propaganda continua desde la más tierna infancia, sin necesidad de usar métodos de terror y exterminio, al contrario de lo que pensaba Orwell en su novela 1984, autor y novela que cita con admiración.

Entre los múltiples peligros para una sociedad libre incluye desde el exceso de población al exceso de organización, la propaganda, el arte de vender, el lavado de cerebros, el uso de sustancias químicas y drogas, la hipnopedia- introducir ideas durante el sueño- y la persuasión subconsciente.

En todos estos puntos Huxley va desarrollando sus ideas, va observando el mundo que se va levantando a su alrededor y va explicando porque considera que la tendencia futura de las sociedades será algo más cercano a lo imaginado en Un mundo feliz que a 1984 de Orwell, aunque es consciente de que el proceso será largo y habrá un interregno en que se combinarán los métodos de control policial o militar con el control basado en la perpetua distracción y en la infantilización de los humanos.

Para él, el aumento creciente de la población y la presión creciente sobre los recursos favorece el desarrollo de formas de poder autoritarias y que intervengan de manera creciente. Pero este peligro se ve acrecentado por otros muchos, como la creciente concentración del poder político y económico provocado por el desarrollo tecnológico, por la producción y distribución en masa que hace que los hombres y mujeres modestos pierdan su existencia como productores independientes.

Pero no sólo eso, sino que la citada concentración de poderes hace que estos dominen los medios de comunicación de masas, consiguiendo influir  en el pensamiento y los sentimientos de la gente a través de la radio, la televisión o el cine pero también con la propaganda comercial, otro medio de llevar a la sociedad a abrazar los valores que el poder quiere.

Huxley escribió el texto a fines de los años cincuenta. Desde el hoy, ¿cómo vemos  Un Mundo Feliz y Nueva visita a un mundo feliz?. Pues de manera preocupante observamos como se han desarrollado nuevos medios para facilitar la distracción continua de las multitudes, como Internet y los teléfonos móviles que cada vez traen nuevos avances. La concentración de poder continua, siendo la unión entre Estado, gran empresa y banca la fuerza que domina la sociedad de manera creciente.

No han desaparecido los métodos orwellianos, pues hace poco nos hemos enterado del control y espionaje  masivo del gobierno de los Estados Unidos de Internet, si bien es cierto que este control no va unido de momento al uso de métodos terroristas de gobierno. Por otro lado, la moralidad de las comunidades humanas presentadas en la obra  Un mundo feliz, búsqueda del goce y  del placer en un sentido cada vez más bajo, rechazo del dolor, del esfuerzo, del sacrificio, de la lucha por el autoperfeccionamiento moral y espiritual es cada vez más la mayoritaria de nuestras sociedades.

La búsqueda del bien, la verdad, la belleza, la libertad como responsabilidad y no dominio parece esfumarse de las mentes humanas, embotadas con el bombardeo de los medios y la publicidad.

Aparecen nuevas drogas de diseño, consumidas por gente joven, quizá reflejo de un mundo vaciado de verdaderos valores, en el cual la persona no tiene asideros ni ideales profundos por los que luchar, a los que unirse, pues todo gira en torno al dinero y a la riqueza material, cada vez más escasa por otra parte.

Aún no se ha descubierto el soma, esa droga inocua de los habitantes de la distopía de Huxley aunque no dudamos que en cuanto aparezca no tardará en lograr un enorme éxito; la familia no ha desaparecido, aunque ya sólo subsiste la familia nuclear y veremos por cuanto tiempo y los seres humanos aún no somos creados en laboratorios y destinados a ocupar un lugar en la jerarquía social.

Pero la creación de un rebaño humano  fácilmente manejable con el señuelo del consumismo y el hedonismo-ideal final de los distintos grupos políticos, de los de la gaviota a los de la hoz y el martillo o el 15M-, al que se le va destruyendo sus elementos humanos va avanzando progresivamente, entre la inespiritualidad y materialismo grosero de Occidente y el fundamentalismo religioso creciente de los musulmanes, dos extremos que se tocan en su antihumanismo y rechazo a la verdadera libertad.

Los dos últimos capítulos de Nueva visita a un mundo feliz son un intento de plantear alternativas a la deshumanización buscando una educación para la libertad y retomar los viejos ideales que propugnaban la descentralización de los poderes políticos y económicos para levantar federaciones de pequeñas comunidades donde los individuos cooperen  como personalidades completas y no sean funciones especializadas, robots que siguen las consignas o la propaganda, en busca siempre de diversiones y placeres, y donde pueda hacerse real la democracia.

En algún aspecto, incluso, Huxley peca de optimista. Decía en su introducción a Un Mundo feliz que sin seguridad económica no puede haber amor a la servidumbre, por lo que su mundo imaginado de castas iba unido a la seguridad material. Pero un caso como España nos ha demostrado que el régimen estatal-capitalista contemporáneo-es decir la conjunción de la oligarquía estatal con la de la gran empresa y la banca- ha logrado atomizar la sociedad de tal manera e inculcado con gran éxito el individualismo egoísta, que la ausencia total de seguridad no es incompatible con la más grande servidumbre, pues la gente cree que mientras otros caen, ellos se salvarán y, por otra parte, creen que todo pasará, que se volverá a un pasado feliz de consumo y pleno empleo.

El poder, por tanto, está viendo que no tiene enfrente verdadera resistencia, que puede hacer y deshacer a su antojo, otra señal más de la destrucción del hombre, su dignidad y sus valores.

Por tal motivo recomendamos leer Un mundo feliz y Nueva visita a un mundo feliz. En ambos libros están los síntomas de la enfermedad y algunas posibles soluciones.En la editorial Edhasa pueden leerlas seguidas, o releerlas, pues Aldous Huxley y su visión del futuro siempre darán mucho que pensar.


sábado, 7 de septiembre de 2013

La filosofía como forma de vida

La filosofía como forma de vida es el  sugerente título de un libro de entrevistas a un filósofo francés, desgraciadamente fallecido hace pocos años, Pierre Hadot, autor que tiene un concepto de la filosofía antigua muy interesante y que plasmó en varias de sus obras.

La primera parte de la obra es quizá la menos entretenida, pues es un repaso a su vida, centrándose especialmente en sus años de seminarista y religioso en el seno de la Iglesia católica, hasta que una serie de discrepancias le hicieron abandonar la fe católica.

La última parte, que es la más apasionante para nosotros, se centra en su idea central de la filosofía clásica, no como habitualmente se piensa en ella y en la moderna, es decir sistemas teóricos y abstractos, ajenos al interés de la mayoría de la población, y sólo apta para intelectuales o gente con una alta formación, sino como forma de vida.

En este aspecto, según Pierre Hadot, los antiguos distinguían entre discurso filosófico, o teoría sobre la vida y sus problemas , de la vida filosófica. Vida filosófica que para él consistía en que para los hombres de la antiguedad clásica, el filósofo debía vivir acorde a sus principios. De ahí que, para el mundo grecorromano, personas que no escribían o no daban discursos, por su destacada o peculiar forma de vida se considerasen filósofos a todos los niveles. Y, entre ellos, nos encontraríamos a los cínicos, como el famoso Diógenes, que no tenían apenas doctrina pero que vivían en un desapago casi absoluto a las riquezas materiales, es decir eran coherentes con lo que predicaban.

También destaca la idea práctica que el denomina como ejercicios espirituales, que, pese al nombre, no deben confundirse con las prácticas espirituales de las religiones como la cristiana, sino que eran prácticas voluntarias destinadas a lograr una transformación interior en la persona, con diferentes propósitos, como alcanzar una mayor sabiduría, o preparaese para afrontar los golpes y penalidades de la vida, o para ser mejores personas, haciendo exámenes de conciencia, por ejemplo.

Otra idea interesante del libro, es la insistencia que ponían los filósofos clásicos en vivir y concentrarse en el momento presente, en vez de en el pasado y en el futuro, así como en lograr una conciencia cósmica, o sea el sentir que formamos parte de un todo.

Por sus páginas aparecen Séneca, Epicteto, Marco Aurelio, Epicuro, Plotino... pero también pensadores modernos como Foucoult, Goethe...

Se trata de un libro de un autor muy interesante y necesario para quien quiera acercarse a la filosofía sin miedo, y dando una visión de ésta muy diferente de la contemporánea. Porque, como dijo Henry David Thoreau, en la actualidad no hay filósofos, sino profesores de filosofía.

Y es que los clásicos nunca mueren, son eternos y, a veces, superiores a los modernos, con sus discursos tan profundos que nadie entiende y que para nadie sirven de ayuda.






domingo, 1 de septiembre de 2013

Del cotilleo laboral y malicioso

Se dice que el cotilleo, o arte de fisgonear y entrometerse en las vidas ajenas, es uno de los deportes nacionales en nuestro país, junto con la envidia.

Suponemos que no es exclusivo de España, que en mayor o menor medida se dará en otros países aunque no tenemos ningún dato sobre ello, y pensamos que sería muy interesante poder leer un estudio internacional sobre éste.

Pero, a falta del citado informe mundial, hoy nos gustaría reflexionar sobre un tema en apariencia intrascendente pero que puede ser mucho más serio y dañino para la vida de algunas personas que lo que se puede pensar inicialmente.

Hay quien piensa que el cotilleo tiene algunos aspectos positivos, que puede servir para establecer lazos, para conversar con más facilidad, para favorecer el diálogo. Todos, en alguna ocasión, caemos en él, opinando sobre algún aspecto de la vida o del comportamiento de alguna persona. Y no sólo aparece en el trabajo, sino también en los lugares donde habitan y conviven personas durante sus vidas, por eso algo de cotilleo aparece entre los vecinos de una casa.

Pero es en el mundo laboral donde el fisgoneo alcanza su máximo apogeo, y donde en ocasiones tal fisgoneo ocasional acaba convertido en cotilleo malicioso, destructivo, al extremo de llegar o bordear el acoso. Es decir hay mucha gente que convierte el cuchicheo sobre terceros en su verdadera profesión.

No es difícil encontrar cuando se conoce de cerca y se sufre a tales gentes, personas vacías, carentes de inquietudes  más allá de su trabajo, y eso cuando les interesa su trabajo.

Y es que cuando un hombre o mujer no tiene aficiones, no tiene un rico mundo interior y por tanto no sabe estar a solas consigo mismo, tiene que rellenar el hueco hablando de terceras personas, espiándolas e informándose de ellas.

Generalmente los cotillas malignos suelen buscar los defectos y debilidades del compañero o compañera de trabajo, pues lógicamente necesitan compensar su malvada vaciedad con un sentimiento de superioridad; critican defectos que se supone ellos no tienen, pues suelen considerarse dechados de virtud.

Pero, paradójicamente, cediendo a las experiencias personales ,me he encontrado ya con varios seres de este tipo dados a criticar la vagancia de otros dándoselas ellos y ellas de grandes trabajadores. La paradoja, o mejor dicho la duda que nos entra, es si realmente son tan trabajadores como afirman, pues no sólo dejan de perder mucho tiempo en observar lo que hace o deja de hacer otro trabajador, sino que llegan a recabar información lejos de su puesto sobre cómo es la o las personas objeto de su mirada cotilla.

Uno de los grandes peligros que tienen esta clase de trabajadores es que, mezclando inteligencia y cobardía, buscan como víctimas personas que suponen que son más débiles por su personalidad o que están en una situación más delicada que ellos: por ejemplo un contratado temporal frente a fijos o funcionarios.

La defensa contra ellos y ellas es muy difícil, pues buscan inflingir daño a las espaldas de la persona, nunca o casi nunca van de frente. Su objetivo es marcar con una especie de niebla envolvente a la gente, crear uno o varios estigmas a sus víctimas, pues en eso consiste su afición, su juego, su intento de darle un sentido a su vacía existencia.

Lo mejor es no hacerles caso, no responderles. Pues cuando se les responde una sola vez, su malignidad y cobardía sale a la luz claramente, no dudando en aprovecharse de su superioridad para hacer el mayor daño posible.

Acabando con estas reflexiones teñidas de experiencias personales, recomendamos, para evitar hundirnos en la enfermedad del cotilleo, ser capaz de tener una rica vida interior y desarrollar el mayor número de aficiones posibles, salvaguarda de la caída en la miseria moral del cotilleo laboral maligno y destructivo.

Y, puestos a cotillear, siempre será preferible cotillear el vuelo de un pájaro, al perro o el gato que cruza por la calle, o a esa vecina o compañera de trabajo que tanto nos atrae, esperando cruzarnos por la calle o los pasillos con ella, para darle colorido al día.




domingo, 25 de agosto de 2013

Hannah Arendt y la banalidad del mal

Hace pocos días que hemos visto la película de la directora alemana Margarethe Von Trotta sobre Hannah Arendt. Se trata de una pensadora y escritora de altos vuelos, compleja y de ideas independientes, incomprendida por muchos que no la pueden situar en un espacio ideológico definido.

La descubrí hace ya varios años, gracias al interesante libro Sobre la Revolución, teniendo pendiente de acabar La Condición Humana, y de leer Karl Marx y la tradición del pensamiento político occidental-del que sí he leído su vibrante texto, incluido en el libro, Reflexiones sobre la revolución húngara, una defensa del levantamiento del pueblo y los obreros húngaros en 1956 contra la dictadura comunista, así como de la creación de Consejos vecinales, de estudiantes, de trabajadores... en todo el país-. Pero el conocimiento es tan vasto y hay tantos y tantos libros interesantes por leer, que al final sólo se puede acceder a un mínimo de ellos.

Volviendo a la película ésta retrata el episodio más famoso y conflictivo de su vida, la del seguimiento como corresponsal de un periódico en Israel al juicio a un criminal de guerra nazi, detenido en Buenos Aires: Adolf Eichmann.

El film nos acerca también algo a su vida privada, mostrando a los intelectuales que constituían su núcleo de amigos así como a su segundo marido, un hombre de vida ajetraeda y por tanto muy interesante que en su juventud luchó con los espartaquistas y que llegó a ser profesor sin acabar el bachillerato, muestra de que el ansia de saber y las inquietudes están por encima del aprendizaje oficial, de las titulaciones. Todo ello combinado con imágenes de su juventud, cuando, estando estudiando, conoció al famoso filósofo Heidegger, del que se hizo amante, hasta que éste se unió a los nazis. Así mientras su profesor adquiría renombre en Alemania, Arendt huyó a Francia, de donde posteriormente también tendría que huir, embarcándose para los Estados Unidos.

Instalada en Israel  para seguir de cerca el juicio e informarse de las atrocidades en las que participó el nazi, leyendo toda la documentación disponible, empezó a desarrollar una idea que, de regreso a Estados Unidos, donde publicó su Informe, le causaría grandes problemas entre la comunidad judía.

Y ese concepto, esa idea, ella lo definió como "la banalidad del mal". Lo que quería decir con ello es que el mal es ejercido muchas veces por personas corrientes, no por demonios. Por burócratas que obedecen órdenes, aunque no tuvieran detrás, como parecía ser el caso de Eichmann, un odio al pueblo judío.

Esto no significaba que Hannah Arendt intentara eliminar la importancia de la responsabilidad personal, ni mucho menos minimizar el holocausto, si no que quería analizar, comprender que había originado aquella matanza tan terrible llevada a cabo por el partido nacionalsocialista y porque tanta gente había participado en el mal.

De ahí el concepto de la banalidad del mal, de cómo gente común y corriente pierde su capacidad de pensamiento independiente, su moral, sus ideas de lo que está bien y está mal para sumarse a una maquinaria de exterminio.

Pero esta idea suya no fue comprendida, causando un fuerte rechazo en mucho judíos y llegando a perder amistades para siempre. Lo que se agravó con su crítica a los Consejos Judíos, algunos de los cuales colaboraron con los nazis-para salvar sus vidas- en las deportaciones y exterminios en los campos de concentración. Un asunto muy delicado y dificilmente juzgable teniendo en cuenta aquellas terribles circunstancias.

Hay que destacar cómo, al defenderse de las injustas acusaciones de odio a los judíos, su pueblo, expresó su opinión de que ella no quería a ningún pueblo, sino sólo de sus amigos. Brillante comentario

Es cierto que la película sólo nos acerca a una mínima parte del pensamiento de la filósofa y escritora, pero es entretenida y puede servir para darla a conocer en nuestro país y que alguien, intrigado, se acerque a su obra.

Hannah Arendt, junto a otros autores como Castoriadis, Orwell, Albert Camus, Simone Weil...representan, para nosotros, lo mejor de la tradición intelectual moderna de Occidente, voces independientes, personalidades que supieron mantenerse leales a su conciencia, a la incomodidad de reflexionar libremente, al margen de los bloques de la guerra fría o de los sistemas, de los partidos y los caminos marcados, de los que se supone nadie, y menos un intelectual, debía desviarse.

Personas como ella siguen siendo necesarios en el presente, para resistir a los engaños y manipulaciones de los diversos poderes, de los modernos mecanismos de manipulación de masas, independientemente de la tendencia ideológica, del partido y empresas al que sirvan éstos.

Y para pensar y analizar sin miedo a quedarse solo.






domingo, 18 de agosto de 2013

Expediente Warren:el retorno del clásico de la casa encantada

Recientemente estrenada por fin hemos sacado un hueco para ver, precedida de buenas críticas, la película Expediente Warren.

Y tenemos que reconocer que, tras mucho tiempo, hemos logrado volver a disfrutar, en el sentido masoquista del término, de un buen film de terror. Y es que hay que reconocer lo difícil que es, en un terreno ya tan trillado y tan infértil para las sorpresas, realizar cine de miedo que enganche y realmente asuste, sin necesidad de recurrir a sustos fáciles, matanzas y sangre a borbotones.

Para nosotros, el miedo más logrado, el más profundo, el que te mantiene realmente eterrorizado y encogido en el asiento es el que juega no con la sangre, sino con lo psicológico, el que sabe conectar con nuestros pavores ancestrales, pavores vinculados a la obscuridad en una gran mansión, a los ruidos, sombras o susurros en mitad de la noche, ruidos que nos sobrecogen a veces, haciéndonos imaginar que algo tenebroso, algo desconocido se oculta en las penumbras cuando cae la noche.

Es cierto que este terror infantil se va difuminando con los años, hasta casi extinguirse. Pero el buen cine de terror, ya casi al borde de la extinción, es el que durante dos horas te hace revivir algo, o mucho, de esas sensaciones de la infancia.

Expediente Warren, basada en un caso real, supone, para nosotros, el regreso triunfal de ese género de terror, el de los fantasmas de las casas encantadas, el que, valga la redundancia, más miedo nos causa.

La película nos cuenta la progresiva caída en la pesadilla de una familia que se traslada a vivir a una bonita granja, al lado de un lago, en una zona boscosa. Pronto comienzan los encuentros con lo paranormal, que van de menos a más, de los olores, ruidos y sensaciones extrañas, a las agresiones a diferentes miembros de la familia.

Hasta que la madre, realmente asustada, entra en contacto con una pareja de reputados y famosos estudiosos de lo paranormal y la demonología, los Warren, matrimonio que realmente existió, y que  estudió el caso, para ellos el más terrorífico de sus carreras.

El film logra crear ese ambiente de terror, esos sustos, que tienen que ser ocasionales, no continuos, para lograr tener al espectador asustado hasta el fin; esa renuncia a lo fácil de asesinatos, descuartizamientos o matanzas. Esos actores sobrios, que logran acercarnos, unos más que otros, al estado de progresivo terror que se apodera de sus vidas. Y también juega con los armarios y con lo que hay debajo de la cama, o los sótanos,algo tradicional en nuestros temores infantiles.

En fin, una película muy recomendable para todos y todas los que quieran pasar un mal rato, que retoma lo mejor de los clásicos de las casas encantadas, apoyándose en un caso y unos personajes reales, más allá de la explicación que cada uno quiera darle.






lunes, 12 de agosto de 2013

Sobre la corrupción

De un tiempo a esta parte nos estamos acostumbrando a leer o escuchar noticias sobre casos de corrupción en diferentes partidos, sindicatos y organizaciones.

Desde Bárcenas en el PP pasando por los socialistas y sindicalistas de UGT y CCOO en Andalucía, hasta algún líder de la CEOE. La crisis, con los millones de parados y la difícil situación para muchas familias hace que este problema, que en otros tiempos no escandalizaba tanto, provoque una gran indignación en la ciudadanía, que posiblemente tenga su reflejo en las elecciones por venir, donde los dos partidos mayoritarios pueden perder muchos votos, y crecer la abstención.

Pero a nosotros nos gustaría analizar, más allá de filias y fobias a las diferentes siglas y  tendencias ideológicas-no pertenecemos ni simpatizamos con ningún partido ni sindicato del sistema- y reconociendo que la corrupción existió, existe y existirá sea cual sea la estructura política y económica de la que se dote la sociedad; que clase de sustrato, que formas de organización contribuyen a impulsarla.

En ese sentido, si analizamos los casos de corrupción políticos, vemos su vinculación, especialmente en casos de financiación irregular, sobresueldos... con los poderes económicos, es decir con las Empresas.

Poder político y poder económico, incluyendo la banca y los medios de comunicación, constituyen un bloque que se apoya y beneficia mutuamente a través del pago a los partidos, los cuales responden a su vez beneficiando a las Empresas y facilitándoles contratos.

Para nosotros, por tanto, es el crecimiento y concentración de los diferentes poderes, el humus del que se nutre la corrupción.

Pero no es sólo eso, es necesario ver cuáles son los valores morales y existenciales de una sociedad. Y en nuestra opinión, los valores del capitalismo, de la sociedad de consumo y del bienestar material, favorecen la corrupción, al convertir el ideal del provecho, la riqueza material, el progreso entendido como crecimiento económico sin fin, la voluntad de poder, el consumismo, el egoísmo, la jerarquización, la pasividad, el individualismo y la atomización, así como la inespiritualidad, o sea la creciente animalización y demolición de los valores elevados e inmateriales, en base de nuestras vidas individuales y colectivas.


Y esto es así tanto en la izquierda como en la derechas, en los más azulados como en los más rojos. Hace mucho que no hay más objetivo en los movimientos políticos, sociales y sindicales de izquierdas que el logro de mejores sueldos o pensiones, habiendo olvidado casi por completo la persecución de una sociedad con ideales morales y convivenciales elevados, única forma de poder derrocar alguna vez al capitalismo.


Esta pérdida de objetivos y éticas de vida superiores, se ve claramente en la sociedad civil. Aunque no pueda calificarse exactamente como corrupción, el que, durante muchos años, numerosas personas de nuestro país intentaran vender sus pisos a precios exorbitados, aprovechándose del prójimo en búsqueda del enriquecimiento rápido y fácil, siguiendo la cultura del provecho y del materialismo más descarnado es una prueba de la vinculación entre corrupción y valores materialistas y capitalistas dominantes.

Decíamos que no es exactamente corrupción, pues no hay saqueo de dinero público, pero este comportamiento de la sociedad española, puede calificarse de estafa masiva, la cual no está tan lejos de la corrupción. Hay, por tanto, una responsabilidad individual y colectiva fuera del mundo de los poderosos en la creación de comunidades amorales, creadoras y propiciadoras de la corrupción. Pues, si somos sinceros, ¿qué cabe esperar de un país que tolera y participa de tan monumental estafa a sus compatriotas? .De tal sociedad, no pueden salir políticos, empresarios o sindicalistas sin más objetivos que servir a los demás y mantenerse leales al bien común, sino poderosos en búsqueda del beneficio privado.

Por tanto, estas son para nosotros las principales fuentes de la corupción: ideal de provecho, voluntad de poder, dominio de los valores materialistas y economicistas, de culto al dinero, de persecución de la buena vida entendida como acumulación de riqueza, de propiedades...

La creación de una sociedad menos corrupta exige, por tanto, el surgimiento de nuevos valores en las gentes como  la búsqueda de la riqueza inmaterial como base de la vida y la libertad entendida no como consumir a todo trapo, sino en destruir la concentración de poderes, participando y controlando las nuevas organizaciones e instituciones democráticas, tanto políticas como económicas entre otros elementos.

Por supuesto, siempre existirá corrupción, pero un cambio de mentalidad es necesario si se quiere combatirla en serio, y no dejarse arrastrar por los cantos de sirena de los medios de comunicación y muchas personas que, de buena fe, creen que introduciendo primarias o votando a otros partidos, todo mejorará.

 Que no nos vuelvan a engañar.Lo fácil, a nada conduce.