lunes, 30 de mayo de 2016

Solidaridad Internacionalista y Autodeterminación Individual versus Soberanía Nacional y Autodeterminación de los Pueblos


En tiempos de crisis y con una globalización consistente en trasladar empresas a zonas donde los trabajadores tienen menos derechos y donde, por ejemplo, en la Unión Europea se imponen una serie de medidas económicas muy contestadas, emerge con fuerza el discurso tentador de la Soberanía Nacional y la Autodeterminación de los pueblos.

Son una respuesta lógica al olvido de épocas pasadas. La época ya muy lejana en el tiempo de la Europa de entreguerras, por ejemplo. Aquella Europa de soberanías nacionales donde se extendieron las dictaduras, desde la Península Ibérica con Franco y Salazar, hasta la Rusia de Lenin y Stalin. Donde se fraguaron las dos terribles guerras mundiales.

En los defensores de las ideas de la soberanía nacional suele latir la idea de que un Estado nación sin interferencias de ningún tipo es más democrático. Esta idea, como hemos visto antes de épocas anteriores, no se cumple, al menos no siempre .



Para mí hay dos errores de bulto: primero, pensar que una clase dirigente local, o nacional, va a ser por naturaleza, mejor, más amante de sus súbditos y sus sirvientes, quizá por el hecho de compartir raíces, cultura, lenguaje, tradiciones…

Aparte de ingenuo, hay un cierto racismo implícito detrás . En realidad sería como argumentar que si los poderosos de nuestro suelo nos golpean, seguro que lo harían con porras más suaves, por eso de los antepasados comunes.

No creo que las decenas de millones de víctimas de los dictaduras soberanas, incluyendo la Patria Soberana de Franco, pensaran así si resucitaran. También debería tenerse en cuenta que, por esas paradojas de la historia política, los que hacen gala de nacionalismo de puertas para adentro, suelen ser imperialistas de puertas para afuera. Y es que el sueño de todo nacionalista que se precie es que su Patria reine sobre poblaciones ajenas, mostrando su poderío.

Soberanía de puertas para adentro, control de puertas para afuera. Ahí tenemos desde Hitler, hasta los micronacionalismos catalanes y vascos, que sueñan con anexionarse Navarra, las Baleares y la Comunidad Valenciana, por ejemplo.

Y es que entre los Estados nación suele regir la competencia por ver quién crece más, quién manda más, quién absorbe más territorio. Pero  después de oprimir y colonizar a la sociedad interior, por supuesto.

El segundo error de bulto es pensar que en el mundo de hoy cabría la independencia total de las unidades nacionales. Como sin la menor cesión de soberanía desapareciesen las crisis económicas y los problemas por arte de magia.



Si caen los países hoy por hoy económicamente más fuertes, por los motivos que sean, ello repercutiría en los demás, sea cual sea la situación geopolítica mundial. Y lo mismo sucedería con el declive de los recursos naturales, por más que viviéramos en una humanidad que hiciera bandera de la autarquía. Aquellos países que se les acabara el oro negro, por ejemplo, y no tuvieran preparado otro nicho económico sobre el que desarrollarse, adiós muy buenas. Y a nivel mundial, idem, por mucho discurso identitario que se usara.

Por tanto, en mi opinión, aquellos que enarbolan las banderas de la soberanía nacional, se equivocan. 

No es el camino.

Frente a la globalización del capitalismo, que está empezando a hacer a los países ricos lo que hasta hace muy poco hacía al resto del mundo, para cabreo y sorpresa desagradable de sus poblaciones, que pensaban que a nosotros no nos tocaría, y que viviríamos viendo desde lejos las miserias de otros; y el ideal de retorno a la falsa Arcadia de la Soberanía Nacional y la Autodeterminación de los pueblos-entendida ésta en el sentido de crear nuevos Estados nación-, habría que oponer una forma de Solidaridad Internacionalista, que sin buscar liquidar la diversidad mundial comprendiera que el mundo es una casa común a la que todos debemos proteger, y que por tanto se necesitan algunas políticas mundiales compartidas.

La tarea sería muy compleja, cómo construir una Confederación Mundial, por ejemplo, de biorregiones o municipios libres y autónomos, pero no absolutamente soberanos, pues en mi modesta opinión habría que ir avanzando a una mentalidad de comunal mundial, es decir que los recursos naturales de todo tipo son usufructo, pero no propiedad absoluta, de los habitantes de las comunidades, pertenecen a la humanidad.

Como decimos, algo complicado. Pero necesario, de una u otra forma, si queremos evitar la dirección al desastre que llevamos en estos momentos y en anteriores también, como la vieja guerra fría.

Pero como las casas se construyen por la base, frente a la retórica de determinados sectores e individuos, de izquierda a derecha  de liberación nacional , la Autodeterminación Individual es el ladrillo, autodeterminación individual entendida como individuo que se hace responsable de su vida, que lucha por reducir todo lo posible el dominio y la coacción de poderes exteriores o heterónomos y se une con otros como él, para colaborar como iguales.

Por supuesto que todo individuo está en un territorio, con una historia, y unos valores mejores o peores, desde donde hay que partir,no vivimos volando por los cielos, pero es indudable que si queremos encaminarnos a una situación mejor para todos, debemos buscar más lo que nos une que lo que nos enfrenta o divide. De ahí lo negativo en mi opinión de las políticas que ensalzan  la soberanía  estatal, pensando que es un avance.

Porque tienen muchas probabilidades, por no decir todas, si triunfan, de obscurecer más el mundo haciendo surgir nuevas formas de feudalismo o de fascismo, que, no olvidemos, fue una escisión por la izquierda, o por el socialismo ,que hacía hincapié en lo identitario, lo nacional, lo localista. Quiero decir que suma muchos adeptos en todas las líneas ideológicas.

Los medios, pienso, han de ser acordes a los fines. Y ningún instrumento de opresión-partido político, estado nación tradicional e incluso mundial, clase dirigente…- va a llevarnos a la autonomía individual, comunitaria y mundial.


Espero y deseo que seamos capaces de dar un vuelco a la situación desesperada a la que nos enfrentamos, por costoso y lento que sea el esfuerzo.


domingo, 22 de mayo de 2016

Democracia, verdad y bien común versus sistema de partidos


Ahora que nos acercamos a una nueva campaña electoral, con su horripilante sucesión de mítines, demagogia, ataques a otras fuerzas y autobombo de los logros o supuestos logros , todo ello en un clima ajeno a la reflexión, convendría hablar de uno de los argumentos usados por los partidos para sostener su necesidad o utilidad.

Éste es el de la búsqueda del bien común, o de servicio público, del que todos se llenan la boca en mayor o menor término. Pero, por su propia naturaleza, estructura y necesidad de competencia el sistema de partidos no es compatible con el bien común.

No hablo aquí de la bondad o maldad de sus miembros. Como en toda obra humana, hay luz y tinieblas, es más, acepto que una parte de sus miembros no se suman a tal o cual partido con la idea de medro personal, sino por sentirse más cercanos a unas ideas y creer que se puede trabajar por ellas desde allí. E, incluso, que realmente su Partido reflejaría más certeramente esa idea de servicio común.

Pero un Partido es una Organización cuyo fin-que lo consiga o no es otra historia- es la conquista del Poder. Por tanto expandirse, crecer, desarrollarse, alcanzar más y más espacios de gobierno es esencial. Para conseguir estos fines no vale la verdad, sólo las medias verdades; es decir mostrar a la luz las miserias de los oponentes y negar o esconder las propias.

Por tanto el Partido, junto con sus medios de adoctrinamiento afines y sus simpatizantes especialmente en las redes sociales-nuevo lugar de difusión de propagandas y mentiras o medias verdades de las multitudes crédulas y abducidas por unos u otros- amolda la realidad a sus intereses, usando lo que viene bien de ella y desechando lo que no.




Transformando a la sociedad en un ring donde unos y otros nos damos de puñetazos creyendo estar del lado del bien, cuando no somos más que pobres monigotes usados por las siglas y los dirigentes de los partidos-y sin cobrar un euro, gran mérito-, han logrado alejar en la práctica la idea del bien común de las mentes humanas y la búsqueda de la verdad.

De esta manera son las sociedades las que se convierten en servidores del bien común… de la clase dirigente de los grupos políticos, en su búsqueda de alcanzar el mayor poder posible.

El sistema de partidos, por tanto, es incompatible para mí con el servicio desinteresado , la verdad y, también, la verdadera democracia. Golpea la libertad de conciencia, anula la reflexión y deliberación propias de una verdadera democracia por medio del ruido y los altavoces mediáticos, sustituyendo pensamiento por propaganda o ideología-que en la actualidad ni siquiera es tal, pues no hay ningún sistema de ideas serio en izquierdas, derechas, centro y extremos, sino Unidad de Pensamiento con matices-.

Si queremos desarrollar un proyecto que una democracia, verdad y bien común, este proyecto no puede estar basado en los partidos políticos-aun admitiendo que será preferible un sistema multipartidista a uno monopartidista o a un Caudillismo de nuevo cuño que se diga no partidista, de tipo movimentista, algo difícil de imaginar, pues el Caudillo siempre necesitará un número de leales bien organizados; aunque no debemos descartar tales intentos de engaños en el futuro por parte de algunos listillos de turno -, sino en empezar a imaginar qué tipo de instituciones u organizaciones serían las que favorecieran el diálogo, el encuentro y el servicio de unos a otros frente al enfrentamiento artificial promovido para favorecer la hinchazón de los gobernantes y de paso su enriquecimiento y el de sus diputados, senadores o cargos diversos.

Mirando al pasado cada comunidad puede descubrir los propios: Concejos, Juntas, Asambleas, Comunas, Municipios Libres… Es decir las instituciones naturales de autogobierno ahora casi extintas.



Desde ellas podrá reconstruirse una democracia entendida como autogestión, donde el bien común y la búsqueda de la verdad no están excluidas como lo están ahora por esos inventos modernos artificiosos que tan dañinos están siendo para la gran mayoría, salvo al Sistema de dominación, claro.

La democracia debe ser un camino para lograr una creciente adultez en los individuos. Que éstos sean cada vez más fuertes, individualidades poderosas, que no egoístas, con una sólida conciencia moral, para acercarse a otro paisaje, el de la Acracia-la democracia no es un fin, sino sendero a otras tierras-.

Aquél donde el gobierno exterior se reduce a lo esencial, a lo mínimo, al igual que las leyes-creadas por la colectividad autónoma-  ,tomando su lugar los acuerdos voluntarios y la no coacción. Donde la máxima “no hagas a los demás lo que no quieras que hagan contigo” sea la piedra angular.


Ahora bien para terminar y que no se me acuse de iluso y soñador, diré lo que creo que he escrito alguna vez: ¿el futuro más probable?.  Pues quizá que  quienes manejan los hilos y los tiempos, en algún momento ,dejen los partidos a un lado y sus luchas de críos, con las multitudes  cada vez más decepcionadas porque éstos no logran traerles el maná prometido, y se lancen a establecer una dictadura de nuevo cuño, sin llamarla así, claro.

domingo, 8 de mayo de 2016

Las oscuras golondrinas de la lucha de clases y el retorno del viejo mundo

Escucho y leo en diversos medios la noticia de que tres millones de personas han abandonado las clases medias.

Dos mil siete fue el año de mayor porcentaje de población situada en la clase media, a partir de ahí, la crisis, con la destrucción de empleo y el aumento posterior del trabajo temporal, ésta se ha situado en poco más de un 50%, aumentando las clases bajas y decayendo también las rentas más altas.

Todo esto dibuja un futuro poco halagüeño, reforzado por el contrapié  en que pilla a casi toda la sociedad, que aún se maneja con esquemas mentales basados en el progreso continuo, el ernriquecimiento progresivo y la mejora lenta pero constante de la calidad de vida.

Estos datos tampoco deben separarse de la situación mundial, con los vaivenes de las bolsas, la desaceleración de la economía mundial, especialmente de los llamados emergentes y la bajada momentánea de los precios del petróleo, entre otros datos nos indican una más que probable crisis mundial, sumada a la extensión de los conflictos bélicos y el proceso de rearme planetario.

Pensábamos, desde hace decenios, que la sociedad de clases era algo acabado, o al menos muy reducido, que las desigualdades nunca se ensancharían, que el viejo mundo de las peleas entre obreros y burgueses, de la conciencia de clase, el empobrecimiento y la situación de subsistencia mísera de amplias capas de población era eso, viejo mundo. Que siempre seríamos clase media.



Que era suficiente con algunas protestas fragmentadas, especialmente de defensa de lo llamado público, un sindicalismo de pacto que se preocupara de lograr alguna mínima subida salarial, o de las pensiones y votar a los consabidos partidos de izquierdas, para que todo marchara sobre ruedas.

Ahora todo ese imaginario salta por los aires. Con un único colchón protector, pero no por mucho tiempo, de la familia-abuelos con pensiones pronto a su fallecimiento, y padres de cierta edad que aún proceden de épocas de estabilidad laboral-y desaparecidos de momento los viejos lazos solidarios de clase o comunitarios.

Con empleos que ya no garantizarán dignidad ni autonomía individual, en una situación internacional de declive, las ilusiones de que nuevos gobiernos representen a los intereses populares y hagan caer maná del cielo caducarán pronto, como lo ha hecho de manera velocísima Syriza, la gran esperanza y espejo de los sectores populares aún crédulos con los partidos  de la izquierda, esa quinta columna inconsciente del sistema entre la población.



Infestada de la vieja mentalidad burguesa, mesiánica y dirigista, las izquierdas y la gran mayoría de izquierdistas se obnubilan con la superficie de las cosas, culpando en sus ingenuos discursos a los mercados, el neoliberalismo, el bipartidismo o la Constitución del 78-El Régimen del 78, lo llaman algunos bienintencionados,pensando con ello que se sitúan a la cabeza de la radicalidad o la contestación- pero lo esencial permanece invisible a sus ojos, la división dirigentes dirigidos, los Estados-nación, el capitalismo nacional e internacional, cuya esencia es el predominio del trabajo asalariado, con la consiguiente opresión y explotación de la mano de obra y su expulsión al paro cuando vienen mal dadas. 

Invisible o, mejor dicho indiferente, pues en realidad creen en las bases del sistema-el Régimen, usando su palabra- ,sólo consideran que está mal dirigido y podría ponerse al lado del pueblo. 

Lo viejo regresará, y con él posiblemente viejos oficios en proceso de extinción, viejos aparatos o técnicas para calentar las casas o arreglar la ropa, viejas mentalidades de ayuda mutua entre vecinos y, esperemos, que no lo hagan en demasía cosas negativas que asoman la pata, aunque se hable poco de ello, desde los suicidios a la prostitución-último recurso para salir adelante o pagarse por ejemplo los estudios- entre otras cosas.

Lo fundamental, lo que daría más esperanza en esta especie de tren que camina hacia atrás sería el retorno junto con lo malo de lo positivo de otros tiempos: un ideal revolucionario, un retorno de la solidaridad comunitaria, el despertar de una conciencia de clases y el renacer de la lucha de clases, depurada de sus errores pasados. Es decir, negar que algún grupo o partido aspirante al poder pueda volver a usar ese discurso para dominar al pueblo en su nombre, situándose por encima de él.

Por todo ello habrá que trabajar, centrando las escasas energías en un proyecto de transformación que merezca la pena y poniéndose tapones en los oídos ante los cantos de sirenas de las izquierdas cuyas propuestas sólo nos llevarían al naufragio, o a beneficiar a unos nuevos oligarcas, los oligarcas de la era del colapso.

¿Volverán las oscuras golondrinas de la lucha de clases?, ¿o nos hundiremos definitivamente en el fango de la inconsciencia esperando que con votar a éstos o a aquéllos, y después a los de acullá, según vayan fracasando uno tras otro, estaremos salvados porque encontraremos definitivamente a los Buenos?


miércoles, 20 de abril de 2016

Reflexiones sobre la decadencia de las izquierdas y su sustitución

De Brasil a Venezuela, pasando por Grecia, entre otros ejemplos de fracasos recientes, sitúan a las fuerzas políticas de izquierdas, a nivel mundial, en una situación de crisis, de incapacidad para encontrar un proyecto serio, de verdadera transformación.

Pienso que para analizar su descomposición, tendríamos que retrotaernos al pasado, por un lado, y, por otra, en vez de juzgar y culpar a sus dirigentes, reflexionar críticamente sobre sus seguidores, sus votantes, sobre que es lo que realmente quieren y anhelan. Sencillamente porque no es justo culpar a unos pocos y autoexculparse de la responsabilidad individual.

Aunque es un tema polémico creo que el totalitarismo soviético y la extensión y fuerza de tal experiencia, especialmente en el mundo de la izquierda intelectual, pero también en multitud de universitarios, fue el primer aviso de que amplios sectores de la izquierda podían sostener y defender valores opuestos al lema Libertad, Igualdad, Fraternidad.

Izquierda y despotismo, dejaban de ser opuestos. Caído el Muro de Berlín, y en algunos casos unos años antes, la socialdemocracia se convirtió en refugio de muchos excomunistas. No hubo mucha autocrítica, y declararse de izquierdas, era y es visto como algo que da superioridad moral.

Pero si malo es el complejo de inferioridad, igual de negativo resulta el complejo de superioridad. Mirar por encima del hombro a otros o creerse que una mera adscripción "ideológica"-pongo comillas porque en realidad la o las izquierdas contemporáneas en realidad no tienen ideología o un sistema político y económico de creencias elaborado- da carta de superioridad.

Esta actitud, muy frecuente entre los seguidores de las izquierdas, es incompatible con la consideración de la necesidad de revisar conceptos, analizar los errores y fracasos y adecuar una estrategia y un ideario a la época en la que se vive.



Y son esas faltas las que están provocando su caída en muchas partes del mundo. Caudillismo, autoritarismo, corrupción, demagogia, engaño...han seguido siendo sus actitudes también en nuestro siglo, desde el Socialismo Siglo XXI de Venezuela, cuyo fin es visible, pasando por la corrupción del PT en Brasil, al engaño de Syriza, o la banalidad populista de la nueva hornada de líderes de los partidos emergentes, como Colau o Pablo Iglesias-política de gestos-, entre otros.

Pero si decíamos más arriba que no se debían cargar las tintas con los jerarcas de sus partidos, se hace necesario acercarse a sus votantes y sostenedores, responsables verdaderos de los nuevos fracasos, por sostener y apoyar unos discursos agotados, fuera de época.

Es muy frecuente, cuando los libertarios debatimos con amigos de izquierdas, que se nos tilde de utópicos. Pero no puedo evitar sonreír con cariño al darme cuenta de que su realismo es falso, pues cuando se rasca un poco nos damos cuente de que el objetivo y el sueño que persigue la casi totalidad de las izquierdas, movimientos políticos y seguidores, es volver al pasado, a un Estado de Bienestar de una época desaparecida.

Se me hacen las gentes de izquierdas personas que pese a decirse realistas, caminan con los ojos vendados por las calles, golpeándose con todos los obstáculos con los que topan. 

Negándose a ver la cruda realidad en la que estamos, con un sistema económico que está colapsando paulatinamente, con una más que probable nueva recesión mundial, con una desaparición a toda pastilla de la antaño potente clase media, con el paso de la sociedad mileurista a la seiscientoseurista; con todo esto, sus propuestas de volver al consumo desaforado con un Estado a la sueca que pueda ofrecer grandes prestaciones tienen menos futuro que un caramelo a la puerta de un colegio.

En sus delirios pseudorrealistas creen que su fantasía es posible asfixiando a los millonarios a impuestos, como si en España dieras una patada a una piedra y salieran cuatro o cinco ricachones corriendo a los que perseguir.

Junto a su "impuestitis", está un numeroso grupo que considera que con una nueva Constitución lloverá maná del cielo. Este sector culpa a la Constitución del 78, o lo que ellos llaman Régimen del 78 en un alarde de radicalismo infantil y en realidad burgués, de nuestros males .Pero yo, qué quieren que les diga, no acabo de ver la relación entre la Constitución del 78 o el bipartidismo de momento superado, con la crisis económica mundial, las burbujas financieras o el agotamiento de los recursos fósiles.

Ésta sería la postura que llamaremos legicentrista, la creencia en que el cambio está, valga la redundancia, en cambiar las leyes desde el Poder. Para esas mentalidades, a más leyes, más bienestar y felicidad. Aquí opino lo contrario, el verdadero cambio está en cambiar nuestra mentalidad y actuar en consecuencia, y cuanto más leyes más coacción y represión; suponiendo que haya cambio, tal transformación sería evidentemente negativa, pues consistiría en seguir tratando a las gentes como críos a los que gobernar con mano de hierro.

Desde posiciones de este tipo, sumadas al relativismo moral, el autoodio a las propias tradiciones y el buenismo ingenuo con respecto a otras- del estilo Alianza de Civilizaciones de Zapatero-, nada serio se puede construir. Las masas de izquierda serán aplastadas más pronto que tarde por la dura realidad, ajena a sus quimeras travestidas de pragmatismo y prepotencia.

La negación de la realidad conduce, a la larga, a una irrelevancia que otros aprovechan, y que está favoreciendo el ascenso de la ultraderecha en Francia y Alemania, por ejemplo, con la absorción de numerosos antiguos votantes de las izquierdas, o, como ya hemos dicho para el caso de España, la creación de unas nuevas izquierdas, mucho más cercanas al fascismo de lo que nadie quiere reconocer-con la diferencia de que no hacen gala de patrioterismo español- sin más proyecto que un ansia de poder extrema, disfrazada con un discurso hueco de palabras vacías pero que mucha gente gusta de oír, como el partido de la gente, la mayoría social ...

Ante el más que evidente fracaso, ya perceptible, de las propuestas de las izquierdas, y el vacío que dejarán, otras opciones intentarán ocuparlo.

Lo que nosotros desearíamos sería el renacer de una opción revolucionaria de corte autogestionario, donde la moral de gobernarse a uno mismo fuera ocupando el lugar de la servidumbre voluntaria y la conquista y gestión por las comunidades y los trabajadores de los medios de producción asomara la cabeza, como en tiempos pasados.

Pero una cosa es el deseo y por lo que moveríamos el culo de la silla y otra cosa lo más probable. 

Y lo más probable, como en casi todas las situaciones de crisis, es que un denso manto de autoritarismo se adueñe de todo. Qué rostro adoptará este autoritarismo no se puede saber:puede ser el mencionado fascismo, o bien, ante el desprestigio absoluto de los partidos políticos, el propio sistema lograr que la población aplauda su fin para colocar en su lugar-con aprobación popular, fácil de lograr con una adecuada campaña televisiva- una autocracia con bandera tecnocrática, de gobierno de "expertos".

Sea lo que sea que nos depare el futuro, siempre será conveniente caminar sin vendas, aunque lo que se nos acerque por la acera sea una forma de aspecto terrorífico.

miércoles, 6 de abril de 2016

Breviario de podredumbre


Místico del Vacío, poeta y cantor de la belleza desoladora de las ruinas, las decadencias crepusculares,  las lágrimas, los desengaños y los fracasos; Cioran es, fue, un ensayista único.

Sus frases, sus aforismos de oscuridad luminosa, son como martillos que nos golpean sin cesar, desde que se abren hasta que se cierran sus libros. Todos nuestros asideros, nuestras esperanzas, lo que hace que queramos seguir respirando y encontrar una rendija de luz que nos impulse a avanzar en el mar de lágrimas y desesperación en que navegamos, se van resquebrajando de la misma manera que nuestro cuerpo y nuestra mente lo hace con el paso de los años, invadido por un creciente ejército de termitas que se va multiplicando lentamente, imperceptiblemente, doblándonos hasta hundirnos con su roer diminuto pero sin descanso.

En Breviario de Podredumbre, prologado por quien fuera su amigo y difusor en España, años ha, Fernando Savater, vemos pasar por escena, vapuleados sin piedad pero con ironía, nuestros personajes más queridos. Desde la propia vida, esa gran desdicha y desgracia que nos ha tocado en suerte-mala- según nuestro pensador, al amor, la procreación, las ilusiones, los ideales, las utopías, los conquistadores, los grandes hombres, el monoteísmo... Quienes son presa de sueños son para Cioran fanáticos, asesinos en potencia, portadores de muerte y destrucción.





Las mejores épocas son, para él, las de la decadencia, cuando se desmoronan los grandes sistemas de valores, amaneciendo, por breve tiempo, una sociedad más tolerante, y unos gobernantes más corruptos, pero más llevaderos, menos dados a entrometerse en las vidas ajenas. Situación que no tarda en desaparecer al nacer un nuevo fanatismo, con sus dogmas y sus hogueras.

Mil y una divagaciones recorren el libro, el elogio de la melancolía, la soledad, la muerte como suprema liberación, al desaparecer el torturante Yo, el escepticismo como actitud saludable y muchos otros temas como la enfermedad o la santidad.

En mi opinión es un libro que no admite ninguna presentación al uso, como no lo tendría un diamante en bruto en una cloaca.



Sólo cabe leerlo y embriagarse de ese maravilloso  pesimismo, que tanto nos  ayuda,paradójicamente, no a encontrar un sentido de la vida, sino a no dejarse afectar por las sombrías voces y puñaladas de algunos otros seres fantasmales y absurdos, caídos en castigo en este mundo, como nosotros, que no son aún conscientes de que su constante luchar  buscando una gloria, un éxito o una fama brumosa tiene el mismo sentido que el de los egipcios que se enterraban con sus pertenencias y alhajas, esperando gozar de ellas en ese monstruoso y quimérico sueño que se llama Vida Eterna.

Para acabar con tal horror basta con la frase final del Breviario de podredumbre:" ...Pues nuestro destino es pudrirnos con los continentes y las estrellas, pasearemos, como enfermos resignados, y hasta el fin de las edades, la curiosidad por un desenlace previsto, espantoso y vano".

Y para rematar: "El Árbol de la Vida no conocerá ya primavera: es madera seca; de él, harán ataúdes para nuestros huesos, nuestros sueños y nuestros dolores"

Pasen y disfruten de Cioran, aunque recomiendo dejen pasar tiempo entre uno y otro texto, para que lo positivo y liberador de su lectura, no se convierta en un río que les anegue de tristeza y melancolía. Disfrutar del alcohol requiere de pequeñas dosis, no lo olviden.


viernes, 25 de marzo de 2016

Elogio de la quietud eterna

Vivimos la civilización del movimiento perpetuo, donde todos son órdenes para tener actividad constante. 

Salgan de casa, conozcan gente, vayan de fiesta, relaciónense, tengan pareja, follen, viajen, trabajen, hagan algo, lo que sea, todo menos estar sentado en casa, mirar por la ventana, tumbarse en un prado, cerrar los ojos, pasear sin objetivo.

Sociedad de jadeantes, vamos de acá para allá como guiñoles de un teatrillo para demostrar que somos, que existimos, que nos divertimos. Se ha impuesto la filosofía de todo a cien: puesto que la vida son cuatro días, disfrutemos todo lo posible. Pero ese disfrutemos no incluye la meditación, el silencio, el aislamiento.

Pues si la vida son cuatro días, como muy acertadamente se dice: ¿qué sentido tiene convertir ésta en agotamiento, en postureo, en pasto de las miradas ajenas, en actividades que a nada nos preparan?.

La gusanera es nuestro destino irremediable inmediato, la quietud  nuestro futuro luminoso.

La sociedad más apta y sana es la que hace del paso por  esta efímera grisura de tormentos, heridas, lamentos y fracasos un aprendizaje para lograr la anhelada meta de la calma, que sólo podemos conquistar, aquí, en nuestra cárcel de movilidad, a dosis mínima.

Ángeles caídos más y más hacia el centro de la tierra, hemos llegado, con nuestra civilización opuesta a la anterior, al Infierno más absoluto. Allí donde se propugna, como salida del sufrimiento, más sufrimiento. Médicos y pacientes demoníacos recetan contra la angustia del movimiento sin fin, pastillas que aceleran. Para salir del fango, impúlsense hacia abajo.

En este mundo de seres movientes, que caminan de un lado a otro para olvidar el plácido fin, que presentan como el museo de los horrores, se siguen inventando instrumento de tortura refinados.

Al ideal infecto del movimiento perpetuo se ha sumado el de la conexión continua con los otros. Un golpe de piqueta más al ideal elevado de serenidad y contemplación, de grandiosa inactividad, o actividades sin metas ni propósitos utilitarios;donde la acción y el girar son secundarios, algo a realizar como último recurso. 



La Megamáquina y su chirriar sin fin y descanso se fortalece, nos atrapa. Pronto se condenará a los solitarios, se mirará con mezcla de rechazo y compasión a los que no se suban a la noria. No se comprenderá a los que no vean belleza en ese subir y bajar continuo de los cacharros y cachivaches varios.

Yo sueño, pobre fracasado y desterrado de mí mismo, en una Utopía inversa. Contemplo, en goce y éxtasis estático, un infinito indescriptible donde ya no existen ni los átomos, puntos o cuerdas vibratorias amenazantes con un futuro universo o universos de seres que jadean agitados. El reposo es absoluto, nada soy ni seré, la conciencia va vaciándose poco a poco, liberándome de sus aguijonazos de avispero revuelto ante un peligro acechante. Me deslizo hacia ese espacio que ya no es espacio, feliz por alcanzar la quietud eterna

martes, 15 de marzo de 2016

Partidos emergentes, clases medias y el capitalismo del colapso



La crisis económica, fundamentalmente, ha provocado un divorcio de la sociedad española con los partidos tradicionales, con el bipartidismo imperfecto imperante durante varias décadas.

El monstruo del paro, los recortes, los sueldos menguantes y los nuevos empleos, temporales y con salarios a veces de seiscientos o setecientos euros,  nos lleva todo ello a una situación novedosa, la de que el trabajo no permite en sectores crecientes de la sociedad vivir dignamente.

Esta realidad nos conduce a una nueva división social, no tanto entre capitalistas y empleados,  sino a la brecha creciente entre una exigua minoría con trabajo estable y bien remunerado y una mayoría ascendente con trabajos y sueldos basuras esporádicos y parados crónicos.

Pues bien, esta tendencia previsible, que ya puede observarse claramente y que nos sitúa en lo que califico de capitalismo del colapso, frente a quienes hablan de colapso del capitalismo-este último término parece dar por sentado la muerte del capitalismo, lo que personalmente no tengo nada claro-, de agotamiento y crisis múltiple, no ha encontrado ninguna respuesta.

Y el porqué tiene mucha relación con que una sociedad de clases medias, o con mentalidad de tal, es una sociedad, donde por mucho que unos y otros se sientan enfrentados y separados por opciones a izquierda y derecha, el objetivo de fondo de unos y otros es reconquistar un buen nivel de vida y consumo.

No hay, por tanto ,en la clase media decadente y en descomposición, ningún proyecto real de transformación social, de cómo levantar un nuevo sistema sin división entre dirigentes y dirigidos, entre poseedores de medios de producción y asalariados que venden su fuerza de trabajo.

Abandonado años ha toda conciencia de clase, salvo en procesiones laicas para el Primero de Mayo y poco más, se pensó que no eran necesarios lazos comunitarios, si acaso algunas reclamaciones monetarias y poco más.

Las clases medias izquierdistas, derechistas, centristas o transversales son creyentes en el Sistema. Consideran, hoy por hoy, que está mal dirigido, enfocando sus ilusiones fútiles en una renovación de las clases dirigentes u opresoras, o lo que se llama regeneración democrática.

Esto ha permitido al Orden impulsar desde sus medios de adoctrinamiento, ante la crisis, dos partidos, con el objetivo de hacer creer a los ingenuo que ahí está el Cambio y acabar con toda posible veleidad rebelde o levantisca al estilo de lo que aconteció en Gamonal.

El éxito ha sido enorme. Millones de ciudadanos han comprado lo vendido en tiempo récord .

Esta respuesta es la esperada. En épocas de crisis económica, la reacción de las clases medias o de una parte importante de ellas fue unirse a opciones autoritarias y demagógicas. A quienes les ofrecían o decían ofrecer justicia para todos, trabajo y una Seguridad fuerte, combinados con críticas a la casta o la plutocracia y a veces a los inmigrantes o a otras "razas" especialmente la judía. Eso fueron en esencia los fascismos clásicos, escisiones de sectores de izquierda o socialistas-especialmente Musolini- que se convirtieron rápidamente en movimientos políticos de corte transversal.

En nuestros tiempos ,ese discurso, con los cambios de la época, es el que ha favorecido el ascenso de Podemos y Ciudadanos. Nada de verdaderamente revolucionario o antisistema, sino palabrería hueca y pseudoradicalismo que nunca irá al fondo de las cosas .Lo más que pueden llegar sectores de la burguesía en su crítica es denostar el Régimen del 78, como dicen. Pero eso es no decir nada, pues al fin y al cabo , ¿qué es eso del Régimen del 78 y en qué se distingue del sistema de poder de otros países y lugares?.

Retórica vacía, por tanto. Lerrouxismo siglo veintiuno, que transforma los exabruptos anticlericales para debilitar al anarcosindicalismo del primer Lerroux, por la búsqueda de otros chivos expiatorios con que engatusar a electores.



El ensayista libertario  Miguel Amorós etiqueta a estos movimientos políticos, que en nuestro país tienen dos alas, como ciudadanismo. Opciones que se quedan en la superficie de las cosas, que consideran quimérico plantear alternativas al sistema de partidos, que toman el Estado como el policía bueno, creyendo en la identidad Estado pueblo, en su fusión.

Supuesto realismo, o pragmatismo falso, pues la situación mundial, con las nuevas caídas de las bolsas y de los antaño pujantes países emergentes, nos acerca a nuevas recesiones, y por tanto sus planteamientos keinesianos, de Estado redistribuidor, que saca dinero de unos para dar a otros, que aumenta impuestos, que sube salarios, que hace crecer al país, que crea millones de empleos-privados o lo que llaman público garantizado- tiene poco recorrido.



Ya podemos ver como ni tan siquiera están dando de comer a la gente, habiendo desaparecido de sus discursos en buena medida declaraciones de antaño, con mucha base real, de familias y niños que pasan hambre. Sólo hablan de un Plan de Emergencia Social y de blindar derechos, algo inconcreto y nebuloso, tanto como la Constitución hablando del derecho al trabajo y la vivienda.

No encontramos nada, por supuesto, de conquistar los medios de producción los propios trabajadores o crear los suyos propios. De trabajo sobre capital.

Para el grueso de las clases medias, sus jóvenes con título universitario o sus mayores, todo pasa por democratizar las instituciones, los partidos, los sindicatos. Listas abiertas,  limitación de mandatos, unos pocos, más osados, unieron democracia real a Asambleas de Barrio donde se debatía de lo humano y lo divino y no se llegó a nada práctico. Algo que el sistema sí puede ofrecer como caramelo, pues no implica el menor riesgo para él-ni ninguna esperanza para los necesitados-.

De ahí el rápido fin del 15M y su absorción por una socialdemocracia verborreica aparentemente radical, que no se planteó seriamente romper el Sistema y que ha acabado en gran parte en las filas de  Podemos o las famosas confluencias.

La relativamente rápida decadencia de todos estos nuevos lerrouxismos, dejará tres opciones.

El regreso de los viejos partidos, el surgimiento, como en Europa, de opciones más desembozadamente autoritarias-aunque el Partido de Pablo Iglesias lo es en mucha medida- como el Frente Nacional o la revolucionaria .

Esta última tendría que plantearse seriamente ir construyendo una sociedad autónoma seria, sin asalariado, o sólo como algo puntual, sin partitocracia-ni partido único por supuesto-, sin tecnocracia, sin megalópolis, equilibrando lo local y lo internacional, oponiendo la soberanía popular a la tentación de la soberanía nacional y los discursos identitarios .

La tarea sería titánica y sin prácticamente posibilidades de éxitos. Alguna de las otras dos opciones son mucho más plausibles. Si observamos la historia y lo que está sucediendo en diversos países de la UE, incluyendo Alemania, nos acercamos más  a una fascistización de las poblaciones de Europa, si bien no calcada a la de los años veinte y treinta.

El futuro se presenta azul oscuro casi negro, pero hemos aprendido repetidamente que el cuanto peor mejor, no es real. Sólo el ascenso de una fuerza revolucionaria de individuos conscientes, que hayan aprendido las lecciones de viejas derrotas y por dónde no deben ir podría traer un rayo de esperanza.