domingo, 21 de octubre de 2018

La puerta de los tres cerrojos. La senda de las cuatro fuerzas

Recientemente se ha publicado la segunda parte de La puerta de los tres cerrojos, aquel imaginativo y entrañable cuento sobre física cuántica publicado por la doctora en física Sonia Fernández-Vidal. Una manera brillante de acercar al lector no formado en ciencias al mundo , aparentemente absurdo y contraintuitivo ,cuántico.

En La senda de las cuatro fuerzas aparecen los mismos protagonistas: Niko, el estudiante adolescente del mundo clásico, y sus entrañables amigos , Quiona, el hada cuántica y Eldwen, entre otros. En esta ocasión Niko debe volver al mundo de lo micro, para luchar contra un grave problema que está destruyendo poco a poco el universo cuántico, y que también acabaría por destruir su universo:  el clásico. 

Decoherencia, esa especie de frontera que separa ambos mundos, parece fuera de control, o desaparecida, y los tres colegas ante ese descontrol de las leyes físicas, deberán superar una serie de pruebas, planteadas por los personajes que representan las cuatro fuerzas que rigen el Cosmos, nuestro hogar: la fuerza nuclear fuerte, la débil, la electromagnética y la gravitatoria.



Como decía al principio, destacaría la gran labor de divulgadora de Sonia, que no tiene el menor problema en ponerse al nivel de la calle, y lograr atraer a la gente al mundo de la física cuántica. Algo que nos gustaría que hicieran más científicos, pues solo de esa manera se conseguiría volver atractiva la ciencia y fomentar la cultura científica en la sociedad.

Por poner un pero, el exceso de tiempo, unos siete años, entre el primer y el segundo tomo del libro, apto para todas las edades .Cierto que se pueden leer por separado, pero siempre es más conveniente comenzar por el primero, para saber más de los personajes protagonistas de la historia.

No me avergüenza reconocer mi amor platónico a la escritora-ya madre, de lo que me alegro mucho-, a la que conocí brevísimamente en una feria del libro, de la que conservo su dedicatoria. Y esa voz tan dulce y relajante que tiene, que de tarde en tarde escucho en youtube, para tranquilizarme un poco, pues servidor reconoce ser un hombre que vive siempre con los nervios de punta, con ansiedad crónica, motivada por el temor a hacer el ridículo tartamudeando, para mi desgracia.

La ciencia necesita más Sonias para acercar sus temáticas sin miedo entre la población, y sin temor entre ellos a que adopte la forma de cuentos, porque un cuento no tiene por qué ser un texto de menor nivel.


viernes, 12 de octubre de 2018

Cinco horas con Mario

Tenemos la suerte de asistir, hasta el 18 de noviembre de este año, a la representación de una de las grandes obras de la literatura española del para mí mejor escritor moderno de nuestro país: Miguel Delibes.

En el Bellas Artes, con una gran actuación de Lola Herrera, se desarrolla este famoso monólogo donde una viuda de los años 60, en soliloquio con el cadáver de su difunto esposo, recuerda su vida de grandes sinsabores con él. Desde formas muy distintas de entender la vida, de pensar el mundo, de situarse en él, en ideales, hasta las frustraciones ocultas como la vida sexual; Cinco horas con Mario es el relato a viva voz de la falta de entendimiento entre hombres y mujeres, en el seno del matrimonio y en el conjunto de la sociedad.



Algunas cosas, cierto, pueden tener un aroma de otras épocas, aparentemente ya superadas, pero el fondo permanece, pues siempre habrá un conflicto, mayor o menor, entre ambos sexos. En la obra se ven las virtudes y defectos de ambos, con el telón de fondo de una época de cambio, de aperturas en todos los terrenos, incluido en la sombría España franquista, nacionalcatólica. 

Él idealista, soñador, contrario a las convenciones, ella, aparentemente, seguidora de los convencionalismos, muy materialista. Y, en el fondo, lo oculto, la falta de entendimiento y comprensión mutua, el no entender la necesidad, en ocasiones, de ceder ante el otro.

Todo ello presentado no tanto como tragedia, sino con un profundo sentido del humor, lo que convierte a esta obra en una joya.

jueves, 4 de octubre de 2018

El reverendo y El capitán. Dos películas sumamente interesantes

Aprovechando unos días de vacaciones y la rebaja en el precio del cine durante tres días, decidí  acudir a ver dos películas a las que había echado el ojo en alguno de mis cines favoritos, los de Plaza de España.

El reverendo nos presenta la vida de un religioso que dirige una pequeña e histórica Iglesia protestante con escasos fieles, ya que la gran mayoría de ellos acuden a otra Iglesia mayor, similar a un Centro Comercial, donde se realizan numerosas actividades . El reverendo es un hombre interiormente atormentado por una decisión que trajo una terrible consecuencia en la vida de alguien muy cercano, provocando la ruptura matrimonial.

En la religión intenta encontrar una salida, un camino de luz. Pero todo se complica cuando una feligresa le presenta a su esposo, un joven activista ecologista, radical, convencido del desastre al que se dirige la tierra y el error que supone traer niños al mundo, ante el negro destino que les espera. 

Esto provocará numerosas preguntas en el reverendo, sobre su vida, sobre el mundo, sobre el sentido de su religión, de su fe, de parte de quién o de quiénes están los dirigentes de su Iglesia, a quién sirven realmente; la falsedad de las empresas que contaminan y a la vez se presentan como defensores de la ecología. Y, fundamentalmente, hasta donde llevar la lucha, el activismo.



En cuanto a El capitán, como la anterior, es cine que mueve a la reflexión, y además en blanco y negro, lo que la hace sumar puntos. Más cruda y brutal que El reverendo, basada en un hecho real acontecido en la Alemania al borde de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, nos encontramos con un joven desertor, perseguido como un animal por una jauría de soldados al servicio de un sádico jefe.

Pero algo se va transformando radicalmente en su interior cuando encuentra un automóvil abandonado con un uniforme de capitán. Cómo un simple uniforme, que marca una cierta graduación jerárquica, lleva a hombres a hundirse en la ciénaga de una obediencia ciega y de un mando feroz, incapaz de cualquier contención humana, de la menor chispa de humanismo, con tal de sobrevivir mimetizándose con un entorno brutal.



Dos filmes muy recomendables que nos llevan a bucear en el interior de las personas, sus motivaciones, sus sueños y el horror, también, de los que todos somos capaces en situaciones extremas, intercambiándose  los papeles de víctima a verdugo, cayendo sin darnos cuenta en el pozo del mal.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Reflexiones sobre el internacionalismo obrero y la espiritualidad como fuentes del verdadero cambio

Continua nuestro avanzar en la obscuridad, con noticias que para cualquier observador y caminante del presente traen malos augurios: lo último y más llamativo es la Fuerza Espacial que quiere crear los Estados Unidos para no quedar rezagados ante Rusia y China, que al parecer disponen de satélites "asesinos" y misiles capaces de destruir satélites. 

La probable guerra futura se librará en varios frentes, aparte de las tropas terrestres de toda la vida, las divisiones bélicas informáticas y las espaciales, para hacer caer las comunicaciones del enemigo. Probablemente también dispongan de nuevo armamento, desde el sónico hasta el creador de catástrofes naturales, pero eso lo dejamos de momento en la duda o la conjetura.

Enceguecidos por las fiestas y entretenimientos de la sociedad del espectáculo, las masas siguen siendo masas, perdida nuestra consciencia , atomizados y enfrentados unos contra otros; lo que llamaremos bases, son, sin generalizar pero no en pocas ocasiones, peores que los dirigentes, o que las  jefaturas que nos gobiernan.

Mientras las potencias mundiales buscan alianzas, desarrollar son políticas globales, con acuerdos y desacuerdos, reforzando las tres principales sobre todo su aparato militar, reconociéndose preparadas para la guerra ya, o en el futuro muy cercano, los don nadie nada hacemos, si acaso continuar soñando con salvadores electorales, centrados en nuestro ombligo, en lo meramente local, retornando incluso esa falsa y terrible esperanza llamada nacionalismo.

Esa idea suicida que que los oligarcas y explotadores locales son, por ser locales, mucho más cercanos a padres y madres protectores que los globalizadores, que al ser de otros países, nunca podrán amarnos de la misma manera, y nos arrebatan la soberanía nacional, o sea la soberanía de una clase opresora nacional, pues no otra cosa ha sido, es y será la llamada soberanía nacional. Puede cambiarse la llamada soberanía nacional por lo de la liberación nacional, que es lo mismo solo que en lenguaje más guay, más "alternativo".

Para que los dominados puedan empezar a ser una fuerza a tener en cuenta, tienen que actuar en un doble sentido: la recuperación de una conciencia de ser alienado, lo que supone escapar de las trampas del ciudadanismo, el nacionalismo y los populismos-por separado o mezclados en coctel letal- y la transformación interior.



La aceptación de ser un alienado, o en lenguaje crudo una marioneta de los diversos poderes, a través, hoy, de las televisiones fundamentalmente, pero sin excluir la prensa,también sostenedora de esa visión que divide a las potencias en buenas y malas, preparando el terreno para que nos dejemos matar como chinches en los campos de batalla-, requiere la búsqueda de un sentido profundo de la vida, y de una negativa por tanto a considerarnos estómagos andantes, gozadores y disfrutadores del cada vez menor tiempo libre que nos dejan quienes nos gobiernan, como escapatoria, cierto, de una vida infernal y esclava, que nos hace pensar en viajes, cenas y demás como evasión comprensible.

Las preguntas típicas y tópicas deben seguir en pie: Quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, sumándose la interrogación constante de si esto es lo que queremos, si la vida que llevamos es verdaderamente humana. La trascendencia, se crea o no en un Dios creador, debe estar ahí .

De lo contrario no habrá verdadero cambio, o el cambio será a algo mucho más nefasto, como vimos en los regímenes comunistas. El materialismo ateo, al cerrarse a esas preguntas, a esa trascendencia, es un elemento embrutecedor, deshumanizador. Cierto que la religión fue el opio del pueblo, y en algunas zonas del mundo, especialmente hoy en el islámico, lo sigue siendo. 

Como escribió el "anarcocristiano" Lev Tolstoi-en realidad él dijo que era cristiano, no anarquista, aunque compartía casi todo con ellos menos la violencia, y, por supuesto, el ateísmo- en La Ley del Amor y La Ley de la Violencia, entre fines del siglo XIX y principios del XX, el cristianismo no era más que el ropaje de una sociedad en realidad pagana-yo apuntaría que paganismo romano o griego, es decir el de las guerras y la esclavitud, reconociendo, por supuesto, las grandes aportaciones humanísticas, sobre todo del segundo-. Es decir que en la práctica el materialismo se comió también a las religiosidades, siendo elemento justificador de un Orden injusto y antievangélico, para cualquier lector de este último libro.

Esa transformación interior podemos llamarla sin vergüenza espiritualidad. Que para diferenciarla de esas corrompidas religiones-tampoco generalizo, hay gentes de las iglesias apegados al amor al prójimo dejándose la salud y el pellejo por el mundo, de manera probablemente más clara que la de los ateos y agnósticos-, brota de dentro hacia afuera, y busca la libertad de conciencia, la aceptación reflexiva y voluntaria de una fe, de una creencia, de una trascendencia, la defina como la defina.

Esa espiritualidad, que debe ver lo universal de lo humano-reconociendo diferencias particulares, pero haciendo hincapié en lo primero- debe fusionarse con lo que antaño se llamo internacionalismo obrero, renovado y superado el materialismo más o menos evidente de su teóricos más importantes del siglo XIX. En nuestra cultura, podría ser un cristianismo radicalmente renovado, vuelto al Evangelio, a esas fraternidades originales, que llevaran el apoyo mutuo, el amor o la solidaridad a la población sufriente, a ese abajo cada vez más destruido, más desolado y empobrecido.

Esta unión de espiritualidad y conciencia de dominado y explotado crearía un potente foco de luz, de lucha mundial, de intento, aunque fuera fallido, no importa, de frenar lo que se nos viene encima y lo que ya tenemos.

¿Hay o no tiempo?. Me inclino por lo segundo, pero la esperanza, aunque lúcida y contradictoriamente pesimista, es lo último que se pierde.








lunes, 10 de septiembre de 2018

Un enemigo del pueblo

En el Teatro Kamikaze se está representando una obra, de manera sumamente original, por su formato participativo, inspirada en el relato de Ibsen: Un enemigo del pueblo.

Un pueblo decide crear un balneario para hacer llegar el turismo y mejorar el nivel de vida de sus habitantes. Pero el médico del citado balnerario descubre la contaminación de sus aguas. Aquí empieza un debate sin salida fácil entre diferentes posturas: ¿decir la verdad, criticar el sistema, con las consecuencias de dejar al pueblo sin una importante fuente de ingresos, perjudicando a sus ciudadanos?. ¿Creemos realmente en la libertad de expresión?, ¿podemos decir siempre lo que pensamos sobre las cosas, aunque lleguemos a perjudicar a otros, incluso familiares y amigos?. 

Distintos personajes representan distintas posturas, planteamiento iniciales honestos y radicales cambian al enfrentarse a la cruda realidad y sus contradicciones: miedo a perder el empleo, por ejemplo. Lo más interesante de la obra es el debate sobre la democracia: ¿debe haber sufragio universal, o los ignorantes y a quienes sólo les interesan sus vidas privadas debería impedírselo?. 

¿Es lo que se llama pueblo una masa dañina, capaz de votar lo peor, y traer para todos nefastas consecuencias?. Aquí destacaría que el teatro deja la palabra a los espectadores sobre el voto, sobre la democracia .Yo tengo que decir que estuve a punto de intervenir, pero mi terrible timidez me impidió hacerlo. En mi opinión, todas las posturas escuchadas partían de una falacia: el voto libre.



Dejando aparte el carácter destructivo y dañiño para nosotros del sistema de partidos, máquinas para expoliarnos y dividirnos por todo-muy útil, por tanto, a la clase dirigente y a los nuevos aspirantes a serlo, naranjas y morados-, no hay voto libre. El voto está claramente teledirigido, y por tanto manejado por los medios televisivos del capital. Vamos, que la gente en su gran mayoría vota lo que la mandan. Antes dos opciones, ahora cuatro.

Por tanto una democracia seria requeriría, además de poner fin al sistema de partidos, o si se quiere porque suena más digerible al monopolio de tal sistema, los partidos estatales, salir del Capital, entendido éste como un tinglado mediático-empresarial que maneja nuestras vidas y dirige nuestras conciencias. Lo que supone, de paso, plantear cómo ir saliendo del régimen asalariado.

Proyecto sumamente complicado, pero sólo yendo a la raíz podríamos hablar de democracia. Lo demás, voto universal o restringido, democracia participativa-caldo de cultivo de caudillos-, mixta o mediopensionista es dar palos de ciego, es admitir, queramos o no, lo que nos dicta el régimen.

Esta es la opinión que no me atreví a dar en público. Supongo, claro, que hubiera causado una mezcla de rechazo, estupor y sorna entre los  asistentes.

sábado, 25 de agosto de 2018

Capitalismo terminal. Anotaciones a la sociedad implosiva

Estamos ante un texto brillante situado en la tradición de la autonomía obrera, de la corriente llamada consejista, en el cual se analiza la situación económica de las últimas décadas, el paso del capitalismo extensivo, especialmente el de la posguerra, los llamados treinta gloriosos, que favorecieron el desarrollo del Estado de bienestar como instrumento de encuadramiento y absorción de la clase obrera, la llamada paz social,al intensivo actual, cada vez más explotador y expropiador del patrimonio de la sociedad.

Para Corsino Vela el capitalismo, que más allá de la economía es una forma de relación social, cada vez más totalitaria, ha alcanzado sus límites, no tanto el ecológico, sino el social y el de crecimiento y aumento de los beneficios. Las contradicciones se han apoderado de él, ya no logra acumular beneficios para continuar expandiéndose tras la crisis, sino que vemos cómo la maquinaria va cayendo.

La terciarización de la economía con el desarrollo de la llamada economía de servicios, impulsa el trabajo llamado improductivo. Y aunque durante un tiempo la sociedad de servicios, de ciudadanos consumidores, y la financiarización de la economía, pareció ser eficaz como forma de absorber el excedente del trabajo industrial, logrando la pacificación e integración de los ciudadanos consumidores y hacernos creer en la bonanza de la ficción financiera, de las bolsas, tal situación ha tocado a su fin con la crisis iniciada en 2007-2008.



Las respuestas que ha dado el régimen del capital para invertir la situación, están fracasando. La subcontratación, la mencionada terciarización, la reducción salarial, la respuesta tecnológica con la robotización, e incluso la respuesta espacial-ciclos productivos en China y sur de Asia-, no están consiguiendo el aumento de beneficios, de la rentabilidad.

De ahí que para Corsino nos encontremos ante la fase terminal del capitalismo. El libro muestra ejemplos de sectores como el automovilístico, o el logístico, adquiriendo éste gran importancia en los últimos tiempos, mostrando sus contradicciones, como el aumento del gasto,por su carácter global, pese al intento de reducir costes, y la debilidad que implica que huelgas en ese sector, por ejemplo, puedan dañar gravemente todo el aparato del ciclo productivo.

De especial interés es la última parte del libro, donde habla de la gestión democrática del colapso. 

Señala la crisis de lo que él llama democracia de consumidores, en realidad una ficción sometida al dominio del capital, en última instancia, y el fracaso de los nuevos reformismos, la llamada nueva izquierda, en realidad una socialdemocracia demagógica que en una situación de caída del capital, de sus beneficios, ya no puede lograr nada.

Los ejemplos de Syriza en Grecia, y Podemos u otros parecidos en España, son ejemplo claros de esa ficción o ilusión reformista, de ese camino a ninguna parte, pues ya no hay apenas dinero para repartir, descomponiéndose junto con el capital el Estado de bienestar. Salvo para los dirigentes de esos grupos, claro, que podrán enriquecerse y acumular un buen capital durante un tiempo, ya que hablamos de capitalismo.

La propuesta final de Corsino Vela, como ya se ha señalado, es la autoconstitución de la clase obrera, el reconocimiento de la población proletarizada de su situación, de lo que somos realmente, y constituir una clase autónoma, con sus propios valores, contraria a los partidos y al sindicalismo de concertación, incluso siendo crítica con el modelo sindical - pues con la precarización, el paro y el empleo temporal ni siquiera es apenas posible el sindicalismo tal como lo entendemos, aparte del límite histórico de este movimiento de no salir, salvo en algún sector como el sindicalismo revolucionario, de reclamaciones salariales o de horarios-, siguiendo el ejemplo de la Primera Internacional y su lema: "la emancipación de los trabajadores es obra de los propios trabajadores".

Necesitamos retomar un verdadero antagonismo, una lucha autónoma, una ruptura con las instituciones, con el Orden, pues de lo contrario no tendremos ningún futuro.

https://soundcloud.com/traficantesdesue-os/capitalismo-terminal-apuntes-a-la-sociedad-implosiva

viernes, 17 de agosto de 2018

La sabiduría del desierto. Dichos de los padres del desierto del siglo IV

Interesante libro que nos lleva a un mundo hoy olvidado y desconocido. El de los eremitas del siglo IV, aquellos hombres y mujeres que abandonaban las ciudades y marchaban al desierto a encontrarse a sí mismos, a buscar la salvación, lejos de una sociedad con la que no compartían valores, que les convertía en alguien que no eran ellos, sometidos a coacciones que ocultaban la verdadera realidad interior, que desvirtuaba la forma de vida evangélica, pese a haberse declarado el cristianismo religión oficial del Imperio.

La salida buscada era, inicialmente, individual. Y decimos inicialmente porque, en realidad, pese a la imagen típica del ermitaño como individuo aislado de todo y de todos, encontramos que junto al silencio, meditación y oración, necesario para purgarse interiormente, había un tipo de comunidad. 

Peculiar, si se quiere, pero comunidad al fin y al cabo, donde la hospitalidad, la caridad, los consejos, las reuniones ocasionales, la vida en común entre el "abad" y el noviciado, por ejemplo, estaba presente.

Es más, aunque los Padres del desierto practicaban el ayuno y los ejercicios ascéticos, por encima de ellos estaban las buenas obras. No eran por tanto los ermitaños individuos aislados. Comprendieron, de manera lúcida, que para encontrar al prójimo hay que encontrarse a uno mismo, abandonar la vida de las ciudades con sus prejuicios sociales, sus ataduras al que dirán, a las convenciones. Eran, en el fondo, con sus límites y defectos, los viejos eremitas hombres libres, que trabajaban manualmente, vendiendo sus productos en el mercado, y viviendo una vida materialmente muy modesta.

Los Padres del Desierto no se oponían a la nueva Iglesia, pero permanecían alejados de las disputas teológicas, pues eran lo suficientemente humildes para saber que no tiene mucha lógica disputar sobre la naturaleza divina. Ellos buscaban el encuentro personal con Dios, la unión con Cristo en el silencio. Pero tenemos el convencimiento de que si la tradición eremítica se hubiera mantenido, tarde o temprano habría estado en el punto de mira de la Iglesia, como llegaron a estarlo los místicos.

Comprendían los pecados y debilidades humanas, y los más conscientes entre ellos se negaban a condenar al prójimo, incluso a denunciar a quienes les robaban,como sucedía en ocasiones, considerándose pecadores, y buscando devolver mal con bien.

Aunque para muchos el ermitaño sea una figura de la que no se puede aprender nada, una sombra de un pasado inservible y caduco, como un viejo cachivache, a mí me parece todo lo contrario.

En una civilización del ruido, de las prisas, del culto al estar haciendo cosas, entrando y saliendo, el ejemplo de los eremitas es más de actualidad de lo que parece.

También puede servir de ejemplo a quienes hablan de lograr una sociedad convivencial-lo que un viejo y verdadero cristiano llamaría una comunidad de amor-, en el sentido de que contaminados como estamos de falsos valores, de competencia, de tecnología, de egocentrismo, de un falso yo, intentar una aventura colectiva de convivencia y hermandad, es construir la casa por el tejado.

Primero toca el cambio interior, el encuentro con uno mismo, la huida, en la medida de lo posible, del mundanal ruido. Tras ello, viene el encuentro con los otros, la lucha por una nueva sociedad, donde la explotación y la dominación no tienen lugar, pues el otro es un reflejo de uno mismo, no un objeto, como sucede en nuestra civilización decadente.



Si alguna vez el cristianismo quiere volver a su esencia, ser una espiritualidad de amor entre los hombres, de servicio de unos a otros,y por tanto ser punta de lanza de un verdadero cambio social-el capitalismo es incompatible con el ideal del Evangelio- ,  el ejemplo de los Padres del Desierto sería algo a tener en cuenta.

No digo que sea necesario que millones de hombres vayan a los desiertos o a las altas montañas, pues las repeticiones mecánicas no son positivas, pero sí es necesario conjugar el encuentro con uno mismo, buscando el verdadero yo, en un clima de silencio, con el encuentro con el prójimo en pueblos y ciudades. 

Quizás, en algún momento, un nuevo cristianismo renovado tendrá que decir adiós a la reclusión en Iglesias y Monasterios, con sus rituales mecánicos y sus normas moribundas, para constituir pequeñas comunidades , mezcla de silencio y actividad altruista con el resto de la sociedad, que por sus obras logre ser un ejemplo a seguir. Como los padres del Desierto, sin discursos, sin grandes palabras, sin prédicas grandilocuentes y misioneras.

Sólo dando la mano y aconsejando, como los hombres y mujeres libres, y viviendo de su propio trabajo, trabajo también libre.