domingo, 9 de febrero de 2020

Al otro lado del túnel. Un camino hacia la luz en el umbral de la muerte

Curioso e interesante libro  de José Miguel Gaona, figura conocida por radioyentes y seguidores también del programa de misterio de Iker Jiménez, programa que no tengo miedo de decir que sigo, aunque sólo puntualmente, pues su horario en general no me permite visualizarlo entero.

El citado doctor estudia un fenómeno fascinante, las ECM, o experiencias cercanas a la muerte. Experiencias que adquirieron fama mundial gracias a Raymond Moody con su best seller, Vida después de la vida, texto que tuve el gusto de leer allá por la adolescencia, gracias a mi abuela que lo tenía en su casa. Por cierto Raymond es el prologuista de la obra de Gaona.

En el libro podemos leer numerosos relatos acaecidos a gentes de todas las edades y condiciones, así como culturas, que, en circunstancias muy graves para su vida, o en estados de muerte clínica, afirman que se sintieron separados de su cuerpo físico, manteniendo sin embargo una conciencia plena y autónoma, visualizando todo lo que ocurría en su entorno, encontrándose algunos con el famoso túnel, con una luz brillante, otros con familiares o amigos ya fallecidos.

El autor analiza las diversas hipótesis que existen para explicar estos fenómenos, desde las escépticas, que lo achacan a la anestesia o analgésicos, procesos neurofisiológicos naturales, alucinaciones... hasta la tesis que sostiene que existe el alma, o sea que la vida permanece tras la muerte.



Expone que, si bien no se ha podido probar fehacientemente la existencia de un "espíritu", de algo que nos sobrevive, en algunos experimentos consistentes en esconder objetos a la vista de personas que se encontraban al borde de la muerte, para determinar si eran capaces de verlos-que no dieron resultados positivos-, le resulta sumamente problemático explicar desde algunos casos de personas ciegas de nacimiento que reconocen haber sido capaces de ver todo en estos estados, hasta quienes pueden describir de manera acertada lo que sucede alrededor de la cama del hospital, lo que hacen los médicos y enfermeros, e incluso lo que sucede más allá de la habitación, llegando a describir a veces objetos situados en otro lugar del hospital, algo imposible de observar estando inmovilizado.

Gaona se interroga sobre qué es la conciencia, si ésta depende exclusivamente del cerebro, o en realidad va más allá de éste, y al final del libro toma en consideración los fenómenos cuánticos, que incluso se dan en unos túbulos cerebrales que poseemos, abriendo la posibilidad de que las ECM pudieran estar relacionadas con el mundo cuántico de alguna manera.

En resumen un tema enigmático y apasionante para quien esto escribe, pues tengo que reconocer que yo tuve una experiencia parecida a las que se describen en el libro, pero estando bien físicamente. Estando despierto una mañana en la cama, hará entre quince y veinte años, holgazaneando, empecé a sentir un zumbido, y una especie de mareo. De  repente, sentí como si otro cuerpo dentro de mí saliera de mi cuerpo habitual. Sólo llegué a estar en una posición de reclinamiento, por decirlo de alguna manera. No fue más allá, no llegué a abandonar mi cuerpo. Fueron sólo unos pocos segundos, por lo que no he podido llegar a ninguna conclusión. Pero me resultó curioso leer en el libro que este fenómeno va unido en ocasiones a una suerte de zumbido, exactamente lo que yo sentí.

En mi opinión la postura ante estos temas debe ser de racionalismo abierto .Reconocer que todavía desconocemos muchas cosas del cerebro, de la conciencia. En mi infancia, también tuve encuentros extraños con, digamos, figuras fantasmales. Muy poca gente sabe lo que sucedió, pero me he decidido a contarlo en este pequeño espacio para admitir mi interés de siempre por estos temas, mi postura de apertura mental , si bien siempre contemplando como primera explicación lo natural, pero sin cerrar puertas, y por si alguien ha experimentado lo mismo, o puede darme una explicación.

Empezando la historia por el final, con siete años, en casa de mi abuela,una noche, aún despierto, observo con horror como en el umbral de la puerta, medio abierta, surge una figura de niña.Ésta se acerca a mi cama, se arrodilla, pues la cama citada estaba casi a ras del suelo, y me mira sonriendo .Yo sólo soy capaz de taparme hasta arriba y permanecer así durante horas. Hasta que asomo la cabeza contemplando con alivio que ya no hay nadie.

Anteriormente, en casa de mis padres, durante un tiempo y en repetidas ocasiones, también por la noche, al poco de acostarme, de un rincón que existía hace años, antes de cambiar el cuarto, entre un armario y la cama, surge una figura-no podía ser mi padre, pues yo le escuchaba a él y a mi madre en el salón-. La figura ronda mi cama, parece observarme. Pero un día, y esto me cuesta mucho escribirlo, por lo que puedan pensar mis escasos lectores, me levanta literalmente y se pone a hacerme cosquillas, para al poco rato volverme a colocar en la cama. En una ocasión, sin embargo, puede observarlo de día, imagen que siempre permanecerá grabada en mi mente. Subía de la compra con mi madre. Ella se quedó en la cocina, mientras que yo llegué al pasillo que llegaba a mi cuarto. Ahí estaba, en el umbral de la puerta .Llevaba, aunque el recuerdo ya es lejano y por tanto desvaído-tendría unos cinco años-, una suerte de mono azulado, pero lo que más me aterrorizó es que su cara era como una sombra. No tenía facciones. Y en lo alto de ese rostro sombreado tenía algo, como un tocado, que no puedo precisar bien . Sólo fui capaz de ir a la cocina corriendo, blanco como el papel.

¿Proyecciones mentales que aparecen en la infancia, cuando el cerebro no está totalmente constituido y recrea imágenes que no existen?. Pero si es así, ¿por qué yo tengo el clarísimo recuerdo que que fui literalmente levantado de la cama? .¿Fueron sueños vívidos?., Pero ¿por qué también lo observé por el día, llegando de la calle?. Desde entonces siempre me he interrogado sin respuesta sobre este tipo de temas, y nunca me ha burlado de quienes han sufrido experiencias difíciles de explicar. Desde las ECM al resto.

¿La mente lo explica todo, o hay otras realidades o dimensiones que se nos escapan?. El dilema sigue ahí, y me temo que jamás podré saber qué vi, qué viví, ni tampoco las personas que se han topado con el misterio.


lunes, 3 de febrero de 2020

Reflexiones sobre la televisión como herramienta de destrucción humana

Cuando comparo la televisión de los años ochenta y principios de los noventa, aunque fuera niño y adolescente, con lo que es ahora, no puedo dejar de asombrarme ante su enorme decadencia, su sumergirse en una ciénaga de griterío, vaciedad, cotilleo a todas horas, inmoralidad, adoctrinamiento, incultura y propaganda, sin que podamos observar pequeñas luces de resistencia, restos de programas que intentaran hacer pensar libremente a la gente.

Programas como La clave, La Bola de Cristal, e incluso espacios para la música, para conocer voces nuevas, libres y creativas, son, hoy, imposibles. Quienes pudieran pensar hace décadas en la televisión como instrumente cultural, deben reconocer su derrota. Y la realidad amenaza con irse agravando hasta límites que no podemos prever. Si el espectáculo de voces e insultos domina, y no sólo en el formato del corazón, sino en las mal llamadas tertulias políticas, donde prima cualquier cosa menos la reflexión y la independencia de criterio, versando todo sobre la triste lucha de esas máquinas  llamadas partidos políticos, basadas en la mentira, o las medias verdades pero sólo cuando ésta beneficia a determinada o determinadas siglas, mostrando que la democracia de partidos no es más que el reino de la demagogia, humus generador de una suerte de populacho faccionalista al que se incapacita para cualquier acción conjunta contra tan infame régimen y para toda reflexión autónoma; a esto hay que sumarle la extensión de lo inmoral al organismo social.



Extensión imprescindible para debilitar y destruir la sociedad, convirtiéndola en una suerte de blandiblup, masa gelatinosa a la que dar la forma que las autoridades quieran, extirpando lo que de más positivo y altruista y rebelde pueda existir en nosotros, para, poco a poco, generar individuos y comunidades lo más inhumanas posibles, generando una   libertad identificada con mero hedonismo: déjennos viajar, divertirnos y fornicar, comer y beber, que con eso nos basta y con eso nos sentimos libres, aunque todo se resquebraje a nuestro alrededor y casi todo esté teledirigido.



Pues bien, veo que aparece un nuevo programa: La isla de las tentaciones. Un formato retorcido, de gran éxito, basado en alentar la infidelidad, en que parejas, reales o supuestas- posiblemente sea todo un paripé, un teatrillo, quien sabe- rompan ante la presencia de hombres y mujeres de gran atractivo. La masa gelatinosa aplaude entusiasmada, sin ser consciente de los objetivos que persiguen nuestros bienamados gobernantes, aquellos que dirigen nuestras tristes y esclavizadas vidas a todos los niveles, político, económico, laboral, de ocio, de información... Dirigirnos cual rebaño, rebaño deshumanizado, ávido de novedades en la renovación del circo romano, donde, de momento, no hay gladiadores, sino una trituración bien orquestada de la naturaleza humana. 

Pero, ¿quien nos dice que en un futuro menos lejano de la que parece, alcanzará gran éxito un programa donde sus intervinientes  se asesinen y que gane el mejor? .¿Estamos seguros de que algo así es imposible?. ¿En base a qué, si bastaría conque nos dijeran que los participantes lo hacen voluntariamente, para aceptarlo?. ¿Qué clase de niños estamos alentando?, ¿qué tipo de humanidad futura puede emerger de la creciente monstruosidad impulsada por esa herramienta de destrucción masiva llamada televisión?.

Un proyecto revolucionario debe tener claro que, uno de sus puntos claves supondría reducir el ruido de las televisiones a muy escasas horas diarias, apartar a los partidos y combatir la propaganda y el adoctrinamiento venga de donde venga, para que la libertad de conciencia se haga real. Es una lucha a vida o muerte.

domingo, 26 de enero de 2020

1917

Dos soldados ingleses en la primera guerra mundial, reciben la orden de avisar a un regimiento que en un día va a realizar una ofensiva sobre tropas alemanas de no hacerlo, pues es una trampa que  llevará a la muerte a muchos de ellos. Uno de ellos es  hermano de un combatiente de aquel regimiento situado a varias millas de distancia.

La película, realizada en un plano secuencia donde no se notan los cortes, sumerge al espectador en la mísera vida de las trincheras como un combatiente más, como alguien que tiene que moverse en un espacio a la vez larguísimo y angosto, conviviendo con la muerte, los heridos, los amputados, las ratas, los orines, los excrementos, el miedo y la incertidumbre continua de no saber cuando puedes caer, de dónde puede llegar la bala o la explosión que te arranque de la vida.



La odisea de correr y arrastrarse por el fango, de encontrarse con pueblos arrasados, sin saber dónde puede encontrarse un alemán escondido, agazapado, también aterrorizado y por aterrorizado dispuesto a todo para salvar el pellejo. La lucha entre mantener un rasgo de humanidad, y la necesidad de matar cual alimañas. Y algún encuentro inesperado, mágico, con una vida que comienza,  escondida, entre las ruinas.

Algo falla, sin embargo, para mí, en la película: de alguna manera, sin que pueda explicar el porqué, no logra conmoverme. Quizá el director no busca eso, sólo mostrar la sinrazón y la brutalidad de la guerra sin más, evitando, y consiguiendo, cualquier rastro o peligro de melodrama. O quizás son los actores los que no lo logran. Pero en mi opinión, eso hace que la película, magistral en sus imágenes, pierda el sobresaliente.

sábado, 11 de enero de 2020

La sociedad autófaga. Capitalismo, desmesura y autodestrucción

Interesante y complejo libro de Anselm Jappe, del que leímos no hace mucho Crédito a muerte. En su nueva obra publicada en Pepitas de Calabaza se propone analizar cómo es la vida individual y colectiva, qué tipo de subjetividad genera en ellos, en nosotros, la sociedad mercantilizada que habitamos.

Parte de un mito griego hoy desconocido, el de Erisicton, un rey que por violar las leyes de la naturaleza destruyendo lo sagrado, fue condenado a una suerte de hambre abstracta y sin fin, que llevó a la destrucción de su reino y a su propia autodestrucción, devorándose a si mismo.

Este mito le sirve para analizar la sociedad de la mercancía y los problemas personales y de autodestrucción de la psiquis que genera. La competencia, el culto al valor, la sustitución progresiva del trabajo vivo por el trabajo abstracto, desarrollando la tecnología para tener más beneficios-generar más valor- y vencer a los competidores, lo que provoca la mencionada situación de eliminación de "mano de obra", pero que paradójicamente genera una disminución del valor global paulatina, provoca una especie de pulverización de nuestras subjetividades.



Su hipótesis es el enorme aumento en nuestra época de las conductas narcisistas, tras el nuevo capitalismo de consumo postsesentayochista, -que sustituyó al viejo capitalismo del ahorro, el esfuerzo y el autoritarismo evidente, con represión de la libido- perdidas las referencias, los valores humanos, una especie de regresión a un estado infantil, donde se combinan una mezcla explosiva  y contradictoria de sentimiento de omnipotencia, de ser el centro del mundo, de no distinguir el Yo de lo exterior, de que nada se interponga en nuestros sueños de grandeza, de que todo lo podemos, de satisfacer inmediatamente nuestras necesidades, con el de impotencia, pues la realidad se opone a esas pretensiones. Este narcisismo, sumado al fetichismo de la mercancia, tesis según la cual en las relaciones de producción no cuentan las cualidades, sino las cantidades, por lo que da lo mismo el trabajo bien hecho, la belleza de algo, sino que es indiferente fabricar juguetes o armas- todo es lo mismo si genera valor-, siendo las cosas, los objetos, las mercancías las que dominan a las personas, y por tanto siendo nuestras vidas regidas por los productos, cada vez menos por relaciones sociales auténticas y profundas, genera individuos apegados a la desmesura, a la falta de límites, lo que para él es la causa de fondo de los casos en aumento, sobre todo en adolescentes de crímenes sin aparente sentido, como las matanzas masivas en escuelas-el llamado amok-, e incluso también subyace en los atentados yihadistas. Una especie de explosiones de rabia y odio incontrolado, una pulsión de muerte que suele acabar en el suicidio. Consecuencia lógica de una maquinaria político-económica que expande un enorme vacío en las gentes, vacío que las mercancías no pueden llenar ya, y que provoca esa mezcla de odio y autoodio, de furia descontrolada.

Tesis arriesgada, si bien sumamente original y refrescante para analizar la problemática de nuestros tiempos, la del sujeto sin cualidades, provocado por el régimen en el cual habitamos, el del valor, el trabajo abstracto, la mercancía y el dinero. Sujeto, nunca mejor dicho, que, aunque se cree libre no lo es en absoluto, siendo dominado por un mecanismo impersonal. Pues entre las distintas tesis apasionantes del texto está su crítica al populismo, esas ideas que sostienen que somos el 99% de buenos, frente a un 1% de malvados que nos explotan y oprimen. Todos formamos parte del sistema y lo sostenemos, aunque indudablemente haya gente que se beneficie de él en mucha mayor medida.

Aunque el texto, hay que decirlo, tiene una parte muy farragosa, y difícil de seguir y entender, para mí cuando entra en las teorías psicoanalíticas, importantes para desarrollar su hipótesis del sujeto fetichista narcisista contemporáneo, en la que, si no estamos versados en ellas, corremos el riesgo de perder el hilo y hasta de vernos tentados a dejar el libro. Sin embargo luego La sociedad autófaga recupera la lectura asequible, entrando en su parte más interesante.

Un autor heterodoxo, del que hay que agradecer a la editorial Pepitas de calabaza que lo haya introducido en nuestro país.

https://soundcloud.com/traficantesdesue-os/la-sociedad-autofaga-anselm-jappe?fbclid=IwAR0ni9H6X9LBbVbCyCOLs4BCDUR20Jw8NrYmh2pOpCHCusJ6dE4QJF8Wov8

miércoles, 1 de enero de 2020

Joker y Los miserables

Hoy quisiera recomendar dos películas hermanas, con numerosos puntos en común, en especial la presencia de sociedades enfrentadas al problema de la crisis económica, política, social y moral.

Joker, de la que reconozco que era reacio a ir por aquello de mi poco interés hacia películas de superhéroes, pero que me recomendaron varias personas haciéndome saber que Batman no aparecía en ella, nos sitúa en la vida de un enfermo mental, aquejado de un extraño síntoma que le provoca una suerte de risa incontrolable y no buscada, que intenta sobrevivir como puede de payaso, sin apenas medios económicos y manteniendo a una madre enferma , en una casa y un barrio deprimido.



La película nos enfrenta a una situación muy actual: los efectos de los recortes, la violencia social y la marginación al diferente, en este caso al protagonista, que sufre diversos hechos  que provocan su definitiva caída moral. En medio protestas sociales y una rabia creciente hacia ricos y políticos,donde podemos entender que o las revueltas adoptan un carácter constructivo, con un horizonte, o pueden desembocar en una destrucción ciega, en un incendio de toda esperanza, en una apertura al reino de un mal aun peor que el que padecemos. Hay que decir que la actuación del protagonista es soberbia, logrando que el público llegue a empatizar con él, e incluso entender y comprender algunas de sus acciones. Muy posiblemente logre un Oscar.



Los miserables es una adaptación de la famosa novela de Victor Hugo, trasladada a tiempos actuales. Un suburbio parisino, paro y marginación social, familias desestructuradas, niños que vagan por las calles, delincuencia, pandillas, racismo, el fundamentalismo islámico como tabla de salvación y esperanza para algunos de sus habitantes, policías endurecidos, acosados también por el miedo en ese ambiente donde nunca sabes qué puede pasar. Y, al final del túnel, el estallido social, el incendio provocado por cualquier chispa, la furia y la ira extendidas como mancha de aceite, el ansia de revancha y venganza. Otra gran película.



martes, 24 de diciembre de 2019

Los filósofos cínicos. Antología de textos.

Se ha publicado recientemente un estupendo libro sobre una de las corrientes de la filosofía clásica más llamativa y escandalosa del mundo grecorromano: el cinismo.

La obra, Los filósofos cínicos. Antología de textos, contiene una extensa introducción donde se enseña las características fundamentales y los valores promovidos por estos peculiares filósofos, donde destaca el conocido Diógenes, que tenía una tinaja por vivienda. El desapego casi absoluto a las riquezas materiales, que les llevaba a tirar el dinero al mar, o a repartir sus bienes entre el pueblo; el esfuerzo y el ascetismo como forma de fortalecerse mental y físicamente, logrando la autarquía o autonomía personal,  y afrontar los golpes y sinsabores de la vida de manera alegre y animosa; la desverguenza como medicina del alma, de manera que se venciera el miedo a la mirada ajena, al qué dirán, lo que implicaba actividades que iban desde arrastrar con un lazo, cual perro doméstico, cualquier tipo de objeto, a masturbarse públicamente gritando que "ojalá pudiera uno quitarse el hambre frotándose el estómago"como se le achaca a Diógenes, hasta desposorios a la vista de todos como el que tuvo lugar entre Crates e Hiparquia, pareja de cínicos legendaria.

También la franqueza o libertad de palabra; la igualdad de sexos, admitiendo a las mujeres como filósofas; el rechazo de las convenciones sociales, de la búsqueda de la gloria, el poder y la fama, buscando la sencillez de la naturaleza y el autogobierno individual, lo cual era inseparable de la anteriormente citada ascesis y extrema austeridad, pues como escribió con posterioridad un estoico tardío-corriente procedente del cinismo-, Epicteto: "quién se hace esclavo de los hombres se hace, antes, esclavo de las cosas". Tampoco somos libres, y eso lo vieron perfectamente los cínicos, si nos esclavizamos a nuestros deseos y pasiones, por tanto esta corriente oscilo entre el rechazo del placer de Antístenes, a la indiferencia al placer, donde éste no es ningún objetivo vital, pero no se rechaza si aparece, postura para mí más acertada.

Nuestros cínicos rechazaban la esclavitud, y se adscribían a un igualitarismo, pero ajeno al actual, una suerte de igualitarismo que iguala, valga la redundancia, por abajo, por lo malo: el amor al placer, los vicios, los bienes materiales, las actitudes inmorales, la ausencia de esfuerzo. El igualitarismo cínico va vinculado a la virtud: no hay sabiduría sin virtud, por tanto aunque todo hombre y mujer deban ser iguales por nacimiento, no debiendo existir en la utopía cínica títulos, propiedades artificiales-sólo la natural- e incluso gobernantes, el verdadero hombre es el virtuoso, siendo ésta la verdadera diferencia, la verdadera clase social que nos separa.

A la introducción, que incluye el aspecto físico y la vestimenta de estos cosmopolitas, que tampoco creían en patrias y fronteras, civilizados y bárbaros-más allá del anterior aspecto mencionado de la virtud-: barba espesa, manto raído en vez de túnica, bastón y zurrón, lo que causaba miradas de extrañeza o rechazo, objetivo de nuestros filósofos, le siguen fragmentos de escritos o frases, o vivencias atribuidos a estas personas, verdaderos héroes, por su forma de vida. Porque por desgracia no se ha conservado ninguna obra completa de ellos, que al parecer también escribieron con profusión, no sólo se dedicaron a enseñar y "curar" el alma humana con sus exclamaciones  y frases irónicas y serioburlescas.

En resumen un magnífico texto, sólo igualado por un libro anterior sobre la misma temática: Los filósofos cínicos y la literatura moral serioburlesca, de dos tomos, que también de paso recomiendo para quienes quieran acercarse a estos "perros callejeros", animal que les inspiraba, y de donde viene su nombre. Filósofos errantes, que vivían en la Polis pero sin aceptar sus normas y costumbres, con un pie dentro y otro fuera, herederos de Sócrates, y admiradores de figuras como Heracles, Ciro o Anacarsis.

Espíritus libres, que con sus excesos evidentes, aún pueden darnos lecciones en un mundo, que contra lo que opina la contraportada del libro, vive y respira de manera opuesta a como vivían y respiraban estas  gentes: salvo en el tema de la unión libre entre sexos que predicaban, nada o casi nada hay de ellos en nuestra civilización: acumulación de poder y riqueza, banalidad, hedonismo, ausencia de virtud, falta de verdadera libertad, con un control casi absoluto de nuestras vidas, de lo que tenemos que pensar, sentir y aspirar,  través de todos los medios escritos y visuales. Si los cínicos rechazaban la democracia de su tiempo como regida por demagogos, qué no dirían ahora si renacieran en nuestros tiempos ante los charlatanes y vendehumos de todo partido político e ideología.

Hoy el sistema domina y rige todo, incluido lo vendido como alternativo, ecologismo y feminismo, por ejemplo. Y uno no puede por menos que echar en falta el surgimiento, adaptado a la época, de los filósofos cínicos, que , como hizo Diógenes siguiendo el consejo del Oráculo, se dediquen a transmutar la moneda actualmente vigente.




domingo, 8 de diciembre de 2019

El fin de la clase media

Interesante libro, escrito en 2014 pero leído por mí recientemente, en el que más allá de certificar el declive de una clase social en la que hasta hace muy poco casi todo el mundo se situaba, hace un repaso de su historia combinando elementos del mundo productivo, con sus transformaciones, que van del taylorismo al fordismo-origen de la expansión de la clase media-, pasando por la situación actual donde se elogia-¿tramposamente?- la flexibilidad, la adaptabilidad, la innovación o la creatividad como formas de triunfar en la vida, a elementos culturales, del psicoanálisis a la evolución musical, del jazz al rock, expresión de los sueños de cambio de cada generación de clase media.

De una vida de trabajo, ahorro, honestidad, represión sexual y de los deseos, donde nada debía escapar de un orden gris y estrecho pero estable y seguro, a la incitación a cumplir con los deseos, la autorrealización, que se expandió en los años setenta con la economía de servicios y la sociedad de consumo, unida a nuevos estilos musicales y cambios en la visión empresarial, con la moda actual de la estructura en red, la participación y el empoderamiento, en una palabra, una supuesta autonomía que en realidad no es tal, sino nuevos mecanismo de control, no sólo en lo laboral, sino en lo político, donde se pusieron de moda tales ideas de cambio que, ahora, cinco años después de escrito el libro, que analiza el fenómeno en sus páginas finales,  ya hemos visto donde nos ha conducido: a ninguna parte.



Las sólidas certezas de que trabajando duro, estudiando, en una palabra ejerciendo de ciudadano responsable y creyente íbamos a tener la recompensa merecida, y que si los hijos seguían nuestro ejemplo, nuestras enseñanzas, también ascenderían y vivirían mejor que nosotros, se han venido abajo como cayó el Muro de Berlín .Ahora reina la incertidumbre, el miedo, la ansiedad. ¿Qué hacer, qué creer, en qué sostenerse?. Los asideros se evaporan, no somos capaces de construir algo realmente nuevo que nos beneficie a todos y, según el autor del libro, veremos si se cumple o no, volvemos a un nuevo taylorismo: trabajo cada vez más duro, si lo hay, con la precariedad como nuevo rey, y escasas recompensas, si es que podemos hablar de recompensas.

https://soundcloud.com/traficantesdesue-os/presentacion-de-libro-el-fin-de-la-clase-media-de-esteban-hernandez