jueves, 11 de diciembre de 2014

En el enjambre. Psicopolítica, transparencia y el panóptico digital

De entre los libros que hemos leído últimamente queremos destacar tres textos que, en cierto sentido, forman una trilogía, pues los tres suponen una reflexión sobre la revolución digital, sobre el mundo de las redes sociales. 

Se trata de : En el enjambre, Psicopolítica y La sociedad de la transparencia.  Su autor se llama Byung-Chul Han, filósofo de origen coreano que actualmente reside en Berlín y que podemos considerarlo el pensador de los problemas y enfermedades individuales y sociales provocadas por el mundo moderno, incluyendo lo que denomina en una de sus obras-pendiente de lectura- La agonía del Eros.

 En los tres libros citados, libros de pocas páginas pero que requieren una lectura atenta pues, aunque amenos y muy interesantes por el tema tan de actualidad que toca, en algunos capítulos o partes de ellos usa un lenguaje complejo, de difícil seguimiento, que es para nosotros uno de los grandes males de la filosofía contemporánea que, consciente o inconscientemente parece querer separar profundidad de sencillez, como si no fuera posible mezclar profundidad con claridad expositiva, lo cual lastra su seguimiento e interés por la mayoría de la población. No obstante, dicho todo esto, queremos recomendar sus lecturas, pues son textos provechosos y que animan a la reflexión y se separan del pensamiento dominante.

Frente a la idea mayoritaria de que el universo digital, el cosmos de las redes sociales es positivo e incluso emancipador pues son espacios de libertad y de comunidad la tesis de Han es la opuesta. Para él, en realidad y frente al viejo panóptico de Bentham, es decir la sociedad del control y vigilancia clásicas, donde un centro vigila a los reclusos, se ha construído un panóptico digital, en el cual, a parte del control del Estado y las Empresas, todo el mundo  controla a todo el mundo, todos somos vigilantes y vigilados a la vez, actores y víctimas.

Se ha constituido, como titula uno de sus capítulos de La sociedad de la transparencia una sociedad pornográfica, de desnudo colectivo, donde se destruye la singularidad, lo oculto, las máscaras, los artificios que ocultan partes de nosotros. Ocultamiento que según Han siempre es positivo, en todos los aspectos, pues es lo que nos hace interesantes como personas .Frente al elogio moderno de la transparencia, el autor considera que ésta supone la destrucción de la confianza y una apuesta decidida por el control y la vigilancia.

El denominador común de sus libros es que la nueva sociedad digital, aunque se cree libre, es, en realidad, una sociedad de sumisión voluntaria, de exposición libre a la mirada panóptica, donde el viejo Big Brother se transforma en Big Data, apoderándose de los datos entregados voluntariamente por los individuos, lo que permite al sistema de dominación poder condicionar a las gentes de manera prerreflexiva, accediendo incluso al inconsciente colectivo. Esto supone pasar de la biopolítica a la psicopolítica, es decir al uso de un poder seductor e inteligente que consigue que las personas se exploten y opriman a sí mismas.

Frente a la expresión de comunidad de internautas u otras afines, no hay verdadera comunidad en el Reino de Internet, según el autor. Cabría hablar más bien de enjambre, es decir una multitud ruidosa de Egos, de individuos aislados, incapaces de una acción común, de una acción política seria, de manifestarse como una voz.

Pese a lo que comunmente se piensa, la revolución digital no permite la creación de un verdadero contrapoder, ni, prácticamente de reflexiones serenas, pues el ruido o zumbido constante destruye el silencio necesario para pensar en profundidad.

Una comunidad real sólo puede reconstruirse en el mundo, valga la redundancia, real, entre personas que se miran a la cara, dialogan, llegan a acuerdos. Es decir entre gentes que se encuentran en las calles. De ahí su crítica a la sociedad indignada, esa que pulula tanto en facebook y demás redes contra los políticos. La indignación en las redes crea, a lo sumo, movimientos inestables, sin principios serios y verdaderamente alternativos, pompas de jabón que tan pronto se hinchan explotan, sin dejar rastros, ni lecciones provechosas para el futuro, como si hicieron movimientos decimonónicos, con menos medios en todos los sentidos, pero capaces de dotarse de un discurso común. La sociedad indignada es una sociedad agitada, que cree que con esa agitación puede llegar a algún lado, cuando sólo agitamos nuestra impotencia.

También es interesante la crítica que hace de la pomposamente llamada sociedad de la información. Las toneladas de información a la que podemos acceder no ayuda a iluminar un camino a seguir, en realidad enmaraña y obscurece todo. La llamada sociedad de la información y el conocimiento es la sociedad de las tinieblas.

Es verdad, dando nuestra opinión, que Internet permite conocer o reencontrarte con personas del pasado, que puedes encontrar algunas cosas interesantes, análisis que te hagan pensar. Que pueden crearse pequeños grupos que pongan cosas en común; compartir algunos conocimientos. No todo es tan negativo como lo pinta Byung-Chul Han.

 No obstante, quienes piensen que la emancipación de la humanidad se dará a través de las redes sociales, de la revolución digital, se equivoca. Tal pensamiento no es más que una transmutación del famoso mito laico del marxismo. Cambiando el desarrollo de las fuerzas productivas y la nueva clase social producida, o sea el proletariado como motor para la nueva sociedad, por el desarrollo tecnológico. Con la diferencia de que en el marxismo aparecen seres reales de carne y hueso, los proletarios, frente a la tecnoutopía contemporánea que imagina la liberación a partir de nuevos aparatos técnicos.

Ni tecnofobia ni tecnofilia, pongamos las cosas en su justa medida.Y que sus libros les hagan pensar, apoyando o criticando sus tesis, es lo de menos.







jueves, 4 de diciembre de 2014

¿Por qué no hay una alternativa revolucionaria?


Es común preguntarse el porqué de la inexistencia en un país como el nuestro, arrasado por el paro y con un creciente aumento de la pobreza a todos los niveles, de una revolución, o, al menos, de un movimiento de protestas masivas y continuadas en el tiempo.

La pregunta, para nosotros, está mal formulada. No puede haber revolución sin un movimiento revolucionario, sin una alternativa revolucionaria, al igual que no hay chocolate sin cacao.

Por tanto, el interrogante debe ser este: ¿por qué no se ha desarrollado un pensamiento revolucionario en amplias capas sociales?.

Entre los diversos factores nosotros quisiéramos señalar tres, que podrían explicar algo de la situación de pasividad y resignación.

En primer lugar el triunfo, desde hace muchos decenios, de la mentalidad burguesa o de clase media, en la casi totalidad de la población, sin distinción de credos o ideologías. El movimiento obrero, en sus primeros tiempos y luego, posteriormente, en algunas de sus corrientes que fueron adelgazando rápidamente hasta caer en la marginalidad, como el anarcosindicalismo-por errores propios también- planteaba la creación de valores propios que enfrentar a los de la burguesía, al capitalismo. Entre ellos estaba la solidaridad, la cooperación, el apoyo mutuo, la libertad como no dominación, el internacionalismo como fuerza que oponer a un capitalismo progresivamente mundializado…Esto no quedó sólo en la retórica, pues la clase obrera logró crear en diversos países experiencias prácticas, tales como casas del pueblo, ateneos, cooperativas, cajas de resistencia, grupos culturales, escuelas libres, revistas, prensa, incluso llegaron a producirse huelgas de solidaridad-algo hoy por hoy impensable-, sabotajes de productos considerados nocivos y un largo etcétera.

Todo eso fue paso a paso menguando, especialmente tras la segunda guerra mundial y el éxito temporal del llamado Estado de bienestar, Estado que parecía llamado a liberar a la clase trabajadora de sus penurias sin esfuerzo, a través de un mecanismo vertical. La mentalidad burguesa, basada en la centralidad de lo material, la riqueza, el lujo, el confort, la comodidad, la abundancia de bienes, el progreso infinito-idea que ya se encontraba en el pensamiento socialista decimonónico, especialmente el marxismo-, el pedir a las alturas, frente al esfuerzo horizontal y solidario, el desprecio o, al menos, la consideración de inferioridad del trabajo manual frente al “intelectual” destruyó a la clase obrera y su intento de construir una nueva civilización con otros valores. Triunfó la clase media, o, mejor dicho, la mentalidad de clase media.

Hoy, todo el mundo, o casi todo el mundo, gusta de tirarse los pedos más altos que el culo, y se sitúan en la clase media, aunque muchos no lo seamos, siendo la situación más grave que cuando existía un sector que se reconocía y sentía con orgullo como clase obrera; pues parados y temporales precarios, o trabajadores intermitentes, estamos a la intemperie, sin más apoyo que la familia, al haber destruido la psicología de clase media cualquier lazo solidario de clase o de otro tipo que pudiera haberle sustituido-con la familia, por cierto, reducida de extensa a nuclear, y esta última en proceso de desmoronamiento, esperando que el sistema capitalista-estatal inicie diversos proyectos de ingeniería social para acabar con ella y lograr el trabajador ideal, sometido totalmente al proceso productivo, sin más sueños y sentido que el trabajo asalariado-.

En segundo lugar, y con cierta relación con el tema anterior, está el triunfo de la mentalidad de partido. Se acabó imponiendo en el imaginario colectivo la idea de que un a democracia debe ir unida a un sistema de partidos. Pero el sistema de partidos frente a la democracia de consejos supone la ruptura y división artificial de las clases populares y favorece la creación y renovación continua de una clase dirigente, que enarbola diversas banderas y discursos, algunos supuestamente obreros y populares con los que engañar a la población, si bien es cierto que ésta también gusta de autoengañarse, al fin y al cabo los partidos se sostienen gracias a la gente sometida. Hablábamos de la relación entre los partidos y el movimiento obrero porque el último intento serio de impulsar una sociedad autónoma a todos los niveles, con el trabajo manual como elemento constructor y renovador de la humanidad, o sea los obreros y campesinos, acabó, en gran parte, con el éxito entre ellos de la idea de que necesitaban un o unos partidos que los representaran. Así, los partidos socialista y  comunista, junto con la ingenuidad obrera de acabar por creer en ellos, fueron los sepultureros del socialismo en su sentido primitivo o autogestionario, dando paso a la era de los manipuladores de masas.

La fuerte pervivencia de tal mito, esa creencia mesiánico laica moderna en el partido salvador, que en última instancia va unida al Mesías, que de religioso se convierte en Secretario General, la tenemos en nuestro país en el caso Podemos. Alentado e impulsado por ciertos  medios de comunicación, en nuestra opinión en parte para renovar a una izquierda desgastada y por otra parte en volver a inyectar letales dosis de heroína en el cuerpo social en el sentido de renovar la ilusión en un partido salvador, en un Guía, frenando, con discurso pseudoradical y demagógico cualquier peligro de que surgiera una verdadera alternativa revolucionaria.  Que tales operaciones conciten entusiasmo, curiosa y especialmente en urbanitas y gentes con estudios universitarios ponen de manifiesto que las vanidosas, egocéntricas y engreídas gentes de la modernidad, con toda la información y formación que disponen, con su desprecio al mundo rural y pasado, no están por encima de ellos, y sigue siendo fácil engañarles con cualquier superchería  envuelta en laicismo y que les prometa el paraíso terrenal, en vez de celestial.

En tercer lugar, una causa para nosotros muy importante de la inexistencia de un pensamiento revolucionario serio estriba en el olvido del trabajo asalariado como raíz de la opresión, de la semiesclavitud del mundo moderno. Mientras no se tenga en cuenta la necesidad de lanzar un proyecto que tenga entre sus objetivos básicos estudiar cómo salir del salariado, el sistema de dominio permanecerá eterno.

Existen en la sociedad actual personas y grupos, pequeños, que plantean otros valores, otras formas de ver y entender la vida, que son conscientes de la finitud de la tierra y sus recursos, que sueñan con otra cosa .Pero, de momento, están dispersos y aún siguen, en general, atados, en parte a las viejas y obsoletas mentalidades, con miedo, en el fondo, a parecer radicales y no tener apoyos.


No obstante para nosotros es fundamental que resurja esa alternativa revolucionaria. Alternativa que debe aprender de los errores pasados, como el sectarismo, el fanatismo, la violencia y otros defectos que la lastraron. Y que, junto a unas pocas y claras ideas sea capaz de crear prácticas, como el viejo movimiento obrero. Tal vez, más que plantear una revolución al viejo estilo y soñar con un estallido revolucionario en las calles, cosa que parece muy lejana, si es que alguna vez se produce, tenga que plantearse, esa hipotética alternativa, la creación de comunidades que, sin pretender escapar o aislarse de lo que existe, puedan paso a paso poner en marcha mecanismos de vida, producción, distribución , organización y relacionales diferentes.


domingo, 23 de noviembre de 2014

El evangelio de los esenios

Escrito por el Dr Edmon Bordeaux Székely y publicado por primera vez en 1928  el libro I, llamado El Evangelio Esenio de la Paz, según el autor basado en un antiguo manuscrito encontrado en los Archivos Secretos del Vaticano; la editorial Sirio nos presenta los cuatro libros del mencionado escritor.

En los citados libros se nos presentan textos esenios en los que aparece su espiritualidad, su forma de ver y vivir la vida en comunión con la Naturaleza, con la Tierra, con lo que ellos llaman La Madre Terrenal. No deja de ser una visión den cierta manera actual, que puede conectar con una visión ecológica, respetuosa de todo ser vivo y austera en su rechazo a la riqueza material.

Eran los esenios comunidades que vivían, al parecer, en las riberas de los ríos y lagos y que practicaban una vida comunal, siendo sobre todo agricultores, artesanos y arboricultores, con un gran conocimiento de los suelos y los cultivos, lo que les permitía vivir dignamente en áreas más o menos desérticas y con un trabajo mínimo.

Rechazaban la esclavitud y no había pobres y ricos entre ellos, pues eso suponía estar en contra de la Ley, Ley cuyo conocimiento les permitía cubrir las necesidades materiales sin gran esfuerzo, entre otras cosas por que rechazaban basar la vida en la búsqueda del enriquecimiento y la acumulación, en la creación de necesidades continuas, al contrario que en el delirante mundo moderno.

Combinaban el trabajo manual con el estudio de diversas materias. Su vida era sencilla y frugal, levantándose antes del sol para estudiar y comulgar con la Madre Terrenal, bañándose en agua fría y vistiendo sus blancos ropajes. Tras el trabajo en los campos comían en silencio y acababan sus comidas entonando plegarias. Parte de la noche la dedicaban al estudio  y a la comunión con las fuerzas celestiales. Para algunos evitaban la carne y las bebidas fermentadas, aunque otros rechazan que fueran vegetarianos.

La admisión en la fraternidad o hermandad requería de unos años de trabajo de iniciación.

Sobre ellos nos han llegado testimonios, a veces contradictorios, como el de Plinio o Josefo, que nos los presentan, con las diferencias mencionadas, como buscadores de una vida virtuosa, basada en el amor y la justicia hacia todo hombre, muy religiosos, acogedores en su seno de gente que huía, hastiada, de su vida, buscando otra cosa, darle un sentido diferente a su existencia, lejos de los centros de poder, miseria, opresión,materialismo y corrupción, generalmente las ciudades. Evitaban el comercio, así como comprar o alquilar tierras. Algunos eran célibes, pero no todos, y a veces adoptaban niños.

Su pensamiento, según el autor de los textos, se asemejaba en parte al de los estoicos o los pitagóricos, entre otros. Es decir al de las grandes corrientes filosófico morales y espirituales de la humanidad, aquéllas que han sido trituradas por una doble presión: la de los fundamentalismos religiosos y la del laicismo hedonista, consumista e inespiritual.

Los breves textos esenios son alabanzas al Ángel del Sol, de La Vida, de La alegría, del Aire, del Amor, del Agua, a las estrellas... Es decir son cánticos a la Naturaleza, al Cosmos o Padre Celestial.

En tiempos en que sólo cabe el autoexilio interior, pues no tenemos comunidades a las que acudir en busca de una vida libre, solidaria y con sentido, espiritual en su sentido positivo, la esperanza en que germinen comunidades con similitudes a las esenias, que puedan ir construyendo una sociedad paralela, una escisión parcial de la humanidad-con un pie fuera y otro dentro de la sociedad de la época, como vivían en realidad los esenios- es lo que puede ayudarnos a resistir el vendaval siniestro del mundo moderno, la muerte en vida a la que parecemos condenados.


martes, 11 de noviembre de 2014

La sal de la tierra

Aunque hemos de reconocer que no somos aficionados a ver documentales en el cine, y éste lo vimos de rebote, sí nos parece de justicia recomendar La sal de la tierra

Basado en la obra fotográfica de un reconocido fotógrafo brasileño, Sebastiao Delgado, la película-documental, aparte de acercarnos un poco a su vida lo hace, fundamentalmente, a su obra, y, por tanto, en última instancia a las grandezas y miserias de la vida en la tierra, a lo bello y a lo terrible, que se dan la mano en nuestro planeta.

En la pantalla asistimos con horror a sus fotos en blanco y negro sobre las hambrunas en diversos países africanos, a los muertos por inanición de todos las edades, en toda su crudeza; a las víctimas de conflictos bélicos, como los hutus y los tutsis, entre otros; a las imágenes de caravanas de refugiados, que huían de la persecución del hambre o los machetes.

Pero también podemos maravillarnos con sus retratos de animales, de hermosos paisajes, de tribus humanas que habitan en paz en lugares remotos.

El final es un esperanzador canto a la reconstrucción de la naturaleza, de los paisajes arrasados por la mano del hombre.

En resumidas cuentas La sal de la tierra es un documental que para nada aburre.



jueves, 6 de noviembre de 2014

Manifiesto contra el Progreso

Queremos recomendar un libro pequeño en número de páginas pero grande en cuanto a su mensaje y bellamente escrito, como un poeta del ensayo.

Se trata del Manifiesto contra el Progreso, de Agustín López Tobajas, en el que se hace una revisión crítica de los diferentes aspectos del mundo moderno, de la técnica a la ciencia,  la economía, la cultura, la política, la religión…

Con una piqueta de frases brillantes y agudas reflexiones el autor se encarga de ir demoliendo el Mito del Progreso, la creencia de que la humanidad progresa en línea ascendente, de que el pasado es todo barbarie, de que el desarrollo económico y tecnológico, supuestamente indefinido, nos hace mejores, y nos puede acercar al mejor de los mundos posibles.

Sin embargo justo es reconocer que el espejo de la ilusión progresista, a un lado y otro, de izquierdistas a derechistas, de ateos a creyentes se ha hecho añicos, y sus cristales nos han rajado y han rajado el telón de aparente hierro, en realidad papel, que cubría la quimera del Progreso.

La ideología del Progreso, para el autor, ha dinamitado el mundo reduciéndolo a cenizas para crear un golem tecnológico donde ya no hay alma, sino un vacío, el de los últimos siglos de historia humana.

El ser humano ha sido desarraigado, perdido sus vínculos con la Tierra Madre, con el cosmos, y como expresa Agustín en un bonito párrafo: "el hombre moderno quiere creerse libre cuando no pasa de ser una especie de sombra en suspenso, fantasmal y alucinada, que vaga sin saber quién es y qué hace aquí, en un cosmos enmudecido que no le revela ya ningún sentido. Hundido en su enquicia y en su agnosia, traduce el desconcierto en agresivo espíritu de conquista: cubre la tierra con cemento, plástico y otros materiales igualmente abyectos, devora la duración con sus máquinas infernales…"

Particularmente lúcido nos parece su visión de los hombres y mujeres que constituimos la modernidad, en otro párrafo destinado a pensar: "dos tendencias dominan de forma complementaria los comportamientos sociales del hombre moderno: el individualismo egoico-corrupción de la libertad y la responsabilidad personal- y el gregario uniformizante-corrupción de la solidaridad comunitaria-, que se articulan entre sí para generar un egoísmo de masas y un individualismo gregario, equilibrio de la insensatez que se plasma especialmente en mecanismos de cohesión como el fenómeno de la moda, verdadero culto al ídolo de la transitoriedad y la exterioridad, que da a la sociedad el aire de un carnaval perpetuo, patentizando la decadencia de un mundo que exhibe sin inhibiciones la vanidad que hasta hace no mucho tenía, al menos, el pudor y la decencia de ocultar".

Y como éstos, numerosos martillazos analíticos contra el mundo contemporáneo recorren el texto.

El autor, hay que decirlo, niega apoyar cualquier doctrina o ideología, proclamándose partidario de lo que llama Sabiduría Perenne. Si bien es cierto que al final de sus páginas se muestra partidario, paradójicamente, del decrecimiento, y digo paradójicamente pues esta teoría de cierta moda, es, en nuestra opinión-discutible- una muestra más del rechazo del mundo actual al pensamiento crítico y constructivo serio y profundo, pues, a la postre, en el decrecimiento, al fin y al cabo, cabe todo, de lo libertario a lo autoritario, o sea, no pasa de ser expresión de la Nada contemporánea.

Compartimos, y así lo hemos expresado en diversas ocasiones en este blog, la necesidad de rescatar el pensamiento filosófico y/o espiritual que nos parece positivo de la Antigüedad-que no es todo-, y que ha sido sepultado por el culto a la eficacia, la productividad, la tecnolatría, lo light, lo fácil, lo que no exige esfuerzo y lucha interior, las pseudosalidas que son caminos a ninguna parte…

Pero no compartimos con Agustín López Tobajas el fondo de su texto, que es una visión del pasado, para nosotros, idílica y excelsa. Como si todo tiempo pasado fuera mejor, y las gentes que lo poblaban gente con profundidad espiritual y visión elevada. 

El pasado no existe en singular, y nada nos permite igualar la sociedad de cazadores recolectores, por ejemplo, con los Imperios del mundo antiguo, la Atenas de Pericles, el absolutismo o el sistema de concejo abierto, por citar algunos ejemplos. Ni siquiera las formas de arte o espiritualidad son asimilables en los diferentes períodos del pasado.

Al final, para nosotros, la posibilidad de una transformación social positiva pasa por unir lo positivo del pasado y del presente. Ni todo en el pasado es luminoso, ni muchísimo menos, ni todo el Hoy es horror.
Y, fundamentalmente, creemos que el progreso moral debe ser la base de toda buena vida, de todo intento de crear una sociedad mejor, orbitando el resto de aspectos de la vida-arte, ciencia, técnica..- en torno a esta idea.

Por nuestra parte, nos gustaría que el citado autor se atreviera a escribir un texto tan atractivo y luminoso como éste, pero donde bosquejara algunas alternativas, algunos esbozos de cómo acercarnos a otra cosa.



domingo, 19 de octubre de 2014

Ensayos sobre la libertad en un planeta frágil

Ediciones Salmón nos presenta un interesante libro de José Ardillo: Ensayos sobre la libertad en un planeta frágil. 

En dicho texto, el tema central es reflexionar sobre cómo construir una sociedad libre en un planeta finito, donde  como cada vez venimos observando con más cercanía, los recursos no son infinitos. Para eso el autor utiliza las ideas libertarias, o cercanas de pensadores como Kropotkin, Thoreau, Landauer, Reclus, Mumfurd, Huxley, Morris, Illich, Ellul… En los citados y otros pensadores que aparecen en el texto como Murray Bookchin o Tolstoi, por ejemplo, detectamos un interés y amor por la Naturaleza, y una seria de reflexiones sobre la tecnología y el progreso que José Ardillo cree importante rescatar y analizar, pero desde un punto de vista crítico. 

Señala lo que para él son son sus aciertos, pero también sus errores, como el entusiasmo hacia la tecnología de varios de ellos y la idea de Progreso, si bien nunca alcanzó los niveles del marxismo, esa teología que creía en el progreso como algo lineal e indefinido, que conduciría, sin prácticamente intervención de los sujetos, al paraíso terrenal, al comunismo.

También destaca la defensa o simpatía de algunos de estos escritores hacia experiencias pasadas, como la ciudad libre medieval, las guildas, gremios, la propiedad comunal y otros aspectos de la hasta ahora denostada por oscurantista y ultrarrepresiva Edad Media.

En el libro se perfila una crítica a la idea de la tecnología como elemento liberador o emancipador, señalando el carácter opresivo y destructivo de muchos avances técnicos. Así como un rechazo de la unión de las teorías emancipadoras con la abundancia material-la toma del montón, que decía Kropotkin, por ejemplo-. La búsqueda de la abundancia material, que consciente o inconscientemente va unida a la creencia de que el planeta se puede ordeñar o exprimir hasta el infinito, no ha traído más al final que el conformismo, la resignación, la pérdida de la libertad, la deshumanización.

Para el autor, libertad y necesidad no tienen por qué ser excluyentes una con otra, así como el reconocimiento de la finitud no tiene por qué ser incompatible con la búsqueda de una sociedad libertaria, al revés, pueden ser la fuente de su realización.

El libro, que no cae en el primitivismo, lo que es de agradecer, no da una respuesta clara a esos interrogantes, deja la cuestión abierta para que el lector piense por su cuenta, lo cuál nos parece positivo.

Y, sobre todo, el libro es, también, una invitación a descubrir una serie de autores, en su mayoría marginados o considerados de segunda división-pues el anarquismo nunca ha gozado, goza ni gozará de respeto-, pero cuya defensa, con diferencias, de una sociedad descentralizada, federal, autogestionaria y respetuosa con la Naturaleza, crítica de las Megalópolis- y la Megamáquina- y la concentración del poder, sigue siendo actual y necesaria, con las actualizaciones necesarias.

En una época de resurgir del autoritarismo y los populismos de diferente signo y color, el espíritu libertario debe mantenerse encendido y nuclear a su alrededor una alternativa práctica y constructiva, como la que buscaba uno de los nombres que aparecen en el texto, Gustav Landauer.


sábado, 4 de octubre de 2014

Filosofía para la felicidad. Epicuro



Errata Naturae ha publicado un libro donde tres filósofos, Carlos García Gual, Emilio Lledó y Pierre Hadot analizan en tres breves textos la vida y pensamiento del fundador de la escuela epicúrea y los principales fragmentos de su obra que han quedado para la posteridad: Filosofía para la felicidad.

Era la filosofía de Epicuro una reflexión sobre el cuerpo, las sensaciones, el placer y el dolor. Para él , el principio básico era el bienestar de la mente y el cuerpo, sólo partiendo de ese reconocimiento podría lograrse una mejoría social, frente a los que defendían una organización política ideal olvidando lo primero, lo que había llevado al fracaso.

Una mente sana requería vencer los terrores, de ahí a importancia que Epicuro daba a no caer en el temor de los dioses y, sobre todo en destruir el pánico a la muerte, pues cuando morimos ya nada somos, nada sentimos, ni bien ni mal, ni placer ni dolor.

Sin embargo Epicuro no desarrolla una filosofía del placer y los deseos similar a la contemporánea en su bajeza.En absoluto, Epicuro distingue entre deseos naturales y necesarios, como comer y beber, naturales y no necesarios, como los amorosos, y ni naturales ni necesarios. Con la satisfacción de los primeros, la renuncia total a los últimos y puntualmente a los segundos, nos ayudarían a encontrar la serenidad, por tanto la felicidad, en esa disciplina de los deseos.
A
demás para la escuela epicúrea la amistad es fundamental, de ahí que en el Jardín en las afueras de Atenas en el que se instalaron, convivió una comunidad de hombres y mujeres de todas las condiciones sociales, sin distinción de sexos, ni de libres o esclavos. Y, al contrario de lo que muchos pensaban, su vida, sus placeres, eran sumamente ascéticos: “siento el gozo de mi cuerpo al alimentarme de pan y agua, y escupo sobre los placeres de la suntuosidad, no por ellos mismos, sino por las trampas que producen”.



Epicuro y su pensamiento fue silenciado y tergiversado, y, si bien con sus defectos, pues su insistencia en la defensa del placer puede malinterpretarse o degenerar, como en cierto sentido ha sucedido en el mundo contemporáneo, que alguna vez, desde estas páginas, hemos definido como epicureísmo degenerado, vemos la superioridad moral  de las viejas filosofías y modos de entender la vida sabia, con las actuales.