martes, 12 de noviembre de 2019

Al menos tienes trabajo

Interesante libro de Naiara Puertas, periodista, que básicamente es una mirada crítica sobre nuestro conformismo, sobre la aceptación de una situación que bordea la esclavitud, sobre unas luchas y protestas sin más horizonte que conseguir alguna pequeña migaja económica, alguna levísima mejora, sin poner jamás en duda: ¿por qué y para qué trabajar?. Y, sobre todo: ¿para quién estamos trabajando, a quiénes estamos enriqueciendo? .

El trozo de pastel disminuye, nuestras vidas se escurren por el fregadero, cada día más agobiados, más agotados, sin tiempo para nuestra vida personal, o, al revés, con todo el tiempo por delante pero por no tener curro, por no poder sobrevivir. Demandas de democracia que no tienen en cuenta que ésta no existe en el trabajo, jóvenes indignados contra el sistema pero porque se dan cuenta que el discurso sobre que si estudiaban y se formaban iban a lograr grandes cosas era eso, un cuento.



Más mitología y cuentos: el derrame sobre los asalariados si a los ricos o a las empresas les va bien. La culpa sobre políticos y banqueros, sin decir nada de la patronal. La autoexplotación que ya está aquí, los programas de televisión que contribuyen a mantener el engaño, como Operación Triunfo, más los que vengan en poco tiempo, la falta de solidaridad entre los propios compañeros, el feminismo entendido como mujeres en puestos de mando o de acumulación de riqueza, en lugar de plantearse el no mando, u otro tipo de sociedad.

En resumen, un libro que plantea la necesidad de, al menos, imaginar otras vidas, eso sí, siendo consciente del frío que hace fuera y la enorme dificultad, por no decir casi imposibilidad,  que supone romper con los argumentos del tipo: Al menos tienes trabajo.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Parásitos

Magnífica y despiadada tragicomedia coreana que se acerca sin miramientos, sin veladuras, a la cruda y cruel realidad social en que nadamos, cada vez más con el agua al cuello.

Una familia pobre, que habita un semisótano, rodeada de chinches y cucarachas, pero con talento e ingenio para aprovechar una ocasión de mejora económica hasta estirarla como un chicle;consiguen convivir haciéndose pasar por quienes no son con otro núcleo familiar en sus antípodas: chalé de lujo, asistenta doméstica las veinticuatro horas del día, regalos, comodidades y placeres disponibles cuando se quiera.

Sin embargo, lo bueno de la película es que es no es un retrato maniqueo, sino que muestra la complejidad de los seres humanos, cómo el bien no está en los explotados y el mal en los explotadores. Ambos acumulan luces y sombras, como podemos ver a diario en la vida personal. De hecho, la brutalidad, la guerra de todos contra todos  entre los "iguales", aunque hablar de iguales, hoy, sea por desgracia una quimera, es frecuente en la "masa" asalariada, en los de abajo. ¿Quién no ha sufrido acoso de supuestos iguales?. 

Cediendo a la anécdota personal, quien esto escribe lo padeció de dos compañeras, hermanas, que, por cierto, por el hecho de ser mujeres actuaban con gran  impunidad. Aún recuerdo las palabras claras  de una de las dos psicópatas-otra falleció nada más jubilarse-: "Como me hagas algo, te denuncio", no fuera que se me ocurriera responderla de igual manera. Una triste realidad de la que alguna vez habrá que hablar, la del odio entre las bases asalariadas por sobrevivir. Y que Parásitos se atreve a iniciar.

Frente a la mayoría de críticas que ven en Parásitos una representación de la lucha de clases, yo veo más la realidad antes mencionada: la violencia creciente entre la antaño llamada clase obrera por ascender en la escala social, ganándose el cariño de las familias potentadas, que como también refleja con maestría el film, combinan una mezcla de cariño a sus sirvientes, de tintes paternalistas, con una suerte de desprecio, a veces inconsciente, que queda estupendamente retratado cuando se habla con cierta mezcla de repulsión comprensiva, pero repulsión al fin y al cabo, de los olores corporales que desprenden los que van en metro.



Es la parte final de la película donde el horror y la brutalidad por la supervivencia entre  empobrecidos se dispara, quizás excesivamente- derrapando algo la película-, y donde se expone, de manera desmedida pero no por ello menos sincera, la realidad social cada vez más negra que nos ha tocado vivir. Y sólo hay una escena, que no voy a desvelar, donde aparece algo parecido, pero remotamente, no tanto a la lucha de clases, como lucha colectiva, sino como reacción individual virulenta de defensa de la dignidad.

En resumen una extraordinaria película, que mezcla de manera perfecta humor y tragedia, personajes complejos y contradictorios, realidades sociales opuestas, pero ambas compartiendo el sueño de ser potentados o de mantenerse como tal, sin querer advertir del tsunami que se nos viene encima, y por tanto, de momento, y, ya digo, al revés de lo que opina casi toda la crítica, sin ver la necesidad perentoria de retomar una verdadera lucha de clases, en la cual el objetivo no es ser todos millonarios y vivir rodeados de lujo, mera quimera burguesa y capitalista, aunque se enarbole como meta comunista o anarquista,sino una sociedad frugal pero digna, que apunte al fin del asalariado y la mercantilización, la cosificación y esclavitud del hombre por el hombre.

Mientras tanto, esas clases dirigente y burguesas nos entretienen con falsas disidencias, mezcla de medias verdades y medias mentiras, como el ecologismo y el feminismo, representado para quienes quieran verlo y se nieguen a seguir las modas que nos imponen los poderosos y sus lacayos y paniaguados de los medios de comunicación de masas, por la bienintencionada Greta, a la que los mandamases encumbran en todos sus foros, para evitar que emerja ese fantasma amenazante, el fantasma de la lucha de clases, el que realmente pondría en peligro el orden  inhumano en el que continuamos sumergidos.

Pero esto sería otra película por realizar.






domingo, 20 de octubre de 2019

Nacionalismo, ciudadanismo, populismo y democratismo: ideas a demoler en la fase del colapso y las revueltas globales

Parece que el mundo está entrando en un momento de protestas, coincidentes con la desaceleración global de la economía. De Irak a Ecuador, pasando por Chile y el Líbano o los chalecos amarillos, entre otros lugares, se han desatado revueltas muy virulentas. Generalmente centradas en el tema de la corrupción y del empeoramiento en el nivel de vida, han logrado sumar a mucha gente.
Un síntoma de que las cosas no marchan bien en la humanidad y diversas sociedades parecen despertar, no resignándose a ser los eternos perdedores. Sin embargo, aunque uno simpatice abiertamente con los movimientos de rebeldía, con algunas excepciones que luego mencionaré, como la catalana, por lo que de reaccionaria, teledirigida y partidista tiene detrás, debemos mantener siempre cierto distanciamiento para no generar ilusiones infundadas.

El problema general de las revueltas, hasta ahora, es que con muy escasas y desconocidas excepciones-como las acontecidas en algún municipio de Méjico ya hace por cierto unos años, como Cherán, donde se fue más a la raíz de los problemas, llegando a liquidar una de las bases del mal que nos corroe, el sistema de partidos, y por tanto acercándose más a una auténtica revolución-, el problema, insisto, es que no se han planteado crear una nueva sociedad, sustituir las estructuras vigentes.



Mentalmente, por tanto, permanecemos presos del sistema. Seguimos atados a eso que podríamos llamar ideología difusa del ciudadanismo. No eclosiona, o lo hace en momento muy fugaces, lo que podríamos llamar una conciencia de clase, o si se prefiere una conciencia de ser seres explotados, alienados, adoctrinados, dominados, en una palabra una conciencia de contemplar la realidad de frente que consiste en tirar por la borda el mito de formar parte de sociedades de libres e iguales. 

No, no somos ciudadanos libres e iguales, como se creen las muchedumbres de votantes en ese peculiar mercado, por cierto no libre del voto, sino una mezcla de objetos desechables y marionetas. Y, por cierto, de  carne de cañón si así los deciden en alguna ocasión nuestros gobernantes porque estalle la chispa, que esperemos no acontezca, pero el riesgo es bien claro desde hace unos cuantos años.

De ahí que las revueltas, muy espectaculares por su métodos incendiarios, no pasen a fases constructivas, desapareciendo en la impotencia, o disolviéndose si consiguen alguna reclamación. El espíritu ciudadanista y populista, aquel que pone a los banqueros o al FMI como los malos de la película, evadiéndose de la autocrítica o no yendo más allá ,poniendo en duda muchas más cosas, es decir el tópico discurso de la casta malvada frente al maravilloso pueblo que se manejó aquí por parte de ciertos grupos, hasta que lograron entrar en las instituciones y enriquecerse, montando partidos que son, como Podemos, un negocio familiar, debe ser derribado.

Por otra parte, regresando al conflicto catalán, vemos que una ideología nefasta, basada en el enfrentamiento entre trabajadores por razones aparentemente linguísticas, culturales y geográficas, sigue teniendo un enorme peso maligno, con sus banderas al viento y sus muchedumbres fanatizadas. Y digo aparente porque lo que mueven y promueven los dirigentes nacionalistas de izquierda o derecha, movilizando a una multitud de tontos útiles que se creen sus consignas, es ser los amos exclusivos en una región, hacer y deshacer a su antojo, explotando a la población como cualquier autoridad política y económica.

Sí hay que reconocer que el nacionalismo periférico catalán ha sido más hábil en manejar el descontento y la rabia de fondo ante las consecuencias sociales de la crisis que el patrioterismo españolista, especialmente el del PP, Ciudadanos y Vox, que tiene en sus labios la palabra España constantemente, o en pulseras, pero que resultan evidentemente los más claros siervos del capitalismo, y por tanto de los recortes y el empobrecimiento, aunque el izquierdismo, a la chita callando, también lo sea, y de manera más útil por tanto, especialmente en épocas de recesión y crisis.

Entre el populacho nacionalista catalán, cunde la idea, absurda, pero las cosas son como son, de que con la independencia vivirán mejor económicamente. Como si por arte de magia disponer de un Estado propio, dentro de un contexto de caída mundial de los beneficios, les fuera a hacer ricos. Olvidando rápidamente a que se dedicó Pujol y su familia, por cierto. 

Una entrevista a varios "antisistemas", es esclarecedora a ese respecto, pues al final los chavales, etiquetados como antisistemas por el medio, muestran no disponer de ningún ideal alternativo, sino simplemente moverse por esa quimera, ese sueño burgués, de vivir mejor económicamente, que ellos piensan que garantizaría la independencia,mezclado con una atracción aventurera por el fuego y las barricadas, como unos pequeños Bakunin pero carentes de ideología verdaderamente revolucionaria, de un esquema de sociedad alternativa, por cierto internacionalista, de la que éste disponía.

Otro de los motivos del relativo éxito del nacionalismo es que ha sabido travestir su ideología racista del derecho a decidir, de lo que yo etiqueto como "democratismo". Aquel discurso que dice que el pueblo, democráticamente, tiene que decidir su futuro, que la liberación nacional es la liberación de éste. Esto conecta con el espíritu antes mencionado del ciudadanismo, del votante, de los hombres y mujeres de la modernidad que se creen libres y dueños de su vida y su futuro porque votan, por cierto cada vez más entre opciones señaladas por los medios del poder. No se dan cuenta estos vasallos que van de libres y liberados, de que eligen lo que quieren unas autoridades para las que no son más que ganado, seres a los que asfixiar  y expoliar, de los que vivir y engañar. 

¿Por qué, si no, jamás veremos el derecho a decidir vivir sin Estados, sin partidos políticos, sin trabajo asalariado?. ¿Por qué no podemos decidir vivir en un sistemas de comunas, consejos o fraternidades?. Ni lo vemos ni lo veremos, el democratismo no es más que una trampa para ratones.

Lo más deprimente de todo es observar el hundimiento del viejo movimiento obrero , en todas sus tendencias, del institucional al anarcosindicalista o sindicalista revolucionario, por testimonial o marginal que sea éste, en estos juegos de palabras, en estas movidas burguesas como la catalana. La conciencia de clase real, entendida como un sector enfrentado al sistema capitalista y piramidal, con sus propias ideas, métodos y objetivos, ha desaparecido. Hoy todo el sindicalismo de nuestro país está fagocitado, es un mero anexo del sistema, incluso uno no descarta que si estallara una hipotética revolución real, hicieran de fuerzas auxiliares del Régimen, desde luego lo son ya del catalanismo.

Si las revueltas que vemos a lo largo del mundo quieren llegar a algo, deben abandonar todas esas conciencias de alienación antes señaladas, adquirir una conciencia de clase autónoma, lo que implica, de paso, no tener como meta la sociedad de la abundancia, pues eso en el fondo no pasa de ser una meta capitalista, sino una sociedad donde los bienes inmateriales, la fuerza del espíritu, es decir la fraternidad, la libertad, el apoyo mutuo, sean las bases para acercarse a una vida digna en lo material.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Mientras dure la guerra

Película a la vez sensible, que quiere ajustarse lo más posible a los hechos reales y que evita el maniqueísmo, nos presenta la situación en Salamanca los primeros meses de la guerra civil, centrándose en la figura del escritor Miguel de Unamuno.

Pensador libre, contradictorio, impulsor de la República en sus inicios, hasta acabar muy decepcionado con ella, dio su apoyo inicial al golpe de estado militar. Sin embargo, ese espíritu crítico e independiente que poseía le hizo alejarse del bando franquista, conforme veía cómo a su alrededor se extendía la mancha del terror, que devoró buenos amigos.



Mientras dure la guerra nos retrata también a varios de los principales protagonistas del golpe, procurando resaltar sus características humanas, con cierta crítica de fondo, pero huyendo de  pintarlos de manera monstruosa e inhumana, para evitar que el director, Amenabar, pueda ser acusado de parcial .Destaca la interpretación de Franco, al que se pinta como militar astuto, que supo bien cómo y cuándo actuar para lograr el mando único frente a Junta de Gobierno inicial, así como prolongar la guerra para aplastar a sus rivales del bando republicano por décadas.

Pero también la de Millán Astray, muy popular entre sus hombres de la Legión, que buscaba a los  "descarriados" y "perdidos" para darles otra oportunidad entre sus filas. Y por encima de todo una magistral interpretación de Karra Elejalde en su papel de Unamuno, sus dudas, sus discusiones con amigos, su pelea interior entre lo que él cree que va a ser un golpe para restaurar el orden y volver a la normalidad democrática, y en lo que rapidísimamente se convierte, pese a su esfuerzo inicial por ponerse una venda en los ojos.

Una buena película, quizás no brillante, pero que es una llamada a entenderse y dialogar, por encima de las diferencias. Para que la historia no vuelva a repetirse.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Consecuencias de la desaparición del dinero físico

El vídeo que pongo a continuación toca un tema muy interesante, coincidiendo con su autor en que nos encaminamos a la eliminación del dinero físico. En mi opinión, el objetivo final de su desaparición, enmarcado todo ello en el colapso del sistema, estriba en tener la posibilidad de expropiar con mucha más facilidad el numerario a la población, para, a la desesperada, intentar acumular beneficios. Y es que uno tiene la sensación, tragicómica, que la decadencia del capitalismo le acercará enormemente al totalitarismo comunista, al leninismo y sus continuadores. La expropiación de la riqueza individual y social, o parte de ella, por el aparato de dominación estatal y del Capital.

Servidor cree que capitalismo y comunismo, aparentes opuestos, se fusionarán en un régimen muy similar al chino, con una pérdida creciente de libertades a todos los niveles. Aunque también creo en la posibilidad que ese nuevo régimen mundial que se ve en la lontananza caiga rápido ante el evidente desplome económico del que ya vemos síntomas claros, y tras él  o con él, el político. El tiempo dirá hacia donde se inclina la balanza, pero advertidos estamos de que la monstruosidad velada en que vivimos, pues todo régimen que convierte a los seres humanos en mercancías es una monstruosidad, -aunque admitamos diferencia de grados entre este, aún con algunos derechos y libertades, y los despotismos fascistas, comunistas o teocráticos-, pase a ser una monstruosidad desnuda.






lunes, 16 de septiembre de 2019

Quien a hierro mata

Película de talento, brutal y afilada, que hiere cual puñal de acero al espectador  hasta dejarle en estado de shock. Quien a hierro mata, que cuenta con magníficas interpretaciones, entre ellas la del siempre extraordinario Luis Tosar, cuyas miradas y expresiones dicen más que sus palabras, bucea en los claroscuros del alma humana, allí donde se juntan , en un magma indistinguible, lo bondadoso y lo monstruoso que habita en nuestro océano interior, siempre en pugna, a veces logrando emerger unos, y otras otros, o a veces los dos casi sin solución de continuidad.



Mario es un enfermero aparentemente feliz, a punto de ser padre, pero que esconde un pasado que le ha golpeado como un pelele, como a un boxeador noqueado; que aparentemente logra levantarse, pero donde algo en él se ha roto para siempre. En el lugar de trabajo se encuentra con Antonio Padín, legendario narcotraficante que llenó de desolación las bellas tierras gallegas.

Las relaciones familiares con sus miserias y grandezas, la ambición, la ira, y, sobre todo, un lúcido análisis de la venganza y sus devastadoras consecuencias que como un tsunami arrasa vidas humanas apagando sueños y esperanzas, son algunos de los aspectos que analiza esta demoledora película, tan turbadora como recomendable.

jueves, 12 de septiembre de 2019

El colapso del capitalismo tecnológico

He tenido ocasión de leer recientemente un libro del profesor de economía en la Universidad de Leon, Alfredo Macías Vázquez: El colapso del capitalismo tecnológico. En este texto, de difícil lectura, todo sea dicho, para los que no estamos versados en economía, el tocayo se interroga sobre el porqué del incremento del paro, el subempleo, la desigualdad y la pobreza, entre otros aspectos, en un mundo de constantes avances tecnológicos, avances que todos los portavoces mediáticos del sistema nos presentan como maravillosas soluciones a los problemas.

Para Alfredo Macías el capitalismo ha alcanzado sus límites internos. Cada vez produce menos valor y, por tanto, ya no es capaz de acumular capital para relanzarse como en otras etapas históricas logró con, por ejemplo, la ampliación de mercados en el colonialismo, o en el fordismo, generando un enorme consumo de masas, gracias a los mercados interiores y el abaratamiento de los precios de los productos.



Las revoluciones tecnológicas hacen que cada vez se necesiten menos trabajadores, menos necesidad de trabajo abstracto, generador del valor. Frente a las visiones de los que hablan de impulsar un capitalismo productivo como solución frente a la financiarización o capital ficticio actual, para Alfredo el capitalismo financiero actual vino como una huída hacia adelante ante la imposibilidad de mantener el capitalismo fordista.

En El colapso del capitalismo tecnológico se sostiene que el capital es una relación social, una relación abstracta e impersonal que cosifica a las personas. Las personas son dominadas por las cosas, personalizándose paradójicamente las cosas, las mercancías.

El autor, pese a que evidentemente se sitúa en la órbita del pensamiento de Marx, no deja de criticar a la mayoría de los marxistas o neomarxistas actuales, y los esquemas reformistas o voluntaristas que creen en la autonomía de la política, en la posibilidad de salir del túnel en el que estamos sin rechazar las categorías del capitalismo, como las de mercancía, valor y dinero. No hay, sostiene Alfredo Macías, unos malvados, las derechas, los capitalistas, y unos buenos, las izquierdas, el pueblo. Y por tanto nada cambiará, como podemos ver, poniendo a los supuestos buenos en el poder.

Todos son presos de las lógicas abstractas e impersonales que controlan nuestros comportamientos.

Finalmente el libro realiza críticas a ciertos pensamientos supuestamente críticos actuales como el postobrerismo de Negri y el de aquellos que ven en el trabajo inmaterial, en el mundo digital, de las redes sociales, de los hipotéticos bienes comunes del espacio virtual, una salida al capitalismo. Rechaza, por tanto, el ciberkeynesianismo. Pero también el decrecimiento, por su lógica ingenua y voluntarista, politicista, que tampoco pone en duda el mundo de las categorías abstractas que nos domina. Y, por supuesto, el mito de China como potencia del futuro ajena al colapso sistémico.

Estamos ante un texto que podría haber sido muy interesante, pero que el autor no logra hacerlo asequible a la mayoría de lectores que, interesados por lo que está pasando, y que sin tener casi nociones de economía coincidimos simplemente por experiencia y observación de la realidad con la tesis del derrumbe capitalista-derrumbe lento frente al desmoronamiento velocísimo del comunismo, o capitalismo burocrático como lo define el autor-. Sólo en pequeñas partes del texto podemos respirar mientras leemos, lo que no es buena señal.

Quizás un anexo final explicando sencillamente todos los complejos conceptos y teorías que usa habría simplificado la lectura, convirtiéndola en algo muy estimulante, como podía haber sido. Pese a todo, con todos esos peros, es un libro que merece leerse como antídoto frente al mundo rosa y engañoso que nos ofrecen las legiones de paniaguados del orden actual. Y no es necesario ser marxista para ello. Es más, podemos pensar, como en mi caso, que el marxismo como ideología de poder fue un horror, pero tener interés hacia algunos análisis de Marx sin ismos de ninguna clase.

https://videos.unileon.es/video/5c76de9d8f42085f0c8b4678

https://archive.org/download/Anbasis12130X17ElColapsoDelCapitalismo/Anabasis121-30x17-colapso.mp3