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lunes, 30 de octubre de 2023
Los contemplativos
martes, 17 de octubre de 2023
Reflexiones sobre el conflicto árabe-israelí y el problema de fondo de la humanidad
Por desgracia Oriente Medio vuelve a ser noticia por un conflicto irresuelto desde finales de los años cuarenta del siglo XX, el que enfrenta a judíos y palestinos. No vamos a entrar aquí en la disputa sobre quien tiene la razón histórica de su parte, sobre eso hay muchas opiniones, y menos sobre quienes eran los buenos y los malos.
Sobre lo que me interesa reflexionar aquí es sobre la situación de la humanidad, en general, por qué sigue siendo tan preocupante, sin obviar críticas políticas a ciertas ideologías y organizaciones políticas de nuestro entorno y su doble moral, su fariseísmo.
Yendo al grano, no hay justificación, para mí, al ataque sanguinario de una organización teocrática a miles de personas indefensas, curiosamente casi todos miembros de kibutz, organizaciones y formas de vida comunitaria de inspiración socialista y a los asistentes de un festival musical por la paz, para más inri. Es decir, personas interesadas en principio en alcanzar la paz y la concordia con el pueblo palestino.
Indudablemente Hamas, como su patrocinador Irán, no tiene el menor interés por alcanzar ningún acuerdo de paz con Israel, es más, su ataque tiene el claro objetivo de incendiar la región y dinamitar los acuerdos israelitas con diversos países árabes. Esto no significa que Israel no haya cometido tropelías e injusticias, y que haya incumplido resoluciones de la ONU. Es decir, no podemos decir, infantilmente que son los buenos de la película, pero sí podemos afirmar que Israel es un país con libertades, prensa crítica y controles sobre el poder, no homologable con sus vecinos.
También hay que decir que cortar la luz y el agua a la población gazatí, me parece un claro error, pues es condenarla por lo que hace una organización totalitaria que no representa a toda la población. Y, más pronto que tarde israelís y palestinos, con la mediación internacional, deberían sentarse y hablar seriamente sobre como poder resolver el conflicto de una vez.
Dicho esto, toca criticar a las izquierdas populistas y neoestalinistas, por su postura hipócrita. Aquí, de puertas para dentro, venden un feminismo de corte fanático y fascistizante, mientras que rezuman antisemitismo y no parece indignarles la muerte de mujeres y el maltrato a sus cuerpos y cadáveres, pues consideran a las israelís mujeres de tercera, poco más que animales, como los nazis y los antisemitas musulmanes a los judíos. Se han quedado anclados en un antiamericanismo y antijudaísmo de adolescentes-heredero del viejo fascismo y las viejas derechas, por cierto-, en vez de profundizar en las cosas y alejarse de maniqueísmos pueriles de la edad del pavo.
Por último, para finalizar y no alargarme demasiado iré a lo que para mí es esencial. Todo lo que ha acontecido y acontece en el mundo, con el renacer cada poco tiempo del peligro de guerra mundial y destrucción atómica, pues el conflicto en Oriente Medio implica a potencias globales, y podría saltar a mundial, tiene que ver con la imposibilidad que nosotros, la mayoría de la humanidad, la población de la base, por decirlo de alguna manera, la población proletarizada, es consecuencia de nuestra imposibilidad de encontrarnos, reflexionar y lanzar un proyecto alternativo de vida, que intenté acabar con nuestras existencias asfixiantes y angustiosas.
Este proyecto para mí pasaría por buscar lo que nos une, en vez de lo que nos separa. Consistiría en retomar lo mejor de las tradiciones filosóficas y espirituales de la humanidad, junto con el reconocimiento de ser proletarios. Proletarios en el sentido de ser en todas partes mercancía, objetos desechables de usar y tirar, recipientes a los que adoctrinar en lo que interesa a los distintos regímenes y sus propagandas para liquidar nuestra libertad de conciencia. Unos, las derechas, por no salir de nuestro país, nos hacen tragar banderas y patriotismos tramposos, otros, las izquierdas, nos hacen tragar feminismos y los nacionalistas a lo suyo, dividir y fragmentar.
Este reconocimiento de que no somos ciudadanos libres ni iguales, sino carne de cañón, en última instancia literal, pues nadie dude que nos llevarían al matadero si se da el caso, incluyendo a las mujeres que se han tragado la propaganda feminista y sus objetivos reales-dividir e impedir una lucha conjunta sin separación de sexos y acabar en las fosas comunes movilizadas con los hombres-, es decir proletarios, aunque no curremos en fábricas o estemos parados o de eventuales o temporales.
Sería necesario retomar la idea de construir una especie de Hermandad Proletaria Universal-sin personalismos ni ismos que llevaron al fracaso en tiempos pasados-, que tuviera claro lo que buscan y quieren los diferentes sistemas y las clases gobernantes de distintos colores y tendencias, para desde ahí negarnos a enfrentarnos unos con otros, haciéndonos cómplices de las matanzas y dar pasos hacia otra humanidad, empezando por proponer el trabajo libre o no asalariado como paso primero para salir de la esclavitud integral en que habitamos.. Ese es nuestro problema de fondo, el problema de fondo de la humanidad, la negación a ver claramente lo que somos para no dejarnos engañar por divisiones artificiales y seguir marchando de guerra en guerra, de propaganda en propaganda, de mentira en mentira, estando condenados a fragmentarnos apoyando eternamente lo que consideramos menos malo.
jueves, 5 de octubre de 2023
El tránsito. Vida más allá de la vida y experiencias cercanas a la muerte
Hace un tiempo, cuando empecé a centrar mi vida en la búsqueda espiritual y comencé a alejarme de viejas ideologías políticas, aceptando su caducidad, y que ya no me aportaban ningún bien ni paz, si es que lo hicieron alguna vez, descubrí a Emilio Carrillo.
Se trata de un hombre que lo tenía todo, éxito, fama, dinero y prestigio, pero que diversos acontecimientos, especialmente una ECM-experiencia cercana a la muerte-, le hizo dar un rumbo a su vida, guiándose desde entonces en su vida por lo que considera imperecedero, frente a lo perecedero, lo meramente corporal.
Ha publicado numerosos libros y hoy quería comentar muy brevemente uno de ellos, El tránsito. En él, inspirado en distintas tradiciones espirituales, en sus respectivos maestros, pero fundamentalmente en el famoso El libro tibetano de los muertos nos lleva a conocer distintos aspectos de la vida más allá de esta vida, que es transitoria, especialmente cuando la abandonamos.
Una de sus enseñanzas, sumamente interesante, es que no hay errores, sino experiencias que hay que atravesar en el crecimiento consciencial en las sucesivas vidas por las que pasamos, pues la vida o vidas están encaminadas a experiencias para crecer espiritualmente y acercarnos a la fuente, para ir despertando al conocimiento olvidado de cual es nuestra verdadera casa, nuestra verdadera esencia, que no es la material, que el identifica metafóricamente con un coche, sino el conductor, que es imperecedero y transita a otra dimensión tras la llamada erróneamente muerte.
Según como hayamos vivido y lo aferrados que estemos a lo egoico, a lo material, el tránsito, el camino a la luz será más o menos rápido. Algunas almas pueden llegar a creer ilusoriamente que siguen en nuestro mundo, permaneciendo mucho tiempo aferrados a nuestro plano, provocando los efectos llamados poltergeist en su intento de comunicarse.
Otros, guiados por familiares y amigos antes fallecidos, alcanzan la luz rápidamente, en la cual todo es paz y amor, plena calma, contemplación amorosa, según la propia experiencia del autor, que, sin embargo, como a otras almas se les da la orden de regresar por distintos motivos, en su caso ayudar a gente en ese despertar espiritual y al buen morir, sin miedos, sin agobios ni ataduras.
Otro tema interesante que desarrolla es el llamado pacto de almas, según el cual en las sucesivas encarnaciones convivimos con distintas almas, algo pactado de antemano, que en una vida una de ellas podría ser familiar, en otra pareja, padre o madre-según él los hijos eligen a sus padres, no al revés-.Y es que según Emilio venimos al mundo para desarrollar una serie de experiencias, si bien el libre albedrío hace que podamos no vivirlas y desviarnos totalmente de ellas, siguiendo un camino opuesto.
También sostiene que nuestra muerte, su forma y su fecha, temprana o tardía, también está pactada, y que las muertes aparentemente absurdas e injustas, como la de los niños pequeños, tienen un propósito, como puede ser despertar a sus padres y familiares de su vida excesivamente apegada a lo material, y comenzar a interrogarse sobre cosas más profundas .
Para finalizar decir que el autor plantea la posibilidad que tras la muerte del cuerpo físico y perecedero, podamos escoger la opción de disolvernos en el Todo, y desaparecer para siempre como identidad, como conciencia individual.
En fin, estamos ante un libro interesante, que provoca muchas reflexiones, aunque quizá, solo quizá, a los más escépticos, cientificistas y materialistas, podría no interesar o resultarles sumamente difícil abrirse a sus atrevidas y valientes tesis, que yo comparto en gran medida, aunque con dudas respecto, por ejemplo, la reencarnación.
martes, 26 de septiembre de 2023
Biografía de la luz
sábado, 9 de septiembre de 2023
Oppenheimer
Brillante película, quizás excesivamente larga, que desarrolla el dilema moral que atormentó a un famoso físico, Oppenheimer, el padre de la bomba atómica. Oppenheimer nos lleva de la mano por la vida del citado científico, desde sus inicios como brillante teórico de la mecánica cuántica, a sus ideas y activismo izquierdista, considerado molesto y peligroso en los Estados Unidos hasta su inestable vida amorosa, nunca fiel.
Pero la trama se centra en la segunda guerra mundial, cuando se desarrolla el Proyecto Manhattan, en competencia con la Alemania nazi y sus científicos, que también estaban intentando desarrollar una bomba atómica. La película nos muestra a un Robert Oppenheimer entusiasmado y apoyando el desarrollo del arma destructiva para derrotar definitivamente al fascismo. Vemos también las primeras dudas y negativas en algunos de sus compañeros, lúcidos ante lo que suponía abrir la caja de Pandora, así como el apoyo entusiasta de otros.
Sin embargo, tras la prueba mortífera sobre población humana, las dudas empezaron a corroer la conciencia del físico, elevado a la categoría de héroe nacional. La muerte en masa que había abierto su descubrimiento, la carrera armamentística entre Rusia y Estados Unidos, con artefactos capaces de arrasar la vida sobre la Tierra, le atormentaron, llevándole a la duda moral sobre si lo que había contribuido a desatar fue justo o no, duda jamás resuelta y a defender el control armamentístico, oponiéndose al desarrollo de la Bomba H, por ejemplo.
Oppenheimer nos enfrenta al tortuoso camino de la conciencia moral del hombre y mujer de ciencia contemporáneos, una ciencia que parcialmente ha contribuido a hacer del mundo un lugar al borde del abismo, pendiente siempre de la contención de quienes tiene la última palabra sobre si activar o no el botón nuclear, los políticos, los hombres de Estado.
Y es que la ciencia, glorificada como nueva religión en la modernidad progresista, ha inflado la desmesura del mundo reciente y presente, con su extremo desarrollo del poder y su concentración , convirtiéndonos a nosotros, sus desventurados habitantes, en seres que sobreviven pendientes de un hilo, marcados por la sombra de la muerte nuclear de la razón de Estado, que no ha desaparecido, ni mucho menos, como podemos contemplar, con la implosión de la URSS, sino que se ha erguido de nuevo sobre nuestras cabezas.
jueves, 31 de agosto de 2023
De la autodestrucción a la noche oscura del alma
Muchas veces, tras años de autodestrucción, de demolernos internamente con pensamientos negativos constantes, de convertirnos en guiñapos de almas demolidas, trituradas, habitantes de un sufrimiento que cala hasta los huesos, que hace que levantarse de la cama, o esbozar una sonrisa, suponga un enorme esfuerzo. Donde todas las noches te acuestas con el deseo feroz de que algo te suceda, que no despiertes del sueño, pues bien, tras este carrusel de montaña rusa en el interior de una caverna gigante donde no se vislumbra rayos de luz, a veces, ocasionalmente, en un destello breve cual estrella fugaz de optimismo, pensamos que saldremos impulsados, cual fuerza misteriosa de la naturaleza, hacia el mundo de la superficie, el mundo de la luz y el sol tibio.
Pero esto nunca sucede. Del mundo del subsuelo, del auto flagelo, la auto tortura monstruosa, donde voces internas te susurran en los oídos que no vales nada, que no mereces nada, que jamás rozarás la vestimenta de la felicidad, de la alegría de vivir, que eres un apestado inferior a todo el mundo, un retrasado, un fracasado, un ser risible, un solitario despreciado por las mujeres; de esa cueva se sale cuando, un día, sin saber por qué, decides que quieres una vida real, renacer de tus cenizas, habitar un nuevo ser, una nueva tierra, donde las heridas mentales, físicas y del alma vayan cicatrizando.
Que lo que pensabas que eras, esa especie de monstruo de apariencia humana, no era tal, al menos no totalmente. Que la perfección no existe, que todos somos luz y sombra, que junto con el reconocimiento de nuestras sombras hay que vislumbrar nuestra luz. Así empezamos a silenciar las voces torturantes, paso a paso. Nuestra vida, esa vida falsa, de niño miedoso, esa casa artificial de papel, que construimos para refugiarnos, se derrumba.
Habrá turbulencias, tentaciones e intentos de lanzarse a ciegas a recuperar una existencia perdida, hasta que te des cuenta que tienes que frenar. Relajarte, abrirte a lo que venga sin forzarlo .Sólo de esa noche oscura del alma en el que uno está habitando se puede vislumbrar el camino de salida del pozo y su obscuridad falsamente acogedora.
La noche oscura del alma te remueve todo, te hace replantearte todo, y es el único camino de sanación, de volver a caminar por el mundo, tras romper la camisa de fuerza de los miedos que impiden avanzar.
En eso estamos, sometido a una noche en la que empieza a vislumbrarse unos tenues rayos de luz. Y si esto sirve a alguien, jovencito o mayor, que ha despertado al conocimiento doloroso de que llevaba una no vida, una vida de mierda, bienvenido sea este escrito , realizado con un alma en reconstrucción, donde toca juntar uno por uno sus pedazos, sus fragmentos.
miércoles, 16 de agosto de 2023
Elogio de la deseducación
Es habitual hablar de la educación como motor de cambio en positivo en las diferentes sociedades y países. Se considera un elemento de progreso y avance importantísimo.
Sin embargo poca gente se plantea si la educación, no sólo la escolar y universitaria, sino la familiar y social, contiene elementos negativos, y lo que sería necesario es iniciar un proceso individual y colectivo de parcial deseducación.
No se trata de que no haya que estudiar, ni de condenar el aprendizaje teórico, el ejercicio memorístico, que tiene su utilidad y su importancia. Pero si se trata de confirmar y aceptar que las sociedades escolarizadas han llegado a un punto de no retorno, no dan más de sí, y no sólo eso, sino que estamos asistiendo a un desmoronamiento psicosocial, que ya hemos comentado en otros textos, así como a un hundimiento del pensamiento creador y transformador; todo son menudencias y reformismos de tres al cuarto sin futuro.
El ideal de que cuanto más estudies más éxito tendrás en la vida y más ascenderás ya ha quebrado. Y aquí encontramos el primer elemento en el que deseducarnos. La idea del ascensor social en base a la educación no favorece el verdadero amor al conocimiento. El conocimiento debe amarse por sí mismo, sin ningún contenido utilitario, como una forma de dar pequeños pasos al desciframiento de los enigmas de la vida y de todo lo que nos rodea, que jamás se descubrirán plenamente. Pero también empezar por conocerse a uno mismo, incluyendo nuestras sombras y oscuridades.
Por eso sería esencial iniciar un camino de descenso hacia nuestro interior, nuestras profundidades, para llegar a nuestro verdadero yo, saber quienes somos y qué queremos realmente. De esa manera se destruirían muchas ideas preconcebidas sobre lo que se supone que ha de ser nuestra vida, nuestros objetivos y metas. Y posiblemente podríamos sanar nuestras heridas internas y externas más fácilmente.
Hablamos mucho de felicidad, como nuestro gran sueño, y sin embargo hemos creado un sistema educativo y social que fomenta la infelicidad. Si comprendiéramos que es mejor estar en lo bajo, que ahí vives más libre, con menos molestias, con las preocupaciones mínimas, desapercibido, dando y recibiendo sin pedir nada a cambio, sintiendo el entrelazamiento con los otros, la naturaleza y el cosmos, sabiéndote un proletario, no un miembro de esa hipotética clase media, centrándonos en la meditación y contemplación de lo que nos rodea, en vez de anhelar tener y poseer, estar en las alturas, se derrumbaría el edificio monstruoso que hemos levantado, lo que no excluye en un segundo momento la necesidad de una acción que destruya definitivamente la edificación.
Necesitamos, por tanto, deseducarnos de la parte negativa recibida por familias e instituciones, así como pasar de largo por la presión social. Busquemos el último lugar, lo que no implica no aprender, sino dar un sentido radicalmente diferente al aprendizaje .Busquemos la riqueza espiritual, el Reino de Dios, el apoyo y guía de este, aceptemos nuestras debilidades e imperfecciones, que no podemos todo, y lo demás se nos dará por añadidura.
Desde este humilde blog vaya mi elogio a la deseducación, a su necesidad perentoria.





