Ediciones Salmón nos presenta un interesante libro de José Ardillo: Ensayos sobre la libertad en un planeta frágil.
En dicho texto, el tema central es reflexionar sobre cómo construir una sociedad libre en un planeta finito, donde como cada vez venimos observando con más cercanía, los recursos no son infinitos. Para eso el autor utiliza las ideas libertarias, o cercanas de pensadores como Kropotkin, Thoreau, Landauer, Reclus, Mumfurd, Huxley, Morris, Illich, Ellul… En los citados y otros pensadores que aparecen en el texto como Murray Bookchin o Tolstoi, por ejemplo, detectamos un interés y amor por la Naturaleza, y una seria de reflexiones sobre la tecnología y el progreso que José Ardillo cree importante rescatar y analizar, pero desde un punto de vista crítico.
Señala lo que para él son son sus aciertos, pero también sus errores, como el entusiasmo hacia la tecnología de varios de ellos y la idea de Progreso, si bien nunca alcanzó los niveles del marxismo, esa teología que creía en el progreso como algo lineal e indefinido, que conduciría, sin prácticamente intervención de los sujetos, al paraíso terrenal, al comunismo.
También destaca la defensa o simpatía de algunos de estos escritores hacia experiencias pasadas, como la ciudad libre medieval, las guildas, gremios, la propiedad comunal y otros aspectos de la hasta ahora denostada por oscurantista y ultrarrepresiva Edad Media.
En el libro se perfila una crítica a la idea de la tecnología como elemento liberador o emancipador, señalando el carácter opresivo y destructivo de muchos avances técnicos. Así como un rechazo de la unión de las teorías emancipadoras con la abundancia material-la toma del montón, que decía Kropotkin, por ejemplo-. La búsqueda de la abundancia material, que consciente o inconscientemente va unida a la creencia de que el planeta se puede ordeñar o exprimir hasta el infinito, no ha traído más al final que el conformismo, la resignación, la pérdida de la libertad, la deshumanización.
Para el autor, libertad y necesidad no tienen por qué ser excluyentes una con otra, así como el reconocimiento de la finitud no tiene por qué ser incompatible con la búsqueda de una sociedad libertaria, al revés, pueden ser la fuente de su realización.
El libro, que no cae en el primitivismo, lo que es de agradecer, no da una respuesta clara a esos interrogantes, deja la cuestión abierta para que el lector piense por su cuenta, lo cuál nos parece positivo.
Y, sobre todo, el libro es, también, una invitación a descubrir una serie de autores, en su mayoría marginados o considerados de segunda división-pues el anarquismo nunca ha gozado, goza ni gozará de respeto-, pero cuya defensa, con diferencias, de una sociedad descentralizada, federal, autogestionaria y respetuosa con la Naturaleza, crítica de las Megalópolis- y la Megamáquina- y la concentración del poder, sigue siendo actual y necesaria, con las actualizaciones necesarias.
En una época de resurgir del autoritarismo y los populismos de diferente signo y color, el espíritu libertario debe mantenerse encendido y nuclear a su alrededor una alternativa práctica y constructiva, como la que buscaba uno de los nombres que aparecen en el texto, Gustav Landauer.
Errata
Naturae ha publicado un libro donde tres filósofos, Carlos García Gual, Emilio
Lledó y Pierre Hadot analizan en tres breves textos la vida y pensamiento del
fundador de la escuela epicúrea y los principales fragmentos de su obra que han
quedado para la posteridad: Filosofía para la felicidad.
Era
la filosofía de Epicuro una reflexión sobre el cuerpo, las sensaciones, el
placer y el dolor. Para él , el principio básico era el bienestar de la mente y
el cuerpo, sólo partiendo de ese reconocimiento podría lograrse una mejoría
social, frente a los que defendían una organización política ideal olvidando lo
primero, lo que había llevado al fracaso.
Una
mente sana requería vencer los terrores, de ahí a importancia que Epicuro daba
a no caer en el temor de los dioses y, sobre todo en destruir el pánico a la
muerte, pues cuando morimos ya nada somos, nada sentimos, ni bien ni mal, ni
placer ni dolor.
Sin
embargo Epicuro no desarrolla una filosofía del placer y los deseos similar a
la contemporánea en su bajeza.En absoluto, Epicuro distingue entre deseos
naturales y necesarios, como comer y beber, naturales y no necesarios, como los
amorosos, y ni naturales ni necesarios. Con la satisfacción de los primeros, la
renuncia total a los últimos y puntualmente a los segundos, nos ayudarían a
encontrar la serenidad, por tanto la felicidad, en esa disciplina de los deseos.
A
demás
para la escuela epicúrea la amistad es fundamental, de ahí que en el Jardín en
las afueras de Atenas en el que se instalaron, convivió una comunidad de hombres
y mujeres de todas las condiciones sociales, sin distinción de sexos, ni de
libres o esclavos. Y, al contrario de lo que muchos pensaban, su vida, sus
placeres, eran sumamente ascéticos: “siento el gozo de mi cuerpo al alimentarme
de pan y agua, y escupo sobre los placeres de la suntuosidad, no por ellos
mismos, sino por las trampas que producen”.
Epicuro
y su pensamiento fue silenciado y tergiversado, y, si bien con sus defectos,
pues su insistencia en la defensa del placer puede malinterpretarse o
degenerar, como en cierto sentido ha sucedido en el mundo contemporáneo, que
alguna vez, desde estas páginas, hemos definido como epicureísmo degenerado,
vemos la superioridad moralde las
viejas filosofías y modos de entender la vida sabia, con las actuales.
Es habitual , cuando se habla de sistemas políticos, dividir
éstos entre democracias y dictaduras, considerando con naturalidad que cuando
se habla de democracia nos referimos a una democracia de partidos, en los que
la ciudadanía expresa su preferencia por unas u otras siglas políticas.
Sin embargo aunque, como es habitual, los hombres y mujeres
de la modernidad creen haber desarrollado el sistema democrático más avanzado,
una mirada sin prejuicios al pasado y una reflexión crítica sobre lo que
consideramos democracia nos hace considerar que, lo más cercano a la democracia
en su sentido etimológico, de gobierno del pueblo, son las diversas
experiencias, pasadas y presentes de lo que llamaremos autogobierno comunal,
que hoy subsiste en algunas comunidades latinoamericanas.
El verdadero autogobierno comunal
se basa en la creación de instituciones democráticas tipo Concejos,
Consejos , Asambleas u otras pero no dirigidas por partidos políticos o Caudillos, sino por
la propia comunidad, que elige a sus representantes- los cuáles tienen que
aplicar las decisiones tomadas en las Asambleas-, no por las siglas políticas,
sino por su moral o ejemplaridad en su vida privada y pública.
Estas diferencias con nuestro sistema no son en absoluto
menores. Aquí, dejando de lado la
estructura vertical de toda institución, no se escoge a los representantes
políticos por su moral, por sus actividades cívicas reconocidas por todos-en
una palabra por su prestigio, en su sentido ético- sino por su lealtad a los
líderes que encabezan los partidos correspondientes.
Nuestro sistema, por tanto, favorece, en general, el ascenso
al poder de los peores, de los sumisos, de los amorales, de los sedientos de
dinero y bienes materiales o de los leales al aparato, lo que es aplicable a las
organizaciones sindicales y empresariales, por ejemplo.
En el gobierno comunal, las personas elegidas, aparte de
serlo durante un tiempo y poder ser revocados si se da el caso, no tienen un
sueldo o unos privilegios por su labor. La actividad política está mucho más
orientada al bien común, no a un negocio.
En el sistema comunal, la sociedad es más sólida, la
comunidad está menos fragmentada o atomizada.
Los partidos políticos, valga la redundancia, parten la
sociedad para quedarse ellos con el poder o parte de él. Necesitan del
enfrentamiento de unos con otros para mantenerse fuertes, aunque, cada vez más,
sus diferencias sean escasas.
La pluralidad y diversidad de opiniones puede expresarse de
diferentes maneras, a través del ensayo y el error, y en el diálogo de unos con
otros se pueden acercar posturas e incluso aceptar que el otro, los otros,
tenían razón, frente a nuestros debates y tertulias, que son poco más que
gallineros donde lo importante radica en quién habla más alto.
Por otra parte, se nos presenta, y gran parte de la
población adoctrinada de nuestros países así lo cree, que el juego izquierda
derecha es algo natural, alinéandose bandas de fanáticos educados a un lado o a
otro, siguiendo programas y gurús televisivos de un signo u otro, y condenando
a los rivales. Pero tal juego no es más que un circo, una parodia, pues el
Sistema necesita de “fachas” y “rojos”, de liberalconservadores e izquierdistas
para entretener a las multitudes y para
que la población apoye sus más delirantes proyectos de ingeniería social, en
los que, hay que reconocerlo, la izquierda juega y jugará un papel esencial,
haciendo pasar como progresista lo que no es más que el desarrollo de un Estado
policial y el camino hacia un capitalismo total, como la célebre Ley de
Violencia de Género, y, quizá, próximamente, una Ley de Eutanasia para ir
liquidando bajo discursos de progreso a la población considerada improductiva
,que es a lo que conducirá el desarrollo lógico del Régimen estatal-capitalista
si no le ponemos remedio.
Que esto no es una insensatez lo demuestra un hecho como que
el Presidente de la Sexta, cadena considerada de izquierdas es Lara, hombre de
derechas, ¿por qué será?.
Retornando la reflexión sobre las experiencias de los
autogobiernos comunales, otra de las características que le hacen diferir del
nuestro es la mentalidad de deberes, necesaria tanto para participar, como para
ser elegido cargo público, al no tener estos, en la mayoría de los casos
remuneración económica o privilegios de algún tipo .Frente a nuestra obsesión
con los derechos ,llegando a pensar que una acumulación de éstos nos va a
llevar a otra sociedad, lo cual es una absoluta ingenuidad pues los derechos se
conceden y, por tanto, se quitan cuando interesa a la clase dirigente; las sociedades
comunales, con buen tino, consideran que es una mentalidad de deberes de unos
para otros, e incluso con el entorno, la Naturaleza, a la que debemos nuestra
existencia, lo que nos puede llevar a otra cosa.
Esa conjunción de autoridad moral y deberes-sin excluir
derechos-, de leyes consuetudinarias o de creación popular-las imprescindibles,
frente al marasmo de nuestras sociedades-, de un sentido de la justicia elevado
que evite en lo posible la cárcel intentando otros medios punitivos como el
trabajo para la comunidad, el desarrollo de la propiedad cooperativa y comunal,
frente a la capitalista y estatal, hace de ese sistema político algo a tener en
cuenta como futuro alternativo.
Por supuesto nada es totalmente imitable y nuestro estado de
postración, nuestro pedestal ruinoso y corroído por el culto al Progreso , del
que estamos cerca de caer los siervos endiosados de las sociedades de consumo,
bienestar y abundancia, con nuestro desprecio al pasado y a las tradiciones,
condenadas en bloque como algo reaccionario y opresivo-aunque no seamos, los
modernos, más que peleles movidos a un lado y otro por los múltiples aparatos
de poder- hace que estemos lejos de poder hacer realidad algo parecido.
El camino es largo, pero, como hemos expresado en varias
ocasiones, las propuestas fáciles, vendidas como salidas a la situación, nunca
nos llevarán a nada diferente. Sólo lo complicado, lo complejo, lo que requiere
de años de esfuerzos, éxitos y fracasos, nos puede permitir vislumbrar la luz.
Nuevamente tenemos que comentar positivamente un libro del
filósofo –ya fallecido-especializado en el mundo clásico, Pierre Hadot.
Se trata de un extenso ensayo sobre Las Meditaciones, el
texto del emperador que abrazó la filosofía estoica, Marco Aurelio, llamado La ciudadela interior. A través de él se nos van presentando
los temas centrales de la filosofía estoica, como las tres reglas de vida o
disciplina: la del deseo, consistente en amar el acontecimiento que viene a
nuestro encuentro, lo que supone desear lo que es útil alTodo del mundo; la disciplina del
juicio, consistente en intentar borrar las representaciones negativas que nos
hacemos de las cosas, pues como escribió Epicteto
en su Manual de Vida, “Lo que nos turba no son las cosassino nuestros juicios sobre las cosas”.
Esto supone pensar que las cosas no tocan el alma, y que ésta es libre de
juzgar las cosas como quiere.Y la
disciplina del impulso, que tiene como su base realizar acciones al servicio de
la comunidad humana.
Un aspecto muy interesante del estoicismo y recuperable para
ayudar a vencer miedos y temores serían los ejercicios de la imaginación y la
escritura como ejercicio espiritual, consistente en ejercitarse mediante el
pensamiento así como la palabra y el escrito en diferentes aspectos como la aceptación
de la brevedad de la vida, su carácter pasajero. Así, Marco Aurelio se
imaginaba la desaparición no sólo de una corte, sino de toda una generación,
para evitar también apegos excesivos hacia lo que escapa de nuestras manos
tarde o temprano, así como al fondo absurdo de nuestra existencia: “bufonada y lucha sangrienta; agitación y
torpeza; esclavitud de cada día”…”efímero, el que se acuerda y aquel de quien
se acuerda”. Los principios y normas de vida de esta escuela filosófica,
según nuestro emperador, era convenientes tenerlos a mano, escribirlos,
leerlos.
Para la corriente estoica el único valor supremo, al que
todo debe estar determinado, es el bien moral, la virtud; y, por tanto, no hay
otro mal que el mal moral, no siendo verdaderos males, aunque así lo parezcan a
los hombres-muerte, enfermedad, injurias, pobreza…- las cosas consideradas
negativas. En este aspecto, aunque sea un tanto exagerado, el estoicismo
contribuye de manera positiva a intentar que lo que consideramos males, al
menos, nos afecten lo menos posible, y a poner como centro de nuestra vida la
virtud o bien moral, algo muy necesario tanto antaño como en los tiempos que
corren.
Otro elemento importante en Las meditaciones como en otros
textos estoicos es la distinción en el alma de una parte superior, el principio
director, el verdadero Yo, que debe delimitarse o circunscribirse del resto,
cuerpo y soplo vital, pues es lo único que realmente nos pertenece, sobre lo
que podemos ejercer un control, que depende nosotros, pues no debemos olvidar
que los estoicos gustaban de distinguir lo que depende de nosotros-nuestra
facultad de elección-, de lo que no, o sea lo que depende del destino y el
curso universal de la Naturaleza.
Junto a esto va unida otra idea muy
interesante a tener en cuenta y útil en los ejercicios mentales, en el esfuerzo
que todos debemos realizar para no ser derrotados por el temor al pasado o al
futuro y tomar conciencia del verdadero Yo. En palabras de Séneca citadas en La ciudadela interior. ”Hay que suprimir estas dos cosas: el temor por el porvenir, el
recuerdo de los antiguos males. Estos ya no me conciernen y el porvenir no me
concierne todavía”. La vida debe ser vista, por tanto, como un presente
continuo, y no debe turbarnos lo que no depende de nosotros y es indiferente,
como el pasado y el futuro: “Si sólo te
aplicas en vivir la vida que vives, es decir, el presente, podrás pasar el
tiempo que te quede hasta tu muerte con calma, benevolencia, serenidad”, o “hay que realizar cada acción de la vida
como si fuera la última”.
Este Yo estoico está en las antípodas del yoísmo actual-en
realidad servidumbre total a los dictados del Poder-, pues unido al
consentimiento a los acontecimientos, se abre de su situación limitada, de la
perspectiva reducida del individuo, a una perspectiva universal, a una
conciencia cósmica, a un acuerdo amoroso del Todo con las partes.
Numerosos temas son tratados en el libro, pero nos gustaría
acabar con dos. Uno especialmente llamativo, de la que más nos gusta del
estoicismo, la filosofía más cercana junto con la cínica de quien esto escribe, es La mirada desde lo alto, lo que permite por una parte tener una visión de la
totalidad de la sustancia y el tiempo, de la metamorfosis universal: “observa cada objeto e imagínate que se
está disolviendo, que está en plena transformación, pudriéndose y
destruyéndose”, “te abrirás un vasto campo libre abarcando con el pensamiento
la totalidad del cosmos, concibiendo la infinitud de la eternidad, considerando
la rápida metamorfosis de cada cosa” . Esta mirada desde lo alto sirve para
revelar a los hombres la maravilla del Universo y del espíritu pero también
darse cuenta de lo pequeño y mezquino de las cosas humanas, de su
insignificancia en la infinitud, lo que favorece la disciplina del deseo y ayuda
a combatir el miedo a convertirnos en carroña putrefacta, que es nuestro
destino final.
Y para terminar, debemos hacer mención a que para el
estoicismo el bien común es lo esencial, por lo tanto la justicia el altruismo
y el amor tienen un peso importante en esta corriente, a veces obscurecido por un
supuesto pesimismo, por una visión tan real de las cosas-“el sexo no es más que un frotamiento de vientres, unido a la
eyaculación de un liquido viscoso” , lo que no implica despreciarlas, sino
no exagerar su importancia, no dejarse llevar por visiones que nos hagan dar a
las cosas una importancia de lo que carecen, uno de los caminos de nuestra sumisión psíquica, lo que propugna el estoicismo en última instancia junta a lo
absoluto del bien moral- que ahuyenta a muchos o da una imagen distorsionada de
los estoicos y su pensamiento.
Escojamos para demostrar esto dos frases: “Es propio del alma razonable amar a su
prójimo…y no preferir nada para sí misma, lo que también es propio de la ley”;
“Toda acción de ti que no se refiera de inmediato o de lejos a un fin que sirva
al bien común, desgarra la vida, le impide ser una…”.
Si no han leído Las Meditaciones de Marco Aurelio se las
recomendamos vivamente, y si lo han hecho, no se pierdan tampoco este texto.
Los valores estoicos, sus ejercicios mentales o espirituales, nos parecen de
mucha utilidad, tanto para apegarnos al Bien, como para reducir los miedos y
terrores de distinto tipo que nos amargan en ocasiones nuestra efímera vida.
Coincidiendo con el triste e interminable conflicto que enfrente a israelíes y palestinos queremos recomendar una extraordinaria y dramática película: Omar
Omar es un joven panadero palestino que en la Cisjordania ocupada se juega la vida trepando por un muro que separa unos territorios palestinos de otros para ver a su novia, Nadia, un amor secreto.
Lo mejor del film es lo bien que retrata el día a día de un territorio ocupado, el clima de odio mutuo entre unos y otros, las sospechas y las traiciones entre los palestinos de diversas facciones que deciden tomar las armas, como el protagonista y dos de sus mejores amigos de infancia.
La película, sin embargo, no es maniquea, pues no deja de señalar como, por ejemplo, la persecución, tortura y eliminación también se dan en el seno de los palestinos rebeldes. Aparece, también, el fuerte machismo de éstos, donde hombres y mujeres, especialmente las segundas, no pueden vivir las relaciones amorosas con naturalidad, siendo supervisadas por sus familias.
Pero, sobre todo, Omar nos muestra como la violencia y el uso de las armas, el derramar sangre, acaba por aniquilar la amistad, la confianza, el amor, convirtiendo a perseguidos y persecutores en pálidas sombras humanas de lo que pudieran haber sido en condiciones de normalidad.
En seres cuya felicidad estalla por los aires, señalados y acusados de traidores por su propio pueblo, ya sin escapatoria ante los dedos acusadores de unos y el seguimiento implacable y sin fin de los otros.
Vidas que pierden todo sentido, sin ilusiones ni asideros, donde sólo cabe esperar la tragedia final que ponga fin al sufrimiento.
Frente a las historias de amor y amistad empalagosas, Omar nos muestra el otro lado del espejo, allí donde es casi imposible que enraícen firmemente los valores positivos de los seres humanos, allí donde la división y el enfrentamiento envenenan los espíritus.
Es una opinión común considerar la extensión de la educación
universitaria como un gran avance, como un logro que nos acerca a una sociedad
mejor, de individuos más formados, con más espíritu crítico, de mayor calidad.
Sin embargo convendría alejarnos de las visiones ortodoxas y
dominantes y analizar cómo es la sociedad en que vivimos, si realmente existe
esa mentalidad crítica, creativa y constructiva, si la búsqueda del bien, la
virtud y la belleza importan, si el autogobierno individual y social va in crescendo,
y si la manipulación y el adoctrinamiento de la población va disminuyendo.
Pues bien, nuestra conclusión difiere de la dominante. Lo
que nosotros observamos es un desplome casi absoluto de las ideas y prácticas
emancipativas, sustituidas por algunas teorías supuestamente críticas que en
realidad se quedan en lo superficial y que, aunque en algunos casos son
conscientes de algunos de los males que nos aquejan, no propugnan nada serio en
el ámbito alternativo, con lo cual, esas teorías, como el decrecimiento, el
ecologismo y otras similares se acaban convirtiendo más en modas, en algo
parecido a una pose y, lo más preocupante, al no vincularse tan siquiera a una
idea de sociedad libre, podría acabar perfectamente utilizándose por un Poder
despótico para implantar por la fuerza medidas autoritarias contra la población,
en la línea de una dictadura decrecentista.
Ejemplo de esto último lo tendríamos en el Manifiesto Última Llamada,
donde advirtiendo del real peligro de agotamiento de los recursos, nada serio
se plantea como respuesta alternativa, con lo cual tales ideas pueden acabar
sirviendo a un roto y un descosido, lo cual es sumamente peligroso.
Lo que tendríamos que analizar es porque motivos unas
sociedades alfabetizadas, donde la enseñanza ocupa muchos años en la vida de
una persona se ha producido esa caída de los valores civilizatorios,
fundamentalmente de la libertad y porque sus construcciones teóricas son, en su
mayoría, propuestas cortas de miras, sin profundidad, que pretenden solucionar
los problemas quedándose en la superficie, sin ir a las raíces.
Es decir debemos ser capaces de explicar el porqué las
propuestas en el ámbito político y humanístico son un camino a ninguna parte en
la gran mayoría de los casos.
Esto contrasta, sin embargo, con un Movimiento Obrero
decimonónico creativo y constructivo, con una idea de emancipación, compuesto
de hombres y mujeres de escasa formación, suplida con un esfuerzo de
autoeducación, basado en la creación de ateneos y escuelas obreras y libres,
donde el conocimiento iba encaminado a lograr una sociedad emancipada, pero
emancipada por sí misma, por los propios trabajadores: “La emancipación de los
trabajadores es obra de los trabajadores mismos, o no es”, según rezaba la
Primera Internacional, o como se escucha en una estrofa de la famosa
Internacional “ni en dioses, Cesar ni tribunos, está el supremo salvador”. Este
Mundo Obrero, inicialmente , buscaba la libertad, la autonomía y por tanto su
educación iba encaminada a lograr esos objetivos.
Es cierto que esa unión del Movimiento Obrero con la
Autonomía duró muy poco, y en escasos decenios se acabó imponiendo con la
excepción de algún país como España, la visión heterónoma, la necesidad de un
Partido y un Estado que reflejara los intereses del proletariado, lo que,
sumado al progresivo triunfo de los valores burgueses, materialistas,
economicistas y monetarios, donde el
dinero lo es todo, ha convertido a lo que subsiste de éste, a sus siglas
políticas y sindicales en agencias de negocios y corporaciones que saquean las
arcas del Estado y estafan el dinero destinado a los parados.
La esperanza de antaño de que la generalización de estudios
universitarios y de otro tipo iba a permitir levantar una sociedad diferente,
como hemos visto, no se ha cumplido.
Es más, el mundo universitario no ha sido en absoluto ajeno
a las doctrinas totalitarias, el fascismo en los treinta y posteriormente el comunismo.
No puedo evitar recordar, cediendo al impulso de personalizar, el haber visto
en la Facultad de Política y Sociología, allá por los años 90, cuando estudié
allí, unas jornadas de apoyo al castrismo, incluyendo, y no bromeo, aparte de
fotos, vídeos con los interminables discursos de Fidel Castro, ídolo de buena
parte del estudiantado de izquierdas y sus organizaciones.
Pareció, por un breve momento que, tras la caída del Muro, la izquierda universitaria podría
renovarse, abandonar su autoritarismo. No fue así.
La última opción salida de ese mundo y de esa misma
facultad, Podemos, es, en realidad, una mezcla de lo más autoritario de la
tradición izquierdista: el añejo leninismo
y el populismo latinoamericano
como ideal de sus dirigentes, sumado, por tanto, a un programa insostenible,
pero reflejo de ese sueño de las clases medias todas, incluyendo la que se dice de izquierdas: un Estado que va a lograr
repartir dinero a diestro y siniestro, satisfaciendo todas las necesidades
sociales, pues todo es culpa de un 1% de la población y una casta que se ha
adueñado de todo y robado a manos llenas, olvidando el masivo apoyo en votos
que éstos han tenido durante años y por tanto la complicidad de las clases populares,
en realidad convertidas en una masa amorfa de sueños e ideales burgueses, sólo
unidos por el culto al dinero y los bienes materiales.
Tampoco nos gustaría con esta crítica rechazar en bloque
todo lo que surge de la Universidad, ni generalizar el apoyo o simpatía de los
universitarios a dictaduras y personalidades demagógicas .La Universidad
también fue, en tiempos de la dictadura de Franco, un núcleo de oposición en
los años finales del régimen. Digamos que en el ámbito estudiantil se han dado
los dos aspectos: el rechazo a unas dictaduras y el apoyo a otras.
Lo que sí queremos expresar es que en una sociedad de
personas más o menos informadas y con un nivel de estudios en muchos casos
elevado, no ha surgido ningún proyecto de sociedad autogobernada, sino que
tenemos la sensación de que lo que se busca en la Universidad es seguir atados
a la sociedad de consumo, lograr buenos sueldos y convertirse en los nuevos
opresores, en la nueva clase dirigente .Y es que las doctrinas y visiones
opresivas tienen y han tenido en la Universidad mucho peso.
Lo que queremos expresar es la necesidad de un proyecto de
autonomía y de educación que favorezca a ésta, lo cual no se ha logrado
generalizando los estudios Universitarios. Necesitamos, por tanto, el
desarrollo de una cosmovisión de vida diferente, y para esto el antiguo
Movimiento Obrero nos da pistas y nos indica que, lo fundamental es , sí, las
ganas de aprender, pero unido a un ideal emancipador, de esfuerzo y lucha para
tomar las riendas de la vida en nuestras manos, no dejarlo en manos ajenas.
Un proyecto transformador serio es un proyecto de largo
aliento que, sin cruzarse de manos, rechaza los atajos, o las quimeras que se
venden como pragmáticas del mundo contemporáneo, de hombres y mujeres engreídos
y soberbios que se sienten libres y superiores a sus hermanos del pasado,
cuando somos marionetas adoctrinadas de la cuna a la tumba y que, en realidad,
han sustituido la esperanza religiosa, por la esperanza en Mesías laicos, en
Partidos salvadores.
Es curioso, pero para nosotros una gran alegría que, sin
hacernos demasiadas esperanzas, son comunidades indígenas y campesinas las que, por
ejemplo en Méjico, parecen retomar
el viejo ideal de comunidades gobernándose de abajo arriba, creando sus propias
normas, sus instituciones de autogobierno, recuperando sus viejas tradiciones
en lo que tienen de positivas, por ejemplo la propiedad comunal.
Lógicamente, estas comunidades, necesitarían coordinarse y
desarrollar una visión universal si quieren ir más allá y estudiar cuáles fueron las causas de la
derrota de sus hermanos obreros del siglo XIX y principios del XX, para no
repetir sus errores y caer en brazos de Caudillos o Partidos viejos o nuevos.
La esperanza ha estado y está, no en los ricos, los
intelectuales y los estudiantes universitarios, sino en una clase popular
consciente de su fuerza, con una visión alternativa de las cosas y que se
sacuda los mitos burgueses y de clase media que tanto daño nos han hecho,
especialmente la servidumbre o la renuncia
a la libertad a cambio de una seguridad que ha saltado por los aires, perdiendo
lo uno y lo otro, como era de esperar.
El astrofísico Hubert Reeves nos ha regalado una pequeña joya, un libro breve surgido al calor de las charlas con una nieta adolescente, en aquellas noches de verano, acogedoras y de cielo despejado, en las que contemplábamos el cosmos y esos pequeños y lejanos puntitos luminosos, las estrellas. Visión que nos llevaba a interrogarnos sobre mil aspectos, cómo surgió todo, cómo surgió la tierra, de que están hechas las estrellas, y, sobre todo, la eterna pregunta aún sin respuesta: ¿estamos solos o hay otros seres inteligentes conviviendo en nuestra inmensa casa?.
La afortunada nieta de Hubert tiene la ventaja, frente a la gran mayoría de la gente, de poder contar a su lado con alguien que conoce bien el tema, que puede responder, no a todos, pues es mucho lo que queda por conocer, sino a algunas preguntas.
Una pequeña historia para entender el Universo, versa sobre todos esos interrogantes que nos hacemos en aquellos lejanos tiempos de la infancia, cuando aún conservamos intacta el ansia de conocimiento, antes de irse disolviendo poco a poco en el aburrido encierro de los centros educativos, donde se va asesinando el ansia de saber por lo reglado, lo artificial.
Por las páginas de este sencillo libro, realizado con la intención de hacer nacer el gusanillo del amor a la cosmología, para poco a poco ir siendo capaces de leer textos más densos, más profundos, se explica de forma asequible temas como de qué están hechas las estrellas, por qué calienta el sol, la edad del universo, cómo se expandió éste,los agujeros negros, la materia y la energía oscura, el enigma de las leyes del Universo, que provocan que pueda darse la vida, lo cual hace pensar a algunos en si todo es o no producto del azar,si estamos o no solos, si existen o no multiversos, y, lo más interesante, la similar estructura de la naturaleza con la escritura, sus escalones. Es decir, como lo simple se va uniendo para formar estructuras cada vez más complejas: las letras se unen para formar palabras, y éstas frases. Lo que trasladado a la Naturaleza serían los átomos, cuya unión forma moléculas, estas células hasta llegar a nosotros.
Si queremos interesar a los niños en la ciencia, esta es la manera de hacerlo. Como la escritura, como la naturaleza, comencemos por lo sencillo, para poco a poco llegar a lo complejo.
Por cierto, el autor del libro, aparte de astrofísico, es ecologista. Lógico, no hay amor al cosmos sin amor a la Tierra.