Interesante película que nos retrotrae al final de la segunda guerra mundial, donde los líderes nazis que sobrevivieron y fueron capturados se enfrentaron a los conocidos como Juicios de Nuremberg.
Nuremberg muestra a varios personajes, desde el juez que logró lo que entonces parecía imposible, juzgar a un régimen por crímenes de lesa humanidad, hasta un psiquiatra, figura central, enviado a estudiar la psicología de los líderes nazis, dónde reside la capacidad de hacer el mal a escala industrial; lo que le lleva a sumergirse en un abismo muy peligroso. Entre los jerarcas nazis destaca Herman Goering, interpretado magníficamente por Russell Crowe, un dirigente tan inteligente como narcisista, que aseguraba no estar al tanto del exterminio de los judíos y otros grupos sociales en los campos de concentración.
En resumen una película recomendable que bucea en las raíces del mal, unas raíces que, quizás, duermen en toda persona, esperando el momento oportuno para salir a la luz.
Por primera vez tenemos un texto que nos acerca a la corta pero intensa e imperecedera experiencia de Simone Weil en la Guerra Civil española, concretamente como miliciana del Grupo Internacional de la Columna Durruti.
Su autor se remonta a tiempo atrás, a una jovencita Weil que siempre se sintió atraída por los más débiles, por los explotados, adscribiéndose a la corriente del sindicalismo revolucionario, y escribiendo para sus medios. Haciendo gala, por otra parte, de un fuerte compromiso real, en su vida diaria, con la causa del proletariado.
Pero Simone Weil no se dedicaba sólo a escribir, sino que para ella era fundamental vivir coherentemente, lo que la llevó a trabajar como obrera en varias fábricas, exponiendo su cuerpo a un duro trabajo. Una actitud de coherencia, de riesgo, de forma de vida más allá del mero activismo.
La misma actitud que la llevó a listarse como miliciana cuando estalla la guerra en España, poniéndose de parte de los oprimidos, en especial del sector libertario, pensamiento con el que simpatizaba, pues reflejaba un ideal de cambio revolucionario, de superación del salariado.
Su carácter exigente la llevó a una pronta decepción. Algunos anarquistas participaron en crímenes, y, en su visita a fábricas colectivizadas se dio cuenta que el esfuerzo de guerra llevaba a defender un culto a la productividad que implicaba mantener un trabajo esclavo, con castigos y amenazas.
Todo esto le hizo reflexionar y ser de la opinión de que la fuerza, ese concepto central en su pensamiento, era similar en ambos bandos, es decir que el bando de los explotados y humillados se convertía en un espejo del bando golpista, al usar los mismos métodos de opresión, terror y brutalidad.
¿Cómo luchar los débiles sin caer en la fuerza?. ¿Cómo hacer la guerra sin convertirse en soldados, es decir en objetos que obedecen sin más?. Estos eran algunos de los interrogantes que se planteaba Simone Weil, y para los que no había respuesta clara.
En resumen estamos ante un libro muy interesante que recomiendo vivamente.
He tenido ocasión de leer recientemente un libro de René Guénon, autor francés del siglo XX y considerado el último metafísico de Occidente, titulado La crisis del mundo moderno, el cual, como su título indica, es una crítica muy profunda a la modernidad.
Su originalidad radica en que su oposición frontal a esta no tiene tintes políticos, sino espirituales y metafísicos. Para Guénon la crisis, o crisis múltiples, mejor dicho, en que se halla sumergida la humanidad, sobre todo Occidente- objetivo de sus dardos- guarda estrecha relación con el olvido de la Tradición, de los Principios esenciales de las tradiciones espirituales y metafísicas, según los cuales hay una supraindividualidad, no atada a la materia, vinculada no a lo cuantitativo sino a lo cualitativo, a lo supraindividual por encima de los individuos.
El mundo moderno, Occidente, ha olvidado dicho espíritu, dichos principios, y se ha dejado arrastrar por la ola del materialismo, el individualismo, el racionalismoy la cantidad por encima de la calidad. El resultado de todo esto es la creación de un mundo occidental-pues salva en gran parte a Oriente de ello-, donde las sociedades navegan a la deriva, en marcha hacia el abismo, la autodestrucción, inmersas en el Kali Yuga, que según la tradición hindú simboliza el periodo más oscuro y decadente de los diversos ciclos que se suceden en la historia de la humanidad.
La salida, por tanto, al reino de la oscuridad en que habitamos sería retomar esos principios iniciáticos, y el surgimiento de una élite que, conocedora de la vieja tradición, pueda conformarse y guiar a la sociedad occidental del caos a la luz.
Por poner algún pero a la obra, decir que no menciona tales Principios, como dando por hecho que el lector debe conocerlos. No obstante es un texto que va de menos a más, haciendo también alguna pequeña inmersión en el tema político, criticando la llamada "democracia" y su ley del número, de las mayorías que tienden a aplastar o silenciar a las minorías. Viendo en ello un reflejo del dominio de la cantidad frente a la calidad.
En resumen, La crisis del mundo moderno es un libro recomendable, indistintamente de que se apoyen todas o parte de sus tesis, o se discrepen de algunas, pues supone una crítica diferente y original a nuestras sociedades, las sociedades antiespirituales del mundo moderno.
Byung- Chul Han ha publicado recientemente un nuevo ensayo, breve en número de páginas pero muy profundo que gira en torno a Dios, su aparente muerte hoy, enlazándolo todo con Simone Weil, para él la pensadora más brillante del siglo XX, idea que por cierto comparto.
En dicho ensayo sostiene que el ruido constante de nuestra sociedad, la sociedad del régimen neoliberal del rendimiento, la información, el individualismo y la comunicación constante provoca el eclipse de Dios, el que no podamos escucharle en el silencio, a consecuencia del ruido constante de nuestras vidas.
Para remediar nuestras vidas vacías de sentido propone recuperar siete ideas claves de Simone Weil: atención, descreación, vacío, silencio, belleza, dolor e inactividad. Nuestro filósofo cree que debemos vaciarnos por dentro, olvidarnos del yo, para, en el silencio y la atención, encontrarnos con Dios, contactar con lo divino, con lo trascendente.
También nos invita a redescubrir la belleza, y el dolor, pues solo a través de este último accedemos al mundo, a la belleza y al amor, frente a nuestras ideas actuales donde solo perseguimos lo agradable.
Búsqueda que nos aleja de lo real, pues en lo agradable no hay verdadera realidad. Sin dolor, sin negatividad, no hay acceso a Dios, según pensaba Simone Weil.
De especial interés es su elogio de la inactividad, idea que hoy, en la era de la eficacia y el rendimiento, de la constante comunicación digital, es muy revolucionaria. El habernos transformado en ganado de comunicación, información y consumo nos ha alejado de toda trascendencia. Por lo tanto, para volver a acercarnos a esta y dotar de un sentido profundo nuestra vida, debemos elogiar la inactividad, entendiendo por tal el esfuerzo sin finalidad o la acción inoperante, sin objetivo, lo que dinamitaría la sociedad del rendimiento, de la eficacia, de la cuantía, de los resultados numéricos.
El silencio contemplativo es, por tanto, una llave fundamental para alejarnos de la esclavitud de nuestras vidas, de un régimen que ha vaciado de todo sentido elevado y trascendente las vidas humanas.
Hoy quisiera recomendar una película que se sale de lo habitual en el cine de los últimos años, se trata de Los domingos.
La película narra el despertar y la consolidación de la vocación de una joven brillante de diecisiete años, Ainara, que se plantea meterse a monja de clausura. El filme cuenta las diversas reacciones que provoca en la familia, como si se hubiera lanzado una bomba nuclear.
Fuera de la sorpresa inicial, algunos como el padre, reaccionan con respeto a su decisión, pese a la perplejidad inicial y otros, como su tía, muestran un rechazo visceral hacia la decisión de su sobrina, intentando por todos los medios que no tome una decisión que puede marcarla para el resto de su vida.
Los domingos provocará debates encendidos entre el público asistente, para unos la película entra de lleno en un discurso, una visión, afín al catolicismo, mientras que otros podrán entenderla como una crítica a la Iglesia. En cualquier caso el filme causará sorpresas en muchos que, conforme a una sociedad muy materialista no entenderán que una chica tan joven decida apartarse de la vida convencional.
Mi opinión y sentir personal es la de alguien que se identifica mucho con la protagonista. De haber sido católico, habría optado por ser monje, pues amo la vida contemplativa y el transcurrir de la vida convencional me parece saturada de vaciedad, artificialidad y opresión a partes iguales.
Una vocación que no ha podido desarrollarse por considerar el cristianismo auténtico el cristianismo primitivo, y la Iglesia, en gran parte, una institución que vive a espaldas de Jesús de Nazaret.
Pero, ya digo, es una opinión personal, cada cual tendrá la suya, y eso es lo bueno de Los domingos. Que la disfruten y la debatan.
Ya están en marcha diversos proyectos, especialmente dos, de control absoluto, el identificador digital y las monedas digitales, las llamadas CBDC.
Ambos son presentados por las autoridades, como no podía ser menos, como positivos .Las monedas digitales supuestamente servirán para hacer casi imposible el blanqueo de dinero, los paraísos fiscales, pues el dinero digital deja un rastro detectable que permitiría saber qué se está haciendo con el dinero, para qué se usa. El identificador digital es vendido como un mecanismo que permite almacenar todo tipo de documentos en la cartera digital y poder realizar con mayor comodidad cualquier operación bancaria o de otro tipo, sin tener que pasar por diversos trámites y pérdidas de tiempo.
Esto lógicamente es lo que venden las oligarquías o clases dirigentes. La realidad es que con la desaparición programada del dinero físico y sus sustitución por el digital van a saber en que gastamos nuestro dinero, lo cual implica un control totalitario de nuestras actividades.
Ambos mecanismos, sumado al uso de la inteligencia artificial y las cámaras de videovigilancia despejan el camino hacia una sociedad esclavizada, de control absoluto .A través de tales mecanismos el sistema de dominación imperante puede decidir, por ejemplo, que se gaste el dinero en un tiempo determinado, y en determinadas actividades, castigando y lanzando a la marginalidad a quienes se resistan a ello, levantando un régimen similar al chino de crédito social, donde a los "malos " ciudadanos se les podría castigar prohibiéndoles viajar, por ejemplo u otras actividades como comprar o vender durante un tiempo.
Por otro lado el identificador digital es probable que se acabe implantando como un chip en alguna parte del cuerpo, asemejándose a lo que en el apocalipsis se llama la marca de la bestia. Quien renuncie a llevarlo no podrá comprar ni vender, quedará expuesto a la pobreza y marginación más extrema.
En este sentido nos encaminamos a la muerte de la libertad, pero también del alma humana. Los hombres y mujeres iniciarán el camino hacia la robotización, a la extinción de lo que hemos sido hasta ahora, seres con cierto grado de autonomía individual y colectiva, aunque cada vez más reducida.
El sistema logrará su objetivo, disponer de una masa esclava, un rebaño digitalizado, que con la perfección de los métodos de seguimiento y control nunca se rebelará y asentirá dócilmente las órdenes del régimen tecnocapitalista y totalitario.
Nos encaminamos, nos quieren encaminar hacia un tiempo nuevo, el de los seres posthumanos, con su alma extraída y triturada, gente de apariencia humana pero que ya no seremos tales, si no algo nuevo, algo innombrable, ni humano ni animal-pues los animales se resisten al menos un tiempo-.
El homo sapiens se disuelve en la niebla tecnocrática, liquidado por su culto a la tecnología, emergiendo una nueva especie, ni humana ni animal, carente de cualquier instinto de libertad y de humanidad .Un mundo oscuro se está abriendo paso.
¿Seremos capaces de detectarlo o la comodidad nos llevará a la muerte del alma humana?. El tiempo, no tan lejano, dirá.
Hoy quisiera recomendar un libro interesante, divertido y ameno de Carlos García Gual sobre los filósofos cínicos: La secta del perro. Vidas de los filósofos cínicos. Se trata de una escuela de filósofos que en una época de crisis múltiple propugnaba volver a los valores de la naturaleza, oponiéndose a los valores aceptados por la mayoría, propugnando una vida lo más sencilla posible, contraria a la búsqueda de riqueza material, éxito, placeres y prestigio social.
Es decir alentaba un individuo autárquico en todo lo posible que invirtiera los valores imperantes de la sociedad, buscando la libertad como valor máximo y la virtud, llegando a sostener que preferían caer en la locura antes que convertirse en esclavos del placer.
Su forma de vida era muy austera, difícil de aguantar para la inmensa mayoría de las gentes, pues vivían sin prácticamente nada, a la intemperie, con una simple túnica, su bastón y un zurrón con sus escasas y magras pertenencias.
Entre sus miembros destacan el considerado fundador ,Antístenes, el más conocido por su humor sarcástico y ácido, Diógenes, apodado el perro, Crates y su compañera, Hiparquia; entre otros más desconocidos.
En una nueva época de crisis múltiple como la que vivimos, no estaría mal rescatar a los cínicos y retomar muchos de sus principios para no seguir siendo esclavos de unas normas y convenciones que ya no aportan nada, solo dolor e inautenticidad. Necesitamos apuntar a una nueva civilización sostenida en otros valores e ideales y los cínicos, entre otros, nos pueden ser de ayuda, de guías, de fuentes de inspiración.