martes, 23 de mayo de 2017

Déjame salir

Esta semana quisiera recomendar una película norteamericana, Déjame salir, sumamente original y que mezcla humor y terror psicológico.

Un joven y exitoso joven negro visita a la familia de su novia blanca. Todo parece normal, en un ambiente familiar aparentemente liberal, incluso de entusiastas de Obama. Pero poco a poco se suceden los hechos extraños y absurdos, el comportamiento maquinal de los sirvientes negros, una multitudinaria visita de amigos de la familia también surrealista.

El film nos muestra el racismo oculto, disfrazado bajo un discurso progresista, con una trama sorprendente, donde se mezcla la risa, la ironía y el sobresalto, con una parte final inesperada y que lógicamente no vamos a desvelar. El único pero es un final para mí-cuestión de gustos- un tanto tramposo.

Poco más se puede decir para que quien vaya a verla no intuya las sorpresas que encierra el guión.

martes, 9 de mayo de 2017

Reflexiones sobre el crepúsculo del Hombre

Leía una noticia hace un tiempo sobre el nacimiento de corderos en un útero artificial  planteando la idea de que los seres humanos seremos los próximos, considerando incluso atractivo el sueño de poder desarrollar los embriones humanos en máquinas;admitiendo, por supuesto, que de momento la idea es más ciencia ficción que otra cosa.Lo curioso es que sostenía como positiva tal posibilidad en nombre de la evitación de problemas a las madres durante el embarazo.

Esta noticia me trajo al recuerdo otras tanto en Holanda como en España de defensa de la eutanasia, incluso en menores. Y a su vez se extiende el debate sobre la maternidad subrogada, en este caso con una fuerte resistencia en relación al rechazo de sectores feministas progresistas y también conservadores a tal actividad, considerada una mercantilización total del cuerpo de la mujer, y un abuso de los ricos a mujeres pobres, dispuestas a todo con tal de conseguir algo de dinero.

Estas informaciones, sumadas todas ellas, nos sitúan en un momento en que los poderes avanzan en sus proyectos de ingeniería social, cercando al ser humano para convertirlo en post-humano, construyendo sociedades donde en el fondo seamos una especie de nuevo ser vivo, entre hombre y animal-el sueño de algunos de crear hombres y mujeres fusionados con máquinas, una especie de híbridos robotizados podríamos incluirlo aquí- manejados completamente por los aparatos de dominación.



¿Qué necesitaría el Estado y el capital para llegar a esa meta anhelada, pues salvo para los ingenuos "realistas" de izquierdas y derechas, todo poder busca maximizar su control y sometimiento a los individuos de diversas maneras, lo cual en muchos casos excluye la fuerza bruta e incluye métodos evolutivos o blandos de persuasión, y propaganda para lograr la aceptación y normalización de ciertos actos e ideas?.

Pues hacerse con las riendas del nacimiento y la muerte. La primera es muy difícil de lograr, pues requiere una tecnología que no es seguro que se alcance; es decir la construcción en masa de niños y niñas en aparatos fuera del útero materno, meta de llegada lógica de la sociedad industrial y de servicios, aquellas de la producción en serie y la mercantilización total o casi total de toda actividad humana. Muy difícil pero quizás no imposible, pues nadie dude de que tarde o temprano la Ciencia, la maquinaria tecnocientífica, se pondrá en marcha buscando hacer posible tal objetivo-no todo ella, no como un Todo, por supuesto-.

Más sencillo de lograr por los gobernantes es el control de la muerte. Con la defensa de la eutanasia como derecho, usando como cebo el lógico deseo o sentimiento de dejar morir en paz a personas a las que ya no se pueda hacer nada médicamente por ellas-con lo que estoy de acuerdo-, el Estado logrará su verdadero objetivo que es poder liquidar discretamente, con una especie de política de nazismo de progreso y blanco, a los ancianos o "improductivos", para reducir gastos y reforzar la producción capitalista todo lo posible. Con debates y campañas en los medios es muy sencillo para ellos, en pocos años, crear mentalidades afectas a tal política liquidacionista y genocida de maneras suaves y progresistas.

Lo más siniestro es que sus defensores, o al menos algunos de ellos, defienden que también los menores puedan decidir acabar con su vida "legalmente". Es decir, el poder político y económico nos machaca y destruye nuestras vidas, para luego presentarse como nuestros salvadores comprensivos y enrollados empujándonos a que nos dejemos morir en sus dulces brazos.

También, por supuesto, como muestra de esa espantosa hipocresía, no escuchamos ni una palabra de rebelarse en masa contra el sistema que nos aplasta y asesina nuestras ilusiones, que sería lo lógico. Mientras, el suicido individual, la verdadera muerte libre y autónoma, aún con toda su crudeza y que, por supuesto, sucede cuando no vemos salida y esperanza-no lo elogio, simplemente lo comprendo- queda oculto, manteniéndose como pecado.

Esto nos lleva al meollo de la opresión y la servidumbre actuales: vender como medida de libertad, de autonomía personal, lo que no son más que tácticas de moldeamiento y adoctrinamiento mental: nos creemos libres, pero en realidad estamos abrazando lo que el sistema quiere-ahí tenemos, en política, el ascenso periodístico y teledirigido de los partidos emergentes-.



Autonomía-irreal, cierto, pero presentada como tal-, la vida entendida como búsqueda de placeres y experiencias, como muestra de salidas y viajes sin fin, como actividad o acción, aunque no tenga sentido profundo, egocentrismo... son las armas de esa servidumbre, de esa dominación moderna.

Siempre cabe la esperanza, siempre caben rebeldías y rechazos, por supuesto. 

Lo cierto es que parece que nos encontramos en el crepúsculo del Hombre.


sábado, 29 de abril de 2017

Cantábrico

Tras algunas dudas, porque el género de documental me gusta verlo en televisión, y no en cine, me decidí a ver Cantábrico ante un par de recomendaciones de familiares.

Y la verdad es que fue un acierto. Magníficas fotografías, gran belleza de los planos, incluyendo extraordinarias tomas desde las alturas, se suceden en Cántábrico, estupendo relato de la vida de la fauna que se desenvuelve en esa cordillera donde el bosque y el verde aún resisten, favorecidos por la cercanía al mar y las abundantes precipitaciones.

Dos animales son los protagonistas del documental:el oso y el lobo, que aún pueden encontrar uno de sus últimos refugio en aquellos riscos y aquella espesa vegetación, relativamente ocultos a las miradas humanas. Pero para mí es aún más destacable el acercamiento a los rebecos, el vértigo y asombro que produce ver como se mueven por las rocas de las alturas, saltando entre ellas como si llevaran adhesivos en sus patas, tranquilamente, sin ningún temor, como quien no es consciente de una facultad sobrenatural porque nace con ese don.



La vida pero también la muerte, pues la Naturaleza es maravillosa y cruel a partes iguales, y en el mundo animal ahora vives y en los minutos siguientes tu vida se extingue entre las garras y los colmillos de un carnívoro.

Incluso se acerca, de manera asombrosa y alucinante, a las hormigas, ese insecto que a muchos resulta molesto o al menos anodino, sin interés. La cámara se sitúa en su mismo nivel, como si fuera un igual a ellas, mostrándonos su hábitat, sus larvas, cara a cara, y especialmente la extraordinaria y desconocida para mí relación que establece una mariposa y su oruga con ellas.

La tonalidad de los paisajes, el colorido cambiante, esplendoroso y multicolor de sus bosques, cada estación con su belleza particular e intransferible; los momentos de alegría, afecto, tranquilidad y también la lucha por la supervivencia de nuestros compañeros animales destacan en este gran documental.

A mí, personalmente, me ha traído el recuerdo de la infancia, donde era un ávido lector de libros sobre zoología y también de documentales. Afición que en la adolescencia mutó por otras, tengo claro que alguna de ellas peores, pues no traen bien ni serenidad.

Alguna vez he escrito que con los años se vuelve a viejas aficiones, nostalgia de épocas más felices. 

Cantábrico me ha traído ese olor del pasado, esa añoranza de momentos lejanos. Por todo eso recomiendo verla.

jueves, 20 de abril de 2017

A la espera de Dios

A la espera de Dios es una de las múltiples joyas que nació del corazón y la mente de Simone Weil.  

Un conjunto de textos de sus últimos meses de vida, unos breves y luminosos ensayos, también cartas o fragmentos de éstas, recopilado todo por un amigo sacerdote, al que conoció y con el que charló y discutió de temas religiosos y espirituales en el eclipse de su existencia.

Puede extrañar en algunos, conocida su biografía de sindicalista y revolucionaria, que llegó a alistarse en la Columna Durruti, educada en el más estricto agnosticismo, su abierta conversión a la fe cristiana, el que se situara a las puertas de la Iglesia Católica-sin llegar a entrar en ella- y que sus últimos pensamiento fueran una y otra vez sobre el hecho de Dios, los sacramentos, Cristo, la atención o el bautismo.

Esto tiene una sencilla explicación en el hecho de que la religiosidad de Simone Weil se centró en la idea de desdicha, de los desdichados, la misma que tenía cuando colaboraba en la lucha obrera y sindical, sólo que ahora desde una perspectiva no sólo social sino espiritual. Sus geniales pensamientos sobre la desdicha, ese desarraigo de la vida, esa cuasi muerte, son frecuentes en este texto.

Sin duda el ensayo de mayor belleza incluido en el libro es Formas de amor implícito a Dios. Se sea o no creyente recomiendo su lectura, su hondura, lo bello de sus frases, de sus palabras, su canto a el amor al prójimo, al Orden del mundo, a nuestra verdadera patria, que es el cosmos, en toda su belleza, el amor a las prácticas religiosas y la amistad, son todas esas cosas, para Simone, formas de amor implícito a Dios.



Es de destacar su idea -que choca con quienes niegan la existencia de una divinidad afirmando que si Dios existiera no toleraría tanto mal en el mundo-, que su existencia, su amor, se manifiesta precisamente en que deja plena libertad  o libre consentimiento a su creación, como un verdadero amante, un verdadero amigo, hace con quien o quienes son objetos de su amor. Dios se retira para ella como prueba de ese afecto, más allá del tiempo y el espacio.

A Dios no se le busca, sostiene, se le espera, con amorosa atención. Sólo de esa manera puede bajar sobre nosotros, logrando un contacto directo del alma con Él.

No es necesario, insisto, leer este libro con una perspectiva religiosa o atea .Sólo hay que leerlo, usando esa palabra, ese concepto tan querido y defendido por ella también a lo largo de A la espera de Dios, con atención, gozando de sus pensamientos, de la luz que desprenden los excéntricos e incomprendidos. 

De los que como Simone, defendían la individualidad por encima del animal social, de esa colectividad de la que rehuía, incluyendo la católica, con sus crímenes y dogmas, lo que hizo que nunca traspasara el umbral, que nunca se bautizara ni abrazara definitivamente esa fe, pese a su amor y su enorme cercanía con el espíritu católico, universal.

domingo, 16 de abril de 2017

Incierta Gloria

Recomendable película que, aunque situada en los tiempos de la Guerra Civil, no tiene nada que ver con los tan manoseados y maniqueos retratos de buenos y malos, criminales y santos.

No, la maldita Guerra, que aún pervive en muchas mentes incapaces de vivir el presente y pensar el futuro y que gustan de recrearse en el odio cainita, representando un falso idealismo-los verdaderos idealistas, conociendo el pasado, deberían centrarse más en el aquí y el ahora-, es sólo un pretexto para presentarnos las contradicciones de la realidad humana, las luces y sombras miserables que nos rodean a todos los individuos sin excepción, donde, a veces, nada es lo que parece, y el bien y el mal se entremezclan, difuminándose la capacidad de distinguirlos, evitando los retratos rosados o negruzcos de las personas, sus causas y sus ideales, sus comportamientos.

En Incierta Gloria se nos muestra un joven oficial republicano, modelo de pureza e idealismo para sus conocidos, como un gran amigo con quien comparte trincheras en el Frente de Aragón. Pero, como decía antes, las cosas se complican, el héroe se corrompe, lo que parece una aura luminosa se torna tinieblas de orgullo y traición. Por contra su amigo, un oportunista sin principios, crece en altura moral, siendo capaz de enormes sacrificios.



La película trata tangencialmente otros temas, como la pervivencia de la religiosidad, la necesidad de agarrarse a una fe, a una idea de Dios como esperanza en un tiempo de muerte y brutalidad, incluso en el bando furibundamente anticlerical, donde curas y monjes fueron objeto de una sanguinaria persecución, siendo pasto de las llamas cualquier templo o elemento religioso que cayera en manos de las turbas de desalmados armados que recorrieron el país en ambas retaguardias sembrando los campos de cadáveres.

De los personajes que aparecen en el film, el más logrado, el más acabado en todas sus aristas y profundidades es la viuda de un cacique asesinado por milicianos anarquistas al comienzo del enfrentamiento. Definida por uno de los protagonistas como una mujer araña, de la que conviene alejarse, el director, en mi opinión, no sólo no la condena, sino que comprende que es una mujer marcada desde la infancia por la brutalidad y la marca de una sociedad que estigmatizaba a cualquier figura femenina que no actuara y viviera como debía hacerlo y ansiara ser libre.

La necesidad de supervivencia, de salir indemne del torrente de fuego y destrucción, la necesidad de proteger a los suyos hacen de ella alguien en quien se unen lo mejor y lo peor de la condición humana.

Incierta Gloria disecciona con talento y brillantez la naturaleza humana, siendo la Guerra un pretexto, posiblemente porque es una situación donde aparecemos en nuestra verdadera esencia.

lunes, 10 de abril de 2017

La primavera y la ocultación de la melancolía

Soy un hombre aquejado de una enfermedad llamada melancolía. Tengo que reconocerlo; mis pensamientos vuelan en múltiples ocasiones hacia el pasado lejano, buscando la luz de tiempos mejores, a veces; otras, posándose como un pájaro siniestro en los recovecos obscuros y tristes de mi libro de historia con páginas rellenas, anhelando de forma secreta que el texto no se prolongue en exceso, que su numeración no pase de ser un breve ensayo. 

Soy un descreído en la fe moderna de acumular experiencias de prolongar la estancia en este valle de lágrimas al máximo, exprimiendo todo el jugo posible a algo que para mí es un plato amargo, endulzado por fugacísimos instantes. Tanto es así que mis reflexiones se centran cada vez más en qué somos, qué seremos  en el casi infinito intervalo anterior a ser empujados como en un tobogán a este mundo chirriante de desencuentros y dolor y en el posterior .El vacío me atrae como una mariposa de múltiples colores a la que es rarísimo observar en vivo, pues la civilización de acero, humo y ruidos espantosos ha reducido a su casi extinción.



Pero hay una época donde este acompañante habitual se esconde, saliendo a visitarme en menos ocasiones. Sí, sé que es un tópico, que es muy cursi decirlo, pero la primavera, su resplandor, el renacimiento de la vida, el florecer de esos árboles convertidos en esqueletos inertes durante meses; el resurgir de multitudes de insectos voladores que pueden apreciarse bailando entre los rayos solares; ese olor, diferente, fragancia embriagadora expandida por los aires por la flora que nace y se desarrolla de un día para otro, como si se saludaran unos a otros tras el letargo; el escándalo de los pájaros, felices por la calidez del aire y por poder refugiarse y esconderse entre las verdes hojas.

La espera, ilusionada siempre, como un niño que espera el último día de clase en junio, de las primeras golondrinas, de los primeros vencejos; esa vitalidad pujante de lo que rebrota, provoca en mí un corto renacimiento, una breve ilusión, como un sediento que encuentra cuando ya no lo espera una fuente milagrosa en la que posar sus labios para beber.

La primavera es, para mí, la ocultación de la melancolía, el vuelo de pensamientos más alegres, una ilusión que es poco más que un espejismo pero que durante un intervalo me hace sentirme compenetrado con la vida, con el aliento de este mundo.

lunes, 3 de abril de 2017

Campos, fábricas y talleres

Junto con La conquista del pan y El apoyo mutuo, Campos, fábricas y talleres constituye uno de los textos más famosos del llamado príncipe anarquista, uno de los más destacados pensadores y activistas libertarios, el ruso Kropotkin.

En el libro se hace un minucioso análisis, con numerosos datos estadísticos, del estado de la industria y la agricultura, especialmente en Europa, con alguna mención a otros países como Estados Unidos, por ejemplo.

La conclusión a la que llega es que los recursos materiales y humanos especialmente están desaprovechados. El sistema capitalista, basado en la competencia y el enriquecimiento de unos pocos, condena al trabajador a una labor dura, deshumanizadora, así como a la pobreza y al hambre.



Sus planteamiento alternativos pasan por una economía, un sistema productivo, que esté en manos de las propias comunidades, de los trabajadores industriales y agrícolas, basado en la descentralización, la inventiva y el uso adecuado de la tecnología, aplicando innovaciones e inventos que favorezcan el bienestar para todos y la reducción de la jornada laboral, evitando la especialización, favoreciendo la pequeña industria y el trabajo rotativo así como asociado y cooperativo, uniendo en una misma localidad las fábricas y talleres, con huertas y tierras de labor, maximizando la producción local, para lograr que las poblaciones tengan todos los recursos posibles e intercambiando con el resto de naciones mundiales los conocimientos técnicos y científicos, así como aspectos de la vida cultural e intelectual.

Para Kropotkin trabajo intelectual y manual deben ir de la mano, para lo cual es imprescindible cambiar el sistema educativo, saliendo de la enseñanza puramente abstracta o repetitiva, para darle mayor peso al aprendizaje práctico y que los trabajadores manuales ocupen el lugar que merecen en la sociedad.

En mi opinión el libro gana en su segunda mitad, siendo más pesado de leer en su primera parte, por la profusión y abundancia de  datos, aunque éstos son necesarios en una obra de carácter técnico y científico como es la que nos ocupa.



Campos, fábricas y talleres es un libro interesante, pero quien quiera iniciarse en la obra del autor, encontrará en El apoyo mutuo, un factor de evolución, un texto más ameno y apasionante.

De cualquier forma bien está rescatar del olvido a una corriente de pensamiento marginada por intelectuales, medios e instituciones varias, que como en ésta que comentamos y otras, tiene aportaciones interesantes y un proyecto socioeconómico alternativo que en varios puntos sigue siendo válido y de actualidad, pese al manto de silencio