sábado, 4 de mayo de 2019

Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas

Esta semana me gustaría recomendar un libro muy interesante y que pone en su punto de mira un ideal que ha logrado imponerse en el imaginario colectivo: la felicidad o, si se quiere, el culto a la felicidad.

Los dos autores del libro; Haapycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas, analizan en profundidad el nacimiento y desarrollo de la psicología positiva, cuna de lo que califico como ideario "felicista" y el gran apoyo económico y mediático que recibieron de fundaciones y empresas .¿Por qué este apoyo?. Pues según los autores porque la psicología positiva centraba los éxitos y fracasos de las personas en factores casi exclusivamente individuales. Las circunstancias económicas y sociales apenas influyen.

Todo se centra en pensar en positivo, en desarrollar las emociones también positivas y en hacer bandera de la resiliencia, la capacidad de resistir los embates y desgracias de la vida para levantarse rápidamente de ellas, aprender  y seguir la marcha hacia el éxito personal y profesional.

Toda esta forma de ver la vida es muy útil al sistema, porque promueve el individualismo, al culpar de nuestros éxitos y fracasos casi en exclusiva a nosotros mismos, promoviendo una mirada centrada en exclusiva en nuestro interior, olvidándonos de la realidad externa: explotación, paro, precariedad, pérdida de libertades...Curiosamente toda esta psicología positiva insiste en lo beneficiosa que es la felicidad para la productividad en las empresas. Esta insistencia en la productividad, por sí sola, deja ver sin más por qué se promueve tanto y a quien beneficia realmente esta nueva corriente psicológica, punto de apoyo con su verborrea simplista y su metodología escasamente científica a las transformaciones en el mundo laboral, que nos han llevado a la llamada flexibilidad laboral, basada en la precariedad y por tanto el miedo constante al paro.

De ahí que la Happycracia también considere responsable al trabajador de los éxitos y fracasos de las empresas, llamando a que nos identifiquemos con éstas, con el evidente objetivo de hacernos tragar quina y abrazar el creciente empeoramiento de nuestra condición obrera.



Incluso el psicólogo positivo da una vuelta más de tuerca, llevándonos a creer que no basta con que nos sintamos mal, sino que hay que estar lo mejor posible, con lo cual convierten nuestras vidas en una visita constante a especialistas, puesto que hay que sacar lo mejor de nosotros mismos, rendir cada vez más, desarrollar todas nuestras potencialidades y alcanzar la plena felicidad. Todo esto, en realidad, al no existir o ser una quimera la absoluta felicidad, provoca ansiedad y problemas psicológicos múltiples.

Buscando obsesivamente la felicidad encontramos la infelicidad y nos atamos a los llamados expertos, favoreciendo los planes del sistema, que abrazamos sin espíritu crítico, pues al fin y al cabo el espíritu crítico con el Orden es algo que toda esta psicología positiva y el mundo empresarial y del Capital busca hacer desaparecer, a través, entre otras cosas, de la autoexigencia y la búsqueda de imposibles, como la mejora continua y la eliminación de pensamientos y emociones negativas, necesarias, también, para desarrollar un pensamiento a la contra de lo que nos rodea.

Resumiendo, un estupendo libro, que, si bien no condena la idea de felicidad, nos ayuda a ver las trampas de la positividad, haciéndonos aceptar que el sufrimiento es parte de nuestra existencia, así como las emociones y pensamientos negativos, como la ira, la rabia u otros. Negatividad que, valga la contradicción, tiene su parte positiva si sabemos encaminarla a la rebeldía, a la crítica, a la acción colectiva.

domingo, 28 de abril de 2019

La revolución interior

La editorial Errata Naturae ha publicado en fechas recientes un texto inédito en castellano de Stefan Zweig, escritor exiliado de la Alemania nazi y que se dio muerte a principios de los años cuarenta, sobre el pensamiento de Tolstoi.

En dicho libro, junto a un ensayo donde opina sobre el Tolstoi más desconocido por todos, el Tostoi radical que unía una búsqueda espiritual y profunda de un sentido de la vida, tras una feroz crisis que le llevo a replantearse su existencia de Conde, rodeado de lujos y existencia acomodada y que le hizo pensar en el suicidio; cosa que descubrió en el Evangelio, abrazando un tipo de cristianismo libre, ajeno a Iglesias y dogmas junto a una fuerte crítica a las estructuras sociales, políticas y económicas.

Desde la propiedad privada absoluta, al Estado, las leyes y todo su aparato represor, incluidos los parlamentos. Defendiendo, sin embargo, frente a los revolucionarios de su época que la verdadera transformación no podría darse por la violencia, las bombas o los atentados, sino que era fruto de una revolución interior, de un cambio en la conciencia moral del individuo, siguiendo, entre otros, a Thoreau, pensador al que apreciaba.

Junto a esto La revolución interior incluye relatos del célebre autor ruso, incluyendo un cuento inédito, y fragmentos de obras suyas. Quien quiera acercarse al pensamiento más oculto de Tolstoi tiene en este libro una obra imprescindible, que expresa un ideario que no tuvo apenas desarrollo real, más allá de algunos grupos tolstoianos centrados en Rusia y Bulgaria fundamentalmente, aunque sí influyó mucho a su vez en Gandhi.



Sin embargo Lev Tolstoi acertó, en mi opinión, considerando el cambio interior como la base de la transformación social. Erró, sin embargo, también en mi opinión, en no ver tan claramente la necesidad de la acción colectiva para ese cambio, que sólo el mundo interior no vale, pues se puede acabar cayendo en una especie de moralismo autocomplaciente y juzgador del prójimo.

Y también quizás, sólo quizás, porque la lucha colectiva abre la posibilidad al peligro de la violencia. Algo que siempre será una desdicha, una desgracia, pero que frente a quien como él creía en la no violencia absoluta, incluso en que los opresores y explotadores se convencerían por sí solos de la necesidad de renunciar a su autoridad, a sus privilegios, la realidad, hasta hoy, no ha cumplido sus expectativas.

Podemos decir que, de momento, tanto la violencia como la no violencia han fracasado en sus esquemas de cambio revolucionario, cada una por motivos evidentes. Quizá en algún momento aparezca una nueva generación de revolucionarios que entienda la revolución como algo que va del interior al exterior, de la célula al organismo, de lo pequeño a lo grande, inspirados en el equilibrio del Cosmos, de todo organismo vivo.

Que admita que la violencia es un fracaso, pero reconozca que en la complejidad de nuestras existencias o de las sociedades en que vivimos, de esos sistemas terriblemente destructores que hemos creado, uno, el capitalismo, destructor de espíritus, otros, como el comunismo y el fascismo destructores de almas y cuerpos, un grado de violencia defensiva, pero que marque claramente el límite entre esa violencia y la represión, el terror, los ríos de sangre, la pena de muerte, sea necesaria.

Sólo el futuro dirá si alguna vez nace un pensamiento revolucionario que sueñe, no tanto con la destrucción y la tabla rasa bakuniniana o los ríos de sangre de la guillotina jacobina o la Checa de Lenin y Trotsky, sino, parafraseando a Hannah Arendt, el tesoro perdido de todas las revoluciones de distintos colores y signos fracasadas una tras otra-española incluida-, que en mi opinión es el reencuentro, la reunificación del ser humano, venciendo la división y explotación de clases, abriéndose a la libertad como no dominación así como venciendo los temibles Estados-nación, y el monstruoso y sibilino sistema de partidos, elemento divisor en beneficio de una clase de cínicos oportunistas y vividores a nuestra costa, que hoy celebran esa cosa tan repelente llamada "fiesta de la democracia", donde millones de parados y esclavos asalariados, muy probablemente carne de cañón literal en la matanza mundial por llegar, o en el mejor de los casos simbólica pero también dolorosa, de la nueva crisis del Capital y su cohorte de estragos, acuden en tropel cual rebaños esperanzados  a las trampas de las urnas.

Para adolescentes y jóvenes, antes de su perdición total en las fauces del sistema actual, la lectura de La revolución interior puede ser un antídoto contra el Leviatán, junto con otro puñado de autores condenados a la marginalidad, como Simone Weil, entre otros. Espero que alguna vez los descubran y puedan zarandear al mundo para despertarle de su continuo sueño .

miércoles, 17 de abril de 2019

Reflexiones sobre la ola de suicidios de jóvenes ingleses

Leía hace unos dos meses un artículo de prensa donde se informaba de un dato muy preocupante: el fuerte incremento de suicidios entre adolescentes y jóvenes del Reino Unido. La noticia ponía su acento en el efecto que las redes sociales tenían en la toma de la decisión final de acabar con la vida en la juventud.

Pero leída más a fondo, sin negar por supuesto esta influencia, se traslucía una problemática mucho más compleja, una problemática que apunta a la falta de sentido de la vida, al miedo al futuro. Todo esto tiene mucho más que ver con unos valores, una forma de vivir y contemplar la vida que se nos ha inculcado y que han dejado de servir,  y que se está desmoronando lentamente como el propio sistema.

Es esa caída pasito a pasito, sin hacer demasiado estrépito, la que provoca el desmoronamiento de nuestra psiquis, nuestra rotura interior. Y el mundo de las llamadas redes sociales, que de sociales en el verdadero sentido de la palabra no tienen nada, pues se trataría de una aglomeración de multitudes aisladas, solitarias, o reducidas a pequeños  grupos de afinidad a distancia, en pelea con otros, es totalmente insatisfactorio.

Redes que no han logrado ni van a lograr nunca- pese a la persistencia del sueño de facebook y otras como colectivo horizontal y democrático, capaz de unirnos en algo-, reconstruir una suerte de comunidad real, solidaria, en lucha real. Sólo favorece la adición, una nueva forma de drogadicción extraña, en la que hay una apariencia, un espejismo de verdadera compañía, que en realidad no es más que algo parecido a imágenes fantasmales, escrituras psicofónicas que no dan calor humano.

Nuestra era es la de la soledad forzosa con apariencia de compañía. La falta de sentido de la vida, de alicientes, el miedo al futuro, se potencia con el declive de la economía y la progresiva desaparición de la clase media. Educados en que basta con estudiar para ascender en la escala social, en preocuparse y centrarse en uno mismo y no meterse en problemas, porque la vida son cuatro días y hay que disfrutarla, ahora, todo ese discurso bienintencionado de nuestros padres, del mundo adulto, se ha venido abajo.

La esperanza se difumina, se cerró toda puerta a cualquier ideal de sociedad fraternal, considerada utopía superada, ante la nueva fe religiosa en que el crecimiento y la mejoría en el nivel de vida iba a ser eterna, apoyada a su vez en el mito de una tecnología salvadora, que incluso aún hoy en día algunos siguen vendiendo, tecnologías  que nos convertirán en superhumanos y que nos librarán incluso del trabajo, mientras otros hablan de adaptarnos a lo que viene, es decir  llaman a degradarnos y convertirnos en una suerte de monstruos de apariencia humana.

Pero el adolescente, el joven, lo afirme o lo silencie en su mundo interior, es más o menos consciente del engaño. De que el mundo rosa que le han vendido se torna negro .Y, como he escrito más arriba, ya no dispone de herramientas que le permitan resistir con otros. Las viejas ideologías revolucionarias, como el comunismo, fracasaron estrepitosamente. Por el lado espiritual, tampoco se encuentra hoy nada, siendo el cristianismo, hoy por hoy, una estructura ritual hueca, al servicio de los poderosos. Y hablo de espiritualidad porque ese sentimiento de vacío, de falta de esperanza, nace, valga la redundancia, de un vacío espiritual.

De unas necesidades inmateriales, tales como el compañerismo, la fraternidad, la libertad, la hermandad, el compartir, la conciencia de clase... destruidas por la quimera materialista del progreso material infinito. Y que tampoco puede llenar el juego de partidos, la llamada democracia parlamentaria, una maquinaria de selección, en general, de los peores, los más arribistas y serviles, los que menos principios tienen, que oculta el verdadero poder más allá de las apariencias.


Un juego donde la propaganda sustituye al pensamiento, la mentiras o las medias verdades a la verdad; pues el pensamiento, la reflexión y la verdad, son incompatibles con el régimen partidista, que necesita, para ser votado y sostenido por los ciudadanos, ocultar la verdad y silenciar los problemas más serios, algunos de los cuales parecen irresolubles .

La realidad oculta por varias décadas de relativa bonanza está saliendo a la luz. La monstruosidad en la que efectivamente vivimos ya no puede ser apenas velada por caretas, música y globos de colores, como los carteles electorales que vemos en nuestro país ahora que estamos en campaña.

La multiplicación de suicidios en jóvenes es un acto de muda protesta. Una tristeza, porque indica que, en el fondo, la rebeldía,  el descontento del espíritu ante el estado de cosas está ahí. Pero de momento nace y muere en la intimidad individual. Y no da el salto colectivo.

La gente más sensible, la mejor, la más elevada, sucumbe .Si, milagrosamente, algún adolescente, algún joven al que ronda tentadoramente la idea de suicidio-y yo la sufro y he sufrido a lo largo de mi vida en diversas ocasiones, pero ya soy un viejuno perdido para la lucha-, lee estas líneas, le rogaría que tomara aliento y buscara.

Si se da con la tecla adecuada, la soledad amarga puede trocarse en reencuentro .Ese reencuentro con otros solitarios que esperan al prójimo, a los otros, para buscar otros caminos, lejos del que sus padres, con toda la buena intención del mundo, les han señalado como el correcto. Pero que eran una trampa, y que se ha vuelto inservibles e insensibles a las verdaderas necesidades humanas.

Y alejémonos de las redes sociales durante largos periodos, que en ellas no está ninguna salida al atolladero.

sábado, 6 de abril de 2019

El evangelio marginado

Interesante libro en el cual su autor, un teólogo, José María Castillo,  hace un recorrido histórico del cristianismo, buscando las raíces de su progresiva degeneración hasta llegarse a convertir en lo que es, mayoritariamente, hace mucho tiempo: una fe, una religión, que vive de espaldas e incluso en contra de lo que debiera ser su libro inspirador, el Evangelio.

El cristianismo más auténtico, el que debe basarse en El Evangelio implicaría más que una fe, el seguimiento de Jesús. Es decir inspirarse en su vida, en su predicación. Y esta se situaba, evidentemente, al lado de los pobres, los marginados, los excluidos, los sin poder .

¿De dónde viene, por tanto, que el cristianismo acabara convertido en un sistema de poder, de acumulación de riquezas, de adoctrinamiento para hacernos creer en gobernantes y poderosos?. El libro rastrea los comienzos del cristianismo y señala varias causas: primero, la no existencia de los escritos evangélicos durante un tiempo prolongado, hizo que no pudiera saberse con mayor exactitud qué propugnaba Jesús de Nazaret. Segundo, la falta de templos provocaba que los primeros cristianos se tuvieran que reunir en casas. ¿En que casas podían tener lugar estas reuniones?. En hogares amplios, por tanto en hábitat de personas ricas. Aquí comenzaron ya las primeras fracturas y enfrentamientos.

En tercer lugar, la figura de San Pablo. Si bien es cierto que fue un personaje fundamental en la extensión mundial del cristianismo, no conoció a Jesús, y su visión menospreció el Jesús humano, de carne y hueso, el que se hizo humilde y vivió con los humildes, denostando el poder, el dinero, los poderosos, llegando a morir en la cruz, como un proscrito, un delincuente; ensalzando un Cristo más despegado de lo terrenal, más divino, más abstracto, más neutral, eliminado para hacer triunfar su figura todo lo que de recuerdo peligroso para el Imperio y sus instituciones tenía.

En esa operación Pablo tuvo un enorme éxito, pero contribuyó a ocultar lo que debiera ser un cristianismo real, sentando las bases para lo que vino después. Entre el siglo IV y VI después de Cristo la religión cristiana primero se convierte en religión oficial del Imperio, pasando, esto no lo dice el autor, de perseguidos a persecutores, para en poco tiempo ser  casi totalmente integrada en las instituciones imperiales. También, por supuesto, muy pronto se desarrollaron en su interior una serie de cargos y jerarquías, que dinamitaron un mensaje según el cual los seguidores de la figura de Jesús debían constituir comunidades basadas en el servicio al prójimo, sin mandos, sin buscar poder ni riquezas, sino compartiendo y llevando una vida sencilla y frugal, la que corresponde a sirvientes del otro.

Es decir una sociedad del amor, en la cual todos son uno, todos se apoyan mutuamente. Todo esto con el Papado, los obispos, el sacerdocio y demás cargos se rompe, no sin resistencias y rechazos de creyentes, algunos de los cuales se marcharon a  los desiertos a llevar una vida más acorde con El Evangelio.

En mi opinión hay otro causa de la degradación, más profunda, de la que no se habla en el ensayo. Y es que en la fe religiosa, y el cristianismo también lo era en parte, además de un seguimiento de Jesús, las personas suelen buscar una esperanza de vivir más allá de la muerte del cuerpo físico. Esto se acaba convirtiendo en el centro, la base y el núcleo de cualquier religión. Lo que arrastra consigo que el ideario social, económico, moral y político que haya detrás, que en el caso del Evangelio existe y es claro, con independencia de la opinión personal que se tenga, desaparezca en gran medida, quedando reducida la fe a una serie de rituales, de normas vacías de sentido, de repeticiones de  oraciones y textos que no llegan, ni provocan ningún movimiento interior en las gentes. También en un moralismo que ponía la pureza por encima de la justicia, convirtiéndose por tanto en una nueva forma de fariseísmo, como aquellos que maquinaron para matar a Jesús.

Diferentes circunstancias, por tanto, provocaron el ascenso de un cristianismo ficticio, ajeno al Evangelio, apegado a ricos y gobernantes, sostenedor del orden político y del dinero .

¿Hay solución?. Quizá ya no. De existir esta, ¿como debería ser una fe cristiana nueva?. Leyendo el evangelio, la primera línea del cristianismo, las personas con más coherencia, valentía y coraje, debieran ser como Jesús y sus discípulos, comunidades errantes dispuestas siempre a hacer el bien, a predicar con el ejemplo, a vivir como siervos de los demás, ajenos a las tentaciones materialistas, de mando, éxitos, dineros y glorias mundanas.



La segunda línea, por decirlo de alguna manera, debiera constituir una suerte de fraternidades en los diversos ámbitos de la vida, del barrial al laboral, inspirada en el amor, es decir también en dar la mano a los otros, y en luchar por una nueva sociedad, donde la explotación del hombre por el hombre, la dominación, la mercantilización y cosificación de las personas, vaya desapareciendo para dar paso, poco a poco, a una sociedad cercana a la visión de ese libro marginado y olvidado por la mayoría de creyentes.

Tengo que reconocer que desde hace un tiempo, reconociendo el fracaso de tradiciones en las que me he formado, especialmente el anarquismo y el anarcosindicalismo, he llegado a la conclusión de que la base de una nueva forma de vida, de organización social, ha de ser espiritual, y un nuevo cristianismo podría jugar un papel importante. Sin esa espiritualidad, por supuesto unida a lo material, pues no debe darse una ruptura entre ambas realidades, mutuamente entrelazadas, las transformaciones sólo beneficiaran a una nueva y pequeña minoría, como siempre ha sido hasta ahora. Nunca saldremos de esa rueda infernal en que se suceden los tiranos y opresores, con nuestro consentimiento y beneplácito.

También creo, para terminar, que si el cristianismo no da un cambio radical, alentando otros caminos, otra forma de vida, su destino será su desaparición, ocupando su lugar otra espiritualidad, quizás mejor, pero quizás mucho peor.

domingo, 24 de marzo de 2019

Pedro Baños: Los amos del mundo

Dejemos de mirarnos el ombligo, que no tiene la menor importancia, y observemos el mundo que nos rodea, las formas que adquiere y el negro futuro que nos espera, desde el socioeconómico a otros, si no somos capaces de imaginar, crear y pensar de manera disidente. Les dejo con Pedro Baños, siempre interesante.






domingo, 17 de marzo de 2019

Cafarnaúm

Sensible, dura y realista a partes iguales, la película Cafarnaúm nos lleva a la vida de miles de niños y niñas de familias sin recursos, condenados a luchar desde muy temprana edad por las calles de Beirut para lograr algo de dinero, algo de comida con la que poder subsistir y ayudar a sus familias.

Cafarnaúm muestra la desolación que sacude muchos rincones del mundo, en esta caso del Líbano, el abandono, los malos tratos, la delincuencia desde la infancia, la tristeza, la venta de niñas para quitarse una boca a la que alimentar de encima; los inmigrantes, marginados entre marginados y sus vidas a salto de mata, con el miedo continuo a ser detenidos.

La película, sin embargo, no juzga. Da voz a los adultos para que comprendamos el porqué de su acción aparentemente cruel y despiadada con sus hijos. Víctimas, todos, de un sistema que abandonando a los adultos, abandona a sus hijos a la intemperie de unas callejuelas heladas, llenas de peligros, aunque de tarde en tarde salpicadas con el calor de una buena acción, de una mano compasiva.



Quizá, por señalar algún defecto, un exceso melodramático en el intento de llegar al público. Su mayor acierto, actores de la "calle". El niño, protagonista principal, está magistral en un papel que no es papel, sino vida real. También "secundarios" como la inmigrante etíope, realmente inmigrante y, por lo que leí, realmente detenida por la policía por ilegal mientras se rodaba la película.

Hace pocos meses, por cierto, visité el Líbano, las calles de Beirut,entre otras zonas del país,  pudiendo ver en directo los edificios y barrios destartalados, con sus enredaderas de miles de cables colgantes, todo salpicado por barrios acomodados, con rascacielos, con una animada vida nocturna. Una ciudad de tráfico endiablado, donde los escasos semáforos son como monigotes a los que nadie hace caso, y cruzar es una aventura. Con niños jugándose la vida vendiendo de todo a los conductores para sobrevivir un día más.

Personas que me resultaron en general amables, viviendo de momento en paz con independencia de la religión, algo inusual en Oriente Medio, tierra de conflictos y guerras sin fin. Cafarnaúm me ha traído todos esos recuerdos y vivencias cercanas, la de un turista privilegiado que asiste, impotente y con vergüenza silenciosa, a las enormes injusticias y desigualdades que asolan nuestro pequeño planeta.

viernes, 8 de marzo de 2019

Reflexiones sobre las movilizaciones de encuadramiento nacionales y feministas

En los últimos tiempos estamos asistiendo a movilizaciones de diferente signo, de nacionalistas o patrióticas hasta feministas; pero todas ellas, impulsadas por fuerzas dispares en apariencia, tienen un denominador común: el intento de las autoridades de encuadrar a la población y a la clase obrera bien bajo las banderas de la estelada y la rojigualda, bien promoviendo mediáticamente mañana, tarde  y noche el discurso de género como supuesta rebeldía.

El nacionalismo catalán, cuya táctica final para crear un nuevo Estado explotador y saqueador de sus ciudadanos era la vía eslovena, es decir conseguir el apoyo de una potencia extranjera y lograr organizar una fuerza armada, usando a los trabajadores de carne de cañón, no ha logrado el éxito esperado. Ningún estado de peso les ha reconocido, y la clase trabajadora, en su mayoría, no ha sido conquistada para la causa de sus dirigentes corruptos. Sólo sectores de la burguesía y pequeña burguesías, así como fundamentalmente del estudiantado, han sido abducidos por la falsa disidencia promovida por los partidos catalanistas.

Lo que sí provocó es una respuesta de las derechas nacionalistas españolas, que a imitación de la clase gobernante en Cataluña, se lanzó a una guerra patriótica, enarbolando banderas al viento, persiguiendo también una movilización masiva en defensa de la patria, que como en el caso de los dirigentes nacionalistas catalanes, era una movilización en defensa de sus privilegios, de sus negocios, de sus corrupciones.



Porque el nacionalismo y el patriotismo realmente existentes son el falso idealismo conque se encubre la dominación y la explotación de un grupo sobre la mayoría de los habitantes de un territorio. Algo que conviene sacar de tarde en tarde de paseo para hacer ver que la clase política, la burocracia y la burguesía dirigentes representan los defensores del bien común, de la ciudadanía, en vez de la realidad, una forma organizada de mantener y perpetuar el expolio de bienes y recursos, incluyéndonos a nosotros, los "recursos humanos".

Sin embargo, pese a que aún mantienen fuerza, los discursos y luchas patrioteras no logran el encuadre deseado para los dirigentes del aparato estatal. De ahí que el Estado y el Capital estén buscando una forma de ropajes progresistas que sea más efectiva para lograr el sometimiento servil de una sociedad expuesta a las consecuencias de una crisis sin fin. Esta ideología de estado se ha encontrado en el feminismo, de ahí el bombardeo mediático conque se nos somete a todas horas en las televisiones para hacernos creer en las bondades de tal sistema de ideas.



La nueva religión de Estado es muy efectiva a todos los niveles. En la clase alta y media alta, porque permite impulsar mecanismos de recambio en los puestos directivos de las empresas y las administraciones. Se busca la paridad de sexos en los puestos de gobierno y control de las clases asalariadas. Esto se ve claro en la defensa encendida que del feminismo hacen figuras femeninas de peso en el mundo de los negocios o los medios de comunicación y hasta la corona, de Leticia a Ana Rosa Quintana, entre otras.

En el resto de clases se propaga la idea, en gran parte falsa, de la brecha salarial-que en realidad viene marcada por la antes mencionada escasa presencia de mujeres en puestos de mando, no porque se pague más a los hombres por el mismo puesto y jornada de trabajo-, para impulsar protestas en la base social, haciendo creer que se lucha contra una injusticia, cuando en realidad se está tapando el proceso de empobrecimiento y precarización de los asalariados, por no hablar del paro. Un gran éxito para el capitalismo. De paso se agita el problema de las mujeres asesinadas, sin mencionar, claro, el fracaso de la Ley de Violencia de Género, culpabilizando a toda la población masculina, convertida en maltratadores potenciales.

Esto puede verlo por televisión, cuando se nos informó de la existencia de círculos de hombres, que por lo que pude observar consisten en reuniones donde se alienta una especie de autoodio a la condición masculina, agresores latentes .Todo muy bien pensado y planeado. Todo un proyecto de ingeniería social consistente en eliminar cualquier pulsión de agresividad o violencia, pues de esa manera nunca habrá una respuesta revolucionaria contra las autoridades, todo quedará en un Flower Power inofensivo.

La ideología feminista, por tanto, con su demagogia supuestamente anticapitalista, es la táctica de encuadre "militarista de progreso", cercana en ciertos aspectos al fascismo clásico, por cuanto éste también usaba una retórica anticapitalista que encubría la dominación real del capital, pero más efectiva por su apariencia progresista, que el fascismo patriótico y de banderas que usan las derechas españolistas y los catalanistas. Más efectiva pero no menos terrorista, intelectualmente hablando, que Casado, Rivera, Santiago Abascal y sus homónimos de Cataluña. Esta misma tarde escuchaba por la radio a una ministra de nuestro gobierno, creo que Carmen Calvo, expresar que: "quien no es feminista, no es demócrata".

¿Qué une, por tanto, a ambas movilizaciones de encuadramiento?. El espíritu autoritario y militarista. La preparación de la alfombra a patriotas y feministas, hombres y mujeres,  para el exterminio en masa en los campos de batalla.

En mi opinión, las crisis sin fin del capitalismo, provocarán, o al menos así lo deseo, más pronto que tarde, el desfonde de las tácticas movilizadoras de los poderes a izquierda y derecha. Se irá viendo que las banderas al viento y el griterío de unos y otros, de nada servirá. Que son distracciones, falsas disidencias, falsas rebeldías. Que la igualdad de sexos en la dominación y la explotación de la menguante mano de obra, no puede ser ningún ideal.

La clase obrera despertará, se dará cuenta de que las naciones, los nacionalismos, son su cárcel, su campo de vigilancia y control. Que el feminismo es una táctica divisoria, interclasista, para hacer más eficaz su aceptación de ser mercancías, objetos de usar y tirar.  Se retomará una lucha obrera y comunal autónoma, alejada de todos los partidos e incluso organizaciones sindicales de distinto tipo, anarcosindicalistas incluidas- siglas en descomposición, que se han tragado todos los sapos, del Proces al feminismo institucional-, convertidas en punta de lanza, bienintencionadas, de las tácticas de nuestros amos.

Cierto es que se perderá tiempo, un tiempo precioso, que se suma al perdido ante el señuelo de los partidos emergentes. Pero volverá la normalidad, la de la lucha esforzada por una sociedad sin clases, sin Estados nación, de solidaridad internacionalista, disolviendo la tinta de calamar de las trampas identitarias, nacionales, de género y otras. Como regresan siempre las golondrinas en primavera.