martes, 23 de mayo de 2017

Déjame salir

Esta semana quisiera recomendar una película norteamericana, Déjame salir, sumamente original y que mezcla humor y terror psicológico.

Un joven y exitoso joven negro visita a la familia de su novia blanca. Todo parece normal, en un ambiente familiar aparentemente liberal, incluso de entusiastas de Obama. Pero poco a poco se suceden los hechos extraños y absurdos, el comportamiento maquinal de los sirvientes negros, una multitudinaria visita de amigos de la familia también surrealista.

El film nos muestra el racismo oculto, disfrazado bajo un discurso progresista, con una trama sorprendente, donde se mezcla la risa, la ironía y el sobresalto, con una parte final inesperada y que lógicamente no vamos a desvelar. El único pero es un final para mí-cuestión de gustos- un tanto tramposo.

Poco más se puede decir para que quien vaya a verla no intuya las sorpresas que encierra el guión.

martes, 9 de mayo de 2017

Reflexiones sobre el crepúsculo del Hombre

Leía una noticia hace un tiempo sobre el nacimiento de corderos en un útero artificial  planteando la idea de que los seres humanos seremos los próximos, considerando incluso atractivo el sueño de poder desarrollar los embriones humanos en máquinas;admitiendo, por supuesto, que de momento la idea es más ciencia ficción que otra cosa.Lo curioso es que sostenía como positiva tal posibilidad en nombre de la evitación de problemas a las madres durante el embarazo.

Esta noticia me trajo al recuerdo otras tanto en Holanda como en España de defensa de la eutanasia, incluso en menores. Y a su vez se extiende el debate sobre la maternidad subrogada, en este caso con una fuerte resistencia en relación al rechazo de sectores feministas progresistas y también conservadores a tal actividad, considerada una mercantilización total del cuerpo de la mujer, y un abuso de los ricos a mujeres pobres, dispuestas a todo con tal de conseguir algo de dinero.

Estas informaciones, sumadas todas ellas, nos sitúan en un momento en que los poderes avanzan en sus proyectos de ingeniería social, cercando al ser humano para convertirlo en post-humano, construyendo sociedades donde en el fondo seamos una especie de nuevo ser vivo, entre hombre y animal-el sueño de algunos de crear hombres y mujeres fusionados con máquinas, una especie de híbridos robotizados podríamos incluirlo aquí- manejados completamente por los aparatos de dominación.



¿Qué necesitaría el Estado y el capital para llegar a esa meta anhelada, pues salvo para los ingenuos "realistas" de izquierdas y derechas, todo poder busca maximizar su control y sometimiento a los individuos de diversas maneras, lo cual en muchos casos excluye la fuerza bruta e incluye métodos evolutivos o blandos de persuasión, y propaganda para lograr la aceptación y normalización de ciertos actos e ideas?.

Pues hacerse con las riendas del nacimiento y la muerte. La primera es muy difícil de lograr, pues requiere una tecnología que no es seguro que se alcance; es decir la construcción en masa de niños y niñas en aparatos fuera del útero materno, meta de llegada lógica de la sociedad industrial y de servicios, aquellas de la producción en serie y la mercantilización total o casi total de toda actividad humana. Muy difícil pero quizás no imposible, pues nadie dude de que tarde o temprano la Ciencia, la maquinaria tecnocientífica, se pondrá en marcha buscando hacer posible tal objetivo-no todo ella, no como un Todo, por supuesto-.

Más sencillo de lograr por los gobernantes es el control de la muerte. Con la defensa de la eutanasia como derecho, usando como cebo el lógico deseo o sentimiento de dejar morir en paz a personas a las que ya no se pueda hacer nada médicamente por ellas-con lo que estoy de acuerdo-, el Estado logrará su verdadero objetivo que es poder liquidar discretamente, con una especie de política de nazismo de progreso y blanco, a los ancianos o "improductivos", para reducir gastos y reforzar la producción capitalista todo lo posible. Con debates y campañas en los medios es muy sencillo para ellos, en pocos años, crear mentalidades afectas a tal política liquidacionista y genocida de maneras suaves y progresistas.

Lo más siniestro es que sus defensores, o al menos algunos de ellos, defienden que también los menores puedan decidir acabar con su vida "legalmente". Es decir, el poder político y económico nos machaca y destruye nuestras vidas, para luego presentarse como nuestros salvadores comprensivos y enrollados empujándonos a que nos dejemos morir en sus dulces brazos.

También, por supuesto, como muestra de esa espantosa hipocresía, no escuchamos ni una palabra de rebelarse en masa contra el sistema que nos aplasta y asesina nuestras ilusiones, que sería lo lógico. Mientras, el suicido individual, la verdadera muerte libre y autónoma, aún con toda su crudeza y que, por supuesto, sucede cuando no vemos salida y esperanza-no lo elogio, simplemente lo comprendo- queda oculto, manteniéndose como pecado.

Esto nos lleva al meollo de la opresión y la servidumbre actuales: vender como medida de libertad, de autonomía personal, lo que no son más que tácticas de moldeamiento y adoctrinamiento mental: nos creemos libres, pero en realidad estamos abrazando lo que el sistema quiere-ahí tenemos, en política, el ascenso periodístico y teledirigido de los partidos emergentes-.



Autonomía-irreal, cierto, pero presentada como tal-, la vida entendida como búsqueda de placeres y experiencias, como muestra de salidas y viajes sin fin, como actividad o acción, aunque no tenga sentido profundo, egocentrismo... son las armas de esa servidumbre, de esa dominación moderna.

Siempre cabe la esperanza, siempre caben rebeldías y rechazos, por supuesto. 

Lo cierto es que parece que nos encontramos en el crepúsculo del Hombre.


sábado, 29 de abril de 2017

Cantábrico

Tras algunas dudas, porque el género de documental me gusta verlo en televisión, y no en cine, me decidí a ver Cantábrico ante un par de recomendaciones de familiares.

Y la verdad es que fue un acierto. Magníficas fotografías, gran belleza de los planos, incluyendo extraordinarias tomas desde las alturas, se suceden en Cántábrico, estupendo relato de la vida de la fauna que se desenvuelve en esa cordillera donde el bosque y el verde aún resisten, favorecidos por la cercanía al mar y las abundantes precipitaciones.

Dos animales son los protagonistas del documental:el oso y el lobo, que aún pueden encontrar uno de sus últimos refugio en aquellos riscos y aquella espesa vegetación, relativamente ocultos a las miradas humanas. Pero para mí es aún más destacable el acercamiento a los rebecos, el vértigo y asombro que produce ver como se mueven por las rocas de las alturas, saltando entre ellas como si llevaran adhesivos en sus patas, tranquilamente, sin ningún temor, como quien no es consciente de una facultad sobrenatural porque nace con ese don.



La vida pero también la muerte, pues la Naturaleza es maravillosa y cruel a partes iguales, y en el mundo animal ahora vives y en los minutos siguientes tu vida se extingue entre las garras y los colmillos de un carnívoro.

Incluso se acerca, de manera asombrosa y alucinante, a las hormigas, ese insecto que a muchos resulta molesto o al menos anodino, sin interés. La cámara se sitúa en su mismo nivel, como si fuera un igual a ellas, mostrándonos su hábitat, sus larvas, cara a cara, y especialmente la extraordinaria y desconocida para mí relación que establece una mariposa y su oruga con ellas.

La tonalidad de los paisajes, el colorido cambiante, esplendoroso y multicolor de sus bosques, cada estación con su belleza particular e intransferible; los momentos de alegría, afecto, tranquilidad y también la lucha por la supervivencia de nuestros compañeros animales destacan en este gran documental.

A mí, personalmente, me ha traído el recuerdo de la infancia, donde era un ávido lector de libros sobre zoología y también de documentales. Afición que en la adolescencia mutó por otras, tengo claro que alguna de ellas peores, pues no traen bien ni serenidad.

Alguna vez he escrito que con los años se vuelve a viejas aficiones, nostalgia de épocas más felices. 

Cantábrico me ha traído ese olor del pasado, esa añoranza de momentos lejanos. Por todo eso recomiendo verla.

jueves, 20 de abril de 2017

A la espera de Dios

A la espera de Dios es una de las múltiples joyas que nació del corazón y la mente de Simone Weil.  

Un conjunto de textos de sus últimos meses de vida, unos breves y luminosos ensayos, también cartas o fragmentos de éstas, recopilado todo por un amigo sacerdote, al que conoció y con el que charló y discutió de temas religiosos y espirituales en el eclipse de su existencia.

Puede extrañar en algunos, conocida su biografía de sindicalista y revolucionaria, que llegó a alistarse en la Columna Durruti, educada en el más estricto agnosticismo, su abierta conversión a la fe cristiana, el que se situara a las puertas de la Iglesia Católica-sin llegar a entrar en ella- y que sus últimos pensamiento fueran una y otra vez sobre el hecho de Dios, los sacramentos, Cristo, la atención o el bautismo.

Esto tiene una sencilla explicación en el hecho de que la religiosidad de Simone Weil se centró en la idea de desdicha, de los desdichados, la misma que tenía cuando colaboraba en la lucha obrera y sindical, sólo que ahora desde una perspectiva no sólo social sino espiritual. Sus geniales pensamientos sobre la desdicha, ese desarraigo de la vida, esa cuasi muerte, son frecuentes en este texto.

Sin duda el ensayo de mayor belleza incluido en el libro es Formas de amor implícito a Dios. Se sea o no creyente recomiendo su lectura, su hondura, lo bello de sus frases, de sus palabras, su canto a el amor al prójimo, al Orden del mundo, a nuestra verdadera patria, que es el cosmos, en toda su belleza, el amor a las prácticas religiosas y la amistad, son todas esas cosas, para Simone, formas de amor implícito a Dios.



Es de destacar su idea -que choca con quienes niegan la existencia de una divinidad afirmando que si Dios existiera no toleraría tanto mal en el mundo-, que su existencia, su amor, se manifiesta precisamente en que deja plena libertad  o libre consentimiento a su creación, como un verdadero amante, un verdadero amigo, hace con quien o quienes son objetos de su amor. Dios se retira para ella como prueba de ese afecto, más allá del tiempo y el espacio.

A Dios no se le busca, sostiene, se le espera, con amorosa atención. Sólo de esa manera puede bajar sobre nosotros, logrando un contacto directo del alma con Él.

No es necesario, insisto, leer este libro con una perspectiva religiosa o atea .Sólo hay que leerlo, usando esa palabra, ese concepto tan querido y defendido por ella también a lo largo de A la espera de Dios, con atención, gozando de sus pensamientos, de la luz que desprenden los excéntricos e incomprendidos. 

De los que como Simone, defendían la individualidad por encima del animal social, de esa colectividad de la que rehuía, incluyendo la católica, con sus crímenes y dogmas, lo que hizo que nunca traspasara el umbral, que nunca se bautizara ni abrazara definitivamente esa fe, pese a su amor y su enorme cercanía con el espíritu católico, universal.

domingo, 16 de abril de 2017

Incierta Gloria

Recomendable película que, aunque situada en los tiempos de la Guerra Civil, no tiene nada que ver con los tan manoseados y maniqueos retratos de buenos y malos, criminales y santos.

No, la maldita Guerra, que aún pervive en muchas mentes incapaces de vivir el presente y pensar el futuro y que gustan de recrearse en el odio cainita, representando un falso idealismo-los verdaderos idealistas, conociendo el pasado, deberían centrarse más en el aquí y el ahora-, es sólo un pretexto para presentarnos las contradicciones de la realidad humana, las luces y sombras miserables que nos rodean a todos los individuos sin excepción, donde, a veces, nada es lo que parece, y el bien y el mal se entremezclan, difuminándose la capacidad de distinguirlos, evitando los retratos rosados o negruzcos de las personas, sus causas y sus ideales, sus comportamientos.

En Incierta Gloria se nos muestra un joven oficial republicano, modelo de pureza e idealismo para sus conocidos, como un gran amigo con quien comparte trincheras en el Frente de Aragón. Pero, como decía antes, las cosas se complican, el héroe se corrompe, lo que parece una aura luminosa se torna tinieblas de orgullo y traición. Por contra su amigo, un oportunista sin principios, crece en altura moral, siendo capaz de enormes sacrificios.



La película trata tangencialmente otros temas, como la pervivencia de la religiosidad, la necesidad de agarrarse a una fe, a una idea de Dios como esperanza en un tiempo de muerte y brutalidad, incluso en el bando furibundamente anticlerical, donde curas y monjes fueron objeto de una sanguinaria persecución, siendo pasto de las llamas cualquier templo o elemento religioso que cayera en manos de las turbas de desalmados armados que recorrieron el país en ambas retaguardias sembrando los campos de cadáveres.

De los personajes que aparecen en el film, el más logrado, el más acabado en todas sus aristas y profundidades es la viuda de un cacique asesinado por milicianos anarquistas al comienzo del enfrentamiento. Definida por uno de los protagonistas como una mujer araña, de la que conviene alejarse, el director, en mi opinión, no sólo no la condena, sino que comprende que es una mujer marcada desde la infancia por la brutalidad y la marca de una sociedad que estigmatizaba a cualquier figura femenina que no actuara y viviera como debía hacerlo y ansiara ser libre.

La necesidad de supervivencia, de salir indemne del torrente de fuego y destrucción, la necesidad de proteger a los suyos hacen de ella alguien en quien se unen lo mejor y lo peor de la condición humana.

Incierta Gloria disecciona con talento y brillantez la naturaleza humana, siendo la Guerra un pretexto, posiblemente porque es una situación donde aparecemos en nuestra verdadera esencia.

lunes, 10 de abril de 2017

La primavera y la ocultación de la melancolía

Soy un hombre aquejado de una enfermedad llamada melancolía. Tengo que reconocerlo; mis pensamientos vuelan en múltiples ocasiones hacia el pasado lejano, buscando la luz de tiempos mejores, a veces; otras, posándose como un pájaro siniestro en los recovecos obscuros y tristes de mi libro de historia con páginas rellenas, anhelando de forma secreta que el texto no se prolongue en exceso, que su numeración no pase de ser un breve ensayo. 

Soy un descreído en la fe moderna de acumular experiencias de prolongar la estancia en este valle de lágrimas al máximo, exprimiendo todo el jugo posible a algo que para mí es un plato amargo, endulzado por fugacísimos instantes. Tanto es así que mis reflexiones se centran cada vez más en qué somos, qué seremos  en el casi infinito intervalo anterior a ser empujados como en un tobogán a este mundo chirriante de desencuentros y dolor y en el posterior .El vacío me atrae como una mariposa de múltiples colores a la que es rarísimo observar en vivo, pues la civilización de acero, humo y ruidos espantosos ha reducido a su casi extinción.



Pero hay una época donde este acompañante habitual se esconde, saliendo a visitarme en menos ocasiones. Sí, sé que es un tópico, que es muy cursi decirlo, pero la primavera, su resplandor, el renacimiento de la vida, el florecer de esos árboles convertidos en esqueletos inertes durante meses; el resurgir de multitudes de insectos voladores que pueden apreciarse bailando entre los rayos solares; ese olor, diferente, fragancia embriagadora expandida por los aires por la flora que nace y se desarrolla de un día para otro, como si se saludaran unos a otros tras el letargo; el escándalo de los pájaros, felices por la calidez del aire y por poder refugiarse y esconderse entre las verdes hojas.

La espera, ilusionada siempre, como un niño que espera el último día de clase en junio, de las primeras golondrinas, de los primeros vencejos; esa vitalidad pujante de lo que rebrota, provoca en mí un corto renacimiento, una breve ilusión, como un sediento que encuentra cuando ya no lo espera una fuente milagrosa en la que posar sus labios para beber.

La primavera es, para mí, la ocultación de la melancolía, el vuelo de pensamientos más alegres, una ilusión que es poco más que un espejismo pero que durante un intervalo me hace sentirme compenetrado con la vida, con el aliento de este mundo.

lunes, 3 de abril de 2017

Campos, fábricas y talleres

Junto con La conquista del pan y El apoyo mutuo, Campos, fábricas y talleres constituye uno de los textos más famosos del llamado príncipe anarquista, uno de los más destacados pensadores y activistas libertarios, el ruso Kropotkin.

En el libro se hace un minucioso análisis, con numerosos datos estadísticos, del estado de la industria y la agricultura, especialmente en Europa, con alguna mención a otros países como Estados Unidos, por ejemplo.

La conclusión a la que llega es que los recursos materiales y humanos especialmente están desaprovechados. El sistema capitalista, basado en la competencia y el enriquecimiento de unos pocos, condena al trabajador a una labor dura, deshumanizadora, así como a la pobreza y al hambre.



Sus planteamiento alternativos pasan por una economía, un sistema productivo, que esté en manos de las propias comunidades, de los trabajadores industriales y agrícolas, basado en la descentralización, la inventiva y el uso adecuado de la tecnología, aplicando innovaciones e inventos que favorezcan el bienestar para todos y la reducción de la jornada laboral, evitando la especialización, favoreciendo la pequeña industria y el trabajo rotativo así como asociado y cooperativo, uniendo en una misma localidad las fábricas y talleres, con huertas y tierras de labor, maximizando la producción local, para lograr que las poblaciones tengan todos los recursos posibles e intercambiando con el resto de naciones mundiales los conocimientos técnicos y científicos, así como aspectos de la vida cultural e intelectual.

Para Kropotkin trabajo intelectual y manual deben ir de la mano, para lo cual es imprescindible cambiar el sistema educativo, saliendo de la enseñanza puramente abstracta o repetitiva, para darle mayor peso al aprendizaje práctico y que los trabajadores manuales ocupen el lugar que merecen en la sociedad.

En mi opinión el libro gana en su segunda mitad, siendo más pesado de leer en su primera parte, por la profusión y abundancia de  datos, aunque éstos son necesarios en una obra de carácter técnico y científico como es la que nos ocupa.



Campos, fábricas y talleres es un libro interesante, pero quien quiera iniciarse en la obra del autor, encontrará en El apoyo mutuo, un factor de evolución, un texto más ameno y apasionante.

De cualquier forma bien está rescatar del olvido a una corriente de pensamiento marginada por intelectuales, medios e instituciones varias, que como en ésta que comentamos y otras, tiene aportaciones interesantes y un proyecto socioeconómico alternativo que en varios puntos sigue siendo válido y de actualidad, pese al manto de silencio

viernes, 24 de marzo de 2017

Radicalismo versus Progresismo o por qué soy libertario conservador

En nuestro mundo de la corrección política, raro es el que no se etiqueta como progresista. ¿Quién osaría, en estos tiempos, a no reconocerse públicamente partidario del progreso?. Caería sobre él la condena laica, la losa del rechazo, la crítica como reaccionario, como cavernícola.

Como siempre se nos vende una visión del mundo en blanco y negro, o progresista o carca, o bueno o malo, o facha o rojo. De esta manera queda velada la realidad, que es mucho más compleja y sibilina de lo que nos gustaría creer. Porque, al fin y al cabo: ¿en qué está consistiendo en última instancia el progreso, cuál es su objetivo final?. Pues la integración de todos, sin distinción de sexo o tendencia sexual en el aparato de dominación ,que es por tanto esperar el momento para llamar a filas a hombres y mujeres en defensa del bando que toque en la cercana Guerra Mundial cuyos tambores resuenan muy cerca.



Es significativo, por ejemplo, que la meta que se nos vende para demostrar que hay igualdad entre hombres y mujeres, sea que estas últimas estén en puestos de poder y mando, por ejemplo, y en casos extremos hacernos ver que un poder femenino sería preferible al masculino, es decir que las mujeres en posición de mando serían mucho más humanas que los tíos, con perdón de la expresión castiza, lo cual, podría ser verdad en unos casos pero no en otros.

Integración de hombres y mujeres para la guerra, integración de todos en la máquina trituradora asalariada-que por otra parte cada vez expulsa a más gente de su seno, dejándola en la peor situación del paro o incluso reduciendo salarios y creando multitudes con sueldos magros y sin posibilidad de llevar una vida digna-, es la meta.

Por tanto debería sernos evidente que tanto el llamado conservadurismo como el llamado progresismo son juegos del Poder para distraer a la gente y dividirla, otro elemento, el de la división social, característico del progresismo y de los tiempos modernos.

Frente al progresismo hay que oponer el radicalismo, en su verdadero sentido, que no es tampoco el que usan conservadores y liberales para etiquetar partidos y opciones impulsados para neutralizar la rebeldía y las ideas revolucionarias, a través del uso televisivo de diversas figuras y partidos políticos que gastan verborrea sin más, sino radical en el sentido de ir a la raíz .

E ir a la raíz es pensar como derribar el sistema de dominio, desenmascarar sus tácticas, especialmente las más peligrosas por su canto de sirenas, que es la izquierdista  y sus carteles luminosos: feminismo de Estado, centralidad de un discurso de defensa de minorías, que en realidad sólo busca su integración en el Régimen-lo que no quita que haya que apoyarlas, pero para integrarlas en la lucha contra el sistema- y que está provocando el ascenso de la derecha populista, que usa a las olvidadas clases obreras blancas en su beneficio, elogio del sistema asalariado para todos, en vez de plantearse su superación, tanto para hombres como para mujeres.

Pero ese radicalismo así entendido, debe sostenerse en lo positivo del pasado y del presente. Frente a la lenta destrucción y decadencia de las formas de convivencia natural, de sociabilidad, que nos arrastran a una vida de soledad forzosa, incomprensión y lucha de todos contra todos, hay que defender el asociacionismo, las fraternidades, la familia, es decir la creación de todo tipo de núcleos que favorezcan el ascenso de individuos y sociedades cada vez más fuertes y unidos frente al Poder, que puedan tener capacidad en un futuro ,por desgracia lejano, para reconstruir todo.

Es en ese sentido en el que no tengo temor a declararme, aunque cada vez me gustan menos las etiquetas, como libertario conservador. Lo positivo de la tradición y lo positivo de un nuevo pensamiento y movimiento revolucionario que busque la autonomía de la sociedad deben ir de la mano.

Ni conservadores ni progresistas: que no nos engañen ni nos hagan elegir entre dos trampas para ratones.

sábado, 11 de marzo de 2017

Moonlight

Brillante película y magnífico guión, ganadora del Óscar- tras el famoso error en la entrega- donde se entremezclan el problema racial y el sexual, el problema social.

Moonlight nos presenta la vida de un negro en tres actos. Infancia, adolescencia y vida adulta. Una existencia marcada por el desarraigo familiar y comunitario. Una madre soltera que sobrevive como puede, cada vez más alejada del hijo, un entorno marcado por las drogas y, especialmente, una vida de acoso y violencia, de indefensión, por la homosexualidad intuida, en un medio donde desde pequeño se ha de demostrar dureza, hombría, y con el transcurrir de los años presumir de hazañas sexuales.

También aparece en la película los pequeños oasis de amor y cariño que encuentra el protagonista, ese oxígeno imprescindible para mantenerse a flote en medio de esa avalancha de hostilidad continua, oasis descubierto y mantenido en el lugar más insospechado y de las personas más insospechadas.



Dura, sin concesiones, con algo de luz y esperanza de cambio y redención, Moonlight destaca por el realista y vívido retrato de esas comunidades rotas por la pobreza, la delincuencia y la violencia, donde niños y adultos salen adelante como pueden, marcado todo por la ley del más fuerte. Y por las grandes actuaciones de los diversos personajes que recorren la historia

Donde la sensibilidad y la debilidad no tienen cabida, ni por supuesto las tendencias sexuales que se salen de la norma, que hay que ocultar por todos los medios para no quedar señalado y malparado.

En resumen una película que merece la pena.

domingo, 5 de marzo de 2017

Reflexiones sobre el desconcierto mundial

Leo diversas noticias relativas al rearme y a la militarización en varios países. Destaca la propuesta de Trump de inflar el presupuesto militar, a lo que ha respondido recientemente China hablando de un incremento algo menor que años atrás, de un 7% más o menos. A eso hay que sumar la vuelta de la mili en Suecia, que se ha decidido a reforzar su ejército ante la amenaza de Rusia.

Las noticias nos hablan de una creciente militarización, incluida Europa, favorecida por los conflictos y tensiones que se viven en varias zonas del mundo, del Pacífico al Báltico, y a Oriente Medio. En el globo vuelven a sonar los clarines de la guerra, las amenazas y los amagos de ataques, sin faltar la última de Corea del Norte, que con el asesinato del hermanastro del dictador norcoreano, enseña sus cartas, que incluyen no sólo armamento nuclear, sino químico.

Lo que vemos en Suecia probablemente se irá extendiendo a otros países, pues está en juego la hegemonía económica del mundo-que al final también es militar-, que se la disputan China y Estados Unidos, de ahí la táctica de Trump de acercarse a Moscú, frente a la opinión de la antigua clase dirigente antirrusa, para romper la alianza ruso china y debilitar a estos últimos. Aunque de momento persisten las tensiones entre rusos y los países europeos, así como la OTAN, como vemos en el caso del país nórdico, pero también en Siria, donde las tropas de Assad y la aviación rusa están luchando por contener el avance turco en el norte del país; y no debemos olvidar que Turquía pertenece a la OTAN y un choque Rusia Turquía sería sumamente peligroso.

Todo esto hay que sumarlo a la decadencia económica, a las múltiples crisis,especialmente del mundo occidental, europeo, pero, sin mirarnos el ombligo, también hay que sumar la situación de hambruna que vuelve a asomar la cabeza en diversas zonas de la castigada África. Paro, caída de los salarios, pensiones menguantes... dibujan un panorama muy poco esperanzador para el conjunto de la humanidad.

Todos estos hechos luctuosos han roto las viejas expectativas, las antiguas formas dominantes de pensamiento, basada en el crecimiento lineal, en la prosperidad constante. Casi nadie esperaba una crisis como la del 2007, quizás podía pensarse en algún bache pasajero, para que rápidamente la máquina económica siguiera viento en popa, viviendo cada generación mejor que la anterior.

Tal sueño, se nos ha roto en mil pedazos. Pero también se está deshaciendo como la nieve al sol la idea de que los enfrentamientos bélicos y el rearme era cosa del pasado, de tiempos de las Guerras Mundiales y la Guerra Fría.

Estamos ante una situación de desconcierto, donde se evaporan los antiguos paradigmas y la respuesta, si la hay, sólo pasa por recluirse en el Estado nación y cerrar fronteras, que es como poner puertas al campo ante todos los conflictos que se suceden y que vienen.

Es como si viviéramos en una situación entre la perplejidad y el contrapié, habiendo tirado por el retrete, como inservibles, diversas ideas, que sólo si regresan nos pueden servir: un movimiento obrero y social que sea verdaderamente internacionalista, que busque de una vez luchar por una clase única mundial, antibelicista, con capacidad para decretar una huelga general a nivel lo más amplio posible para frenar y sabotear la industria armamentística. El abandono de la mentalidad de partido político, que arrastra consigo el dirigismo, el caudillismo, el mesianismo, la pasividad, la servidumbre voluntaria.

La reconstrucción, por tanto, de viejas formas de organización sepultadas en el olvido, como los Consejos, a todos los niveles, desde los cívicos a los socioprofesionales, incluyendo los concejos abiertos rurales. El espíritu unificador de las asociaciones y fraternidades que favorezcan el apoyo mutuo y la solidaridad horizontal con la renovación moral que eso supondría, dándose la mano por fin lo material y lo espiritual.



También, por supuesto, los pequeños gestos, las pequeñas obras, que multiplicados tienen un gran potencial transformador-no todo son los grandes gestos, las grandes acciones-.

Todo esto, cierto, no parece vislumbrarse por ningún lado. Muchos decenios de aceptación de la sociedad de consumo y despilfarro, de aceptar la dominación y la explotación pensando que, pese a todo, los sueldos ascenderían generación tras generación, que lo importante era el hedonismo y el goce, que los tiempos de pobreza eran eso, tiempos pasados, que la tecnología avanzaría también eternamente y nos libraría de los males...todo eso nos ha machacado como individuos y como colectividades.

Ahora caminamos perdidos, mateniendo aún una pequeña esperanza en que el capitalismo vuelva a ponerse en marcha, y los izquierdistas en que nuevos gobernantes se preocupen del pueblo, redistribuyendo la riqueza menguante. Falsas ilusiones, pues vemos cómo para los partidos de izquierda lo fundamental son las luchas por el poder y el reparto de cargos, que lo son de dinero. Y es que ni liberales ni keynesianos tienen respuesta ante la nueva situación, fracasando sus recetas. Esperamos, por tanto, milagros, un azar salvador que nos traiga líderes sabios y preocupados realmente por el bien de todos.


Pero cuanto más tiempo pase sin que se produzca ese necesario despertar en la conciencia, esa necesidad ineludible de abrazar un nuevo paradigma, menos esperanzas tendremos de lograr algo. Y no es precisamente tiempo lo que nos sobra.

lunes, 27 de febrero de 2017

Manchester frente al mar

Un hombre atormentado, silencioso y violento sobrevive de conserje, arreglando desperfectos en varios bloques de una triste y fría ciudad, cuando recibe una noticia que le hace enfrentarse a su pasado.

Su hermano ha muerto, y debe hacerse cargo de su sobrino, un adolescente de 16 años. De vuelta a su localidad, una población marítima, revive su pasado, su vida, sus calles, sus barcos,sus amistades, su familia, su existencia, su espíritu, a la vez divertido e inconsciente hasta que una tragedia rompe su vida, haciéndole hundirse en las ciénagas de la desesperación, perseguido por el monstruo de la culpa, que le susurra al oído día y noche su responsabilidad, convirtiéndolo en un hombre que huye de sí mismo, encerrado en una lúgubre habitación, donde solo espera que la vida pase rápido ,para poder cerrar los ojos definitivamente.

Pese a su desconcierto, debe hacer frente a sus demonios, enfrentarse cara a cara a sus recuerdos, revivir todo. La película mezcla pasado y presente, puertas que se abren y que se cierran, la lucha entre la huída y el olvido, el perdonarse a sí mismo, o seguir hundido en la obscura celda de su vida.



Familias rotas, vidas cuarteadas por el dolor, por pérdidas antes de tiempo, bellos paisajes, miradas que lo dicen todo sin decir nada, gotas de humor, a veces negro, manos que se abren, y siempre la duda, de si agarrarlas o dejarlas escapar.

Manchester frente al mar es un drama, negro como una noche invernal, pero con algún pequeño rayo lunar iluminando mínimamente el terreno pedregoso y en cuesta por el que se mueven los principales protagonistas.

Una gran película, no apta para quienes busquen cine de evasión y sonrisa, el más necesario, reconozco, en estos lúgubres tiempos. Pero, qué se le va a hacer, servidor siempre ha tenido predilección por el cine melancólico, de perdedores y fracasados, de seres heridos y rotos en su interior.

Un reflejo de mi propia personalidad, sin más.

sábado, 25 de febrero de 2017

El fin y los medios. Sobre los ideales y los métodos empleados para su realización

Menos conocido que Un Mundo Feliz, Aldous Huxley escribió un ambicioso ensayo, El fin y los medios, en plena época de auge de los totalitarismos y el rearme, no muy diferente a la nuestra, donde analiza las posibilidades de reforma del mundo y del hombre, tocando numerosos aspectos.

Ensayo irregular, con capítulos más interesantes que otros, lo positivo de su visión es su carácter holístico y su acierto, en mi opinión, en la unión que hace de lo material y lo espiritual, de lo cercano y medible y lo trascendente.

De hecho Huxley sostiene que la sociedad ideal es la que sigue el camino propuesto por profetas, místicos y filósofos de diversas escuelas y corrientes, camino por desgracia olvidado, que él resumen en una palabra: desapego. Siendo el hombre y mujer desapegado aquel que se aleja de las pasiones como la ira, la avaricia, el ansia de riqueza o el poder, en búsqueda de lo trascendente. 

Frente a la idea que algunos pueden tener de que seres desapegados son seres encerrados en sí mismos, el ideal de hombre desapegado es el del ser solidario y bondadoso, que comprende que todos estamos unidos, que no hay independencia plena individual, sino interconexión entre todos los seres con el Universo.

Esta idea es el núcleo de su ensayo, donde reflexiona sobre la necesidad de la descentralización y autonomía política y económica para favorecer la libertad y la responsabilidad frente a la concentración de poder y la sumisión; el cambio educativo, que debería unir la teoría y la práctica, es decir los estudios y el trabajo, así como evitar la especialización, para acercarse lo más profundamente posible a una visión de conjunto.

El impulso al asociacionismo a todos los niveles, a la prácticas no violentas de resolución de conflictos con la necesidad de crear grupos destinados a evitar las guerras, su rechazo a las idolatrías de la época que le toco vivir: ideologías como el nacionalismo, el fascismo y el comunismo, con sus dioses como la nación, el partido, el caudillo, la clase, recorre todo su libro; su defensa de la cooperación frente a la competencia económica y entre individuos, su elogio del misticismo, más cercano en sus simpatías al budismo y a la idea de un "dios" o trascendencia impersonal frente a nuestra imagen del Ser Divino similar a nosotros, son algunos de los temas que propone.



Un texto interesante, que nos indica algunos caminos para el cambio, sin ser un manifiesto, ni un programa de transformación integral, quizás, cierto, un tanto confuso por eso de tocar muchos temas, más bienintencionado que práctico, pero que puede servir en algunos aspectos, probablemente, en mi modesta opinión más en los ético, espiritual y filosófico que en lo político y económico.

En cualquier caso El fin y los medios, como otras obras del autor, nos muestran a un hombre de talante crítico y libre, preocupado por el mundo, independiente y con criterio propio.Cualidades imprescindibles en esos futuros seres desapegados que quieran cambiar el mundo sabiendo que los fines y los medios han de ser acordes, que los medios determinan el fin. Que si los medios son negativos, el fin acabará por serlo.

domingo, 19 de febrero de 2017

Ni izquierdismo, ni nacionalpopulismo: revolución comunal universal y autogestión

Mucho está dando que hablar el triunfo de Trump, el Brexit y el ascenso de la nueva derecha populista, con el más que probable próximo éxito de Le Pen en Francia.

Como es habitual, son muy escasos los análisis de fondo del proceso, dominando la indignación, el insulto y el griterío de incomprensión. Pero para comprender el éxito del que llamaremos nacionalpopulismo, hay que tener en cuenta que responde, en lo más profundo, a un creciente alejamiento de los dogmas del progresismo, de esa especie de inquisición políticamente correcta, relativista  y buenista, basada en unas pocas ideas fuerza, tales como el feminismo de Estado, la igualdad de toda cultura o religiosidad, el autoodio hacia Europa y sus tradiciones mientras se justifican las opresiones ajenas, la defensa de la inmigración masiva sin analizar sus consecuencias y a quién beneficia fundamentalmente-el capital local y trasnacional-, la centralidad de los discursos en defensa de las minorías, necesarios pero no hasta el extremo de hacer que las mayorías se sientan olvidadas y marginadas, especialmente parados y trabajadores pobres de los países-que somos creciente mayoría-.

Estos factores y otros, son los que pienso que están detrás de la descomposición en muchos lugares del izquierdismo, siendo absorbidos de manera creciente parte de sus votantes por las derechas populistas, que usan también un discurso social y que, si son inteligentes y se muestran contrarios al neoliberalismo, podrían provocar el desmoronamiento casi definitivo de las fuerzas de izquierda en numerosos países a corto y medio plazo.



Pero aunque esta reacción podría ser positiva en algún aspecto , como en rechazar el enfrentamiento impulsado por los poderes entre hombres y mujeres  y una visión más alejada de relativismos varios, el nacionalpopulismo no supone nada esperanzador, pues no toca los problemas esenciales, no va a la raíz de los problemas, no pone en duda la dominación y la explotación, a lo sumo sueña de manera ingenua, como he dicho en varias ocasiones ,en que los jerarcas nacionales, alejados supuestamente de la globalización capitalista-otro mito insostenible, pues globalización capitalista y Estados nación van de la mano- se comportarán de manera mucho más solidaria con sus siervos nacionales, en vez de verlos como mano de obra.

La reacción populista personalmente se me asemejaría mucho a una especia de avaro que teme, porque observa la realidad, que su mundo de riquezas mengue progresivamente, señalando a los de fuera, en vez de ver que son fundamentalmente un sector de sus propios y queridos compatriotas los que le están robando la cartera, aliados con poderosos de fuera, cierto, pero con la evidente colaboración de los primeros.

Por otra parte hay que tener en cuenta la tendencia tan humana de pasar de un extremo a otro, de ser como péndulos, por lo que no descarto en absoluto que pasemos de la inquisición progresista, a una nueva, de corte ultraconservador, que provocaría el azuzamiento de conflictos interraciales, para alejar cualquier riesgo de creación de un colectivo popular fuerte, que vea las cosas claras y decida , por fin, enfrentarse al sistema, sin buscar enfrentamientos internos artificiales.



Por todo lo dicho, hay que romper amarras con el izquierdismo y el populismo, y plantear lo que podría llamarse cuarta postura. Ni capitalismo, ni comunismo, ni formas intermedias demagógicas y autoritarias varias.

Esa postura sería la comunal, la autogestionaria o autónoma de la sociedad frente al dominio de instituciones separadas de ella  y grupos varios que se arrogan el poder de controlarla y dirigirla, desde la patronal a partidos políticos de todo signo y color.

La alternativa comunal debe ser capaz de equilibrar lo local y lo global, la propiedad privada individual o familiar y la comunitaria, la necesidad de aislamiento y de comunidad, la unidad y la diversidad, el campo y la ciudad así como integrar en la lucha a hombres y mujeres, mayorías y minorías sexuales y raciales.

Debe proponer la revolución sin ambages, pero entendida como una etapa más de un proceso, no como una ruptura total e inmediata de un día para otro que nos abre las puertas del paraíso. Debe promover la ética personal y el cambio en el interior de cada uno, junto con el político y económico. 

Tiene que defender, por primera vez en decenios, el estar fuera de las instituciones, y por tanto debe arriesgarse a crear formas de sociedades paralelas en diversos aspectos, convivencia, producción, consumo, espiritualidad, ayuda mutua, pero federadas, con un objetivo y un plan, pues de lo contrario serán islotes sin influencia real-pese al riesgo, por aquello de la Ley de Hierro de la Oligarquía, es inevitable crear una organización, flexible, ajena a dogmas, manejada por las propias bases, de vocación universal, o con hermanas en los diversos países, que puedan, si llega el caso, actuar conjuntamente, con el claro objetivo de superar el Estado-nación-.

Hay que unir lo mejor del pasado y el presente. Frente a la fracasada forma de partido político-y el nuevo engaño que puede venir, del que he leído ya varios defensores en las redes sociales, el llamado partido-movimiento, supuesta mezcla positiva de ambos, y que no sería más que una copia del famoso Movimiento Nacional Franquista, o sea despotismo con ropaje diferente, de democracia participativa-, hay que volver a  crear consejos,concejos,  juntas o asambleas en el ámbito vecinal, municipal, laboral, ocio y demás. De lo contrario nunca caminaremos a una sociedad autónoma.

Debemos ofrecer una esperanza a la humanidad, pero una esperanza reflexiva, que no engañe con falsas salidas y caminos facilones que no llevan a ninguna parte, como los caudillismos y partidos varios que nos asolan.

La revolución comunal, por la igual libertad en todos los ámbitos, es el camino a abrir.

domingo, 5 de febrero de 2017

De la internacional del espíritu a la internacional de esclavos asalariados: dos esfuerzos que deben converger

De la difícil y peligrosa situación en la que se mueve la humanidad, con la pobreza, las desigualdades crecientes, las guerras y las continuas amenazas y demostraciones de poderío militar para mostrar músculo a los enemigos, de todos esos terremotos que están hundiendo nuestros cimientos en medio de una aparente indiferencia general, una despreocupación resignada de que es lo normal, que el mundo siempre ha sido así; una ceguera voluntaria, un buscar falsas salidas, reducidas a votar a este o al otro charlatán de turno por si suena la flauta; una deprimente creencia en que el cambio lo puede traer un nuevo grupo de mandamases, y nosotros sólo vamos a tener que poner la mano para que llueva maná del cielo y la tierra; en medio, pues, de esta situación desesperante , toca reflexionar y analizando la historia ver qué fuerzas contrarias a las que nos aplastan harían falta para ir construyendo una resistencia real con potencialidad para dar un vuelco o, cuando menos, afrontar la maquinaria que se nos viene encima.



De un análisis muy somero  saco en conclusión que nuestro estado de postración absoluta viene marcado por la destrucción de todo espíritu unificador. Nuestras sociedades se caracterizan por el enfrentamiento de todos contra todos, la división en compartimentos estancos, las luchas fragmentarias y sectoriales.

Mujeres contra hombres, blancos contra negros, religión contra religión, izquierda contra derecha, adultos frente a niños. En el lado de las teorías tenemos esa citada fragmentación, ese alejamiento de lo holístico: el feminismo, el ecologismo, el decrecimiento, centrados todos ellos en un aspecto, lo económico, lo ecológico, el tema mujer, entre otros. Al final, por otra parte todos ellos acaban absorbidos por el sistema, que los utiliza para favorecer ese enfrentamiento-parte del feminismo se ha convertido en un arma contra el hombre, al que se le culpabiliza de todo, rehuyendo la responsabilidad de la mujer en la opresión y la destrucción-, para crear buena conciencia verde y obviando que el primer ecosistema que se ha aniquilado es el humano, su vida interior y su libertad de pensar, de conciencia, por ejemplo, o creando ideas radicales pero que en general no van contra el sistema en su raíz, por lo que acaban siendo ideas inofensivas para consumo de la izquierda burguesa, que no comprende, por ejemplo, que un pobre, un precario, un parado, una persona que gana seiscientos euros de sueldo, por ejemplo, no va a sonarle nada positivo que le hablen del decrecimiento. El decrecimiento ya está en nuestras vidas, aplastándonos como una losa contra el suelo.

Todo este panorama desolador ha traído consigo la desaparición casi total de un imaginario realmente revolucionario y lo más preocupante, la falta casi total de una cosmovisión de hermandad universal, de que los problemas de fondo son similares a todos. Que lo que hasta hace pocos años veíamos como algo lejano, algo de los pobres negritos de África, por ejemplo, con nuestro paternalismo del que se sentía superior, siempre a salvo en su burbuja de prosperidad eterna, está entre nosotros,que ese futuro que creíamos luminoso se ha tornado obscuro como la boca del lobo.

Para poder empezar a asomar la cabeza y tomar aire se necesita encontrar ese espíritu unificador, como diría aquel brillante pensador, desconocido y desgraciadamente fallecido prontamente Gustav Landauer.

Ponía como ejemplo histórica la denostada por casi todos en esta horripilante modernidad que se las da de época superior a todas, Edad Media. Ciudades libres, guildas, propiedad comunal, asociaciones campesinas conformaban una comunidad de comunidades, una sociedad real, de vida activa y asociativa,federativa, de lo local a lo global, imperfecta pero de más hermandad, donde lo que la unía era el cristianismo, ese cristianismo era el espíritu que ligaba a los hombres.

Ahora, en Occidente, no existe tal espíritu. Las religiones, al menos hoy por hoy, han caído, por sus propios errores y horrores, cierto, aparte de por los avances de la ciencia. El problema es que ninguna ideología ha logrado crear ese espíritu, como pensaba Landauer que podría realizar el socialismo-libertario, en su visión-.

Si algo ha demostrado el siglo veinte es que las ideologías no son ese elemento de unión en positivo. Lo son y han sido de enfrentamiento, o de falsa unión basada en la coacción, en la centralización de poderes, como mostró la temible historia del socialismo o capitalismo de Estado, de Rusia a Cuba.

Por lo tanto esa Internacional del Espíritu de la que estamos huérfanos debe estar basada no en lo doctrinal, lo ideológico, sino en lo espiritual, lo filosófico entendido como alcanzar formas de vida individuales crecientemente elevadas. Para mí dos son las ideas claves de ese Espíritu, y es el amor y el desapego. El amor entendido en su verdedero sentido como sociedad hermanada donde se evita la dominación, la explotación, las desigualdades y autoridades artificiales, no tanto las naturales de la diversidad de dones o del conocimiento- siempre temporales, no fijas, en el segundo caso- pues en tal sociedad, y la nuestra es un ejemplo de ello llevado a su casi total perfección, reina el desamor y el odio o indiferencia de todos contra todos.

Y, junto al amor, el desapego, como escribía Huxley en El fin y los Medios. El desapego al lujo, la ambición de poder, de fama, de éxito, de posesiones materiales, de posiciones sociales, de la lujuria, de los deseos. El desapego del propio Yo y las cosas del mundo porque ha comprendido que hay una realidad última y superior. Que no tiene por qué ser un Dios, sino el Todo, esos lazos que nos unen al Cosmos y a todo ser viviente y objeto inanimado, de rocas a estrellas y que favorecería la unión de opuestos, lo individual y lo total, el todo y la parte, sin enfrentar lo uno a lo otro.

En ese terreno podrían encontrarse y trabajar en común desde hombres y mujeres creyentes, pero autocríticos con la historia y actuación de sus religiones, que reconocieran que deben volver a sus fuentes, la de sus escritos y tradiciones, para lograr un entendimiento correcto de ellas, alejados del servilismo tradicional de sus Iglesias y dirigentes a los poderosos y agnósticos y ateos que a su vez reconozcan que nuestra sociedad aespiritual o antiespiritual atea o agnóstica nos ha vaciado interiormente y nos ha lanzado por una pendiente muy peligrosa de amoralidad donde ya prácticamente todo vale, donde todo está cada vez más mercantilizado, y la libertad real que prometían no se ha cumplido.



Esta Internacional del Espíritu sería enormemente poderosa pero quedaría manca si no va unida a una Internacional si se quiere más material. La Internacional obrera, la de los esclavos asalariados conscientes de su esclavitud, que como la Primera Internacional comprendiera la necesidad de compartir luchas y esfuerzos internacionales porque internacionales son los problemas e internacional es la opresión. Y que la emancipación es obra de los trabajadores mismos o no es.

Esta Internacional se sacudiría todas las teorías burguesas radicales que sólo confunden y distraen para ir a la raíz de los problemas, una raíz que ni los llamados radicales actuales mencionan. El trabajo asalariado como base del mal. No se puede aceptar con naturalidad ser mercancías u objetos que se compran y se venden. Reconocer que somos esclavos, es un paso decisivo para eso ,y mientras no se dé, no hay nada que hacer.

Esas dos Internacionales están por construir, o reconstruir, y su actuación conjunta es lo único que podría servir para afrontar nuestra pésima situación y para evitar esa falsa y temible salida que está tomando mucha fuerza en muchas personas bienintencionadas a izquierda y derecha: el Estado nación y su reclusión total en él, que sólo agravaría más las cosas, pues, como he escrito en varias ocasiones el estado nación va unido al enfrentamiento, al militarismo, al imperialismo, a la destrucción.

¿Utopía, sueño infantil?. Posiblemente, pero el realismo y pragmatismo actual nos acerca a la pesadilla o al sueño eterno para gran parte de la humanidad.

domingo, 29 de enero de 2017

¿Internet nos hace estúpidos?

En la desconocida Editorial Voz de los Sin Voz, continuadora de la antaño famosa en tiempos de la clandestinidad antifranquista Editorial ZYX, impulsada por un pequeño grupo, el Movimiento Cultural Cristiano, partidario de un cristianismo obrero y autogestionario -rara avis en el mundo católico y cristiano en general, aunque en mi humilde opinión el cristianismo o es comunal y autogestionario o no es- me hice con un libro interesante, de título sugerente : ¿Internet nos hace estúpidos?.

En él, escrito por varios autores, se hace un interesante análisis de uno de los instrumentos tecnológicos más exitosos de nuestra época, y que a casi todos nos envuelve, como la melodía de las míticas sirenas de Ulises que con sus cantos arrastraban a los marineros a la muerte: internet, las redes sociales.

El texto, reconociendo sus bondades y considerando que ya no podemos prescindir de tal invento-pese al título, el libro no supone una condena al infierno de esa tecnología- plantea un interrogante, la constatación de una incómoda realidad: las redes sociales parecen estar limitando nuestra capacidad de pensar y leer con profundidad.

Muchos inventos producen alteraciones cognitivas, como fue por ejemplo la invención de la escritura y por tanto la capacidad lectora, e internet no es una excepción. La primera parte del libro, quizá la menos apasionante, se centra en el estudio de los cambios neuronales producidos a lo largo de la historia por el desarrollo tecnológico.

La última parte, la más amena para mí, es la que señala, entre otras cosas, la pérdida de capacidad de concentración en la lectura, la mayor dispersión de la mente, acostumbada a "clikear"constantemente, y a pasar de una información a otra. La dificultad de leer textos largos y densos, acostumbrados también al formato digital de frases y textos breves, es un efecto negativo de la redes sociales.

Más información no tiene por qué implicar mayor conocimiento, al revés, como se expresa en la contraportada de la obra, se obstaculiza la capacidad de comprensión y empatía. Una mente tranquila y atenta, requiere de la contemplación, los estímulos constantes de la red, lastran su desarrollo.



Habría otros elementos negativos: desde la evidente pérdida de intimidad y por tanto de libertad al exponer toda nuestra vida y nuestros gustos, a la posibilidad de una creciente concentración de riqueza y poder por parte de las grandes corporaciones tecnológicas y el riesgo consiguiente de despidos masivos al producirse casi todo por medio de software.

Podríamos hablar de otros aspectos negativos-en los que el libro no entra-, desde el acoso por las redes, a la violencia o insultos. Este es un tema muy delicado, pero hay algo en las redes sociales que limita el autocontrol, y, aunque personalizando, suelo evitarlo en todo momento, mi gusto por el debate me ha llevado en alguna ocasión a manifestar alguna crítica a personas e ideas de manera muy inapropiada.

He sido consciente de eso y reconozco que me ha echo sonrojar de mí mismo, siendo cada vez más claro para mí el que Internet no favorece el debate sereno, el encuentro ni realmente la capacidad de transformar en positivo la realidad. En este último punto hay autores que en alguno de sus libros mencionaron que la Red no es más que un enjambre digital-Byung-Chul Han-, una multitud vociferante, aislada individualmente en muros, y, pese a la ficción de lo contrario, incapaz de una acción conjunta.



Otro aspecto destacable del libro es su rechazo a la idea de que las tecnologías son neutras, que dependen de su uso. Es la postura del llamado "idiota tecnológico" según los autores. Una ingenuidad que no tiene en cuenta que la tecnología es creada por un sistema de dominio y que, por tanto, muchas veces con ella se sirve a los intereses de los opresores, de diversas maneras.

Para finalizar vuelvo a la contraportada y me quedo con su frase final: Seamos protagonistas de nuestra vida, de nuestro tiempo. Construyamos asociación, necesitamos afrontar juntos esta nueva civilización que está naciendo.

lunes, 23 de enero de 2017

Frantz

Bella y melancólica película que recrea de manera magistral los ambientes posteriores a la primera guerra mundial, tanto en Alemania como en Francia, gracias, sobre todo, al uso del blanco y negro-roto puntualmente- ,que favorece que el espectador se sumerja más en el film y lo sienta más real.

Una joven prometida visita con frecuencia la tumba de su amado, segado de la vida por la carnicería de la primera guerra mundial, cuando descubre que un francés, al igual que ella, acude a depositar flores al nicho.

Intrigada, consigue establecer una relación de amistad con ese desconocido, antiguo enemigo de la guerra que enfrentó a alemanes y franceses. Aparentemente, una antigua amistad de Frantz, con quien compartió vida de estudiante en París.



La lucha entre las ganas de vivir y el dejarse arrastrar a una muerte en vida, la desolación y tortura del padre, ejemplo de otros millones que alentaron a sus hijos a combatir por la patria, perdiéndoles para siempre de sus vidas, el clima de odio, nacionalismo y ansia de revancha de muchos alemanes, pero también franceses, el desencuentro, la dificultad de entablar una relación entre dos personas a lo que todo lleva a verse como enemigos...

Sensibilidad, diálogos profundos, sentimientos escondidos que brotan a destiempo, vidas rotas, resignación y dejarse llevar o romper con todo, son diversas facetas y dilemas que como un poliedro nos muestra Frantz.

Una hermosa, esperanzadora y triste película merecedora de un gran éxito.

viernes, 20 de enero de 2017

Reflexiones sobre el erial contemporáneo

Cuando un servidor observa las diversas reacciones a las múltiples crisis que nos sacuden, no deja de tener la triste impresión de un Déja Vú siniestro: salvando las distancias, con matices, parece que nos sumergimos otra vez en los años veinte y treinta.

Se afirma que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y, por desgracia, parece que es cierto. El tiempo actual, en vez de favorecer nuevos paradigmas, o, puesto que todo está inventado, una mezcla de nuevas y viejas ideas, viejas en el sentido de las tradiciones pasadas que puedan ser positivas o ayudarnos a enfrentar la terrible decadencia que nos cerca, ha decidido deslizarse a lo más obscuro, lo que ya mostró su turbia faz.

Las generaciones adultas, y, lo más triste, también muchos de los escasos individuos que se esfuerzan en analizar críticamente el Orden que nos tiene encerrados  en la Caverna de Platón, vuelven su mirada, sin saberlo, hacia cosmovisiones muy afines a la mussoliniana, por ejemplo.



Es decir ante la situación creada por el capitalismo, que, como en todas sus crisis cíclicas, necesita volver a reactivarse asfixiando a las clases populares, se ha creado una numerosa corriente, a izquierda y derecha, que en vez de afrontar la realidad, ha caído en la ensoñación del Estado-nación y la clase dirigente local como salvadora de los humildes y explotados.

Proteccionismo, aislacionismo, repliegue identitario, rechazo a cualquier construcción supranacional...son creencias cada vez más pujantes. La soberanía nacional aparece como la tabla de salvación, como la única forma bien de protegerse de los movimientos migratorios producidos por los conflictos armados o el hambre, por parte de la derecha populista, o como única forma de democracia, para el populismo de izquierdas-más debil que el primero, que es quien tiene todos los boletos para triunfar-.

Unos y otros viven fuera de la realidad por un lado, y nada han aprendido de la historia, por otro.

Por una parte, la masiva huida de sus países de cientos de miles de personas,por no decir millones,  no podrá frenarse, o reducirse, sin un tipo de política u organización mundial que afronte ese grave problema y esa enorme injusticia que supone que en un mismo mundo haya tal grado de desigualdad.

En un mundo fragmentado en Estados naciones encerrados en sí mismos, jamás se logrará nada en ese sentido, y la gente se agolpará en las fronteras, creando una situación insostenible para todos, por más que se instalen vallas o muros.



Por otro lado, debemos quitar la máscara a la llamada soberanía nacional. La soberanía nacional es la soberanía de los mandamases locales, cuya función es dominar a la propia población y controlarla.

Porque todo Estado-nación es un polvorín, que acumula en su interior todo tipo de armamento y aparatos dispuestos a aplastar, si se da el caso, a la propia población, y, en segundo lugar, el Estado-nación es una forma de organización siempre preparada para la guerra exterior.

Que a tales instrumentos se les siga considerando, después de todo lo que ha caído, baluarte de libertad, paz y democracia, resulta cuanto menos asombroso.

Incluso aunque sólo uno de tales Estados tuviera ínfulas imperialistas, todo ese sueño de sus defensores se vendría abajo como un castillo de naipes.

Es sintomático y llamativo que los movimientos nacionalistas, los antiguos y los actuales, con sus figuras de renombre-la última Trump, o algo antes los del Brexit- pese a su discurso de primero la patria, de teórico repliegue interior, acaban siendo enormemente belicosos o defendiendo una mayor capacidad militar.

Al final su búsqueda del engrandecimiento patrio lleva al rearme, a la belicosidad y , a la mínima, a la conquista o enfrentamiento con otros vecinos.

Vuelvo al ejemplo anterior: ¿alguien se imagina cómo acabaría un mundo dominado por los localistas, nacionalista e identitarios, sin distinción de izquierda y derecha-el fascismo clásico nació de la izquierda y se volvió transversal al poco-, donde cualquier conflicto, fronterizo, de tierras, marítimo o del tipo que sea, no tuvieran instituciones que pudieran mediar?.

Y es que si los neofascistas partidarios del repliegue son coherentes, en su mundo ideal no cabría nada a nivel mundial, pues sería una amenaza a la soberanía. Las consecuencias ante cualquier choque, cabe imaginarlas.

Podemos definir el mundo actual, al nivel del pensamiento, como un erial. Desaparición de la imaginación y búsqueda de vías que mostraron su total fracaso con la Europa de Entreguerras, esa Europa asolada por las guerras y las dictaduras.

Lo triste es que hace cerca de un siglo, un grupo de personas, los constituyentes del llamado movimiento obrero, ya pensaron una respuesta al capitalismo que no pasaba en absoluto por ese refugiarse en el Estado-nación, sino por dar una respuesta global.

Es verdad que en la hora de la verdad, 1914, se fracasó. No lo niego, pero su esfuerzo, lucidez y visión resultaron ser muy superiores a los de generaciones educadas durante años en escuelas y universidades.

Con esto no estoy defendiendo un internacionalismo abstracto, un poner el carro por delante de los bueyes. Se parte de lo cercano, pero se ve a las personas de otros países como compañeros aquejados de la misma opresión, y por tanto es obligado crear una estructura que vaya abarcando la Tierra en su totalidad.

Tampoco niego la necesidad de revisar las propuestas internacionalistas, en qué fallaron, en qué se deben ampliar y renovar para poder enfrentar, o al menos poner palos a las ruedas, de la maquinaria infernal de las tres potencias que tiene al mundo en vilo, y que se sostienen por nuestra pasividad y despreocupación total, por nuestra aceptación de que vivir al borde del precipicio es lo natural.

Lo que sí tengo claro es que la marea populista y nacionalista es un mal mayor que el que supuestamente quiere enfrentar.

sábado, 14 de enero de 2017

Relatos de un peregrino ruso

He tenido el gusto de leer un clásico del cristianismo ortodoxo, Relatos de un Peregrino ruso, que en la práctica se ha convertido en uno de los más bellos textos de la tradición espiritual de la humanidad, con capacidad para trascender cualquier escuela religiosa.

La propia introducción es muy interesante, pues nos sitúa el contexto de la obra, la época en que transcurren los relatos de un peregrino ruso, personaje anónimo del siglo XIX, y la escuela cristiana en la que se sitúa, o la que resulta más afín, que es la hesíaca, aquella centrada en la vida contemplativa, y la oración incesante para lograr la unión con Dios, es decir la que busca la soledad, la calma, el silencio.

El resto del libro nos relata las andanzas de un hombre sencillo, educado en la fe religiosa que pierde todo, casa, mujer y riquezas y que decide lanzarse a los caminos, peregrinando por toda Rusia, siendo enseñado por un maestro en la práctica de la plegaria incesante hacia Jesucristo, actividad inicialmente muy difícil de lograr, debido a las distracciones y la pereza mental, pero que una vez lograda transforman interiormente al protagonista, logrando alcanzar la paz, la alegría y una enorme fortaleza mental que le permite afrontar sin miedo todos los peligros y penalidades que sufre en su vagabundear por la inmensidad de Rusia.

Trabajando a veces, y mendigando un trozo de pan en las aldeas por las que pasa en otras ocasiones, del libro destacan sus conversaciones con hombres de diversa condición, de monjes, a profesores y ermitaños y también gentes de pasado licencioso y amoral, todos o casi todos despertados por diversos motivos al mundo elevado del espíritu; la obra no deja de ser un canto a la esperanza, a la posibilidad de cambio y redención, gracias al Evangelio o textos como la Filocalia, donde se concentran grandes enseñanzas de los primeros cristianos.

El amor al prójimo, el perdón, la compasión,el desapego a los bienes materiales, son enseñanzas de Relatos de un peregrino ruso, que, en lo esencial, coinciden con las mejores tradiciones espirituales y filosóficas.

El libro va contracorriente de nuestra época, de nuestras sociedades occidentales donde todo lo que se refiera a dios o a religión provoca un enorme rechazo, risas o burlas, como algo dogmático, antiguo, reaccionario, de beatas e hipócritas fariseos, frente a nuestras maravillosas vidas de esclavos de placeres y tecnologías varias, dominados de la cuna a la tumba y adoctrinados de la mañana a la noche.



Entiendo que a muchos la obra no guste, o no diga nada, pero personalmente, he disfrutado de la lectura, de la sencillez y a la vez profundidad del protagonista y otros personajes, y, separando el grano de la paja, descubro en el peregrino ruso y sus compañeros de viaje unas personalidades superiores a las nuestras, capaces de enfrentar con paz y una sonrisa los golpes y penalidades de esa vida errante, expuesta a todos los peligros.

Cada vez creo más firmemente que en las viejas tradiciones espirituales de la humanidad, se esconde un tesoro a redescubrir y de gran ayuda para la mejora individual y colectiva.

Al menos, redescubramos el valor del silencio, la oración o la meditación, y el vivir modesta y sencillamente. Con independencia de si somos creyentes, ateos, o agnósticos.