lunes, 22 de febrero de 2016

Sócrates.Juicio y muerte de un ciudadano

En la Sala Fernando Arrabal del Matadero se está representando una interesante obra sobre el juicio y condena del legendario filósofo Sócrates.

Dirigida por Mario Gas e interpretada por el talentoso actor José María Pou ; Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano se inicia con una breve presentación biográfica del propio Sócrates, hijo de cantero y comadrona que recibió la educación tradicional de su época en diversas artes y conocimientos, participando con gran valor en diversas batallas de la Guerra del Peloponeso. Hombre austero, despreocupado por sus apariencias y criticado burlonamente por algunos por su físico poco agraciado.

La representación nos lleva de la mano a los debates que causaba su persona debido a sus ideas o métodos poco ortodoxos entre sus conciudadanos y discípulos, defendiéndolo varios y atacándolo duramente otros por corruptor y destructor de las costumbres, creencias e instituciones políticas democráticas. Luego el juicio, al que es llevado y acusado por envidiosos, en el que la soberbia e ironía de nuestro filósofo le llevó a que fuera condenado a muerte y finalmente el intento de sus discípulos de salvarle y la serena aceptación de su desaparición.

En Sócrates encontramos la filosofía en estado puro, la búsqueda de la virtud, la verdad y la justicia. Pero no una filosofía como la posterior, de púlpitos o cátedras, sino la de la calle, la del filósofo que aceptando su ignorancia inicial , "sólo sé que no sé nada", a través del método socrático o mayéutico, consistente en una serie de preguntas y respuestas a cualquier ciudadano, mediante las cuales lograba tirar del hilo de la verdad oculta para sacarla a la luz, o, al menos, hacer dudar a los individuos de lo que tienen por verdad, de lo que dan por sentado de forma natural.

Y aquí está, para mí, lo que le llevó al juicio y a su muerte ingiriendo la cicuta: el hacer nacer, de forma aparentemente ingenua e inocente la sombra de la duda sobre lo admitido como natural y correcto. Normas, valores, creencias sobrenaturales, formas de organización política o económicas, sabios, hombres grandiosos...


Humor irónico, diálogo  e inteligencia usados para despertar a las gentes y hacerles ver los defectos propios y ajenos era algo que el poder ateniense, como cualquier poder ,no tolera de buen grado. A los poderosos no les gusta que alguien pueda quitarles las máscaras con las que encubren su dominio y Sócrates acabó por ser visto como alguien que corrompía a los jóvenes con sus enseñanzas, aunque en realidad nada malo hubiera en un buscador de la virtud y la verdad que predicaba con el ejemplo.

Por eso su figura es imperecedera, pues en palabras del Sócrates reencarnado en un Teatro español, nazco todos los días y vivo en todas las épocas.

Y es que el drama del viejo filósofo ateniense que no quiso huir, respetando las normas de su amada ciudad y no queriendo ser etiquetado como un traidor y cobarde, es el eterno drama de la lucha de la conciencia individual entre la obediencia y la rebelión, lo correcto y lo incorrecto, el querer y el deber, el vivir con serenidad, aunque sea de manera breve, como insecto de estío y bochorno que perece con los primeros fríos nocturnos, o prolongar una existencia en la tristeza y la tortura interior continua.

Y, para finalizar, sirva su admirada figura para recordar que la filosofía y los filósofos-y todo ciudadano lo es en el fondo- sólo puede salvarse de los museos en que está encerrada si vuelve a salir al exterior, si, usando un símil de su discípulo Platón, huye de la caverna buscando la verdadera naturaleza de las cosas al sol de calles, plazas y caminos.


martes, 9 de febrero de 2016

El viejo profe y el estanque de la melancolía

En medio de la sombría selva de muros, de millones de voces gritando sus ideas e historias, de átomos aislados que sienten ilusamente que forman un cuerpo en vez de fragmentos derrotados de antemano por el Poder; entre las hordas multitudinarias de cruzados e inquisidores abducidos mentalmente por las diversas siglas partidistas y sus Amados Líderes o Lideresas, destacando a veces los conversos a lo nuevo en su furia antiherética, como aquellos exfumadores que atosigan a los que mantienen el vicio o aquellas mujeres que se recosen el himen para aparentar lo que no son-como si su vida anterior fuera pecado y no quisieran recordarla-; en mitad, decimos, de ese mundo obscuro de aullidos que son las redes sociales, del cual formo parte activa como un gritón más, encuentro una noticia que me golpea la cara.

Un antiguo profesor, de un viejo colegio, ha fallecido. Cierro los ojos un momento para volar hacia atrás en el tiempo y volver a sentarme en sus aulas, pasear por su recreo, unos segundos en soledad, después intentando traer el recuerdo acústico de sus condenados en la hora de mayor libertad, la del recreo, donde todo se llenaba de voces, esas voces de aquellos y aquellas que están despertando a la vida y empezando a aprender que no hay salida, que los muros formarán para siempre parte de nuestro paso por el mundo. Pero que, pese a todo, siempre hay ratos, momentos, fogonazos donde encontrarnos y conocernos fuera de los reglamentos.



Entré en el Santo Ángel con quince años, escapando de un colegio asfixiante. Todos lo son, para mí, pero hay grados. Y aquel nuevo colegio  de Moratalaz ha quedado en mi memoria como más humano, más amable, que aquel anterior religioso, donde asomarse a la ventana era ver edificios grises. También tengo que reconocer que mi entrada en el nuevo colegio fue unida a una mayor maduración, que me hizo ver que tenía que estudiar un poco más, lo justo para ir tirando y dejar de encerrarme en el cuarto para hacer que estudiaba cuando en realidad mi mente viajaba de un lugar a otro, menos a los libros. Cosas de críos.

Don Julio fue nuestro profesor de Latín, aquella asignatura que la primera semana me asustó, pero que luego amé y disfruté. Observo su pelo claro, sus ojos azules debajo de sus gafas, su rostro bondadoso. Después, ya en COU, lo fue de Literatura.

Tengo que reconocer que no fue mi favorito, el favorito fue Manuel Martín, el de filosofía. Pelo blanco corto y bigote, era, nunca mejor dicho, un clon del filósofo Nietzche, pensador al que no se sentía muy unido. Exmarxista y yo anarquista desde que pisé las nuevas aulas, debatíamos en clase de diversos asuntos, de lo divino y lo humano, quizá más de lo humano dada nuestras procedencias ideológicas. Ahora, sin embargo, lo haría más de lo divino.

Y no porque haya abandonado el pensamiento libertario definitivamente, que no lo he hecho, sólo lo he traicionado y abandonado en algunas etapas de mi vida. Porque, visto lo visto, he acabado por regresar a mi vieja casa, como hijo pródigo. Pero sí es verdad que conforme pasan los años y la vida te va quemando e hiriendo, tu conciencia se abre a otras cosas, nuevas inquietudes escondidas como la semilla del árbol bajo tierra van emergiendo a la realidad. Materialismo y espiritualidad se van acercando, primero con recelo, para acabar dándose la mano.

Cuando lo medito descubro que era y soy un anarquista sin esperanzas, sin militancia. Por eso, por no haber tenido jamás la ilusión de ver el Mundo Nuevo, ni codearme habitualmente con anarcoides no he quemado el navío y sigo resistiendo, sin esperar nada, sólo como un ideal que me ayuda a mantenerme a flote en la sucesión de tempestades.

Pero como nada es perfecto en la vida  y no hay mal sin bien ni bien sin mal, en aquella escuela donde logré centrarme algo más, recaí de mi mayor demonio en la vida, la ansiedad, la angustia, el terror a expresarme delante de la gente. La tartamudez de la que me había librado casi del todo unos años se giró como una fiera contra mí, agarrándome por la garganta. Aún recuerdo el corazón latiendo a mil por hora, las manos temblando, el sudor frío que me recorría de arriba abajo cada vez que se acercaba el turno de leer, o exponer delante de los compañeros.

Con todo lo positivo fue mejor que lo negativo y los amigos de aquellos tiempos se pasean y me saludan en mis recuerdos de tanto en tanto, y yo respondo a ellos con una sonrisa y un abrazo.

Nunca volví al Santo Ángel tras aquel día que recogí las notas de selectividad, convencido que no aprobaría por entregar el examen de Arte en blanco y sacar un merecido cero. No fue así y, en gran medida, gracias al nueve en filosofía.

Muchas veces tuve la tentación de volver, pero la pereza me hizo alargarlo. Un día, acabada la carrera, estuve a punto de bajar del autobús en aquella parada donde lo hacía años atrás, con la cartera al hombro. Me dio vergüenza, tantos años, quién habrá, estarán los viejos maestros que dejé...

Siempre me arrepentí de no dejarme llevar por el impulso. ¿Habría estado Julio?, ¿hubiera podido darle la mano, ver su rostro por última vez?, ¿ y mi querido y añorado profesor de filosofía?.

Pero Julio Vielva ya no está, no pudo ser. El querido profe habrá descubierto la Verdad, el Todo o la Nada; si tras la muerte subsiste la conciencia o retornamos a la obscuridad silenciosa y plácida de la inconsciencia. Me inclino y me quedo con lo segundo, pero nada sé y cada cual es libre de tomar la creencia que desee.

Lo que sí sé es que cuando miro atrás me doy cuenta que el estanque de la alegría, de la felicidad, en cuyos alrededores jugamos unos años, refrescándonos con su humedad y metiendo brazos y manos en sus claras aguas, sin más pensamientos que disfrutar el momento y escuchar los pájaros en las ramas cercanas se ha evaporado.

Su lugar lo han ocupado unas aguas turbias que sólo invitan a la preocupación por el futuro, donde no se observa el fondo y los pájaros han emigrado. Ese nuevo estanque es el estanque de la melancolía. Aquél que siempre se mantendrá, hasta que exhalemos nuestro último aliento.






martes, 26 de enero de 2016

Podemos y la táctica del salami

Se conoce como táctica del salami al método usado por los comunistas tras la Segunda Guerra Mundial en la Europa del Este consistente en lograr el poder poco a poco, a rodajas, como quien devora un embutido.

Tras la derrota nazi, en Hungría, se establece un gobierno de coalición, donde los comunistas se hacen con varios Ministerios, especialmente el de Interior. Se realizan elecciones en las cuales el Partido Comunista local obtiene un mal resultado, quedando en tercer lugar. Rakosi, dirigente estalinista, al parecer hijo de carnicero, idea recurrir a lo que llama técnica del salami. En vez de destruir directamente toda oposición recurre a una maquiavélica estrategia: acusar de fascistas progresivamente a diferentes miembros de la oposición para dividir a sus partidos y lograr su expulsión y debilitamiento. Con el control de la policía y el Ejército Rojo a su favor, va devorando poco a poco a sus oponentes, rodaja a rodaja, hasta lograr el Poder absoluto.

Viene esta vieja historia a cuento por la propuesta de Pablo Iglesias y sus lugartenientes de un gobierno de coalición con el PSOE donde su partido exige, curiosamente, las carteras de Defensa e Interior-entre otras como  Educación y el control de la RTVE-, aparte de la vicepresidencia.



Algunos y algunas ingenuas pueden extrañarse de que un Partido que  ha ascendido al calor de la terrible crisis que nos golpea con el discurso de dar de comer a la gente, de la emergencia social, de que primero es la ciudadanía y luego los sillones, salga con esta propuesta de primero cargos y luego ya veremos. Y de que quieran dirigir  los que representan el núcleo del poder coercitivo del Estado- Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad-.

Estas exigencias tiran por la borda el discurso que hemos escuchado en varias ocasiones a gentes y medios de derecha de que Podemos era antimilitarista y antipolicial. Y también a muchas personas de izquierda que se han tragado que Podemos era lo que no era: el partido de la regeneración,  la renovación, la transparencia, el servicio a los ciudadanos...

La propuesta de Podemos resulta similar, salvando las distancias y la situación histórica, a la mencionada táctica del salami, pero también a la seguida por el PCE en la Guerra Civil española, consistente en intentar absorber al PSOE-sólo lo lograron con sus juventudes, gracias a la traición de Carrillo y otros- y a la vez luchar por  controlar el Ejército y la Policía. Con la diferencia, paradojas de la vida, de que han logrado destruir primero a su viejo partido, Izquierda Unida, primera víctima de la táctica del salami.

Y es que en realidad pocos son los que tienen claro la naturaleza real de Podemos. Profesores procedentes del marxismo leninismo que reconocen que tal doctrina es ya inservible para tomar el poder. Pero frente al camino de muchos excomunistas que acabaron en la socialdemocracia, ellos vieron en el populismo latinoamericano el nuevo discurso, la nueva herramienta que con lenguaje diferente al bolchevique: ni izquierda ni derecha, arriba y abajo, pueblo en vez de clases, gente versus castas... podría favorecerles en sus sueños de Gobierno.



Abandonamos el comunismo  pero nos quedamos con sus tácticas y sus métodos, con su espíritu totalitario, adecuándolo a Occidente, a la situación actual, usando otro lenguaje con más posibilidades de éxito.

Yerran nuevamente en mi opinión los sectores derechistas que creen que un triunfo de Podemos supondría la implantación de una dictadura comunista al estilo clásico.

Iglesias y su gente no está por nacionalizar la economía, ni siquiera por salir de la OTAN. La única ideología real de Podemos es el poder por el poder-salvo que pueda llamarse ideología al peronismo y derivados-. Pero son brillantes en la táctica y conocen la historia. Han visto la debilidad de Sánchez, su necesidad de gobernar sea como sea para mantenerse como Secretario General de los socialistas. Sueñan con poder realizar lo que no logró el PCE en la guerra civil: destruir al Partido Socialista- dividiéndolo entre partidarios y contrarios al pacto-,  y además gestionar el capitalismo como Syriza y, eso sí, reforzar el aparato represivo y adoctrinador.



Situados entre cuatro partidos y sus líderes, a cual más engañosos y corrompidos-especialmente el PP sumido en una corrupción desbordante--, los españoles se encuentran en una situación tan delicada como aparentemente apasionante.

 No obstante, al final, se imponga quien se imponga, se hará lo que mande la Unión Europea.

Porque quien pierde en este juego de trileros es la sociedad, aunque quizá tendremos que reconocer que tenemos lo que nos merecemos. 

 Y es que dicen, para finalizar, que la historia siempre se repite, primero como tragedia y luego como farsa.

miércoles, 6 de enero de 2016

Los hermanos Karamázov

En el Teatro Valle Inclán hemos asistido a una magnífica representación de una de las obras más importantes de Dovstoievski, Los hermanos Karamázov.

Durante tres horas se despliegan ante el espectador las vivencias de una familia en la que se juntan todas las pasiones, deseos, maldades y alguna bondad. Un padre, magistralmente interpretado por Juan Echanove, hombre que ha logrado ascender en la escala social que martiriza a sus hijos y a cuantos le rodean, dominado por la violencia verbal y la lujuria; un hijo militar, parecido a él pero del que vamos descubriendo algunos rasgos positivos, pues, al fin y al cabo ninguno somos lo que parecemos, el bien esconde obscuridad en sus recovecos y, a veces, el mal oculta destellos de luz, destellos que el libre albedrío de la persona puede apagar para siempre o encender.



Como prototipos de la época aparecen el resto de hijos, de hermanos: el filósofo racionalista y ateo, espejo de los famosos nihilistas de la época, que enarbola la frase: "Si Dios no existe, todo está permitido"enamorado de la prometida de su hermano militar, que a su vez ama a la joven, deslenguada y manipuladora prometida de su padre, mujer que al final tampoco es quien parece ser. 

El joven monje, de espiritualidad elevada, amigo del perdón y la concordia, reflejo de lo más positivo del ser humano. Y, finalmente, el hijo bastardo, el criado para el padre y saco en el que descargar toda su ira, epiléptico y en apariencia deficiente mental, pero que finalmente resulta ser un hombre lúcido, deseoso del amor , la comprensión y la liberación del infierno en que vive.

En esta obra el autor refleja mucho de su interior tormentoso, pero también del de Rusia. Una sociedad sometida a autoridades crueles y despóticas, de religiosidad y virtud aparente, pero que escondía seres desdichados, caídos en todo tipo de vicios , alcohol, ludopatía -como Dovstoievski-, agresividad, violencia doméstica, hijos no legítimos...

Los Hermanos Karamázov es una obra muy dura, de personajes excesivos, de diálogos profundos y a la vez crudos, de odios y desprecios que ya no se ocultan tras los cerrojos de los cuartos y las mentes, sino que vuelan de boca en boca, de gestos en gestos, de puños en puños.

Las sombras del ser humano golpean a los espectadores una y otra vez, sin apenas descanso, sin apenas grietas en el tabique que dejen entrar algo de luz solar.

Solo al final, cuando parece todo perdido, cuando lo peor, lo más monstruoso, parece tomar forma definitiva y absorber totalmente a la desdichada familia es cuando, sin embargo, emerge una pequeña luz de esperanza y de redención, cuando en esas inhumanas sombras gigantescas se inicia la metamorfosis o, mejor dicho, el regreso a lo que alguna vez fueron de niños. Seres para los que el futuro era un campo luminoso y esperanzador.


martes, 29 de diciembre de 2015

Comunidad Española de Autogestión: un proyecto pendiente



En el libro de Heleno Saña Sindicalismo y Autogestión, publicado en dos tomos por el Movimiento Cultural Cristiano, nuestro apreciado autor hace un recorrido por el nacimiento y desarrollo de los sindicatos y el ideal autogestionario en su primera parte, desarrollando en la segunda unas propuestas más teóricas para renovar España-publicó su libro en los inicios de la democracia- en base a su ideario.

Es en esta segunda parte donde desarrolla un capítulo  titulado La comunidad española de autogestión. Partiendo del análisis del fracaso del socialismo totalitario del este y la imposibilidad de los partidos socialistas y comunistas de Occidente de salir del capitalismo, no teniendo de socialismo más que la etiqueta-y en mi opinión habiéndose ya pervertido totalmente lo que implicaba el socialismo en su sentido original-, así como analizando críticamente la obsesión de la sociedad de su época por lo mastodóntico, el Todo sobre las partes, debido al enorme aparato estatal y capitalista que tiene enfrente el individuo, que le hace creer  a la mayoría de las personas que si hay salida tiene que ser también mastodóntica, cayendo pronto en la pasividad ante el enorme esfuerzo que siente que tiene que hacer si se plantea enfrentarse al sistema ; en base, decimos,de estos análisis de partida, nos ofrece dar un paso consistente en crear grupos o pequeñas comunidades que tomando la construcción de una sociedad autogestionada como meta a alcanzar se organicen a nivel nacional, y a ser posible  a otros niveles más amplios, coordinando y potenciando al máximo la idea de autogestión tanto a nivel práctico como teórico.

Esta organización debería disponer  desde un Centro de Publicaciones hasta organizar conferencias, cursillos, Congresos, Seminarios e incluso un Banco.

Como aspecto quizás más interesante de las ideas que propone cabría destacar la creación de Grupos de Iniciativas laborales en fábricas, oficinas, talleres… dedicados a difundir el ideal y enfrentarlo a los grupos jerárquicos pero también Grupos de Iniciativas Cívicas en barrios, pueblos y aldeas proponiendo soluciones autogestionarias para problemas públicos que no suelen resolverse por parte de las diversas administraciones y partidos políticos.

Para él, esta Comunidad o Federación debe alejarse del sectarismo y participar activamente de la vida de la comunidad, sin miedo a debatir con los diversos actores sociales, sin aislarse en guetos.

Tenemos que reconocer que cuando hemos leído estas propuestas nos hemos sentido, por una parte, menos solos, pues alguien, desde el ámbito del mundo intelectual-pero desconocido, ajeno al ruido y las luces de neón publicitarios de tantos artistas y pensadores sometidos al Poder, o a los poderes, de izquierdas o derechas, de unos u otros partidos- escribió algo parecido, salvando los años, a lo que hace mucho tiempo que pensamos, pero ,por otra, pesimista, pues no se ha avanzado un solo paso desde nuestro sector ideológico-llámese libertario, autogestionario, comunalista, autónomo o como quiere etiquetarse, siempre que el ideal de sociedad sea el similar, o sea ,una en la que el poder no esté separado de ella- en levantar los cimientos de algo parecido.

Cierto es que a su propuesta le faltan varios aspectos que, lógicamente, desde su época, una época donde el crepúsculo de nuestro sistema de valores-especialmente el progreso económico infinito, el enriquecimiento material perpetuo de las sucesivas generaciones- no se percibía.

En este sentido tal Comunidad, Federación o Espacio tendría que dar preeminencia a lo práctico ante el desplome de nuestras sociedades, por tanto la recuperación y colectivización-en su sentido autogestionario, por supuesto, no estatal- de empresas, fábricas y campos, de forma voluntaria, y la creación de medios de producción propios, la reforestación como proyecto ecológico, la lenta y también voluntaria ruralización y reducción del tamaño de las ciudades, entre otras cosas, es algo ineludible.

Tenemos la ventaja, respecto a la época en la cual se escribió el libro que, hoy, todo está más claro.  



El sindicalismo de Estado, el que aceptó participar en el sistema, nada ha logrado y no tienen ninguna respuesta ante la crisis, pues difundió la cultura del dejar hacer y negociar para lograr pequeñas migajas, lo que ha traído consigo una mayoría de sindicalistas de mentalidad individualista y defensiva, para los cuales las palabras emancipación, autogestión, conquista de los medios de producción por los propios trabajadores y otras les suena a cosas de otros planetas.Pero ellos y ellas no tienen ningún proyecto más que el sálvese quien pueda ante el hundimiento del Titanic, o el voto ya apenas meditado a cualquier vendedor de crecepelo de la última hornada.

Lo mismo sucede con los Partidos. Desde la UCD a Ciudadanos y Podemos, todos hablan o hablaban de que son el cambio- no son imaginativos ni en eso-, pero en la práctica son maquinarias de ascenso de oportunistas y demagogos. Y es que partidos políticos y virtud son antónimos. Muchos ciudadanos se han agarrado a los llamados emergentes esperando la salvación, el verdadero cambio que no llega- ni llegará, porque el cambio verdadero va de dentro hacia fuera, y las sociedades que esperan que otro u otros les cambien sólo muestran que son esclavos en busca de buenos esclavistas-.

En no mucho tiempo, la ficción partidista, tan nefasta en dividir a las comunidades en bando irreconciliables-en realidad un mero juego del sistema, que necesita de la izquierda y la derecha para enfrentar a la población y por tanto controlarla mejor- se vendrá a pique, como ha sucedido hace poco con la gran esperanza que fue para muchos Syriza.

Ante esta situación queda en pie la defensa y construcción de una democracia de base, de una sociedad autogestionada. Pero, justo es decirlo, la idea queda aún lejana y tenemos los mismos vicios que el resto de la población: división, sectarismo, gueto, reclusión en el mundo propio…



¿Quiénes le pondrán el cascabel al gato?. De entrada, no estaría mal que como en la época que Heleno escribió su obra, se organicen unas Jornadas sobre Autogestión, donde puedan reunirse desde individuos sin la menor afiliación, a sindicatos libertarios, cooperativas integrales, gentes de ecoaldeas o de otros colectivos que, por encima de sus siglas y sus diferencias de estrategias y tácticas, retomen la propuesta de Heleno Saña, adaptándola a los tiempos actuales.

Necesitamos una Comunidad Española-o ibérica, o internacional- de Autogestión, que pueda ir formando una sociedad paralela, donde haya claridad de ideas y se disuelvan los miedos a salirse del sistema y las creencias ya derrotadas en los partidos y mesías salvadores. Que en ella se viva nuestra idea de democracia y pueda mostrar otro camino.


El sendero será largo, pero en el que todavía cree la mayoría de la población, con su falso realismo y su falaz pragmatismo conduce al precipicio, o, mejor, a donde quieran las verdaderas clases gobernantes. Hoy ha sido ascender unas siglas, pilotar desde la telebasura una segunda transición ante nuestras miradas bovinas. Pero, ¿qué podrán hacer mañana una vez hecha semejante demostración de fuerza?






lunes, 14 de diciembre de 2015

La obsolescencia del hombre. Sobre la destrucción de la vida en la época de la tercera revolución industrial

Con este pequeño texto quisiéramos rescatar del olvido a un pensador prácticamente desconocido en nuestras tierras, fallecido en 1992, pero que fue uno de los precursores del análisis y desmenuzamiento de lo que podríamos calificar como era tecnocrática, que  definiríamos como aquella en la que la técnica es sujeto de la historia, siendo nosotros sólo co-históricos.

La obsolescencia del hombre-en el segundo volumen, que es por el que hemos querido empezar, por considerarlo más cercano a nuestra situación-, analiza con lupa las transformaciones que hemos ido sufriendo a causa del desarrollo de las máquinas y su creciente potencia, que en su opinión han llegado a liberarse de nosotros y , podríamos decir, nos hemos convertido en siervos de ese mundo, en siervos de ellas desde su eclosión con la Revolución Industrial hasta la actualidad. 

De ahí su consideración de que ya somos obsoletos, y de que no hay marcha atrás. Para él el proceso es irreversible, no encontrando en el texto ningún capítulo dedicado al estudio sobre su posible salida. Es un libro, en cierto sentido, tan pesimista como demoledor, pues no nos ofrece ningún asidero. Lo cual tienen un aspecto positivo y es el de no convertir a su autor en un gurú que ofrece una salvación. 

En el caso hipotético que la haya, ésta se encuentra en nosotros, y en nuestras mentes está el pensarla. Gunther Anders sólo nos ofrece una profunda reflexión sobre el poder aplastante de la tecnocracia y cómo nos ha envuelto hasta transformarnos, lo cual no está nada mal.

El ensayo consta de numerosos capítulos en los cuales Gunther Anders disecciona la obsolescencia de los productos, del mundo humano, de la masa, del trabajo, de los individuos, del conformismo, de la libertad, de la privacidad, de la fantasía, del sentido de la vida...Todo es creado de manera efímera para dejar paso efímero a otra cosa y así sucesivamente. El hombre se siente empequeñecido ante las máquinas, impotente. Para él en realidad nuestras democracias también se acercan mucho a las formas de organización totalitarias, como el nazismo y el comunismo, si bien de manera más difusa, de tal forma que seguimos creyendo que somos libres, o relativamente libres, aunque no seamos más que autómatas que ni siquiera saben para que sirve lo que hemos creado-que además es sólo una pequeña pieza dentro de otra más grande y así sucesivamente-, y qué sentido tienen nuestras acciones.



Por encima de todo el libro está la idea del poder destructivo de la bomba atómica, de las armas nucleares, algo que obsesionó gran parte de su vida a nuestro escritor, miembro activo del movimiento antinuclear.

Por nuestra parte, nosotros no podemos asegurar que lo que él creía eterno, o sea la tecnocracia-llegando a afirmar en nuestra opinión quizás equivocadamente que no habrá escasez de energía, sino exceso, debido al uso de fuentes naturales inagotables como la energía solar- lo sea realmente.

¿Hasta qué punto podrá crecer indefinidamente la tecnología en una economía mundial que parece venirse abajo rápidamente y que, al contrario de la que pensaba Gunther, parece acercarnos, al menos a corto y medio plazo, a la escasez más que a la abundancia?.

No obstante es verdad que hoy por hoy seguimos de lleno en la sociedad tecnocrática, con nuevos adelantos que favorecen la obsolescencia o la deshumanización, y otros muy amenazantes como la realidad virtual que podrían llevarnos a territorios sumamente peligrosos.

Gunther Anders no ha perdido, para acabar, nada de actualidad. Ni tan siquiera, por desgracia, sus meditaciones acerca del peligro de la destrucción humana por la tecnología nuclear. ¿Qué pensaría hoy, al ver que, no sólo Rusia y Estados Unidos vuelven a estar enfrentados, habiéndose producido un rearme mundial y el desarrollo de nuevas y temibles armas, si no que otro actor se suma al enfrentamiento?. Actor que, curiosamente, muchos califican burdamente de medieval, pero que forma parte absoluta de la tecnocracia actual, participando activamente en las redes sociales para reclutar gente e intentando crear o hacerse con armamento novedoso, como el químico y el biológico. Nos referimos al Estado Islámico.

Posiblemente Gunther mostraría una sonrisa melancólica, pensando para sus adentros que lo que él aseguraba que sería nuestro futuro, el desarrollo cada vez más monstruoso de la opresión tecnocrática, sigue cumpliéndose, renovándose con nuevos protagonistas, cada vez más amenazante.


miércoles, 2 de diciembre de 2015

El Sentido de la Vida


Con retraso, hemos leído un pequeño y bello ensayo filosófico de los años treinta, escrito por el entonces joven médico y militante del movimiento libertario Félix Martí Ibáñez.

Prologado en 2013 por Carlos Luckas y Félix Rodrigo Mora que nos acercan a su doble vida, revolucionaria, intensa y agitada hasta el año 39, en que tiene que exiliarse de España, y posteriormente de éxitos profesionales y ya fuera de toda actividad sindical en Estados Unidos, hasta su fallecimiento en 1972.

El Sentido de la Vida, por encima del ideal anarquista de su autor, es una propuesta de cómo vivir, de lo que Félix consideraba darle a la vida su sentido más elevado y profundo.

Con lenguaje florido y poético, el culto ensayista, miembro por entonces de la Asociación Los idealistas prácticos, desmarcándose de cualquier filosofía vital hedonista o torcidamente epicúrea, la absolutamente dominante en nuestras sociedades y en lo que queda de movimiento obrero y de izquierdismo, tan chata, ñoña , conservadora, destructiva y paralizante, hace una defensa encendida del dolor , el sufrimiento y el combate.

Piensa que éstos van unidos irremisiblemente a la vida humana y que la forma de afrontarlos y vencerlos no es huir de ellos buscando cualquier tipo de evasión en los más bajos goces, sino con la creación. Sin dolor no hay creación, afirma, y utilizando una profunda y acertada frase de Nietzsche leemos una magnífica frase en su libro: “el hombre es un aprendiz, el Dolor es su maestro”.


Queda claro, por tanto, que con el dolor aprendemos, y que cuando buscamos huir de él -como personalmente reconozco que hago y he hecho  durante mi breve vida-,temiendo el fracaso, el daño moral, éste nos alcanza más rápidamente, porque simplemente huimos de la vida, tiñendo a ésta de tristeza, de nostalgia de lo que pudo ser y no fue, de lo no vivido.

En este aspecto la obre de Félix Martí Ibáñez, lejos de ser un libro de autoayuda tan de moda ahora, puede ayudarte sin embargo a abrir los ojos y caminar luchando contra los demonios interiores de nuestra mente, allí donde habitan nuestros enemigos, atormentándonos con sus voces paralizantes en el finito y corto sendero que nos lleva al Vacío sin remedio.

El dolor, por tanto, es base de las obras vitales, y una vida plenamente feliz, en su opinión, sería la de un ser que caminaría estéril, vegetando indiferente. Otro puñetazo al eudemonismo vigente.

Analiza el autor otros temas variados, como las dos reacciones extremas ante la vida: la de los idealistas que viven en su mundo de ensueños, pero alejados de la dura realidad, a la que dan la espalda equivocadamente, y sus opuestos, los realistas absolutos, los pragmáticos tan de moda ahora, quienes en realidad no viven tampoco la verdadera vida, el yo verdadero, esa vida profunda que se esconde en nuestro lago interior, y que anhela otras cosas, aparte de las mezquindades de perseguir alcanzar una buena profesión, un buen sueldo, una buena posición social.

Para nosotros la verdadera vida coincidiría con la del nombre del grupo en el que colaboraba Félix: el idealismo práctico, el que aúna las dos necesidades de la vida. La de la aspiración al bien, la libertad, la belleza, la verdad, lo que él llama El evangelio laico de la fraternidad y el mancharse las manos y los pies, siendo conscientes de que estamos donde estamos, un lugar que en absoluto es el Paraíso Terrenal.

Habría que vivir elevándose a momentos del suelo para atisbar otros horizontes, volviendo rápidamente al terreno, para no cegarse con quimeras o ensoñaciones sin enraizamiento en la realidad terrestre.

Se ensalza el valor del silencio, aquél que permite entenderse mejor a las almas, el momento presente, tal como sostenían los estoicos, filosofía de la que parece mostrarse muy cercana, frente a la obsesión futurista y a la nostalgia del pasado. Elogia incluso al primer cristianismo, a Jesús de Nazaret, a los viejos profetas, a los que considera precursores del anarquismo y el socialismo, con su guerra a la riqueza, defensa de la pobreza y rechazo de los déspotas.

“Vivir es no renunciar a nada más que a sí mismo en cuanto a satisfacciones personales se refiere”. Incluimos esta  frase, ejemplo de la excelsa filosofía vital de nuestro por desgracia desconocido autor, para terminar con el resumen de este  texto tan grande en ideas como pequeño en número de páginas.


Y esperemos que, en algún momento, quienes a lo largo de la historia se han acercado a sostener un Sentido de la Vida de esa calidad espiritual, sean envidiados y elegidos como modelos de vida por las gentes del común. Porque entonces el cambio revolucionario sí sería una posibilidad.