jueves, 1 de mayo de 2014

Del supremo bien y del supremo mal


 Orador, político, filósofo y escritor del mundo romano, Cicerón, del que hemos comentado en este blog alguno de sus libros con anterioridad escribió Del supremo bien y del supremo mal, texto en el que expone las principales ideas de las más importantes escuelas filosóficas de su tiempo: la epicúrea, la estoica y la Antigua.

Ideales filosóficos que expone en forma de conversaciones entre amigos, exponiendo cada uno de ellos, según adscripción a una u otra corriente sus ideales de vida buena, produciéndose la réplica posterior de Cicerón, que expone sus principales críticas a cada una de las escuelas, si bien su postura es muy cercana a la de la Escuela antigua.

De esta manera vamos viendo como el epicureísmo sostiene el placer como supremo bien, y el dolor como supremo mal, si bien éstos, aun haciendo un elogio de los placeres realizan una división dentro de éstos, dando gran importancia a los placeres espirituales, y predicando la templanza y moderación en el disfrute de lo placentero. También destacan la importancia que daban a la amistad, si bien consideraban que la amistad, inicialmente, estaba guiada por el interés, para con el tiempo convertirse en un amor al amigo por sí mismo. No obstante la crítica de Cicerón a esta filosofía de vida, elogia la figura de Epicuro, que vivió con suma modestia y sencillez, amando a sus amigos y encargándose del hijo de su principal discípulo y amigo cuando falleció, lo cual, para Cicerón, suponía un claro contraste y en realidad un mentís a su teoría.

Posteriormente se nos presenta el estoicismo, cuya idea del supremo bien era la virtud, hasta el extremo de rechazar la salud y la ausencia de dolor como  bienes, y por supuesto rechazando el placer como parte del bien supremo. Para los estoicos la vida feliz consiste en la moralidad, si bien distinguen entre cosas estimables y cosas sin valor, si bien las consideran sin importancia para la felicidad de la vida. Para esta escuela el bien consiste en vivir de acuerdo con la Naturaleza. El concepto de sociedad de los pensadores estoicos se fundamenta en anteponer el bien común al privado y en la ayuda al prójimo. Para los estoicos, el sabio, aquel que vive en la virtud, siempre es feliz.

Finalmente en el Libro V, último, se hace una exposición de las teorías de la Academia antigua, la de los académicos primitivos y peripatéticos. Para éstos, de de todas nuestras facultades deben buscarse las más nobles, fundamentalmente la virtud moral, pero sin rechazar para alcanzar el supremo bien las partes inferiores de la naturaleza, lo que supone defender la salud, la armonía de cada una de las partes del cuerpo, la belleza… El supremo bien consiste en la perfección del ser completo: cuerpo y alma.

Cuando leemos libros como éste, no podemos menos que lamentar la pérdida de la virtud o bien moral, como idea con la que guiarnos en nuestras vidas, como supremo bien. Hoy, tal concepto, es visto por buena parte de la población como algo anacrónico, como cosa de moralistas, de curas y obispos. Pero retomar esas ideas desde un punto de vista laico es esencial para acabar con la crisis axiológica, civilizatoria y de valores que vivimos.

Podríamos decir que nuestras sociedades se rigen por un epicureísmo o búsqueda de placer degenerado, lejos del ejemplo de vida y de la aceptación de placeres elevados o espirituales como fundamentales de Epicuro. Sin compartir la dureza estoica de rechazo del placer o la salud como bienes, o como elementos positivos que requieren su lugar, su momento,especialmente en el primer caso-sin hacer de su búsqueda, la búsqueda del placer, el centro de la existencia, sino usarlo con moderación- el rearme moral, primer paso para transformarse uno mismo y poder transformar poco a poco la sociedad, empieza por abrazar aspectos de la escuelas estoica, antigua y cínica en lo que tienen de positivas.

Y es que el desarrollo de la virtud no es fácil, ni, al contrario que lo que pensaban los estoicos, garantiza la felicidad .El esfuerzo de guiarse y mantenerse en la virtud, implica, a veces, sufrir, pues supone, por un lado ,rechazar placeres que se consideran no virtuosos, inmorales, como podría ser disfrutar con una mujer emparejada o casada, y, por otro lado, como ya hemos comentado, sufrir el desprecio, el rechazo o la burla de quienes creen que la vida es gozar y disfrutar, sin remordimientos ni conciencia moral. La búsqueda de la virtud es, por tanto, un camino de espinas, si bien tiene como meta final vivir con la conciencia tranquila y satisfecha.




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