Por primera vez tenemos un texto que nos acerca a la corta pero intensa e imperecedera experiencia de Simone Weil en la Guerra Civil española, concretamente como miliciana del Grupo Internacional de la Columna Durruti.
Su autor se remonta a tiempo atrás, a una jovencita Weil que siempre se sintió atraída por los más débiles, por los explotados, adscribiéndose a la corriente del sindicalismo revolucionario, y escribiendo para sus medios. Haciendo gala, por otra parte, de un fuerte compromiso real, en su vida diaria, con la causa del proletariado.
Pero Simone Weil no se dedicaba sólo a escribir, sino que para ella era fundamental vivir coherentemente, lo que la llevó a trabajar como obrera en varias fábricas, exponiendo su cuerpo a un duro trabajo. Una actitud de coherencia, de riesgo, de forma de vida más allá del mero activismo.
La misma actitud que la llevó a listarse como miliciana cuando estalla la guerra en España, poniéndose de parte de los oprimidos, en especial del sector libertario, pensamiento con el que simpatizaba, pues reflejaba un ideal de cambio revolucionario, de superación del salariado.
Su carácter exigente la llevó a una pronta decepción. Algunos anarquistas participaron en crímenes, y, en su visita a fábricas colectivizadas se dio cuenta que el esfuerzo de guerra llevaba a defender un culto a la productividad que implicaba mantener un trabajo esclavo, con castigos y amenazas.
Todo esto le hizo reflexionar y ser de la opinión de que la fuerza, ese concepto central en su pensamiento, era similar en ambos bandos, es decir que el bando de los explotados y humillados se convertía en un espejo del bando golpista, al usar los mismos métodos de opresión, terror y brutalidad.
¿Cómo luchar los débiles sin caer en la fuerza?. ¿Cómo hacer la guerra sin convertirse en soldados, es decir en objetos que obedecen sin más?. Estos eran algunos de los interrogantes que se planteaba Simone Weil, y para los que no había respuesta clara.
En resumen estamos ante un libro muy interesante que recomiendo vivamente.

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