sábado, 11 de julio de 2020

Más allá del big bang. Un breve recorrido por la historia del Universo

Magnífico libro divulgativo de Ivan Agulló, un joven físico español. Escrito con lenguaje sencillo y ameno, apto para personas con poca formación científica o ninguna, nos expone las teorías sobre el origen y expansión del Universo, dejando abierta la opción de si realmente hubo big bang,nombre inexacto, pues no hubo en realidad una explosión en un lugar, sino una expansión en todas partes, o el Cosmos existe desde siempre. De la sopa primordial a la posible expansión e inflación enorme-mencionando la posibilidad de un rebote de un anterior universo, como causa del surgimiento del nuestro-, que creó partículas desde el llamado vacío cuántico- que en realidad no es la Nada, un vacío total, sino una especie de mar de pares de partículas y antipartículas que se crean y destruyen -, partículas que sentaron las bases de irregularidades base del futuro tejido del Cosmos, es decir estrellas, galaxias, planetas hasta llegar a los seres vivos, por la acción lentísima de la gravedad, que provocó con el paso de miles de millones de años, y tras un enfriamiento de la radiación que logró que se formaran núcleos atómicos, que los lugares donde había algo más de densidad de materia ésta se acumulara creando enormes estrellas.



La explosión de las primeras estrellas expulsó material que sería del que surgirá el resto de estructuras del Universo, siendo nosotros, en el fondo, polvo de estrellas. Si bien las observaciones actuales parecen dar la razón a la teoría del big bang caliente y a la inflación, todavía no se puede confirmar, pues la tesis de la inflación, por ejemplo,  requiere de una sustancia, el inflatón, que llenaba todo el universo y que tenía efectos gravitatorios repulsivos,  pero que no deja de ser una elucubración.

También se interroga sobre la geometría del Universo, que parece ser plano, con una pequeñísima curvatura positiva, así como cuál será su final .Experimentos han demostrado que de momento hay una expansión acelerada, que supera a grandes rasgos la "fuerza" gravitatoria, en realidad no una fuerza sino un efecto de atracción que las masas ejercen entre sí, pues éstas curvan el espacio tiempo, como si nos situáramos encima de una colchoneta, modificando la estructura de esta por efecto de nuestro peso.Teoría brillante de Einstein, la de la relatividad general, demostrada por experimentos Esa fuerza que acelera la expansión se la conoce como energía oscura, desconociendo hoy qué es exactamente, así como la materia oscura.Si esta fuerza se mantiene el fin será un Universo cada vez más frío y apagado, con un distanciamiento creciente entre galaxias

Menciona Ivan de pasada la hipótesis del multiverso. No obstante, si este fuera el único universo existente: ¿cómo explicar que se hayan producido las condiciones exactas para poder generar estructuras y aparecer la vida? .Desde una fase de aniquilación de partículas y antipartículas, la cual se saldó con la supervivencia de algunas partículas, en vez de en la destrucción total, hasta otras constantes físicas no mencionadas en el libro, en las cuales un mínimo cambio en ellas haría imposible la vida, como una velocidad mayor o menor de expansión, entre otras. Demasiada casualidad, por no decir que el cálculo de probabilidad de que las constantes sean las que son para que existamos es prácticamente nulo .¿Es en realidad el Universo artificial, creado, un holograma, o sólo gracias al multiverso se puede explicar que un puñado de universos, como en el que estamos nosotros, se den las condiciones para la vida autoconsciente?.

Posiblemente nunca sepamos qué es el Cosmos, nuestro hogar, ni cómo surgió, si es que surgió .No importa, lo fundamental es continuar investigando y mantener viva la llama de la inquietud, de la búsqueda sin fin de la verdad, de nuestro origen, de qué somos en última instancia.

Espero con interés leer más libro de este gran divulgador.


miércoles, 1 de julio de 2020

Melancolía de los veranos de felicidad

Escuchando música lejana, ecos remotos de tiempos muertos, etapas sepultadas  en la derrotada energía y vitalidad infantiles, en el bochorno de esta noche de estío, un alma enferma de melancolía desde hace años, no puede sino rememorar los escasos destellos de luz de alegría, de verdadera luminosidad solar que atravesó su vida, su cuerpo, como un breve destello en un cielo que rápidamente se obscureció.

Uno vuela con su mente, único y último reducto de libertad, de anarquía, a los años ochenta, los tiempos infantiles. Con esfuerzo, cerrando los ojos, logra vislumbrar a aquel niño delgaducho y rubio como el oro al que los pensamientos de bosques sombríos, de árboles muertos, de ventisca helada, de sombras acechantes, de ruidos amenazantes, de voces lejanas y siniestras, no habían cercado.

Aquel niño que aun creía que la vida era otra cosa, un regalo, una felicidad, un mundo colorido por descubrir, por saborear. Vuelo a los veranos, puedo ver y oler paisajes algo cambiados, un parque convertido en otra cosa, unos arbustos y columpios desaparecidos en el pozo del pasado. Me sumo a una multitud de niños que gritan, que juegan al fútbol, al rescate. Que sudan y les tortura la sed, pero que resisten, no parecen cansarse, siguen en pie, pese al calor agobiante. Disfrutando el momento. Sin que las sombras del futuro interfieran en sus vidas, un eterno presente al que apenas sacuden sobresaltos .

Espero con entusiasmo, sin apenas dormir, viajar a Gandía. Cuando diviso a lo lejos el mar, el corazón se hincha de emoción. Deseoso de pisar la playa, de sumergirme en las aguas saladas, de contemplar todas las mañanas las banderas: verde, amarilla, y,  triste decepción, a veces, la roja que me aleja del baño, del nadar hasta lo más profundo posible, escapando de la vigilancia de mis padres.

Siento la sal en mi cuerpo infantil, la arena quemando los pies, la humedad, el aire cálido, pegajoso de las tardes de paseo .La espera del gofre, el helado,el granizado de limón, la mazorca de maíz, las palomitas de colores y la máxima ilusión: el castillo de aire. ¿Qué será de esos paisajes, de esos momentos? .¿Se repetirán eternamente, o desaparecerán para siempre? .Un interrogante absurdo, pero que siempre me ha inquietado.



Y poco a poco, sin saber cómo, se instala el frío, el invierno, las prisas, los agobios .La cárcel del deseo sexual, que tantos elogian pero uno no puede dejar de sentir como el principio del fin. Unas cadenas, las del deseo, que te separan de vivir el momento, la tranquilidad, el reposo, el bastarse a sí mismo, el poder estar absorto en tus juegos, en tu interior, sin nada que alcanzar, sin casi nada por lo que competir o atrapar, con la ingenuidad y la mirada más limpia.

Poco a poco los veranos se hacen más breves, el crepúsculo llega antes, las noches se alargan. Todo es miedo y temor. ¿Qué será de mí? .¿Qué pensarán los demás de mí?.

La alegría, la felicidad, se convierten en momentos en peligros de extinción. ¿Hace cuánto que no siento lo que sentía en las canículas de la infancia?. El niño muere, nace un ente extraño, aplastado por el peso de los días sin brillo, sin serenidad. La vida se convierte en un sueño sombrío, un pasar el tiempo esperando que todo acabe de una vez, una monotonía de angustias y sobresaltos, con el único refugio de una familia que va menguando, envejeciendo, temiendo el día en que la soledad sea nombrada Amo y Señor del Universo del Yo.

De aquellos veranos felices, de aquellos años ochenta, sólo queda la nostalgia polvorienta de un puñado de fotos en algún album perdido, en algún estante olvidado, en alguna esquina perdida donde aquel crío desapareció para siempre, en un agosto de risas y entusiasmo que jamás regresará.



sábado, 6 de junio de 2020

Elogio de la senectud

Vivimos una época de  culto a la juventud, a la fuerza, a la energía, a la belleza. Los ancianos son arrinconados, marginados, ocultados,  viendo el declinar de la vida como una desgracia, como algo en lo que no pensar, como algo que tratar de retrasar en la medida de lo posible.

Esto es una injusticia, y toda sociedad que fomente esas creencias está condenada a la deshumanización, a traer el infierno sobre la tierra. La senectud es el reservorio de la memoria, lo que permite el verdadero conocimiento, lo que une pasado, presente y futuro. El desprecio a la vejez supone el desprecio a la verdadera sabiduría, a la historia como nutriente del individuo y de las sociedades. Su minusvaloración supone la trituración del ser humano, su paulatina conversión en ganado.

Y esto es precisamente  el objetivo de los poderes en la modernidad más reciente: la eliminación de la verdadera individualidad, la demolición de la comunidad como lugar de encuentro, relación y aprendizaje y consejos entre diferentes generaciones vivas . 

Esos objetivos se ven claramente en la retórica productivista, de la rentabilidad, del beneficio, del crecimiento, de la acumulación,del consumismo y del exprimir la vida al máximo, en su sentido materialista,  en la que vivimos.




Puesto que el régimen de la modernidad se cae en pedazos, toda esa retórica tramposa irá en aumento, construyendo el reino de la efebocracia. Un reino tramposo, porque la juventud no interesa más que como ganado al que exprimir, aprovechando esa fuerza mencionada antes. No hay más que ver la temporalidad, sueldos bajos y precariedad entre los jóvenes del país.

Pero no hay recuerdo más luminoso en la vida de una persona que la relación con los abuelos. Yo tuve la desgracia de no conocer apenas a los varones, sólo a las abuelas, especialmente una de ellas, en cuya casa pasaba los fines de semana.

Nada más bello que rememorar su rostro, sus palabras, su generosidad, las estupendas comidas que nos hacía. Sus ánimos en los malos momentos, los abrazos y los besos. Sus historias sobre su vida, las de su familia, las de España, con sus luces y miserias.

Muchas veces sueño, cuando hace ya quince años que se marchó de nuestro lado, con que estoy en su casa, en mi cuarto, mi segundo cuarto, también desaparecido, con todo intacto, la mesa, la cama. Incluso el resto de las habitaciones aparecen reflejadas en mi mente con la claridad de aquellos días lejanos, donde se sucedían las estaciones, siempre a la espera de la primavera, las ventanas abiertas, las noches de bochorno, el chirriar de los vencejos al amanecer y al atardecer, el olor a las patatas fritas que con tanto esmero siempre nos hacía.

Con esa sensación de que la gente que está a nuestro lado sería inmortal, que su fin jamás llegaría. Pero no es así, y su abandono definitivo suele ser el primer golpe duro de la realidad. Ahí empieza un trozo de orfandad, un silencio de garras que arañan el alma cuando quieres esa voz que mece y ama, esa mano arrugada que acaricia.

Y son esas muertes las que traen la campanada del inicio de nuestra propia muerte, una muerte lenta, en un mundo cada vez más helado, más asqueroso, más repugnante, aquel en que los ancianos son arrinconados, encerrados, y en el que un virus reciente ha arrastrado cual ola furiosa al país del más allá, ante la indiferencia oficial y general, pues los viejos molestan al sistema, se les considera una carga para las arcas públicas, un sector que no es productivo. Como los niños, por cierto, a unas carreras profesionales que penden de un hilo, que suelen ser humo, señuelo para atraer al precipicio.

¿Qué macabro destino espera a los habitantes de ese imperio temible, de ese Moloch inhumano que pretende, falsamente, cultivar el amor a la juventud, y que seamos efebos siempre disponibles cual bueyes de arado?.

Sueño, hablando de sueños, con que ese reino del mal es destruido, siendo nosotros, sus habitantes, estudiados en la historia futura con horror, como seres desviados, capaces de las peores inmundicias. Pero cuyas estatuas de barro fueron derribadas, surgiendo en su lugar una civilización realmente humana, aquella en que la senectud es ensalzada, pues sin vejez no hay historia, y, por tanto, no hay humanidad

sábado, 23 de mayo de 2020

Reflexiones críticas y autocríticas sobre España y su sociedad

La hecatombe a todos los niveles producida por el coronavirus, al menos hasta fecha de hoy, no parece haber despertado una conciencia crítica y autocrítica en nuestro país.

Uno sigue leyendo y escuchando cosas como que somos un país maravilloso, que teníamos una economía de servicios próspera, y, a lo sumo, una crítica típica y tópica a la clase política, y poco más. Pero la ruina que parece estar instalada en nuestra patria, requiere de una visión crítica y autocrítica de todos los estamentos sociales, desde las élites a la tropa o rebaño de base, entre los que me incluyo.

Frente a la visión gloriosa que he leído recientemente en algún periodista,que defendía también trabajar más y cobrar menos , hace mucho que nuestra economía esconde una falsa prosperidad .El mileurismo viene de lejos, de antes de la crisis de 2008. Iniciada ésta, emergieron salarios de 600 euros, propios de un país tercermundista, aunque aún con infraestructuras de primer mundo. Ahora volverán a extenderse salarios de miseria y más horas de trabajo, con el riesgo de que también las infraestructuras acaben colapsando .Los siervos intelectuales del sistema nos venderán que es un sacrificio para que en unos años vuelva la abundancia de esa economía de servicios tan supuestamente boyante. Es decir pongamos el culo sin vaselina, que nos dolerá pero será pasajero. Sin olvidar que hace varios años que nuestra economía y otras se sostienen por inyecciones masivas de dinero y tasas de interés de casi cero, y hasta negativas. O sea  riqueza ficticia .



Los entusiastas del capitalismo curiosamente se unen al stajanovismo comunista, a la explotación y expolio de la clase trabajadora. Mientras las izquierdas siguen con el mantra de los impuestos como supuesta solución, asfixiando también a la clase baja y media . Unos y otros están mucho más cerca de lo que piensan: desean la obediencia de las clases populares a las autoridades estatales y patronales.


Analizando las instituciones, comencemos por el Estado: hemos visto como han hecho negocios turbios comprando mascarillas defectuosas. Y test que resultaron también ser un timo .Nuestro Estado no funciona .Y las autonomías suponen un despilfarro enorme de dinero, que lógicamente la clase política no quiere reducir a lo imprescindible. Con lo cual en lugar de recortar ahí, veremos recortes en otros sectores, que no hace falta decir cuáles serán. Del sistema de partidos no voy a hablar. Mi opinión sobre que son una de las raíces del mal es clara-experiencia mediante-, y hay que buscar una democracia donde éstos no dirijan nada, pues son incompatibles con el bien común y la libertad de conciencia.

Vayamos al mundo patronal y económico, aunque también relacionado con el estatal: destrucción de la industria con la democracia, vía PSOE fundamentalmente, para construir una economía de servicios y turismo .Por supuesto que toda economía tiene que tener un sector servicios y turístico- es lógico que nuestro país cuide el turismo por sus características-, pero la destrucción de gran parte de la industria, por no hablar del campo, y el escaso interés por el I+D, ha creado una economía muy frágil, que cualquier crisis hace añicos .Con una tasa de paro estructural muy alta y empleos precarios y mal pagados. Lo que trajo consigo la marcha de muchos jóvenes. ¿Cuántos más, y no solo jóvenes, se marcharan los próximos años del país?.

Nuestra clase empresarial destaca por su escaso interés en formar a los trabajadores .Cualquiera que busque o haya buscado empleo lo sabrá: exigencia de años de experiencia y saber de todo .En fin, gastar lo menos posible e invertir en sectores que procuren dinero fácil sin visión de futuro. Pero es que el Estado es igual: cursos del INEM sin prácticas reales .Es decir nuestras propias autoridades, sabiendo como es el mercado laboral, se la suda la suerte de los trabajadores .Los cursos no son más que formas de hacer pasar el tiempo a los parados, creando falsas ilusiones.

En cuanto a nosotros, las bases, la sociedad, la clase obrera, o como gusten de etiquetarse, ídem .Atomización creciente, seguidismo de las ideologías de Estado de manera acrítica-feminismo y ecologismo hoy-, y búsqueda de pan y circo, aunque el primero sea cada vez más escaso .Aún hoy seguimos siendo una sociedad muerta que parece totalmente atada y creyente en el sistema. Que sea evidente que éste nos lleve a la miseria, que el riesgo de suspensión de pagos sea grande, no parece causar ninguna preocupación al fiel rebaño.

Espero equivocarme, y que la base despierte, logrando desarrollar una conciencia propia, alejándose de todo intento de manipulación por parte de partidos-en esta ocasión las derechas, en otras las izquierdas-. Se dice que tenemos la generación más formada de la historia. La inexistencia de cualquier pensamiento alternativo y subversivo serio en la propia juventud es indicador de que el sistema educativo de la modernidad es, buenos profesores aparte, un instrumento de adormecimiento y adoctrinamiento, de la escuela a la Universidad. No hay más que ver como las Facultades de Humanidades, las que deberían mantener la llama crítica, son las peores creadoras de productos y partidos pseudoalternativos y demagógicos.

Yo quisiera que fuera la sociedad civil, los trabajadores, los que reconstruyeran lazos comunitarios libres, una cultura y autoformación ajena a los medios y productos del régimen. Pero, sinceramente, soy muy escéptico. Pienso que las dos opciones mayoritarias son: la ruina total de España, es decir su caída al tercer mundo en tres o cuatro años. O una renovación generada por la clase dirigente, vieja y nueva, en la cual nosotros pintaríamos muy poco, todo sea dicho.

Veremos que sucede pero hoy, nuestro país, sus élites, su base asalariada- amenazada por el paro masivo-, parece un cadáver.

lunes, 6 de abril de 2020

Tras la debacle: por una fraternidad de fraternidades universal

Aunque ya antes de la extensión del coronavirus los indicadores económicos mostraban una clara desaceleración, el virus ha provocado un colapso del sistema económico, y no sólo en España . Países con tasas de paro bajísimas, como los Estados Unidos, cuentan ya con diez millones de parados.

La situación que viene todos podemos intuirlas. Más paro, bajada de salarios, más precariedad, más pobreza y exclusión social, al menos hasta que aparezca la vacuna, que esperemos que lo haga pronto.

Con todo, admitiendo que tras el descubrimiento de la vacuna habrá un rebote de la economía, la situación de ésta, desde hace tiempo, es de caída. Es necesario, de una vez, dejar de creer en retornos a décadas de bonanza. No, todo ha cambiado, y, al menos por unos meses, nuestras vidas serán las de presos a los que se dejará salir de vez en cuando unos minutos al patio de recreo para luego volver a las celdas. Por no hablar del enorme desarrollo de tecnologías de control totalitario de la población, que posiblemente vengan para quedarse. Y eso si nos salvamos de situaciones graves como desabastecimiento y cortes de energía eléctrica-que yo espero que no ocurran y pronto llegue la cura-.

Por tanto es urgente poner la imaginación política en marcha e idear nuevas formas de organización social, económica y política. No debemos seguir siendo un populacho que, después de todo lo que ha pasado de 2008 hasta aquí, siga creyendo en el pan y circo, en éste o en aquél partido político. Como escribí no hace mucho, es necesario también abandonar las modas y las ideas nefastas surgidas-o lanzadas por  las autoridades- en los últimos años: nacionalismos, localismos mezquinos, ideología de género e identidades sexuales múltiples, ecologismos que ocultan la condición humana... Quizá esto sea de lo poco bueno que puede traer la peste: el retorno a las ideas esenciales, de la lucha vecinal y obrera contra las clases dirigentes y su mundo asfixiante, frente a los entretenimientos burgueses de la izquierda moderada y radical contemporánea, antisistema incluidos.

Ante el tsunami que viene, o, mejor dicho, que ya está aquí ,hay que traer a la luz la fraternidad. Idea olvidada y arrinconada, debe ser la base de la reconstrucción de un nuevo mundo, un mundo siempre imperfecto, pero donde los otros sean vistos como un reflejo de sí mismos, con lo que se desmoronaría en gran medida las bases monstruosas de la modernidad capitalista y comunista, donde, por cierto, intuimos que van a su unión, con China como modelo.



La base esencial de la modernidad, por debajo de su propaganda engañosa, es el uso de los seres humanos, convertidos en objetos, mercancías, votantes, contribuyentes, carne de cañón. Bolas de grasa, monigotes, peleles, hojarasca caída de los árboles a los que patear y triturar de diversas formas. Pero con nuestro beneplácito, enfrentándonos unos con otros, haciendo creer que hay unos buenos y otros malos. Partidos  y políticos peligrosos y partidos y políticos que nos aman. Estados buenos y Capitales malvados, o viceversa. Imperialismos buenos e imperialismos malos. Banqueros y financieros malvados frente al pueblo bondadoso y maravilloso, siempre inocente.

Abramos los ojos a la cruda realidad: estamos solos. No es tan terrible. Somos muchos, y si vemos el engaño que nos rodea constituiríamos una fuerza autónoma poderosa.Partiendo de lo local, en barrios y pueblos deben construirse fraternidades que poco a poco, sin quimeras, de manera horizontal, con cargos rotativos,  se procure que nadie quede a la intemperie, expulsado de todo. Que busque, pasito a pasito de hormiga, sin ruido ni prisas, pero sin pausas, una economía mixta, comunal e individual o familiar, pero que intente, aunque del todo posiblemente nunca se logre, salir del horror del trabajo asalariado. Pero la visión debe ser global, se debe encaminar hacia una fraternidad de fraternidades mundial-antaño se hablaría de comuna de comunas, pero no importan los conceptos, sino el espíritu unificador-. Única forma de poder derrotar las potencias globales y regionales que continúan moviendo su maquinaria militar, pudiendo en cualquier momento pasar por encima nuestro, dejando un mundo de montañas de cadáveres.

Niños y jóvenes, con todo el amor debido a sus mayores, sin que les vean, tiren por la taza del váter parte de la educación nefasta recibidad por ellos: estudia para ser algo, pasa de todo y diviértete en tus ratos libres. No te metas en problemas, etc. Todo eso es un castillo de naipes ya derrumbado que solo sirve para una cosa: seguir triturando al individuo y a las sociedades, y prepararlas para la matanza bélica. 

Necesitamos como el comer una nueva infancia, adolescencia y juventud revolucionaria, pero de una nueva estirpe. No de la estirpe genocida y totalitaria del siglo XX, la del bolchevismo y derivados. Pero tampoco de otros ismos. Los ismos quedarán en casa, sustituidos por una visión nueva, la armonía de lo material y espiritual, del todo y las partes. Del individuo con la Tierra y con el Cosmos.

Especificar y concretar más es caer en sueños quiméricos. Será la realidad, los seres de carne y hueso, sus ideas, sus esfuerzos, sus éxitos y fracasos lo que paso a paso darán forma al nuevo mundo, repito, siempre con sus imperfecciones y miserias. Pero donde los humanos sean eso, humanos. No otras cosas extrañas.

sábado, 21 de marzo de 2020

Reflexiones sobre el coronavirus, las izquierdas del capital y el futuro que se perfila

Muchas son las cosas que esta pandemia inesperada ha cambiado en nuestras vidas, en la forma de concebir nuestra existencia, especialmente en el primer mundo.

Nos pensábamos habitantes de un castillo inexpugnable, una fortaleza ajena a los dolores, el ruido y la furia del resto del mundo, sus seres aterrorizados, huidos muchos a nuestras costas, mirados con la altivez del que se cree libre para siempre de la ruleta de la desdicha.Poco más que estómagos y genitales andantes, pendiente del próximo goce y diversión material, pese a que desde años atrás había avisos, advertencia, de que la fiesta, si es que se puede hablar de fiesta general, había acabado, entrando en un otoño gris y melancólico.

Pero el coronavirus ha caído como viento polar, aire gélido que ha tumbado la incipiente primavera. La aparente fortaleza ha resultado ser un castillo de aire, como aquellos en los que saltábamos felices en aquellas infancias de apartamento y playa mensual, los tiempos en que el proletariado, la mano de obra esclava, asalariada, se creía clase media por los siglos de los siglos.

Un enemigo invisible, pues el tangible parecía padre o madre afectuosa, nos cerca en nuestros hogares, con llamamientos al confinamiento, a no salir. Un confinamiento, claro, al gusto de las autoridades estatales y del capital. Sean responsables con el prójimo, no salgan, nos repiten los dirigentes políticos y la telebasura que nos inunda las 24 horas del día. Eso sí, vayan a trabajar como Dios-el Capital- manda-.



Aquí no se dice nada: en el trabajo, en la movilidad que requiere el ir y venir del curro, no hay problema .Es la prueba, prueba real y transparente, que nadie quiere ver, de lo que somos y siempre hemos sido para las clases gobernantes: populacho al que usar y tirar. Y tienen razón, por desgracia. Un populacho orgulloso de su condición, que quiere permanecer en ella, ilusionado y crédulo aún con el retorno a décadas gloriosas de crecimiento y supuesta prosperidad. Abierto, por tanto, a los caudillos populistas de un signo u otro, voxistas y podemitas que hacen mirar como causas del mal a los que no la tienen: banqueros, inmigrantes. Todo por buscar burdas explicaciones, explicaciones facilonas a lo que está sucediendo, que es simplemente que nada es eterno, que todo sistema colapsa. 

Colapsó el totalitarismo genocida comunista, empobrecedor, bolchevique. Colapsa la maldad disfrazada, la brutalidad escondida con caramelos y consumismo a tutiplén  del capitalismo.

Para algunos puede resultar curioso cómo un gobierno de izquierdas, socialcomunista, insista en que los asalariados sigan trabajando, siendo por tanto focos de contagio, pudiendo acabar enfermos y, lo que es peor, hacer enfermar a familiares. Pero aquí hay dos realidades a tener en cuenta: primera, las izquierdas siempre han sido una pata del capital, han servido a sus intereses estratégicos. Ya lo he escrito en alguna ocasión: los socialistas destruyendo las industrialización. Los podemitas cortando todo riesgo de revuelta. Las fuerzas de izquierda, por tanto, siempre han resultado útil a los aparatos de poder.

Por otra parte nos enfrentamos a un dilema trágico, que la evaporación de todo proyecto revolucionario que apunte a la superación del sistema asalariado ha puesto sobre el tapete: perder el empleo es acabar en la calle, en la miseria, a la intemperie. Por eso nos encontramos, en el caso de España, con un sindicalismo mayoritario que se niega a declarar  huelgas o luchar por cerrar los centros de produción-salvo la esencial- para evitar ser víctimas de la peste.

Es humano, ojo, no lo juzgo. Pero es la prueba de nuestra derrota, de la aceptación de un régimen engañoso, del olvido de la idea de emancipación-actualizándola y siendo consciente de lo que puede valer y lo que debe ser desechado a la basura-.

Con su actuación actual y pasada, la población debe abrir los ojos a lo que supone la izquierda política y sindical, sin excluir el llamado eufemísticamente sindicalismo combativo, que si bien en esta crisis es más lúcido, en otras, como las movidas nacionalistas y xenófobas catalanas ha mostrado que también debe ser superado. Lo laboral y lo vecinal, lo municipal y lo internacional, deben encontrar nuevos instrumentos, aunque los sindicatos, frente a los partidos, deben seguir existiendo.

Toca pensar y construir algo diferente a lo que existe, superar lo que nos ata y nos deja, en el fondo, indefensos ante las tácticas y necesidades del capital nacional y trasnacional.

¿Qué mundo se perfila?. Concentración de poderes estatales y económicos, quizá un puñado de megabancos, de megaempresas, con un Estado cada vez más fuerte, es decir una economía de guerra de la que ya se habla abiertamente-y que puede acelerar aún más el conflicto mundial, por cierto, que no para-. Control militar y policial creciente de la población, con la posibilidad de un desplome hasta de los mecanismos de distribución de servicios, de alimentos, con lo que no resulta descabellado que veamos cartillas de racionamiento, aparte de un paro masivo y un crecimiento muy grande de la pobreza.

Un sistema que, si llega a constituirse de esa manera, como piensa algún economista siempre interesante, no deja de ser un gigante con pies de barro. ¿Qué consecuencias tendría una crisis en un país con un gran banco, y un puñado de macroempresas?. Podemos imaginarlo. Uno piensa que nos acercamos, y también lo hemos expresado en varias ocasiones, a algo parecido a un régimen chino, un híbrido de leninismo y capitalismo. Totalitarismo, pero sin planes quinquenales.

Se abre, sin embargo, otra posibilidad. La de la fraternidad, la del apoyo mutuo, la de la autoorganización, la de la vuelta al espíritu comunal, donde, frente al comunismo, la individualidad es fuerte, y se valora, en un clima solidario.

¿Hacia dónde nos encaminamos?. Sin un despertar crítico, hacia algo parecido a lo primero, aunque tampoco pudiera durar, en mi opinión, por demasiado tiempo. Pero el daño sería terrible.





https://www.ivoox.com/ajx-enviar-audio_rs_49023433_1.html

lunes, 9 de marzo de 2020

Reflexiones sobre la eutanasia y la libertad hedonista y dirigida contemporánea

Uno de los temas de actualidad, que siempre origina un intenso debate, es la eutanasia, habiendo tramitado el Congreso recientemente la ley de eutanasia.

Por supuesto, de entrada, la ley es garantista y requiere de unas condiciones para realizarse , garantizándose también el derecho a la objeción de conciencia de los médicos. El tema, sin embargo, es sumamente peliagudo, y yo me declaro incapaz de ejercer de obispo a favor o en contra . Comprendo perfectamente que todos podemos vernos enfrentados en algún momento de nuestra vida a algún tipo de enfermedad totalmente incapacitante, que nos impida valernos por nosotros mismos, e, incluso, como el Alzheimer, dejar de ser nosotros literalmente. No juzgo, por tanto, a quienes- yo podría estar entre ellos-, consideren que, bajo ciertas condiciones, hay vidas que no deberían vivirse.

Sin embargo da que pensar su aprobación en una fase de decadencia económica, con una masa monetaria cada vez más escasa, con salarios y pensiones al borde de más recortes o hachazos para ser más claros. También es curioso el escaso interés que muestran las autoridades por la vida de sus súbditos, salvo, claro, para controlarlos y saquearlos. Por lo tanto, no es descartable que el objetivo final sea liquidar población "improductiva", o "sobrante". El Estado y el capitalismo necesitan reducir gastos, poner en marcha una nueva fase de acumulación o expansión, cosa que parece muy difícil de lograr, por lo que la eutanasia podría ser una operación entre otras encaminada a ello.



Por otra parte, desde este blog siempre hemos sido muy críticos con  el concepto de libertad de los contemporáneos. Uno piensa que, en realidad, la idea de libertad que se abraza en el mundo actual es un tipo de libertad hedonista, centrada en el placer. Un tipo de libertad muy blanda y peligrosa, peligrosa porque en realidad es, en gran medida, una "libertad" dirigida. Es decir, una falsa libertad moldeada a través de campañas publicitarias y de márketing político y empresarial. Esto se ve desde el voto-poniendo y quitando partidos-, al machaqueo constante con el feminismo-con objetivos ocultos, aunque intuibles-, esa falsa rebeldía en un país como España, donde hoy, al contrario por supuesto que en otra parte del mundo, las mujeres pueden ser y hacer lo que quieran, aunque haya, y siempre habrá, comportamientos machistas en algunos hombres, al igual que algunas mujeres, como algunos hombres, han sido, son y serán, con perdón de la expresión, unos hijos de puta.

El género, en eso, no creo que tenga relación, ni creo que beneficie en nada a las mujeres, al revés, no deja de ser paternalismo  disfrazado cualquier discurso que considere más buenas a ellas que a ellos, tan machista como la moda  a través de campañas institucionales de intentar que las chicas estudien ciencias, como si fueran niñas a las que llevar de la mano.

Volviendo a la eutanasia: ¿cuánto le costaría a cualquier gobierno realizar una campaña a través de los medios para, poco a poco, pasar de una eutanasia garantista, a incitar a la muerte a cualquier persona que no se encuentre bien, y, por tanto no sea rentable para el régimen de dominación y explotación crecientemente inhumano en que vivimos?. Las multitudes, como ahora, se creerían libres, aplaudiendo las nuevas medidas, pero no serían, insisto, como ahora, sino masa manejable camino del nuevo totalitarismo silencioso ya instalado en sus primeras fases.

¿Vamos hacia una suerte de nazismo de progreso, o, si se quiere, una especie de régimen chino, mezcla de comunismo y capitalismo, que con brutalidad ora disimulada, ora abierta, nos convierta en ganado feliz de ser llevados al matadero sin quejas?. Me inclino porque esa es la senda que seguimos, la del sistema chino como ideal de las clases dirigentes mundiales. E, insisto, sin ser capaz de hacer de cura pontificador, laico o religioso, a favor o en contra de la eutanasia.