martes, 26 de septiembre de 2023

Biografía de la luz

En Biografía de la luz, escrito por el sacerdote y escritor Pablo d´Ors, nos encontramos con un libro sumamente interesante, reflexivo, hondo, que nos provoca numerosas reacciones. En él se acerca a una lectura de los evangelios en clave mística, que supone descubrir una cara oculta, novedosa, de la vida e ideas de Jesús de Nazaret, una visión centrada en buscar en el interior de nosotros mismos la luz, para evolucionar espiritualmente, pero aceptando las sombras, integrándolas en nuestro ser, en vez de recurrir al fácil argumento de combatirlas.

Para Pablo, nuestra civilización, nuestras vidas, pero también los artistas, se empeñan en reflejar la oscuridad, en vez de centrarnos en lo luminoso, que existe. Es este un camino a descubrir y recorrer; gracias a su lectura, abierta a todos, no solo a los hombres y mujeres de fe, en sucesivos capítulos nos adentramos en distintos episodios de la vida de Cristo, ofreciéndonos enseñanzas para cambiarnos internamente, para bucear en nuestro interior, para descubrirnos y conocernos en nuestra más pura esencia, material y espiritual y seguir adelante en la vida, saliendo de las destrucciones y derrumbes que nos acechan y sacuden en nuestro camino .



Biografía de la luz es una ayuda, un canto a dejarse arrastrar por la corriente de la existencia, si miedos, con confianza en ella, pues si confiamos en ella, el Universo, Dios, nos dará lo que realmente necesitamos en nuestro andar hasta la muerte de nuestro cuerpo material, y el renacimiento a otra forma de vida, la que nos lleva a nuestro verdadero hogar.



sábado, 9 de septiembre de 2023

Oppenheimer

 Brillante película, quizás excesivamente larga, que desarrolla el dilema moral que atormentó a un famoso físico, Oppenheimer, el padre de la bomba atómica. Oppenheimer nos lleva de la mano por la vida del citado científico, desde sus inicios como brillante teórico  de la mecánica cuántica, a sus ideas y activismo izquierdista, considerado molesto y peligroso en los Estados Unidos hasta su inestable vida amorosa, nunca fiel.

Pero la trama se centra en la segunda guerra mundial, cuando se desarrolla el Proyecto Manhattan, en competencia con la Alemania nazi y sus científicos, que también estaban intentando desarrollar una bomba atómica. La película nos muestra a un Robert Oppenheimer entusiasmado y apoyando el desarrollo del arma destructiva para derrotar definitivamente al fascismo. Vemos también las primeras dudas y negativas en algunos de sus compañeros, lúcidos ante lo que suponía abrir la caja de Pandora, así como el apoyo entusiasta de otros.

Sin embargo, tras la prueba mortífera sobre población humana, las dudas empezaron a corroer la conciencia del físico, elevado a la categoría de héroe nacional. La muerte en masa que había abierto su descubrimiento, la carrera armamentística entre Rusia y Estados Unidos, con artefactos capaces de arrasar la vida sobre la Tierra, le atormentaron, llevándole a la duda moral sobre si lo que había contribuido a desatar fue justo o no, duda jamás resuelta y a defender el control armamentístico, oponiéndose al desarrollo de la Bomba H, por ejemplo.



Oppenheimer nos enfrenta al tortuoso camino de la conciencia moral del hombre y mujer de ciencia contemporáneos, una ciencia que parcialmente ha contribuido a hacer del mundo un lugar al borde del abismo, pendiente siempre de la contención de quienes tiene la última palabra sobre si activar o no el botón nuclear, los políticos, los hombres de Estado.

Y es que la ciencia, glorificada como nueva religión en la modernidad progresista, ha inflado la desmesura del mundo reciente y presente, con su extremo desarrollo del poder y su concentración , convirtiéndonos a nosotros, sus desventurados habitantes, en seres que sobreviven pendientes de un hilo, marcados por la sombra de la muerte nuclear de la razón de Estado, que no ha desaparecido, ni mucho menos, como podemos contemplar, con la implosión de la URSS, sino que se ha erguido de nuevo sobre nuestras cabezas.

jueves, 31 de agosto de 2023

De la autodestrucción a la noche oscura del alma

 Muchas veces, tras años de autodestrucción, de demolernos internamente con pensamientos negativos constantes, de convertirnos en guiñapos de almas demolidas, trituradas, habitantes de un sufrimiento que cala hasta los huesos, que hace que levantarse de la cama, o esbozar una sonrisa, suponga un enorme esfuerzo. Donde todas las noches te acuestas con el deseo feroz de que algo te suceda, que no despiertes del sueño, pues bien, tras este carrusel de montaña rusa en el interior de una caverna gigante donde no se vislumbra rayos de luz, a veces, ocasionalmente, en un destello breve cual estrella fugaz de optimismo, pensamos que saldremos impulsados, cual fuerza misteriosa de la naturaleza, hacia el mundo de la superficie, el mundo de la luz y el sol tibio.

Pero esto nunca sucede. Del mundo  del subsuelo, del auto flagelo, la auto tortura monstruosa,  donde voces internas te susurran en los oídos que no vales nada, que no mereces nada, que jamás rozarás la vestimenta de la felicidad, de la alegría de vivir, que eres un apestado inferior a todo el mundo, un retrasado, un fracasado, un ser risible, un solitario despreciado por las mujeres; de esa cueva se sale cuando, un día, sin saber por qué, decides que quieres una vida real, renacer de tus cenizas, habitar un nuevo ser, una nueva tierra, donde las heridas mentales, físicas y del alma vayan cicatrizando.

Que lo que pensabas que eras, esa especie de monstruo de apariencia humana, no era tal, al menos no totalmente. Que la perfección no existe, que todos somos luz y sombra, que junto con el reconocimiento de nuestras sombras hay que vislumbrar nuestra luz. Así empezamos a silenciar las voces torturantes, paso a paso. Nuestra vida, esa vida falsa, de niño miedoso, esa casa artificial de papel, que construimos para refugiarnos, se derrumba.

Aquí quedamos expuestos al descubrimiento del vacío, de la mentira, expuesto a la noche, al frío de la intemperie. Es la llamada noche oscura del alma .Se genera un terrible sufrimiento, pero a diferencia del anterior, encubierto por toneladas de basuras, o de púas cual erizo humano, es el camino al renacimiento, a la muerte del viejo ser, a la caída de la vieja piel, la vieja conciencia, los viejos pensamientos.

Habrá turbulencias, tentaciones  e intentos de lanzarse a ciegas a recuperar una existencia perdida, hasta que te des cuenta que tienes que frenar. Relajarte, abrirte a lo que venga sin forzarlo .Sólo de esa noche oscura del alma en el que uno está habitando se puede vislumbrar el camino de salida del pozo y su obscuridad falsamente acogedora.

La noche oscura del alma te remueve todo, te hace replantearte todo, y es el único camino de sanación, de volver a caminar por el mundo, tras romper la camisa de fuerza de los miedos que impiden avanzar. 

En eso estamos, sometido a una noche en la que empieza a vislumbrarse unos tenues rayos de luz. Y si esto sirve a alguien, jovencito o mayor,  que ha despertado al conocimiento doloroso de que llevaba una no vida, una vida de mierda, bienvenido sea este escrito , realizado con un alma en reconstrucción, donde toca juntar uno por uno sus pedazos, sus fragmentos.

miércoles, 16 de agosto de 2023

Elogio de la deseducación

Es habitual hablar de la educación como motor de cambio en positivo en las diferentes sociedades y países. Se considera un elemento de progreso y avance importantísimo. 

Sin embargo poca gente se plantea si la educación, no sólo la escolar y universitaria, sino la familiar y social, contiene elementos negativos, y lo que sería necesario es iniciar un proceso individual y colectivo de parcial deseducación.

No se trata de que no haya que estudiar, ni de condenar el aprendizaje teórico, el ejercicio memorístico, que tiene su utilidad y su importancia. Pero si se trata de confirmar y aceptar que las sociedades escolarizadas han llegado a un punto de no retorno, no dan más de sí, y no sólo eso, sino que estamos asistiendo a un desmoronamiento psicosocial, que ya hemos comentado en otros textos, así como a un hundimiento del pensamiento creador y transformador; todo son menudencias y reformismos de tres al cuarto sin futuro. 

El ideal de que cuanto más estudies más éxito tendrás en la vida y más ascenderás ya ha quebrado. Y aquí encontramos el primer elemento en el que deseducarnos. La idea del ascensor social en base a la educación no favorece el verdadero amor al conocimiento. El conocimiento debe amarse por sí mismo, sin ningún contenido utilitario, como una forma de dar pequeños pasos al desciframiento de los enigmas de la vida y de todo lo que nos rodea, que jamás se descubrirán plenamente. Pero también empezar por conocerse a uno mismo, incluyendo nuestras sombras y oscuridades.



Por eso sería esencial iniciar un camino de descenso hacia nuestro interior, nuestras profundidades, para llegar a nuestro verdadero yo, saber quienes somos y qué queremos realmente. De esa manera se destruirían muchas ideas preconcebidas sobre lo que se supone que ha de ser nuestra vida, nuestros objetivos y metas. Y posiblemente podríamos sanar nuestras heridas internas y externas más fácilmente.

Hablamos mucho de felicidad, como nuestro gran sueño, y sin embargo hemos creado un sistema educativo y social que fomenta la infelicidad. Si comprendiéramos que es mejor estar en lo bajo, que ahí  vives más libre, con menos molestias, con las preocupaciones mínimas, desapercibido, dando y recibiendo sin pedir nada a cambio, sintiendo el entrelazamiento con los otros, la naturaleza y el cosmos, sabiéndote un proletario, no un miembro de esa hipotética clase media, centrándonos en la meditación y contemplación de lo que nos rodea, en vez de anhelar tener y poseer, estar en las alturas, se derrumbaría el edificio monstruoso que hemos levantado, lo que no excluye en un segundo momento la necesidad de una acción que destruya definitivamente la edificación.

Necesitamos, por tanto, deseducarnos de la parte negativa recibida por familias e instituciones, así como pasar de largo por la presión social. Busquemos el último lugar, lo que no implica no aprender, sino dar un sentido radicalmente diferente al aprendizaje .Busquemos la riqueza espiritual, el Reino de Dios, el apoyo y guía de este, aceptemos nuestras debilidades e imperfecciones, que no podemos todo,  y lo demás se nos dará por añadidura. 

Desde este humilde blog vaya mi elogio a la deseducación, a su necesidad perentoria.

domingo, 18 de junio de 2023

¿Por qué ha fracasado la modernidad?

 Veo en la tele una noticia que hace mención a que uno de cada veinte adolescentes ha intentado suicidarse .Semejante cifra pone los pelos de punta, pero como siempre no he escuchado ningún análisis que intente profundizar en tales horrores, que se suman al ascenso en flecha de las depresiones y trastornos psicológicos en la infancia.

Lo primero hacer ver que estamos ante un fenómeno que hace treinta o cuarenta años era muy extraño. ¿Qué niño de los que nacimos en los años setenta  sufrió el golpe de la depresión?. ¿Qué adolescente de nuestra generación intentó suicidarse?. Hay que bucear e intentar explicar por qué la sociedad se está viendo sacudida desde sus cimientos en un dolor y un sufrimiento inaguantable.

En mi opinión asistimos al desmoronamiento de la modernidad progresista y tecnolátrica, versión capitalista. La modernidad a través de los ilustrados partió de la idea de la libertad y la autonomía de la sociedad y del individuo, su liberación de los dogmas religiosos, de la sociedad de la nobleza y los estamentos, buscaba una sociedad emancipada sustentada en el libre desarrollo de la personalidad, en el uso de la razón.

Yo pienso que sus intenciones eran buenas, pero partieron de un error que fue abrasando el proyecto y arrastrándolo a un camino opuesto al que soñaban. Colocaron el mundo del pensamiento, de las ideas, de los abstracto, en el centro, en vez de colocar la experiencia, la realidad, en la centralidad. Empezaron a surgir armatostes teóricos muy elaborados e ingeniosos, pero despegados del día a día.

De tal manera la religión tradicional la fueron sustituyendo por nuevas religiones ideológicas, a veces contrapuestas pero con efectos nocivos. Y fundamentalmente creyeron poder sostener la libertad en el uso de la Razón. La educación teórica se pensó, y sigue pensándose como fundamental para lograr una ciudadanía libre, igual, formada y crítica.



Error, la autonomía solo se logra poniendo en primer lugar lo práctico. Hablando claro: ¿somo libres y autónomos si no sabemos construir una casa o cabaña, cultivar, pescar, hacer fuego, hacer ropa, arreglar zapatos, cocinar,  saber qué podemos beber o recolectar para alimentarnos evitando alimentos que nos intoxiquen o maten?. Al expulsar eso de nuestras vidas y crear armatostes educativos, cada vez más prolongados en el tiempo y meramente teóricos- sin menospreciar y echar a las tinieblas la teoría-, nos alejamos de la verdadera autonomía individual de la que tanto se cacarea. Hemos creído que el avance tecnológico, al hacer innecesarios tales conocimientos prácticos, nos haría más libres y prósperos, pero se ha visto, y se sigue viendo que eso no es así, la tecnología no nos está salvando, al revés, parte de ella contribuye a nuestra destrucción. ¿Qué nos sucedería si algo hiciera caer la tecnología?

Por cierto que el conocimiento  en las citadas sociedades de la modernidad que hacen gala de ser las más formadas de la historia es el conocimiento que interesa a las clases opresoras, silenciado todo el pasado que no interesa, presentando todo tiempo remoto y a sus habitantes como bárbaros e incultos oprimidos y a nosotros, sus infortunados habitantes como culmen del progreso y la libertad.

Pronto la modernidad capitalista hizo ver sus enormes grietas, especialmente con la Revolución Industrial, la expulsión de los habitantes del campo a las ciudades, el paso a la esclavitud fabril, el control total del proletariado, las jornadas interminables de trabajo. Pero, ¿ cuál fue la respuesta?. La elaboración de nuevos constructos ideológicos. De la competitividad, la destrucción de las formas de vida comunitarias, de la creación de una sociedad de átomos aislados que a veces chocan entre ellos, se pasó a pretender que con nuevas formas de estado, de propiedad, es decir con la colectivización, los problemas se solucionarían.

Al monstruo capitalista de la competencia, el productivismo, el crecimiento económico, al individuo y la muchedumbre solitaria le sustituyó en algunos lugares del mundo un monstruo aún peor, el de la construcción de una sociedad constituida cual ganadería industrial, sin rastro de libertad, de iniciativa, siguiendo el esquema marxista y anarquista, con sus obsesiones colectivistas. Con el mismo culto a la productividad, al crecimiento, al reino de la abundancia, pero fracasando estrepitosamente sin crear a la larga más que escasez crónica, y hundiendo a la población en problemas como el alcoholismo.

Tales productos de ingeniería social a gran escala, basada en el cambio de fuera a dentro, es decir ideológico y por tanto de coacción extrema desaparecieron, quedando el capitalismo como único régimen aparentemente triunfante de la modernidad. Sin embargo 2008 ha supuesto el declive de la civilización del capitalismo, su principio del fin.

Rotos los anzuelos de que cuanto más estudies, más preparado estés, más arriba llegarás en la pirámide, de que con esfuerzo todo se consigue, de que no pasaba nada por que cada uno fuera a lo suyo, que el progreso y desarrollo tecnológico haría que la economía siempre creciera, que siempre iban a surgir gracias a este desarrollo nuevos nichos de mercado, que el paro sería mínimo, que la escasez, la pobreza sería cosa del pasado; todo ese discursos se ha venido abajo.

¿Consecuencias?. El desmoronamiento individual y por tanto social. El abandono de los valores espirituales, éticos, convivenciales, la desaparición de las redes de apoyo mutuo en la sociedad pensando que la verticalidad del Estado de Bienestar se bastaba y se sobraba para seguir viviendo bien , el aumento de los divorcios y la rotura de la familia, está provocando un tsunami de enfermedades psicológicas, del alma.

La modernidad y su Reino de la Abstracción se viene a pique, ya no se es capaz de generar ni siquiera nuevas ideas ante lo que viene. Ha colapsado hasta la imaginación creadora.

Lo desmesurado, otra característica de la modernidad. lo que escapa a escala humana, como la vida en las grandes urbes, no genera encuentro, comunión, amistad, lo que se suma al abandono de la búsqueda de la verdad, de la belleza, de la justicia, de la libertad como algo enraizado en la realidad material.

 La marginación de la espiritualidad o la religiosidad o su conversión, como en el caso del cristianismo-por no hablar del fundamentalismo islámico-, en el seguimiento de un ritual vacío de sentido, una tradición despojada de la búsqueda de Dios, de un sentido trascendente de existencia, iniciado por la integración de la Iglesia en el Estado romano en el siglo IV después de Cristo y posteriormente a lo largo de la historia, siendo inoperante en la búsqueda de una civilización verdaderamente humana y elevada, especialmente en la modernidad, es otro factor de descomposición.

Todo esto hace que el individuo medio se vaya desplomando, pues el anzuelo del dinero, de la riqueza material, de la acumulación de bienes, se está volviendo inservible. La modernidad acabó generando un sentido de la vida de bajo vuelo, y partiendo de la defensa de la Razón, de la autonomía, ha vuelto al individuo dependiente y esclavo a todos los niveles, incluido el de la propaganda continua, no sólo comercial sino política, con la creación de esos artefactos llamados partidos, considerados inseparables de la democracia, y que no son más que una forma de mentira organizada, instrumentos totalitarios cuyo fin es la voluntad de poder y crecimiento continuo, vendiéndose como servidores públicos, sostenedores del bien común, cuando no son más que buscadores de su propio bien, de su voluntad de dominio y expansión.

El sujeto medio de la modernidad es un adoctrinado de la cuna a la tumba, aferrado a una religión sombría y deleznable, la del Moloch del Progreso infinito, creyendo que él gana algo con semejante delirio y quimera, pues todo en la modernidad decadente es quimera, grandilocuencia, grandeza cutre.

La modernidad ha supuesto el entierro de lo que en el pasado podía haber de positivo y de utilidad para levantar una verdadera civilización, como el concejo abierto, el comunal, la ciudad libre medieval, las guildas, los gremios, la artesanía, el gusto por lo bello, la integración de lo local con lo universal de la denostada Edad Media, la descentralización de todos los poderes, es decir la búsqueda de un sentido de la vida que no sea meramente el consumir, el viajar como turista-que ni siquiera es viajar realmente, sumergiéndose en la vida de otros pueblos-, el beber, el comer con glotonería, la fiesta comercial, enlatada, no participativa, entre otra cosas.

La modernidad ha fracasado, y su tsunami nos está arrastrando aguas adentro, en las que intentamos sobrevivir buscando algún bote, algún resto del barco al que agarrarnos y que vayan transcurriendo los días hasta nuestra muerte. Sin esperar más que tener buena suerte, un curro del que no nos echen e ir tirando, y sálvese quien pueda.

Toca repensar como reconstruir una sociedad humana, verdaderamente civilizada, de lo abarcable, del cara a cara, del rechazo de la grandeza como conquista de otras sociedades, de otros mercados, a la idea de crecimiento económico eterno, del dinero y la riqueza material como centro de la vida. Una comunidad de individuos cooperativos a pequeña escala, autónomos y a la vez interdependientes, de unión de lo local y lo global.

Coloquemos la búsqueda del verdadero sentido de la vida en el centro, por qué y para qué estamos en el mundo, crezcamos espiritualmente, busquemos a Dios por nuestros medios, sostengamos la contemplación como base, no el movimiento y el actuar ciegos, veamos en el otro un reflejo de nosotros, un hijo de la divinidad, no un instrumento para nuestros fines.

Busquemos la belleza, la justicia, el bien común, la auténtica libertad de ser nosotros, huyamos de ser materia prima, sirvientes del sueño del Capital, de la Ciencia y la Tecnología ajenas a la verdad, al bien y a la libertad. Escapemos de las quimeras de las grandes doctrinas políticas y económicas que nos prometen la salvación, un nuevo mundo.

Todo lo que sube baja, no estamos en el mundo para competir laboralmente y ascender, para así tener más dinero que gastar en futilidades y esclavizarte más y más, hasta que venga la caída. Pongamos el sentido común en su lugar: los trabajos considerados inferiores son realmente los superiores, los considerados superiores son los inferiores.

No esperemos la salvación de la ciencia y la tecnología, luchemos porque estas sean algo asequible y comprensible a toda persona, no a unos pocos, y que sean vistas como elementos auxiliares, de ayuda a lograr esa buena vida superior espiritualmente.

Huyamos del infierno de nuestras vidas que ha traído la modernidad y conectemos con nuestro interior y la naturaleza, lo que nos hará encaminarnos por una nueva senda.

martes, 30 de mayo de 2023

Vida contemplativa

 He tenido ocasión de leer otro estupendo libro del filósofo Byung-Chul Han, Elogio de la inactividad. Vida contemplativa. En el citado ensayo Han vuelve a sus ideas críticas contra el orden capitalista y neoliberal del rendimiento, la hiperactividad, la tecnolatría, el culto a lo rápido, a las experiencias, a lo efímero, al productivismo, haciendo una encendida defensa de la contemplación.

Para nuestro autor necesitamos poner el acento en la inactividad, en la vida contemplativa, para no continuar autoexplotándonos, enfermando. Es imprescindible, para llevar una vida buena, una vida humana, extender el tiempo de ociosidad contemplativa, disfrutar del no hacer nada, volver al tiempo de la fiesta, en el sentido antiguo de la palabra, no el actual donde la fiesta consiste en una actividad comercial, enlatada, sino la fiesta como encuentro de la comunidad, como tiempo de despilfarro, de lujo improductivo.



Es a través de la contemplación, de la atención,  como podemos encontrarnos a nosotros mismos, encontrar un sentido profundo de nuestra existencia, admirar la Naturaleza, buscar la Divinidad, entusiasmarnos ante  lo que nos rodea, y, especialmente, huir de la destrucción de nosotros mismo y de la anteriormente citada naturaleza. 

Han cita a determinados filósofos, y es especialmente crítico con Hannah Arendt y su ideal de vida activa, de que el hombre solo se realiza en la acción política, de que solo de esa manera puede alcanzar la fama, la gloria, la inmortalidad. Para nuestro autor, sin embargo, es la contemplación lo que nos define como ser humano, pues cuando salimos de esa cueva cálida y húmeda que es el útero materno, lo primero que hacemos es abrir los ojos, contemplar. Eso no quita para que Han asuma la necesidad de una política contemplativa, si bien no llega a definir ni a extenderse en este concepto, aunque yo aportaría una figura importante del pensamiento que dio pasos en esa dirección, si bien su muerte temprana impidió que pudiéramos seguir disfrutando de un pensamiento tan elevado como rupturista con todo, Simone Weil.

De manera anónima y modesta, este que escribe lleva un tiempo reflexionando en la línea de encontrar una política mística, espiritual o contemplativa-opuesta a la política entendida como juego, o disputa entre partidos políticos, una forma de mal radical, como las ideologías políticas-, pues la vida humana es una vida de entrelazamiento de aparentes opuestos, el mundo interno con el mundo externo, la contemplación y la pura materialidad. Al fin y al cabo, coincidiendo completamente con nuestro filósofo en la necesidad de situar la contemplación en el centro de nuestra vida, esta no es posible sin necesidades mínimas vitales satisfechas: techo, comida, trabajo. De hecho llenar nuestras vidas de la luminosidad de la inactividad contemplativa requeriría de un pensamiento que abordara como sería una revolución espiritual que rompiera con el infierno de la Modernidad.

Y todo esto es algo que está por construir. Esperemos que surjan discípulos de Simone Weil y de los viejos maestros de la antigüedad clásica que labren el camino a una vida de bien, de verdadera libertad, de comunión, de una vida del espíritu, de la contemplación.



miércoles, 17 de mayo de 2023

Libres

 Hermosa película documental que entra en vidas y lugares consagrados al silencio, a la contemplación, a la búsqueda del amor de Dios y de Cristo, al encuentro con ambos.

Libres nos permite conocer las vivencias de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos monjes y monjas de clausura, lo que les llevó a romper con el mundo exterior, el mundo  del vacío, la competencia, las apariencias, las prisas, la banalidad, la de la falsa libertad, aquella falsa libertad de los esclavos y esclavas de lo externo, lo superficial, la mirada ajena y la opinión ajena, del dinero, de las necesidades materiales.



Conocemos sus quehaceres diarios, lo bueno y lo malo de la vida en esas comunidades especiales, lo maravilloso de la oración, escuchamos sus reflexiones sobre el sufrimiento, la muerte, la profunda compañía de esa aparente soledad que es la estancia de horas en la celda. Observamos, por tanto, lo magnífico de una vida contemplativa, ajena a los ruidos físicos y mentales que nos saturan, sumergiéndonos en un sopor que nos impide conectar con nuestra profundidad, con nuestro espíritu.

Una joya que merece verse, en todos los sentidos de la palabra ver, pues destacan, además, los bellos paisajes y entornos que rodean los magníficos monasterios. En uno de los cuales, por cierto, tuve el honor y la gracia de vivir durante unos días, el Monasterio del Paular.

Aunque me temo que por desgracia Libres pasará desapercibida para la mayoría, desde este humilde blog la recomendamos vivamente.