viernes, 25 de marzo de 2016

Elogio de la quietud eterna

Vivimos la civilización del movimiento perpetuo, donde todos son órdenes para tener actividad constante. 

Salgan de casa, conozcan gente, vayan de fiesta, relaciónense, tengan pareja, follen, viajen, trabajen, hagan algo, lo que sea, todo menos estar sentado en casa, mirar por la ventana, tumbarse en un prado, cerrar los ojos, pasear sin objetivo.

Sociedad de jadeantes, vamos de acá para allá como guiñoles de un teatrillo para demostrar que somos, que existimos, que nos divertimos. Se ha impuesto la filosofía de todo a cien: puesto que la vida son cuatro días, disfrutemos todo lo posible. Pero ese disfrutemos no incluye la meditación, el silencio, el aislamiento.

Pues si la vida son cuatro días, como muy acertadamente se dice: ¿qué sentido tiene convertir ésta en agotamiento, en postureo, en pasto de las miradas ajenas, en actividades que a nada nos preparan?.

La gusanera es nuestro destino irremediable inmediato, la quietud  nuestro futuro luminoso.

La sociedad más apta y sana es la que hace del paso por  esta efímera grisura de tormentos, heridas, lamentos y fracasos un aprendizaje para lograr la anhelada meta de la calma, que sólo podemos conquistar, aquí, en nuestra cárcel de movilidad, a dosis mínima.

Ángeles caídos más y más hacia el centro de la tierra, hemos llegado, con nuestra civilización opuesta a la anterior, al Infierno más absoluto. Allí donde se propugna, como salida del sufrimiento, más sufrimiento. Médicos y pacientes demoníacos recetan contra la angustia del movimiento sin fin, pastillas que aceleran. Para salir del fango, impúlsense hacia abajo.

En este mundo de seres movientes, que caminan de un lado a otro para olvidar el plácido fin, que presentan como el museo de los horrores, se siguen inventando instrumento de tortura refinados.

Al ideal infecto del movimiento perpetuo se ha sumado el de la conexión continua con los otros. Un golpe de piqueta más al ideal elevado de serenidad y contemplación, de grandiosa inactividad, o actividades sin metas ni propósitos utilitarios;donde la acción y el girar son secundarios, algo a realizar como último recurso. 



La Megamáquina y su chirriar sin fin y descanso se fortalece, nos atrapa. Pronto se condenará a los solitarios, se mirará con mezcla de rechazo y compasión a los que no se suban a la noria. No se comprenderá a los que no vean belleza en ese subir y bajar continuo de los cacharros y cachivaches varios.

Yo sueño, pobre fracasado y desterrado de mí mismo, en una Utopía inversa. Contemplo, en goce y éxtasis estático, un infinito indescriptible donde ya no existen ni los átomos, puntos o cuerdas vibratorias amenazantes con un futuro universo o universos de seres que jadean agitados. El reposo es absoluto, nada soy ni seré, la conciencia va vaciándose poco a poco, liberándome de sus aguijonazos de avispero revuelto ante un peligro acechante. Me deslizo hacia ese espacio que ya no es espacio, feliz por alcanzar la quietud eterna

martes, 15 de marzo de 2016

Partidos emergentes, clases medias y el capitalismo del colapso



La crisis económica, fundamentalmente, ha provocado un divorcio de la sociedad española con los partidos tradicionales, con el bipartidismo imperfecto imperante durante varias décadas.

El monstruo del paro, los recortes, los sueldos menguantes y los nuevos empleos, temporales y con salarios a veces de seiscientos o setecientos euros,  nos lleva todo ello a una situación novedosa, la de que el trabajo no permite en sectores crecientes de la sociedad vivir dignamente.

Esta realidad nos conduce a una nueva división social, no tanto entre capitalistas y empleados,  sino a la brecha creciente entre una exigua minoría con trabajo estable y bien remunerado y una mayoría ascendente con trabajos y sueldos basuras esporádicos y parados crónicos.

Pues bien, esta tendencia previsible, que ya puede observarse claramente y que nos sitúa en lo que califico de capitalismo del colapso, frente a quienes hablan de colapso del capitalismo-este último término parece dar por sentado la muerte del capitalismo, lo que personalmente no tengo nada claro-, de agotamiento y crisis múltiple, no ha encontrado ninguna respuesta.

Y el porqué tiene mucha relación con que una sociedad de clases medias, o con mentalidad de tal, es una sociedad, donde por mucho que unos y otros se sientan enfrentados y separados por opciones a izquierda y derecha, el objetivo de fondo de unos y otros es reconquistar un buen nivel de vida y consumo.

No hay, por tanto ,en la clase media decadente y en descomposición, ningún proyecto real de transformación social, de cómo levantar un nuevo sistema sin división entre dirigentes y dirigidos, entre poseedores de medios de producción y asalariados que venden su fuerza de trabajo.

Abandonado años ha toda conciencia de clase, salvo en procesiones laicas para el Primero de Mayo y poco más, se pensó que no eran necesarios lazos comunitarios, si acaso algunas reclamaciones monetarias y poco más.

Las clases medias izquierdistas, derechistas, centristas o transversales son creyentes en el Sistema. Consideran, hoy por hoy, que está mal dirigido, enfocando sus ilusiones fútiles en una renovación de las clases dirigentes u opresoras, o lo que se llama regeneración democrática.

Esto ha permitido al Orden impulsar desde sus medios de adoctrinamiento, ante la crisis, dos partidos, con el objetivo de hacer creer a los ingenuo que ahí está el Cambio y acabar con toda posible veleidad rebelde o levantisca al estilo de lo que aconteció en Gamonal.

El éxito ha sido enorme. Millones de ciudadanos han comprado lo vendido en tiempo récord .

Esta respuesta es la esperada. En épocas de crisis económica, la reacción de las clases medias o de una parte importante de ellas fue unirse a opciones autoritarias y demagógicas. A quienes les ofrecían o decían ofrecer justicia para todos, trabajo y una Seguridad fuerte, combinados con críticas a la casta o la plutocracia y a veces a los inmigrantes o a otras "razas" especialmente la judía. Eso fueron en esencia los fascismos clásicos, escisiones de sectores de izquierda o socialistas-especialmente Musolini- que se convirtieron rápidamente en movimientos políticos de corte transversal.

En nuestros tiempos ,ese discurso, con los cambios de la época, es el que ha favorecido el ascenso de Podemos y Ciudadanos. Nada de verdaderamente revolucionario o antisistema, sino palabrería hueca y pseudoradicalismo que nunca irá al fondo de las cosas .Lo más que pueden llegar sectores de la burguesía en su crítica es denostar el Régimen del 78, como dicen. Pero eso es no decir nada, pues al fin y al cabo , ¿qué es eso del Régimen del 78 y en qué se distingue del sistema de poder de otros países y lugares?.

Retórica vacía, por tanto. Lerrouxismo siglo veintiuno, que transforma los exabruptos anticlericales para debilitar al anarcosindicalismo del primer Lerroux, por la búsqueda de otros chivos expiatorios con que engatusar a electores.



El ensayista libertario  Miguel Amorós etiqueta a estos movimientos políticos, que en nuestro país tienen dos alas, como ciudadanismo. Opciones que se quedan en la superficie de las cosas, que consideran quimérico plantear alternativas al sistema de partidos, que toman el Estado como el policía bueno, creyendo en la identidad Estado pueblo, en su fusión.

Supuesto realismo, o pragmatismo falso, pues la situación mundial, con las nuevas caídas de las bolsas y de los antaño pujantes países emergentes, nos acerca a nuevas recesiones, y por tanto sus planteamientos keinesianos, de Estado redistribuidor, que saca dinero de unos para dar a otros, que aumenta impuestos, que sube salarios, que hace crecer al país, que crea millones de empleos-privados o lo que llaman público garantizado- tiene poco recorrido.



Ya podemos ver como ni tan siquiera están dando de comer a la gente, habiendo desaparecido de sus discursos en buena medida declaraciones de antaño, con mucha base real, de familias y niños que pasan hambre. Sólo hablan de un Plan de Emergencia Social y de blindar derechos, algo inconcreto y nebuloso, tanto como la Constitución hablando del derecho al trabajo y la vivienda.

No encontramos nada, por supuesto, de conquistar los medios de producción los propios trabajadores o crear los suyos propios. De trabajo sobre capital.

Para el grueso de las clases medias, sus jóvenes con título universitario o sus mayores, todo pasa por democratizar las instituciones, los partidos, los sindicatos. Listas abiertas,  limitación de mandatos, unos pocos, más osados, unieron democracia real a Asambleas de Barrio donde se debatía de lo humano y lo divino y no se llegó a nada práctico. Algo que el sistema sí puede ofrecer como caramelo, pues no implica el menor riesgo para él-ni ninguna esperanza para los necesitados-.

De ahí el rápido fin del 15M y su absorción por una socialdemocracia verborreica aparentemente radical, que no se planteó seriamente romper el Sistema y que ha acabado en gran parte en las filas de  Podemos o las famosas confluencias.

La relativamente rápida decadencia de todos estos nuevos lerrouxismos, dejará tres opciones.

El regreso de los viejos partidos, el surgimiento, como en Europa, de opciones más desembozadamente autoritarias-aunque el Partido de Pablo Iglesias lo es en mucha medida- como el Frente Nacional o la revolucionaria .

Esta última tendría que plantearse seriamente ir construyendo una sociedad autónoma seria, sin asalariado, o sólo como algo puntual, sin partitocracia-ni partido único por supuesto-, sin tecnocracia, sin megalópolis, equilibrando lo local y lo internacional, oponiendo la soberanía popular a la tentación de la soberanía nacional y los discursos identitarios .

La tarea sería titánica y sin prácticamente posibilidades de éxitos. Alguna de las otras dos opciones son mucho más plausibles. Si observamos la historia y lo que está sucediendo en diversos países de la UE, incluyendo Alemania, nos acercamos más  a una fascistización de las poblaciones de Europa, si bien no calcada a la de los años veinte y treinta.

El futuro se presenta azul oscuro casi negro, pero hemos aprendido repetidamente que el cuanto peor mejor, no es real. Sólo el ascenso de una fuerza revolucionaria de individuos conscientes, que hayan aprendido las lecciones de viejas derrotas y por dónde no deben ir podría traer un rayo de esperanza.



lunes, 22 de febrero de 2016

Sócrates.Juicio y muerte de un ciudadano

En la Sala Fernando Arrabal del Matadero se está representando una interesante obra sobre el juicio y condena del legendario filósofo Sócrates.

Dirigida por Mario Gas e interpretada por el talentoso actor José María Pou ; Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano se inicia con una breve presentación biográfica del propio Sócrates, hijo de cantero y comadrona que recibió la educación tradicional de su época en diversas artes y conocimientos, participando con gran valor en diversas batallas de la Guerra del Peloponeso. Hombre austero, despreocupado por sus apariencias y criticado burlonamente por algunos por su físico poco agraciado.

La representación nos lleva de la mano a los debates que causaba su persona debido a sus ideas o métodos poco ortodoxos entre sus conciudadanos y discípulos, defendiéndolo varios y atacándolo duramente otros por corruptor y destructor de las costumbres, creencias e instituciones políticas democráticas. Luego el juicio, al que es llevado y acusado por envidiosos, en el que la soberbia e ironía de nuestro filósofo le llevó a que fuera condenado a muerte y finalmente el intento de sus discípulos de salvarle y la serena aceptación de su desaparición.

En Sócrates encontramos la filosofía en estado puro, la búsqueda de la virtud, la verdad y la justicia. Pero no una filosofía como la posterior, de púlpitos o cátedras, sino la de la calle, la del filósofo que aceptando su ignorancia inicial , "sólo sé que no sé nada", a través del método socrático o mayéutico, consistente en una serie de preguntas y respuestas a cualquier ciudadano, mediante las cuales lograba tirar del hilo de la verdad oculta para sacarla a la luz, o, al menos, hacer dudar a los individuos de lo que tienen por verdad, de lo que dan por sentado de forma natural.

Y aquí está, para mí, lo que le llevó al juicio y a su muerte ingiriendo la cicuta: el hacer nacer, de forma aparentemente ingenua e inocente la sombra de la duda sobre lo admitido como natural y correcto. Normas, valores, creencias sobrenaturales, formas de organización política o económicas, sabios, hombres grandiosos...


Humor irónico, diálogo  e inteligencia usados para despertar a las gentes y hacerles ver los defectos propios y ajenos era algo que el poder ateniense, como cualquier poder ,no tolera de buen grado. A los poderosos no les gusta que alguien pueda quitarles las máscaras con las que encubren su dominio y Sócrates acabó por ser visto como alguien que corrompía a los jóvenes con sus enseñanzas, aunque en realidad nada malo hubiera en un buscador de la virtud y la verdad que predicaba con el ejemplo.

Por eso su figura es imperecedera, pues en palabras del Sócrates reencarnado en un Teatro español, nazco todos los días y vivo en todas las épocas.

Y es que el drama del viejo filósofo ateniense que no quiso huir, respetando las normas de su amada ciudad y no queriendo ser etiquetado como un traidor y cobarde, es el eterno drama de la lucha de la conciencia individual entre la obediencia y la rebelión, lo correcto y lo incorrecto, el querer y el deber, el vivir con serenidad, aunque sea de manera breve, como insecto de estío y bochorno que perece con los primeros fríos nocturnos, o prolongar una existencia en la tristeza y la tortura interior continua.

Y, para finalizar, sirva su admirada figura para recordar que la filosofía y los filósofos-y todo ciudadano lo es en el fondo- sólo puede salvarse de los museos en que está encerrada si vuelve a salir al exterior, si, usando un símil de su discípulo Platón, huye de la caverna buscando la verdadera naturaleza de las cosas al sol de calles, plazas y caminos.


martes, 9 de febrero de 2016

El viejo profe y el estanque de la melancolía

En medio de la sombría selva de muros, de millones de voces gritando sus ideas e historias, de átomos aislados que sienten ilusamente que forman un cuerpo en vez de fragmentos derrotados de antemano por el Poder; entre las hordas multitudinarias de cruzados e inquisidores abducidos mentalmente por las diversas siglas partidistas y sus Amados Líderes o Lideresas, destacando a veces los conversos a lo nuevo en su furia antiherética, como aquellos exfumadores que atosigan a los que mantienen el vicio o aquellas mujeres que se recosen el himen para aparentar lo que no son-como si su vida anterior fuera pecado y no quisieran recordarla-; en mitad, decimos, de ese mundo obscuro de aullidos que son las redes sociales, del cual formo parte activa como un gritón más, encuentro una noticia que me golpea la cara.

Un antiguo profesor, de un viejo colegio, ha fallecido. Cierro los ojos un momento para volar hacia atrás en el tiempo y volver a sentarme en sus aulas, pasear por su recreo, unos segundos en soledad, después intentando traer el recuerdo acústico de sus condenados en la hora de mayor libertad, la del recreo, donde todo se llenaba de voces, esas voces de aquellos y aquellas que están despertando a la vida y empezando a aprender que no hay salida, que los muros formarán para siempre parte de nuestro paso por el mundo. Pero que, pese a todo, siempre hay ratos, momentos, fogonazos donde encontrarnos y conocernos fuera de los reglamentos.



Entré en el Santo Ángel con quince años, escapando de un colegio asfixiante. Todos lo son, para mí, pero hay grados. Y aquel nuevo colegio  de Moratalaz ha quedado en mi memoria como más humano, más amable, que aquel anterior religioso, donde asomarse a la ventana era ver edificios grises. También tengo que reconocer que mi entrada en el nuevo colegio fue unida a una mayor maduración, que me hizo ver que tenía que estudiar un poco más, lo justo para ir tirando y dejar de encerrarme en el cuarto para hacer que estudiaba cuando en realidad mi mente viajaba de un lugar a otro, menos a los libros. Cosas de críos.

Don Julio fue nuestro profesor de Latín, aquella asignatura que la primera semana me asustó, pero que luego amé y disfruté. Observo su pelo claro, sus ojos azules debajo de sus gafas, su rostro bondadoso. Después, ya en COU, lo fue de Literatura.

Tengo que reconocer que no fue mi favorito, el favorito fue Manuel Martín, el de filosofía. Pelo blanco corto y bigote, era, nunca mejor dicho, un clon del filósofo Nietzche, pensador al que no se sentía muy unido. Exmarxista y yo anarquista desde que pisé las nuevas aulas, debatíamos en clase de diversos asuntos, de lo divino y lo humano, quizá más de lo humano dada nuestras procedencias ideológicas. Ahora, sin embargo, lo haría más de lo divino.

Y no porque haya abandonado el pensamiento libertario definitivamente, que no lo he hecho, sólo lo he traicionado y abandonado en algunas etapas de mi vida. Porque, visto lo visto, he acabado por regresar a mi vieja casa, como hijo pródigo. Pero sí es verdad que conforme pasan los años y la vida te va quemando e hiriendo, tu conciencia se abre a otras cosas, nuevas inquietudes escondidas como la semilla del árbol bajo tierra van emergiendo a la realidad. Materialismo y espiritualidad se van acercando, primero con recelo, para acabar dándose la mano.

Cuando lo medito descubro que era y soy un anarquista sin esperanzas, sin militancia. Por eso, por no haber tenido jamás la ilusión de ver el Mundo Nuevo, ni codearme habitualmente con anarcoides no he quemado el navío y sigo resistiendo, sin esperar nada, sólo como un ideal que me ayuda a mantenerme a flote en la sucesión de tempestades.

Pero como nada es perfecto en la vida  y no hay mal sin bien ni bien sin mal, en aquella escuela donde logré centrarme algo más, recaí de mi mayor demonio en la vida, la ansiedad, la angustia, el terror a expresarme delante de la gente. La tartamudez de la que me había librado casi del todo unos años se giró como una fiera contra mí, agarrándome por la garganta. Aún recuerdo el corazón latiendo a mil por hora, las manos temblando, el sudor frío que me recorría de arriba abajo cada vez que se acercaba el turno de leer, o exponer delante de los compañeros.

Con todo lo positivo fue mejor que lo negativo y los amigos de aquellos tiempos se pasean y me saludan en mis recuerdos de tanto en tanto, y yo respondo a ellos con una sonrisa y un abrazo.

Nunca volví al Santo Ángel tras aquel día que recogí las notas de selectividad, convencido que no aprobaría por entregar el examen de Arte en blanco y sacar un merecido cero. No fue así y, en gran medida, gracias al nueve en filosofía.

Muchas veces tuve la tentación de volver, pero la pereza me hizo alargarlo. Un día, acabada la carrera, estuve a punto de bajar del autobús en aquella parada donde lo hacía años atrás, con la cartera al hombro. Me dio vergüenza, tantos años, quién habrá, estarán los viejos maestros que dejé...

Siempre me arrepentí de no dejarme llevar por el impulso. ¿Habría estado Julio?, ¿hubiera podido darle la mano, ver su rostro por última vez?, ¿ y mi querido y añorado profesor de filosofía?.

Pero Julio Vielva ya no está, no pudo ser. El querido profe habrá descubierto la Verdad, el Todo o la Nada; si tras la muerte subsiste la conciencia o retornamos a la obscuridad silenciosa y plácida de la inconsciencia. Me inclino y me quedo con lo segundo, pero nada sé y cada cual es libre de tomar la creencia que desee.

Lo que sí sé es que cuando miro atrás me doy cuenta que el estanque de la alegría, de la felicidad, en cuyos alrededores jugamos unos años, refrescándonos con su humedad y metiendo brazos y manos en sus claras aguas, sin más pensamientos que disfrutar el momento y escuchar los pájaros en las ramas cercanas se ha evaporado.

Su lugar lo han ocupado unas aguas turbias que sólo invitan a la preocupación por el futuro, donde no se observa el fondo y los pájaros han emigrado. Ese nuevo estanque es el estanque de la melancolía. Aquél que siempre se mantendrá, hasta que exhalemos nuestro último aliento.






martes, 26 de enero de 2016

Podemos y la táctica del salami

Se conoce como táctica del salami al método usado por los comunistas tras la Segunda Guerra Mundial en la Europa del Este consistente en lograr el poder poco a poco, a rodajas, como quien devora un embutido.

Tras la derrota nazi, en Hungría, se establece un gobierno de coalición, donde los comunistas se hacen con varios Ministerios, especialmente el de Interior. Se realizan elecciones en las cuales el Partido Comunista local obtiene un mal resultado, quedando en tercer lugar. Rakosi, dirigente estalinista, al parecer hijo de carnicero, idea recurrir a lo que llama técnica del salami. En vez de destruir directamente toda oposición recurre a una maquiavélica estrategia: acusar de fascistas progresivamente a diferentes miembros de la oposición para dividir a sus partidos y lograr su expulsión y debilitamiento. Con el control de la policía y el Ejército Rojo a su favor, va devorando poco a poco a sus oponentes, rodaja a rodaja, hasta lograr el Poder absoluto.

Viene esta vieja historia a cuento por la propuesta de Pablo Iglesias y sus lugartenientes de un gobierno de coalición con el PSOE donde su partido exige, curiosamente, las carteras de Defensa e Interior-entre otras como  Educación y el control de la RTVE-, aparte de la vicepresidencia.



Algunos y algunas ingenuas pueden extrañarse de que un Partido que  ha ascendido al calor de la terrible crisis que nos golpea con el discurso de dar de comer a la gente, de la emergencia social, de que primero es la ciudadanía y luego los sillones, salga con esta propuesta de primero cargos y luego ya veremos. Y de que quieran dirigir  los que representan el núcleo del poder coercitivo del Estado- Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad-.

Estas exigencias tiran por la borda el discurso que hemos escuchado en varias ocasiones a gentes y medios de derecha de que Podemos era antimilitarista y antipolicial. Y también a muchas personas de izquierda que se han tragado que Podemos era lo que no era: el partido de la regeneración,  la renovación, la transparencia, el servicio a los ciudadanos...

La propuesta de Podemos resulta similar, salvando las distancias y la situación histórica, a la mencionada táctica del salami, pero también a la seguida por el PCE en la Guerra Civil española, consistente en intentar absorber al PSOE-sólo lo lograron con sus juventudes, gracias a la traición de Carrillo y otros- y a la vez luchar por  controlar el Ejército y la Policía. Con la diferencia, paradojas de la vida, de que han logrado destruir primero a su viejo partido, Izquierda Unida, primera víctima de la táctica del salami.

Y es que en realidad pocos son los que tienen claro la naturaleza real de Podemos. Profesores procedentes del marxismo leninismo que reconocen que tal doctrina es ya inservible para tomar el poder. Pero frente al camino de muchos excomunistas que acabaron en la socialdemocracia, ellos vieron en el populismo latinoamericano el nuevo discurso, la nueva herramienta que con lenguaje diferente al bolchevique: ni izquierda ni derecha, arriba y abajo, pueblo en vez de clases, gente versus castas... podría favorecerles en sus sueños de Gobierno.



Abandonamos el comunismo  pero nos quedamos con sus tácticas y sus métodos, con su espíritu totalitario, adecuándolo a Occidente, a la situación actual, usando otro lenguaje con más posibilidades de éxito.

Yerran nuevamente en mi opinión los sectores derechistas que creen que un triunfo de Podemos supondría la implantación de una dictadura comunista al estilo clásico.

Iglesias y su gente no está por nacionalizar la economía, ni siquiera por salir de la OTAN. La única ideología real de Podemos es el poder por el poder-salvo que pueda llamarse ideología al peronismo y derivados-. Pero son brillantes en la táctica y conocen la historia. Han visto la debilidad de Sánchez, su necesidad de gobernar sea como sea para mantenerse como Secretario General de los socialistas. Sueñan con poder realizar lo que no logró el PCE en la guerra civil: destruir al Partido Socialista- dividiéndolo entre partidarios y contrarios al pacto-,  y además gestionar el capitalismo como Syriza y, eso sí, reforzar el aparato represivo y adoctrinador.



Situados entre cuatro partidos y sus líderes, a cual más engañosos y corrompidos-especialmente el PP sumido en una corrupción desbordante--, los españoles se encuentran en una situación tan delicada como aparentemente apasionante.

 No obstante, al final, se imponga quien se imponga, se hará lo que mande la Unión Europea.

Porque quien pierde en este juego de trileros es la sociedad, aunque quizá tendremos que reconocer que tenemos lo que nos merecemos. 

 Y es que dicen, para finalizar, que la historia siempre se repite, primero como tragedia y luego como farsa.

miércoles, 6 de enero de 2016

Los hermanos Karamázov

En el Teatro Valle Inclán hemos asistido a una magnífica representación de una de las obras más importantes de Dovstoievski, Los hermanos Karamázov.

Durante tres horas se despliegan ante el espectador las vivencias de una familia en la que se juntan todas las pasiones, deseos, maldades y alguna bondad. Un padre, magistralmente interpretado por Juan Echanove, hombre que ha logrado ascender en la escala social que martiriza a sus hijos y a cuantos le rodean, dominado por la violencia verbal y la lujuria; un hijo militar, parecido a él pero del que vamos descubriendo algunos rasgos positivos, pues, al fin y al cabo ninguno somos lo que parecemos, el bien esconde obscuridad en sus recovecos y, a veces, el mal oculta destellos de luz, destellos que el libre albedrío de la persona puede apagar para siempre o encender.



Como prototipos de la época aparecen el resto de hijos, de hermanos: el filósofo racionalista y ateo, espejo de los famosos nihilistas de la época, que enarbola la frase: "Si Dios no existe, todo está permitido"enamorado de la prometida de su hermano militar, que a su vez ama a la joven, deslenguada y manipuladora prometida de su padre, mujer que al final tampoco es quien parece ser. 

El joven monje, de espiritualidad elevada, amigo del perdón y la concordia, reflejo de lo más positivo del ser humano. Y, finalmente, el hijo bastardo, el criado para el padre y saco en el que descargar toda su ira, epiléptico y en apariencia deficiente mental, pero que finalmente resulta ser un hombre lúcido, deseoso del amor , la comprensión y la liberación del infierno en que vive.

En esta obra el autor refleja mucho de su interior tormentoso, pero también del de Rusia. Una sociedad sometida a autoridades crueles y despóticas, de religiosidad y virtud aparente, pero que escondía seres desdichados, caídos en todo tipo de vicios , alcohol, ludopatía -como Dovstoievski-, agresividad, violencia doméstica, hijos no legítimos...

Los Hermanos Karamázov es una obra muy dura, de personajes excesivos, de diálogos profundos y a la vez crudos, de odios y desprecios que ya no se ocultan tras los cerrojos de los cuartos y las mentes, sino que vuelan de boca en boca, de gestos en gestos, de puños en puños.

Las sombras del ser humano golpean a los espectadores una y otra vez, sin apenas descanso, sin apenas grietas en el tabique que dejen entrar algo de luz solar.

Solo al final, cuando parece todo perdido, cuando lo peor, lo más monstruoso, parece tomar forma definitiva y absorber totalmente a la desdichada familia es cuando, sin embargo, emerge una pequeña luz de esperanza y de redención, cuando en esas inhumanas sombras gigantescas se inicia la metamorfosis o, mejor dicho, el regreso a lo que alguna vez fueron de niños. Seres para los que el futuro era un campo luminoso y esperanzador.


martes, 29 de diciembre de 2015

Comunidad Española de Autogestión: un proyecto pendiente



En el libro de Heleno Saña Sindicalismo y Autogestión, publicado en dos tomos por el Movimiento Cultural Cristiano, nuestro apreciado autor hace un recorrido por el nacimiento y desarrollo de los sindicatos y el ideal autogestionario en su primera parte, desarrollando en la segunda unas propuestas más teóricas para renovar España-publicó su libro en los inicios de la democracia- en base a su ideario.

Es en esta segunda parte donde desarrolla un capítulo  titulado La comunidad española de autogestión. Partiendo del análisis del fracaso del socialismo totalitario del este y la imposibilidad de los partidos socialistas y comunistas de Occidente de salir del capitalismo, no teniendo de socialismo más que la etiqueta-y en mi opinión habiéndose ya pervertido totalmente lo que implicaba el socialismo en su sentido original-, así como analizando críticamente la obsesión de la sociedad de su época por lo mastodóntico, el Todo sobre las partes, debido al enorme aparato estatal y capitalista que tiene enfrente el individuo, que le hace creer  a la mayoría de las personas que si hay salida tiene que ser también mastodóntica, cayendo pronto en la pasividad ante el enorme esfuerzo que siente que tiene que hacer si se plantea enfrentarse al sistema ; en base, decimos,de estos análisis de partida, nos ofrece dar un paso consistente en crear grupos o pequeñas comunidades que tomando la construcción de una sociedad autogestionada como meta a alcanzar se organicen a nivel nacional, y a ser posible  a otros niveles más amplios, coordinando y potenciando al máximo la idea de autogestión tanto a nivel práctico como teórico.

Esta organización debería disponer  desde un Centro de Publicaciones hasta organizar conferencias, cursillos, Congresos, Seminarios e incluso un Banco.

Como aspecto quizás más interesante de las ideas que propone cabría destacar la creación de Grupos de Iniciativas laborales en fábricas, oficinas, talleres… dedicados a difundir el ideal y enfrentarlo a los grupos jerárquicos pero también Grupos de Iniciativas Cívicas en barrios, pueblos y aldeas proponiendo soluciones autogestionarias para problemas públicos que no suelen resolverse por parte de las diversas administraciones y partidos políticos.

Para él, esta Comunidad o Federación debe alejarse del sectarismo y participar activamente de la vida de la comunidad, sin miedo a debatir con los diversos actores sociales, sin aislarse en guetos.

Tenemos que reconocer que cuando hemos leído estas propuestas nos hemos sentido, por una parte, menos solos, pues alguien, desde el ámbito del mundo intelectual-pero desconocido, ajeno al ruido y las luces de neón publicitarios de tantos artistas y pensadores sometidos al Poder, o a los poderes, de izquierdas o derechas, de unos u otros partidos- escribió algo parecido, salvando los años, a lo que hace mucho tiempo que pensamos, pero ,por otra, pesimista, pues no se ha avanzado un solo paso desde nuestro sector ideológico-llámese libertario, autogestionario, comunalista, autónomo o como quiere etiquetarse, siempre que el ideal de sociedad sea el similar, o sea ,una en la que el poder no esté separado de ella- en levantar los cimientos de algo parecido.

Cierto es que a su propuesta le faltan varios aspectos que, lógicamente, desde su época, una época donde el crepúsculo de nuestro sistema de valores-especialmente el progreso económico infinito, el enriquecimiento material perpetuo de las sucesivas generaciones- no se percibía.

En este sentido tal Comunidad, Federación o Espacio tendría que dar preeminencia a lo práctico ante el desplome de nuestras sociedades, por tanto la recuperación y colectivización-en su sentido autogestionario, por supuesto, no estatal- de empresas, fábricas y campos, de forma voluntaria, y la creación de medios de producción propios, la reforestación como proyecto ecológico, la lenta y también voluntaria ruralización y reducción del tamaño de las ciudades, entre otras cosas, es algo ineludible.

Tenemos la ventaja, respecto a la época en la cual se escribió el libro que, hoy, todo está más claro.  



El sindicalismo de Estado, el que aceptó participar en el sistema, nada ha logrado y no tienen ninguna respuesta ante la crisis, pues difundió la cultura del dejar hacer y negociar para lograr pequeñas migajas, lo que ha traído consigo una mayoría de sindicalistas de mentalidad individualista y defensiva, para los cuales las palabras emancipación, autogestión, conquista de los medios de producción por los propios trabajadores y otras les suena a cosas de otros planetas.Pero ellos y ellas no tienen ningún proyecto más que el sálvese quien pueda ante el hundimiento del Titanic, o el voto ya apenas meditado a cualquier vendedor de crecepelo de la última hornada.

Lo mismo sucede con los Partidos. Desde la UCD a Ciudadanos y Podemos, todos hablan o hablaban de que son el cambio- no son imaginativos ni en eso-, pero en la práctica son maquinarias de ascenso de oportunistas y demagogos. Y es que partidos políticos y virtud son antónimos. Muchos ciudadanos se han agarrado a los llamados emergentes esperando la salvación, el verdadero cambio que no llega- ni llegará, porque el cambio verdadero va de dentro hacia fuera, y las sociedades que esperan que otro u otros les cambien sólo muestran que son esclavos en busca de buenos esclavistas-.

En no mucho tiempo, la ficción partidista, tan nefasta en dividir a las comunidades en bando irreconciliables-en realidad un mero juego del sistema, que necesita de la izquierda y la derecha para enfrentar a la población y por tanto controlarla mejor- se vendrá a pique, como ha sucedido hace poco con la gran esperanza que fue para muchos Syriza.

Ante esta situación queda en pie la defensa y construcción de una democracia de base, de una sociedad autogestionada. Pero, justo es decirlo, la idea queda aún lejana y tenemos los mismos vicios que el resto de la población: división, sectarismo, gueto, reclusión en el mundo propio…



¿Quiénes le pondrán el cascabel al gato?. De entrada, no estaría mal que como en la época que Heleno escribió su obra, se organicen unas Jornadas sobre Autogestión, donde puedan reunirse desde individuos sin la menor afiliación, a sindicatos libertarios, cooperativas integrales, gentes de ecoaldeas o de otros colectivos que, por encima de sus siglas y sus diferencias de estrategias y tácticas, retomen la propuesta de Heleno Saña, adaptándola a los tiempos actuales.

Necesitamos una Comunidad Española-o ibérica, o internacional- de Autogestión, que pueda ir formando una sociedad paralela, donde haya claridad de ideas y se disuelvan los miedos a salirse del sistema y las creencias ya derrotadas en los partidos y mesías salvadores. Que en ella se viva nuestra idea de democracia y pueda mostrar otro camino.


El sendero será largo, pero en el que todavía cree la mayoría de la población, con su falso realismo y su falaz pragmatismo conduce al precipicio, o, mejor, a donde quieran las verdaderas clases gobernantes. Hoy ha sido ascender unas siglas, pilotar desde la telebasura una segunda transición ante nuestras miradas bovinas. Pero, ¿qué podrán hacer mañana una vez hecha semejante demostración de fuerza?