domingo, 15 de diciembre de 2013

12 años de esclavitud




Steve McQueen nos acerca en la apasionante cinta 12 años de esclavitud a un tema , el de la esclavitud en Norteamérica, no por  conocido siempre interesante para la reflexión.

Y lo hace desde la experiencia real de Solomon Northup, un violinista negro y libre del norte del país que sufrió un secuestro y fue enviado junto con otros hombres, mujeres y niños de color a trabajar en las plantaciones del sur a principios del siglo XIX.

El mayor acierto de la película es que retrata con toda su crudeza la realidad de la vida de los esclavos en aquellas plantaciones, las palizas y latigazos que recibían de algunos de sus amos y de los supervisores, el miedo, el silencio y la resignación que se instalaba entre la población negra en un intento por sobrevivir, por alargar la vida todo lo posible, evitando levantar la voz, causar problemas.

Problemas que se agudizan en la vida del personaje protagonista, que se da cuenta de que tiene que ocultar que es una persona culta y formada, que sabe leer y escribir, pues hacerlo saber supone la posibilidad de tener mayores problemas, de recibir mayores castigos, en un medio donde se considera que todo negro tiene que tener una inteligencia mucho más limitada que un blanco y donde ninguno debe destacar, so pena de recibir todo el odio de los esclavistas o de los blancos que trabajan a su servicio.

Es de destacar el retrato que hace de las mujeres negras, algunas de las cuales eran elegidas por los dueños de la plantación para convertirse en sus amantes, lo cual a veces se traducía en la obtención de privilegios, pero en otros casos convertía su vida en un infierno aún mayor, al concentrar la ira de las mujeres blancas.

También retrata con profundidad la psicología de los “amos” y su entorno familiar y social; la existencia, en algunos, de sentimientos humanitarios y la brutalidad de otros que ahogaban en el alcohol su conciencia moral así como el uso de la religión para justificar la esclavitud, la superioridad racial de los blancos sobre los negros, pero también, paradójicamente, en la de quienes se oponían a aquella.

12 años de esclavitud es un retrato magistral de un tema tabú no sólo en la historia de los Estados Unidos, sino de muchos otros países del mundo que muestra que nadie está a salvo de ser sometido a las mayores injusticias aunque se crea a salvo, especialmente aquellos que por su color, sus ideales o su condición sexual difieren de la mayoría de la población.


domingo, 8 de diciembre de 2013

Vivir es fácil con los ojos cerrados



 En la España de los sesenta, con el franquismo en lenta decadencia, tres personas de diferente condición, pero unidas por sus inquietudes, por sus ansias de libertad, se cruzan en las carreteras de nuestro país.

Un profesor de inglés, poco amigo de los métodos autoritarios, del reglazo y el bofetón a los alumnos del colegio de curas donde imparte clases, enamorado de la música de Los Beatles y que prepara un largo viaje a Almería con la esperanza de poder ver a John Lenon, donde éste se ha desplazado para reflexionar y participar en un rodaje y dos jóvenes rebeldes, un chico y una chica, escapados de sus casas.

En el viaje encontrarán la amistad, se comprenderán y apoyarán mutuamente y conocerán otros pueblos, otras ciudades , otras gentes, con los claroscuros de la España de la época, la del desarrollo, pero donde todavía podían encontrarse numerosas bolsas de pobreza y un fuerte atraso en algunas regiones del país.

 Se toparán con algunos de los derrotados de la guerra, que viven su exilio interior, silencioso, anhelando una nueva España, pero también la España negra, la de quienes ven con desagrado y se burlan de los que traen nuevos aires, nuevas modas, nuevas estéticas ,aunque retratados con humanidad, sin visiones maniqueas.

Vivir es fácil con los ojos cerrados nos presenta la vida de gente sencilla, con sus sueños e ilusiones, alejada de heroísmos, que anhelan vivir de otra manera, respirar otro aire, poder ser ellos, no lo que quiera la sociedad, sus familias, su entorno.

La película, cierto, tiene algunos de los tópicos esperados, como el descubrimiento del sexo y el enamoramiento, peca, quizás, de un exceso de optimismo y de cierta blandura en la presentación de los conflictos de fondo que experimentan los protagonistas.

Con todo se trata de una película sencilla, melancólica, con protagonistas que nos resultan cercanos y entrañables en sus aspiraciones y fracasos por todo lo cual nosotros recomendamos verla, aunque sólo sea por Javier Cámara, uno de los mejores actores de nuestro país que engrandece toda película en la que participa con su sentido del humor y la profunda humanidad con la que dota a todos sus personajes.



sábado, 7 de diciembre de 2013

El malentendido





En las Naves del Matadero se está representando una interesante obra del escritor y premio nobel Albert Camus. Escritor de origen argelino, huérfano y de familia muy humilde, hombre apegado siempre a la justicia, defensor del honor, la ética, la verdad y la dignidad, un solitario y solidario, como se definió en alguna ocasión y muy cercano en sus ideas y forma de entender la vida de quien esto escribe.

Tuberculoso, su prematura muerte en un absurdo accidente de tráfico, no le impidió dejarnos una serie de textos, tanto novelas como teatrales donde reflexiona sobre la condición humana y sus problemas, problemas que estallaron de forma dramática durante la primera mitad del siglo veinte, con las guerras mundiales y civiles., como la española-país que siempre llevó en su corazón, defendiendo a los republicanos exiliados españoles y llegando a escribir algunos artículos para la prensa anarcosindicalista de los desterrados-, las dictaduras, el problema colonial y otros conflictos que provocaron millones de víctimas.

El malentendido, inspirado en un caso real, nos cuenta el regreso, tras veinte años de ausencia de un hombre, al país y a la casa donde se crió.

Soñando con darles una alegría, con llevar a su madre y hermana la felicidad que no tienen en un país europeo triste, lluvioso y empobrecido-nunca se dice el nombre- decide sorprenderlas mientras busca las palabras más adecuadas para expresar sus sentimientos, su afecto en una visita sorpresa.

Pero lo que parece llevar un camino de alegría, se va tornando tragedia al descubrir el espectador cuáles son las actividades a que se dedican madre e hija, que sueñan con abandonar aquella lúgubre tierra, aquellos pesados muros, aquella pesada carga de habitar un lugar en el que no pueden encontrar la  felicidad, el amor, la libertad, la prosperidad.

En esta obra aparecen algunas de las reflexiones de Camus que podemos ver dispersa en todos sus libros, como la soledad, la justicia, la muerte, los sueños, los deberes, la tragedia de ser seres pensantes, siempre angustiados por tomar una u otra decisión, por no equivocarnos, la intuición de que la verdadera felicidad es, en el fondo, el ser seres inertes, como piedras o guijarros, que nunca se ven asaltados por el tormento de reflexionar.

La sensación de que la muerte es el verdadero descanso, el fin de la tragedia del existir. Pero también, y fundamentalmente, El malentendido nos acerca al dilema moral, a la elección del mal o del bien, a la aceptación o rechazo de que el fin justifica los medios.

Dura y trágica, recomendamos acercarnos a ver esta obra de teatro aunque al final salgamos acongojados, sin rastro de felicidad ante lo que se va desplegando ante nuestras miradas, pero que nos hará reflexionar sobre la vida y sobre la muerte , sobre si ésta última no puede ser, en última instancia, un bien, tras el dolor implícito en toda existencia racional.


domingo, 1 de diciembre de 2013

El libro de los condenados





Escrito en 1919, tanto este libro como otros de Charles Fort, desconocido en España, suponen el inicio de un tipo de literatura que fija sus ojos en los casos extraños, en lo maldito y apartado por la ciencia, aquello que chirría a las mentes racionales y ordenadas del mundo moderno.

Y, sin embargo, no debe confundirse a Fort con el típico aficionado o investigador de lo que se llama parapsicología. Para nosotros no cabe incluirlo en ese grupo de estudiosos de hipotéticos casos de espíritus, poltergeist, demonios y demás.

No, podemos definir a Fort como un, si cabe el concepto, parapcosmólogo. Y también como un precursor, un adelantado, de la llamada ufología.

De rostro bonachón, regordete, con gafas y bigotes de morsa, su apariencia convencional escondía un crítico de los métodos de la ciencia, de sus intentos por ocultar o burlarse de lo que escapaba a su control, de aquellos fenómenos que se salían, nunca mejor dicho, de madre, y no podían ser asimilados y explicados por la mentalidad cartesiana.

De profesión periodista, hombre muy inquieto, empezó por desear escribir una novela, idea que abandonó para acumular miles de notas sobre todo tipo de temas, estudiando todas las artes y las ciencias, sobre todos los fenómenos conocidos, para encontrar un orden, una ley cósmica. Él rechazaba la idea de que vivíamos en un mundo compartimentado, en un mundo de celdillas, y pensaban que se necesitaba una interacción de todas las disciplinas.

Adelantándose muchos años a los científicos que desde Einstein a Michio Kaku y otros han buscado una teoría del todo, la unión de lo micro y lo macro-de momento sin resultados- Fort sostenía que, para una mente superior, los objetos no son más que constreñimientos locales fundiéndose los unos con los otros en un gran todo global. Pensaba, quién sabe si con razón, que vivíamos una pseudo-existencia, de la que sólo se pueden sacar pseudo-conclusiones, basándose en pseudo-informes.

El libro de los condenados es un alocado y maravilloso libro en el que plasma todas sus miles de notas, recopiladas casi todas de revistas científicas-es decir, usaba la misma ciencia para refutar su visión de las cosas- sobre temas absurdos, desde las famosas lluvias de ranas, peces y pájaros, a otras más extravagantes como sangre, pasando por sustancias gelatinosas, caídas de trozos de hielos en cielos despejados, algún extraño animal, caída de sustancias sulfurosas, de piedras aparentemente trabajadas y con inscripciones en un lenguaje desconocido, de trozos de hierro o metal, de carbón…

Recopiló casos de encuentros con objetos o construcciones de enorme tamaño, y sus contrarios, hachas o ataúdes de dimensiones minúsculas. De lluvias localizadas en un espacio muy limitado, por ejemplo cita un caso de una lluvia de varios días, a intervalos irregulares, con cielo despejado, entre dos árboles de una calle.

Y, como no, de objetos luminosos que recorrían nuestros cielos, u observados por astrónomos, así como de oscuridades repentinas en pleno día, en algunas zonas o regiones del mundo que no correspondían a ningún eclipse.

Sus hipótesis arriesgadas, que tampoco podemos asegurar que en algún caso no fueran un intento de escandalizar a la ciencia de su época, más que a otra cosa, sostenían caídas de animales de lo que el llamaba el Supermar de los Sargazos, o supuestos ríos, lagos y estanques situados por encima de nuestras cabezas, frente a la idea dominante de que eran animales levantados por torbellinos o trombas. Creía que, las caídas de materiales como hierro, carbón, piedras pulidas…podían proceder de aeronaves o superconstrucciones de otras civilizaciones, así como ser estas superconstrucciones responsables de los casos de oscuridades repentinas.

Charles Fort creía que civilizaciones de otros mundos nos habían visitado y continuaban visitándonos, respondiendo a la eterna duda de porque no han contactado con la cruda pero quizá acertada respuesta de que si nosotros no intentaríamos civilizar patos, vacas, gallinas y cerdos, esos otros seres no tendrían gran interés tampoco en darse a conocer . A lo sumo podríamos ser objeto de distracción y entretenimiento.

Pensaba que estas civilizaciones eran de muy diversa procedencia y tamaño, desde gigantes hasta enanos, pues para él la respuesta de la ciencia al descubrimiento de hachas diminutas, sosteniendo que eran creadas para los niños, es una idea absurda.

Sostenía la existencia de campos de hielo y campos gelatinosos en el espacio, lo que explicaría la caída de meteoritos con sustancias gelatinosas, o de aerolitos, e incluso las lluvias localizadas y con tiempo despejados tendrían esa explicación: la de bloques de hielo estacionados durante un tiempo en una zona, fundiéndose lentamente.

Lógicamente, si bien algunas de sus ideas creemos que pueden ser válidas, como las relacionadas con visitas de naves de otros mundos, tanto en el pasado como en la actualidad-si bien reconocemos que se necesita la prueba definitiva- otras son casi imposibles de sostener, como el Supermar de los Sargazos.

Pero creemos que Fort estaría muy contento si pudiera conocer la gran apertura de la ciencia y sus estudios sobre la física cuántica y la probabilidad de la existencia de otras dimensiones y otras realidades paralelas a la nuestra. Quizás, en vez de en el Supermar de los Sargazos nos saldría con la posibilidad de que seres u objetos de realidades paralelas salten a la nuestra. Quién sabe.

Nosotros tenemos que reconocer la atracción que ejerce su figura y sus estudios en nuestra vida .Siempre recordaremos cuando, una noche de verano, estando veraneando en la playa, sentado tranquilamente con mi padre en la terraza de un apartamento-allá por el año 80, siendo un crío- observamos boquiabiertos pasar una especie de bola luminosa, de un tamaño nada despreciable, entre los edificios.

Durante años pensé que se trataba de un meteorito. Hoy no sabría que decir. Quizás entre la explicación ultracientífica de que podría ser un cohete de feria y la imaginativa de Fort de un objeto de otro mundo, la realidad, o como diría Fort la cuasi realidad de nuestra cuasi existencia, sería que ni lo uno ni lo otro.

En fin, que vaya usted a saber lo que era y de dónde procedía esa curiosa bola de “fuego” o luminosa-que curiosamente Fort cita en su libro-.

Quisiera despedirme con un par de surrealistas frases de su libro, al inicio del capítulo uno, cuando hace la presentación del texto: “las putillas brincarán, los enanos y jorobados distraerán la atención, y los payasos romperán con sus bufonadas el ritmo del conjunto. Sin embargo el desfile tendrá la impresionante estabilidad de las cosas que pasan, siguen pasando y no dejan de pasar”.

Pues nada, pasen, vean y disfruten del espectáculo.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Sobre el capitalismo y sus críticos.




 En tiempos de crisis prolongada como la que padecemos es frecuenten que se asomen, si bien tímidamente, teniendo en cuenta la época de conformismo generalizado y desaparición de todo pensamiento realmente alternativo, los críticos del capitalismo.

Los recortes, la pérdida progresiva del nivel de vida, el aumento preocupante de la pobreza con el progresivo deslizamiento de nuestro país al segundo mundo provoca, en algunos sectores sociales, una supuesta contestación al sistema económico imperante.

Pero en nuestra opinión no hay un verdadero entendimiento respecto a lo que es el capitalismo en última instancia y, por tanto, lo que podría ser una salida anticapitalista.

Generalmente, quizás simplificando un poco, tenemos la sensación de que se identifica capitalismo con la explotación, el abuso y la obtención de plusvalía por parte de grandes empresas, multinacionales o la banca y poco más. De ahí que cuando leemos las propuestas de las izquierdas, de los que se etiquetan como anticapitalistas o propugnan lo que ellos llaman socialismo, encontremos poco más que críticas a la Troika, a los bancos y los desahucios, a Merkel, propugnando, todo lo más, la nacionalización de la banca, la implantación de la tasa Tobin, la salida del euro…

Pero el capitalismo es mucho más que eso. El capitalismo es, en su raíz, un sistema de desigualdad de poder, y por tanto una forma de autoritarismo con características propias, que difiere de otros despotismo en su búsqueda de la expansión y el crecimiento ilimitado, la conquista de nuevos mercados, la mercantilización, la competitividad y la cosificación de los seres humanos como productores y consumidores entre otros aspectos así como el desarrollo de la neoesclavitud, la del trabajo asalariado, al convertirnos en mercancía a la que usar y tirar.

Su éxito, pese a sus crisis cíclicas, y su triunfo frente al marxismo, por ejemplo, está basado en que supo ser más eficaz que éste, en el terreno económico, en que no destruye totalmente la iniciativas individuales o sociales y en que, en general no va indisolublemente unido al uso del terror y las matanzas, como sí sucedía con los Estados marxistas de todo el mundo.

El capitalismo, poco a poco, sin grandes forzamientos, ha logrado inocular el virus temible de su cosmovisión humana y de la vida, basada en el egoísmo, la destrucción lenta y progresiva de las redes comunitarias y solidarias horizontales, la idea de que el dinero y la riqueza material debe ser la idea fundamental a buscar por la gente, así como la de creer que la delegación y la jerarquización de toda actividad es inevitable, pues el autogobierno individual y colectivo es una utopía de mentes soñadoras o locas.

El marxismo o socialismo de Estado, especialmente el leninismo y sus derivados totalitarios y terroristas de estado, como el estalinismo, el maoísmo, el castrismo, el guevarismo, el pol potismo y otros, pese a su idea de crear un hombre nuevo, fracasaron en su sueño, y sólo lograron mantenerse en el poder aterrorizando a las poblaciones sobre las que reinaron.

Paradójicamente, ha sido el capitalismo, mucho más inteligente, el que ha logrado crear ese hombre nuevo, ese “homo económicus”, esos seres motivados por el espejuelo del dinero y los cachivaches tecnológicos con los que contentar a sus súbditos, como a los bebés con los chupetes. Y es que frente a la tosca propaganda doctrinal de los regímenes marxistas, el capitalismo en esto también es mucho más inteligente, pues su propaganda se basa en la publicidad, en crear necesidades materiales continuas, en vender la moto de que la felicidad está en la posesión de más bienes, más propiedades, lo que explica también su enorme éxito

Sin embargo, si analizamos el capitalismo y observamos cómo están organizadas nuestras sociedades y cómo vivimos personalmente, nos damos cuenta, por ejemplo, de que las empresas y las organizaciones económicas de éste, son estructuras piramidales, donde unos mandan y otros obedecen, donde unos pocos deciden y el resto obedece.

Es decir la estructura capitalista se basa en la dominación y la asimetría de poder, pues es evidente, para cualquiera sin anteojeras ideológicas del tipo marxista, que la plusvalía es posible porque unos mandan y otros obedecen, y que la explotación es factible por el mismo motivo, por la división en amos y siervos.

La organización del capitalismo es un calco de la del Estado, que es otra estructura de poder vertical, creadora en un momento de la historia del capitalismo.

En este sentido es una ficción aquellas visión que pretende enfrentar Estado y capital, pues ambos se necesitan y apoyan mutuamente, más allá de visiones ideológicas que pretendan reforzar o adelgazar el poder estatal.

Por tanto, una visión que pretenda seriamente abandonar el sistema capitalista, debe estar basada en la destrucción de las formas de vida y organización basadas en la desigualdad de poder. Es decir en desarrollar la gestión colectiva  e igualitaria de los asuntos políticos, económicos y laborales, lo que no significa que haya asuntos que requieran de especialistas, pues lógicamente no va a construir un puente o un avión quién no tiene idea de esos temas.

Pero se trataría, en esos casos, de una autoridad natural, temporal, que no implica dominación ni privilegios. Pues al fin y al cabo una obra no puede realizarse sin la labor de los obreros, valga la redundancia.

Una verdadera alternativa supone reconstruir las redes horizontales de solidaridad y apoyo mutuo, donde son los mismos interesados o la misma sociedad la que toma sus vidas, su organización en sus manos. Quienes pretendan que el anticapitalismo supone que todo o mucho pase a manos del Estado, se equivoca rotundamente.

Lo estatal, no es lo público. Lo verdaderamente público es lo comunal, lo colectivo, de lo que se encarga la colectividad, no una minoría dominadora, ni privada ni estatal.

Abandonar el capitalismo supone tener como meta la eliminación progresiva del trabajo asalariado, base esencial del capitalismo, pues a través de este se logra mantener la opresión de unos sobre otros, y destruir la verdadera libertad, tanto la individual como la social.

Un verdadero anticapitalismo supone una información transparente, al alcance de todos y una educación no adoctrinadora sino basada en el pensamiento y la reflexión.

Por tanto el verdadero anticapitalismo sería aquel que propugnase una sociedad autogestionada o autogobernada, es decir organizada de abajo arriba.

¿Es esto lo que propugnan los anticapitalistas o las izquierdas políticas y sindicales?. Para nosotros es evidente que no. Desde el centroizquierda a la llamada extrema izquierda, lo que se propugna, a veces con la etiqueta de socialismo o comunismo, es un capitalismo popular. Es decir una sociedad de consumo y despilfarro con un Estado más fuerte, donde hayan buenas prestaciones.

En última instancia el sueño de las izquierdas es conseguir buenos amos, buenos explotadores. Pero ese es un camino que para nosotros no conduce a nada positivo, a nada realmente constructivo.

El capitalismo no está muriendo, se está reconstruyendo, por la sencilla razón de que no tiene ninguna oposición realmente seria, sino una multitud que sólo ansía ser oprimida y esclavizada de manera más suave, recibiendo mayores migajas.

Pero es de cajón que, en un sistema basado en la desigualdad de poder, las clases o grupos dirigentes tienen la sartén por el mango, y acabarán imponiendo sus políticas, a veces contentando a un mayor número de personas y otras veces no, como estamos viendo en los últimos años.

En la situación actual el capitalismo apetece de nuevos mercados, nuevos países emergentes, mano de obra más barata para salir adelante, para que su tren no pare, más en una situación delicada, con Occidente en quiebra y con algunos países emergentes también en situación complicada.

En ese sentido aquellos y aquellas que, de buena fe, luchen por volver al pasado, a tiempos de mayor abundancia-aunque de aquellos polvos estos lodos-, tienen la batalla perdida, y nos arrastrarán con ellos al pozo.

Seamos capaces de decir adiós a las izquierdas, admitiendo el elemento positivo que han tenido y tienen y construyamos un nuevo ideario, una nueva cosmovisión de libertad igualitaria y desarrollo moral y espiritual, para no ser atrapados por las redes del materialismo opresor.

Y, para finalizar, reflexionemos con una frase de Epicteto: “Quien se hace esclavo de los hombres se hace antes esclavo de las cosas”. Escrita hace casi dos mil años, esta brillante frase dice muchas cosas de lo que nos ha sucedido.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Caníbal

Desasosegante y a la vez brillante y original película del director Manuel Martín Cuenca, de quien recordamos el sensible y poético film La flaqueza del bolchevique.

En Caníbal, da un giro radical en el registro presentándonos a un sastre granadino, pulcro y enamorado de su trabajo que esconde tras su vida monótona y solitaria un brutal asesino en serie, que mata, descuartiza y devora a mujeres jóvenes por las que siente un profundo deseo.

En la historia no se cuenta nada de cuando comenzó su truculento historial, del por qué, de su pasado. Sólo sabemos que en el presente vive solo, pues los padres murieron y no tiene ningún hermano o familiar y que parece tener grandes dificultades para relacionarse con el sexo opuesto.

Antonio de la Torre, el actor que representa al sastre, está magnífico en su retrato del personaje. Sus silencios, la soledad en la que vive, su carácter taciturno y cerrado al contacto con el prójimo, lo que contrasta con el profundo amor que siente a su trabajo, a su profesión, siendo uno de los sastres de mayor prestigio de la ciudad.

Pero no es sólo el retrato del brutal asesino lo que destaca de la película, también es llamativo la belleza de algunos de los paisajes que muestra, especialmente los de la montaña, los de Sierra Nevada, donde el protagonista dispone de una bonita y solitaria cabaña a la que lleva a sus víctimas para trocear y luego, ya en su casa, devorar con un vaso de vino en una imagen impactante por la serenidad total con la que actúa, con la que mastica la carne humana.

También son de destacar planos como el inicial, el de la gasolinera, cuando fija su mirada en una mujer a la que devorar, o el de la playa, cuando otra desafortunada se cruza en su camino.

Sin embargo su vida da un giro inesperado cuando  dos mujeres irrumpen en su monotonía sangrienta, dos hermanas rumanas, muy diferentes en comportamientos, en actitudes.

Y aquí Caníbal nos muestra las dudas del monstruo, del psicópata, enfrentado al sentimiento del amor, al enamoramiento, a la apertura al mundo exterior. ¿Qué puede suceder cuando un ser sin escrúpulos, un desalmado, se enamora?. ¿Puede existir o no la redención, hay cambio posible?.

Caníbal es, pese a la truculencia de la historia, una película reflexiva, que evita el recurso fácil a la violencia visual, donde se intuye más que se ve, que nos incita a pensar sobre el mal, pero también sobre el sexo, sobre la soledad, sobre las relaciones entre hombres y mujeres.

Es para nosotros una pequeña joya del cine español que merece verse.




viernes, 1 de noviembre de 2013

Contra la perfección. La ética en la era de la ingeniería genética




Interesante libro escrito por el profesor norteamericano Michael Sandel en el que se reflexiona sobre las esperanzas y las amenazas de la ingeniería genética.


Los avances en esta ciencia y la posibilidad tanto de curar enfermedades como de acabar clonando seres humanos o crear personas a la carta hace que sea imprescindible meditar sobre un asunto que puede tener graves consecuencias en un futuro no muy lejano.


El autor nos sitúa claramente ante los dilemas morales, presentando las posturas a favor y en contra de la manipulación genética, la de quienes consideran positivo mejorar a los seres humanos en todos sus aspectos, desde la inteligencia hasta la altura, la fuerza física, la salud… y la de quienes lo consideran negativo, pues consideran, por una parte, que se podría dañar la autonomía, libertad e igualdad entre los seres humanos, con el peligro de llegar a crear granjas de embriones a los que manipular o dividir a la población en dos castas, la de quienes tuvieran medios para crear hijos a la carta, y la de los que no los tendrían.


Sin embargo para Sandel la crítica a la ingeniería genética en lo que no sea cura o mejora de enfermedades no debería centrarse en la falta de autonomía o equidad, argumentos habituales en sus oponentes sino en los de la defensa del don frente al dominio.


Reflexionando sobre varios aspectos relacionados con el tema, como el dopaje en el deporte  y el uso de crecientes métodos para optimizar el rendimiento frente al esfuerzo y los dones naturales; la presión de muchos padres para que sus hijos rindan cada vez más en sus diversas actividades, el creciente uso de drogas con los que se trata a los niños,-lo que para nosotros supone un peligro creciente, pues supone ni más ni menos una mentalidad de padre diseñador y de hijo diseñado, disfrazado de amor y deseo de felicidad y éxito para sus descendientes- y la extensión de la nueva eugenesia, que no propugna la esterilización forzosa o exterminio de diversas capas sociales consideradas inferiores, sino la manipulación en nombre de la mejora general de la especie o de la mejora de la competitividad laboral o económica, en principio de manera no coactiva;  el autor considera, como hemos dicho más arriba, que lo que realmente y con más argumentos cabría oponer a la manipulación genética sería la defensa de valores como la humildad y la solidaridad y la visión de la vida como un don.


Para el autor, en un mundo que prima o valora el dominio y el control, la crianza debería ser una cuestión de humildad, de apertura y respeto a lo recibido, a eliminar las ansias de control, muchas veces realizadas con el argumento de lograr la mayor felicidad y bienestar de los hijos.


De manera ingeniosa, Sendel sostiene que el control genético destruiría los lazos solidarios, pues las personas que pudieran costearse buenos genes no querrían compartir ningún seguros o sistema solidario de seguridad social con quienes no pudieran o quisieran usar las técnicas manipulación genética en sus descendientes.


Sólo una sociedad que valore los dones, su contingencia y la consciencia de que nadie es plenamente responsable de sus éxitos puede mantener ciertos vínculos solidarios y evitar una meritocracia cada vez menos compasiva


Por tanto el éxito de la ingeniería genética podría reflejar ,como dice al final de la obra el autor, la máxima expresión de vernos en la cima del mundo, de dominar la naturaleza, destruyendo nuestra apreciación de la vida como un don.


Al final del libro se incluye un epílogo en el que se argumenta en defensa de la investigación con células madre, propugnando, eso sí, tratar a los embriones con cierta consideración.


Por su interés y su amenidad en tratar sobre un tema de candente actualidad, recomendamos la lectura de Contra la perfección, echando en falta sólo una cosa, un mayor tratamiento del peligro y la amenaza real que supone que no sean las familias las que utilicen los avances en ingeniería genética para mejorar a sus hijos, sino el poder en última instancia; la conjunción de Estado y empresas que siempre buscará la mejor manera de manejar y manipular a los seres humanos para crearlos lo más sumisos y moldeables posibles, perfectos súbditos y consumidores.