sábado, 29 de septiembre de 2018

Reflexiones sobre el internacionalismo obrero y la espiritualidad como fuentes del verdadero cambio

Continua nuestro avanzar en la obscuridad, con noticias que para cualquier observador y caminante del presente traen malos augurios: lo último y más llamativo es la Fuerza Espacial que quiere crear los Estados Unidos para no quedar rezagados ante Rusia y China, que al parecer disponen de satélites "asesinos" y misiles capaces de destruir satélites. 

La probable guerra futura se librará en varios frentes, aparte de las tropas terrestres de toda la vida, las divisiones bélicas informáticas y las espaciales, para hacer caer las comunicaciones del enemigo. Probablemente también dispongan de nuevo armamento, desde el sónico hasta el creador de catástrofes naturales, pero eso lo dejamos de momento en la duda o la conjetura.

Enceguecidos por las fiestas y entretenimientos de la sociedad del espectáculo, las masas siguen siendo masas, perdida nuestra consciencia , atomizados y enfrentados unos contra otros; lo que llamaremos bases, son, sin generalizar pero no en pocas ocasiones, peores que los dirigentes, o que las  jefaturas que nos gobiernan.

Mientras las potencias mundiales buscan alianzas, desarrollar son políticas globales, con acuerdos y desacuerdos, reforzando las tres principales sobre todo su aparato militar, reconociéndose preparadas para la guerra ya, o en el futuro muy cercano, los don nadie nada hacemos, si acaso continuar soñando con salvadores electorales, centrados en nuestro ombligo, en lo meramente local, retornando incluso esa falsa y terrible esperanza llamada nacionalismo.

Esa idea suicida que que los oligarcas y explotadores locales son, por ser locales, mucho más cercanos a padres y madres protectores que los globalizadores, que al ser de otros países, nunca podrán amarnos de la misma manera, y nos arrebatan la soberanía nacional, o sea la soberanía de una clase opresora nacional, pues no otra cosa ha sido, es y será la llamada soberanía nacional. Puede cambiarse la llamada soberanía nacional por lo de la liberación nacional, que es lo mismo solo que en lenguaje más guay, más "alternativo".

Para que los dominados puedan empezar a ser una fuerza a tener en cuenta, tienen que actuar en un doble sentido: la recuperación de una conciencia de ser alienado, lo que supone escapar de las trampas del ciudadanismo, el nacionalismo y los populismos-por separado o mezclados en coctel letal- y la transformación interior.



La aceptación de ser un alienado, o en lenguaje crudo una marioneta de los diversos poderes, a través, hoy, de las televisiones fundamentalmente, pero sin excluir la prensa,también sostenedora de esa visión que divide a las potencias en buenas y malas, preparando el terreno para que nos dejemos matar como chinches en los campos de batalla-, requiere la búsqueda de un sentido profundo de la vida, y de una negativa por tanto a considerarnos estómagos andantes, gozadores y disfrutadores del cada vez menor tiempo libre que nos dejan quienes nos gobiernan, como escapatoria, cierto, de una vida infernal y esclava, que nos hace pensar en viajes, cenas y demás como evasión comprensible.

Las preguntas típicas y tópicas deben seguir en pie: Quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, sumándose la interrogación constante de si esto es lo que queremos, si la vida que llevamos es verdaderamente humana. La trascendencia, se crea o no en un Dios creador, debe estar ahí .

De lo contrario no habrá verdadero cambio, o el cambio será a algo mucho más nefasto, como vimos en los regímenes comunistas. El materialismo ateo, al cerrarse a esas preguntas, a esa trascendencia, es un elemento embrutecedor, deshumanizador. Cierto que la religión fue el opio del pueblo, y en algunas zonas del mundo, especialmente hoy en el islámico, lo sigue siendo. 

Como escribió el "anarcocristiano" Lev Tolstoi-en realidad él dijo que era cristiano, no anarquista, aunque compartía casi todo con ellos menos la violencia, y, por supuesto, el ateísmo- en La Ley del Amor y La Ley de la Violencia, entre fines del siglo XIX y principios del XX, el cristianismo no era más que el ropaje de una sociedad en realidad pagana-yo apuntaría que paganismo romano o griego, es decir el de las guerras y la esclavitud, reconociendo, por supuesto, las grandes aportaciones humanísticas, sobre todo del segundo-. Es decir que en la práctica el materialismo se comió también a las religiosidades, siendo elemento justificador de un Orden injusto y antievangélico, para cualquier lector de este último libro.

Esa transformación interior podemos llamarla sin vergüenza espiritualidad. Que para diferenciarla de esas corrompidas religiones-tampoco generalizo, hay gentes de las iglesias apegados al amor al prójimo dejándose la salud y el pellejo por el mundo, de manera probablemente más clara que la de los ateos y agnósticos-, brota de dentro hacia afuera, y busca la libertad de conciencia, la aceptación reflexiva y voluntaria de una fe, de una creencia, de una trascendencia, la defina como la defina.

Esa espiritualidad, que debe ver lo universal de lo humano-reconociendo diferencias particulares, pero haciendo hincapié en lo primero- debe fusionarse con lo que antaño se llamo internacionalismo obrero, renovado y superado el materialismo más o menos evidente de su teóricos más importantes del siglo XIX. En nuestra cultura, podría ser un cristianismo radicalmente renovado, vuelto al Evangelio, a esas fraternidades originales, que llevaran el apoyo mutuo, el amor o la solidaridad a la población sufriente, a ese abajo cada vez más destruido, más desolado y empobrecido.

Esta unión de espiritualidad y conciencia de dominado y explotado crearía un potente foco de luz, de lucha mundial, de intento, aunque fuera fallido, no importa, de frenar lo que se nos viene encima y lo que ya tenemos.

¿Hay o no tiempo?. Me inclino por lo segundo, pero la esperanza, aunque lúcida y contradictoriamente pesimista, es lo último que se pierde.








lunes, 10 de septiembre de 2018

Un enemigo del pueblo

En el Teatro Kamikaze se está representando una obra, de manera sumamente original, por su formato participativo, inspirada en el relato de Ibsen: Un enemigo del pueblo.

Un pueblo decide crear un balneario para hacer llegar el turismo y mejorar el nivel de vida de sus habitantes. Pero el médico del citado balnerario descubre la contaminación de sus aguas. Aquí empieza un debate sin salida fácil entre diferentes posturas: ¿decir la verdad, criticar el sistema, con las consecuencias de dejar al pueblo sin una importante fuente de ingresos, perjudicando a sus ciudadanos?. ¿Creemos realmente en la libertad de expresión?, ¿podemos decir siempre lo que pensamos sobre las cosas, aunque lleguemos a perjudicar a otros, incluso familiares y amigos?. 

Distintos personajes representan distintas posturas, planteamiento iniciales honestos y radicales cambian al enfrentarse a la cruda realidad y sus contradicciones: miedo a perder el empleo, por ejemplo. Lo más interesante de la obra es el debate sobre la democracia: ¿debe haber sufragio universal, o los ignorantes y a quienes sólo les interesan sus vidas privadas debería impedírselo?. 

¿Es lo que se llama pueblo una masa dañina, capaz de votar lo peor, y traer para todos nefastas consecuencias?. Aquí destacaría que el teatro deja la palabra a los espectadores sobre el voto, sobre la democracia .Yo tengo que decir que estuve a punto de intervenir, pero mi terrible timidez me impidió hacerlo. En mi opinión, todas las posturas escuchadas partían de una falacia: el voto libre.



Dejando aparte el carácter destructivo y dañiño para nosotros del sistema de partidos, máquinas para expoliarnos y dividirnos por todo-muy útil, por tanto, a la clase dirigente y a los nuevos aspirantes a serlo, naranjas y morados-, no hay voto libre. El voto está claramente teledirigido, y por tanto manejado por los medios televisivos del capital. Vamos, que la gente en su gran mayoría vota lo que la mandan. Antes dos opciones, ahora cuatro.

Por tanto una democracia seria requeriría, además de poner fin al sistema de partidos, o si se quiere porque suena más digerible al monopolio de tal sistema, los partidos estatales, salir del Capital, entendido éste como un tinglado mediático-empresarial que maneja nuestras vidas y dirige nuestras conciencias. Lo que supone, de paso, plantear cómo ir saliendo del régimen asalariado.

Proyecto sumamente complicado, pero sólo yendo a la raíz podríamos hablar de democracia. Lo demás, voto universal o restringido, democracia participativa-caldo de cultivo de caudillos-, mixta o mediopensionista es dar palos de ciego, es admitir, queramos o no, lo que nos dicta el régimen.

Esta es la opinión que no me atreví a dar en público. Supongo, claro, que hubiera causado una mezcla de rechazo, estupor y sorna entre los  asistentes.

sábado, 25 de agosto de 2018

Capitalismo terminal. Anotaciones a la sociedad implosiva

Estamos ante un texto brillante situado en la tradición de la autonomía obrera, de la corriente llamada consejista, en el cual se analiza la situación económica de las últimas décadas, el paso del capitalismo extensivo, especialmente el de la posguerra, los llamados treinta gloriosos, que favorecieron el desarrollo del Estado de bienestar como instrumento de encuadramiento y absorción de la clase obrera, la llamada paz social,al intensivo actual, cada vez más explotador y expropiador del patrimonio de la sociedad.

Para Corsino Vela el capitalismo, que más allá de la economía es una forma de relación social, cada vez más totalitaria, ha alcanzado sus límites, no tanto el ecológico, sino el social y el de crecimiento y aumento de los beneficios. Las contradicciones se han apoderado de él, ya no logra acumular beneficios para continuar expandiéndose tras la crisis, sino que vemos cómo la maquinaria va cayendo.

La terciarización de la economía con el desarrollo de la llamada economía de servicios, impulsa el trabajo llamado improductivo. Y aunque durante un tiempo la sociedad de servicios, de ciudadanos consumidores, y la financiarización de la economía, pareció ser eficaz como forma de absorber el excedente del trabajo industrial, logrando la pacificación e integración de los ciudadanos consumidores y hacernos creer en la bonanza de la ficción financiera, de las bolsas, tal situación ha tocado a su fin con la crisis iniciada en 2007-2008.



Las respuestas que ha dado el régimen del capital para invertir la situación, están fracasando. La subcontratación, la mencionada terciarización, la reducción salarial, la respuesta tecnológica con la robotización, e incluso la respuesta espacial-ciclos productivos en China y sur de Asia-, no están consiguiendo el aumento de beneficios, de la rentabilidad.

De ahí que para Corsino nos encontremos ante la fase terminal del capitalismo. El libro muestra ejemplos de sectores como el automovilístico, o el logístico, adquiriendo éste gran importancia en los últimos tiempos, mostrando sus contradicciones, como el aumento del gasto,por su carácter global, pese al intento de reducir costes, y la debilidad que implica que huelgas en ese sector, por ejemplo, puedan dañar gravemente todo el aparato del ciclo productivo.

De especial interés es la última parte del libro, donde habla de la gestión democrática del colapso. 

Señala la crisis de lo que él llama democracia de consumidores, en realidad una ficción sometida al dominio del capital, en última instancia, y el fracaso de los nuevos reformismos, la llamada nueva izquierda, en realidad una socialdemocracia demagógica que en una situación de caída del capital, de sus beneficios, ya no puede lograr nada.

Los ejemplos de Syriza en Grecia, y Podemos u otros parecidos en España, son ejemplo claros de esa ficción o ilusión reformista, de ese camino a ninguna parte, pues ya no hay apenas dinero para repartir, descomponiéndose junto con el capital el Estado de bienestar. Salvo para los dirigentes de esos grupos, claro, que podrán enriquecerse y acumular un buen capital durante un tiempo, ya que hablamos de capitalismo.

La propuesta final de Corsino Vela, como ya se ha señalado, es la autoconstitución de la clase obrera, el reconocimiento de la población proletarizada de su situación, de lo que somos realmente, y constituir una clase autónoma, con sus propios valores, contraria a los partidos y al sindicalismo de concertación, incluso siendo crítica con el modelo sindical - pues con la precarización, el paro y el empleo temporal ni siquiera es apenas posible el sindicalismo tal como lo entendemos, aparte del límite histórico de este movimiento de no salir, salvo en algún sector como el sindicalismo revolucionario, de reclamaciones salariales o de horarios-, siguiendo el ejemplo de la Primera Internacional y su lema: "la emancipación de los trabajadores es obra de los propios trabajadores".

Necesitamos retomar un verdadero antagonismo, una lucha autónoma, una ruptura con las instituciones, con el Orden, pues de lo contrario no tendremos ningún futuro.

https://soundcloud.com/traficantesdesue-os/capitalismo-terminal-apuntes-a-la-sociedad-implosiva

viernes, 17 de agosto de 2018

La sabiduría del desierto. Dichos de los padres del desierto del siglo IV

Interesante libro que nos lleva a un mundo hoy olvidado y desconocido. El de los eremitas del siglo IV, aquellos hombres y mujeres que abandonaban las ciudades y marchaban al desierto a encontrarse a sí mismos, a buscar la salvación, lejos de una sociedad con la que no compartían valores, que les convertía en alguien que no eran ellos, sometidos a coacciones que ocultaban la verdadera realidad interior, que desvirtuaba la forma de vida evangélica, pese a haberse declarado el cristianismo religión oficial del Imperio.

La salida buscada era, inicialmente, individual. Y decimos inicialmente porque, en realidad, pese a la imagen típica del ermitaño como individuo aislado de todo y de todos, encontramos que junto al silencio, meditación y oración, necesario para purgarse interiormente, había un tipo de comunidad. 

Peculiar, si se quiere, pero comunidad al fin y al cabo, donde la hospitalidad, la caridad, los consejos, las reuniones ocasionales, la vida en común entre el "abad" y el noviciado, por ejemplo, estaba presente.

Es más, aunque los Padres del desierto practicaban el ayuno y los ejercicios ascéticos, por encima de ellos estaban las buenas obras. No eran por tanto los ermitaños individuos aislados. Comprendieron, de manera lúcida, que para encontrar al prójimo hay que encontrarse a uno mismo, abandonar la vida de las ciudades con sus prejuicios sociales, sus ataduras al que dirán, a las convenciones. Eran, en el fondo, con sus límites y defectos, los viejos eremitas hombres libres, que trabajaban manualmente, vendiendo sus productos en el mercado, y viviendo una vida materialmente muy modesta.

Los Padres del Desierto no se oponían a la nueva Iglesia, pero permanecían alejados de las disputas teológicas, pues eran lo suficientemente humildes para saber que no tiene mucha lógica disputar sobre la naturaleza divina. Ellos buscaban el encuentro personal con Dios, la unión con Cristo en el silencio. Pero tenemos el convencimiento de que si la tradición eremítica se hubiera mantenido, tarde o temprano habría estado en el punto de mira de la Iglesia, como llegaron a estarlo los místicos.

Comprendían los pecados y debilidades humanas, y los más conscientes entre ellos se negaban a condenar al prójimo, incluso a denunciar a quienes les robaban,como sucedía en ocasiones, considerándose pecadores, y buscando devolver mal con bien.

Aunque para muchos el ermitaño sea una figura de la que no se puede aprender nada, una sombra de un pasado inservible y caduco, como un viejo cachivache, a mí me parece todo lo contrario.

En una civilización del ruido, de las prisas, del culto al estar haciendo cosas, entrando y saliendo, el ejemplo de los eremitas es más de actualidad de lo que parece.

También puede servir de ejemplo a quienes hablan de lograr una sociedad convivencial-lo que un viejo y verdadero cristiano llamaría una comunidad de amor-, en el sentido de que contaminados como estamos de falsos valores, de competencia, de tecnología, de egocentrismo, de un falso yo, intentar una aventura colectiva de convivencia y hermandad, es construir la casa por el tejado.

Primero toca el cambio interior, el encuentro con uno mismo, la huida, en la medida de lo posible, del mundanal ruido. Tras ello, viene el encuentro con los otros, la lucha por una nueva sociedad, donde la explotación y la dominación no tienen lugar, pues el otro es un reflejo de uno mismo, no un objeto, como sucede en nuestra civilización decadente.



Si alguna vez el cristianismo quiere volver a su esencia, ser una espiritualidad de amor entre los hombres, de servicio de unos a otros,y por tanto ser punta de lanza de un verdadero cambio social-el capitalismo es incompatible con el ideal del Evangelio- ,  el ejemplo de los Padres del Desierto sería algo a tener en cuenta.

No digo que sea necesario que millones de hombres vayan a los desiertos o a las altas montañas, pues las repeticiones mecánicas no son positivas, pero sí es necesario conjugar el encuentro con uno mismo, buscando el verdadero yo, en un clima de silencio, con el encuentro con el prójimo en pueblos y ciudades. 

Quizás, en algún momento, un nuevo cristianismo renovado tendrá que decir adiós a la reclusión en Iglesias y Monasterios, con sus rituales mecánicos y sus normas moribundas, para constituir pequeñas comunidades , mezcla de silencio y actividad altruista con el resto de la sociedad, que por sus obras logre ser un ejemplo a seguir. Como los padres del Desierto, sin discursos, sin grandes palabras, sin prédicas grandilocuentes y misioneras.

Sólo dando la mano y aconsejando, como los hombres y mujeres libres, y viviendo de su propio trabajo, trabajo también libre.

lunes, 23 de julio de 2018

Riesgo de suspensión de pagos en España

Frente al silencio oficial e incluso la fanfarria de que la economía va viento en popa, en youtube se pueden encontrar algunos vídeos que explican con sencillez y amenidad la realidad detrás de la cortina, de la ficción del crecimiento económico. Lo que se nos viene encima si el BCE pone fin al Programa EQ, mediante el cual se compraba la deuda de nuestro país a un interés prácticamente cero.

También, gracias a vídeos como éste, podemos barruntar el porqué-o uno de los porqués- de las medidas que quieren aplicar las viejas y nuevas   izquierdas del capital, ahora en el poder, fundamentalmente la enorme subida de impuestos.

Por interés, y porque es nuestro deber conocer la verdadera realidad, por negativa que sea la imagen que nos refleja el espejo, subo el mencionado vídeo para la reflexión.

Eso sí, como dice el autor, pese a la amenaza que se nos viene encima, el futuro no está escrito, y las medidas podrían posponerse.


domingo, 15 de julio de 2018

Reflexiones sobre la era de la telecracia y las movilizaciones dictadas por las autoridades: la guerra, ha terminado

Andaba el otro día meditando sobre chorradas, como casi siempre, recordando una vieja consigna que no logro situar exactamente en el tiempo, años ochenta o noventa, la memoria falla ya en un cuarentón. Este lema,  era el siguiente: "Televisión, manipulación". Viene esto a cuento porque trataba de recordar si lo mortecino de las protestas actuales, sus consignas, sus propuestas, sus metas, habían sido siempre iguales. Si la aceptación de ser un rebaño teledirigido existía desde que tengo memoria.

Y recordé, ya digo, tal consigna, sin ser capaz de situarla en el tiempo, ni de dónde surgió. Sí recuerdo, porque era ya veinteañero, alguna pegatina contra la telebasura, y algunos debates con preocupación de los presentes de hacia dónde se dirigía la televisión. Hoy la telebasura está totalmente aceptada, nos inunda a todas horas, y no se vislumbra la menor protesta social contra ella.

Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que junto a la telebasura se ha creado un nuevo régimen político silencioso, que era lógico que llegara, pues los medios lo permiten: la telecracia. Este nuevo sistema da un paso más en  la brutalización ejercido por la abyecta telebasura , que consistió en normalizar los insultos y la intromisión más absoluta en la intimidad de las personas, los debates de horas sobre la vida de determinadas personas; proyecto de las autoridades que indudablemente contribuye a degradar la condición humana lentamente, gota a gota.

Con la crisis económica y política, surge la necesidad de, para evitar posibles descontentos y revueltas, ante la desafección ciudadana a los viejos partidos, renovar el aparato dirigente, reenganchar e ilusionar a una población, ya constituida-constituidos- en populacho burgués consumista, tras unas décadas de relativa bonanza económica y enterrada salvo en algunas fechas puntuales y consignas para consumo interno de partidos y sindicatos de izquierdas la conciencia obrera, la lucha de clases o el breve espejismo setentero de las luchas autónomas fabriles-y ya sin apenas fábricas tras la reconversión industrial felipista- contrarias a los Pactos de la Moncloa, entierro de toda contestación y antagonismo real con el Orden.

Esta renovación de las ilusiones se hizo a través de la televisión, presentando a dos partidos presuntamente regeneradores o renovadores, para mayor claridad de la jugada, uno por la izquierda, Podemos, y otro por la derecha, Ciudadanos. Nuevas caras, una aceptable para el burgués clásico, tradicional, que no quiere el menor sobresalto. Otro para consumo de la izquierda burguesa populista, jóvenes y talluditos con discursos a veces rebeldes, contestatarios, que apoyando a Pablo Iglesias se sentían revolucionarios, alternativos, opositores del sistema.

Sentimientos que no eran más que un juego ficticio: sus seguidores eran y son, con todos los respetos para los amigos y amigas seguidores de tal personaje, votantes tradicionales de la casta. Descontentos porque el ideal de vivir cada vez mejor económicamente, de poder disfrutar de la vida, se obscurecía 

El podemita representa esa masa que buscaba un Líder, un Partido,  que quitara a los ricos, para hacer revivir la clase media.



Nada hay de contestatario y alternativo en Podemos, sus seguidores y sus votantes: su sueño era un Isidoro 2.0, como dice un buen amigo con talento, sevillano para más señas. Un mesianismo laico, continuador del Felipe González de los 80, ahora  digitalizado. El sueño ha durado muy poco, salvo para los fanáticos: Iglesias y su pareja se han enriquecido en tiempo récord, sin ser capaces ni siquiera de disimularlo frente a sus votantes, que no son para ellos más que una masa de borregos a los que timar.

No hay por qué sorprenderse, ni caben inocencias: eso ha sido, es y será el populismo. Conste, como autocrítica, que yo fui precursor de lo que podemos definir como peste ciudadanista o democratista. 

Pertenecí a Ciudadanos hasta 2009, en que dije adiós. Populista de primera hora, vamos. A destiempo, claro, pues no tuve la menor opción de enriquecerme y chupar del bote, ya que los medios de entonces se decidieron por UPyD, a la que luego abandonaron, por ser menos manejable y meterse con la banca.

Junto a esto, ha hecho su aparición un fenómeno muy inquietante, otra señal más de descomposición social y de evaporación del pensamiento crítico: las movilizaciones dictadas por las propias autoridades. Esto es evidente en dos fenómenos dispares. Uno, el famoso Proces, aquel tinglado, que aún colea y coleará un tiempo, en el que una serie de autoridades inmersas en el saqueo y corrupción típicos del sistema partitocrático, basado en el reparto del dinero público, lograron pasar de causar indignación a concitar la admiración de parte de la población catalana, incluyendo los sectores marginales revolucionarios- perseguidos por tramas falsas- simplemente al sacar de la chistera el independentismo, vistiéndolo de derecho a decidir.

El éxito de este movimiento ha sacado a la luz la realidad: la muerte de la conciencia obrera, del ser un individuo explotado, dominado y alienado, y el triunfo de ese democratismo burgués que se traga la farsa del voto, de que somos ciudadanos iguales en derechos y en deberes. Empoderados, vaya, por usar esa palabreja tan espantosa de moda en los nuevos falsos contestatarios, fenómeno que Miguel Amorós o Corsino Vela llaman la izquierda del capital.

Así el nacionalismo, esa idea nefasta que tanto contribuyó a las guerras y a la destrucción definitiva del movimiento obrero, esta nueva carlistada, es tragada y digerida gustosamente por muchos llamados alternativos, que se convierten en los tontos y tontas útiles del capital y las autoridades estatales, sitas en Cataluña.

El otro movimiento de las autoridades, ha sido el impulso al feminismo. Su crítica es mucho más difícil, pues el virus de la corrección política es tan fuerte, que señalarlo te convierte en un derechista, en un reaccionario. Pero aquí nos la suda la corrección política. Buscamos, acertando o equivocándonos, la verdad.

Y la verdad, por dolorosa que pueda ser para algunos es que la huelga feminista fue apoyada por los medios de comunicación de todo signo, desde la tele pepera, hasta las teles que se presentan de izquierdas-en realidad, se ve claramente que izquierdas y derechas son las dos patas del sistema, éste necesita a ambas, pues necesita crear la ilusión de dos mundos enfrentados, para enfrentar a la población y hacerles creer que una parte de sus títeres están de su parte-.

Y todos sabemos qué son las teles y a quién pertenecen. Por tanto, cuanto menos debería resultar sospechoso que el capital favorezca huelgas. Y lo hace porque, aunque nuevamente esto rechine a los oídos biempensantes,  el feminismo, hoy, es un movimiento puramente institucional, sin más objetivo que las mujeres participen en igualdad de condiciones con los hombres en las tareas de dominar y explotar. Por tanto es un movimiento muy beneficioso para el aparato, o los aparatos que nos gobiernan, favoreciendo, de paso, la destrucción de las relaciones hombre-mujer, doble éxito para ellos, y también reforzar el Estado policial, pues hace pocos hemos escuchado propuestas de condenar los piropos-que ya casi no se oyen- y hasta las relaciones sexuales si una mujer no dice claramente sí, es decir como el viejo nacionalcatolicismo, quiere entrometerse en los asuntos carnales de cada uno.

Es lógico que esto lo apoye la llamada izquierda del sistema. Menos que quienes dicen oponerse a él se traguen el sapo sin la menor mirada crítica.

Pues así estamos en Occidente: el pensamiento revolucionario ha sido enterrado. El pensamiento prosistema, sea cual sea su colorido, ha triunfado. Como decía Franco: cautivo y desarmado el ejército proletario-ya lo sé, he querido cambiar lo de rojo-, han alcanzado las tropas del Estado y el capital sus últimos objetivos. La guerra, ha terminado.




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domingo, 1 de julio de 2018

El país de los pájaros que duermen en el aire. Un paseo por la extraordinaria Naturaleza española

Para este verano, y saliéndome de las lecturas habituales, o quizás  sea mejor decir volviendo a etapas desaparecidas de mi vida, fases que con el tiempo, sin darte cuenta, en invasión silenciosa,cual termitas melancólicas, vuelven a ocupar un espacio en las inquietudes, en las estanterías; nostalgia de la infancia, añoranza de una vitalidad, unas ilusiones y unas esperanzas que el tiempo amarillea y marchita, escapando, digo, de los libros habituales en los que me recreo, un tanto tóxicamente, los últimos años de mi existir; recomiendo un texto de la bióloga y divulgadora Mónica Fernández-Aceytuno.

Vi su obra, de casualidad, en la sección de Naturaleza, como me gusta decir, de una céntrica librería de la ciudad. Su nombre me trajo la evocación de los años noventa, cuando mi padre compraba el ABC, y el nombre de Mónica aparecía de vez en cuando firmando pequeños recuadros, bellamente escritos, sobre la fauna y la flora de nuestro país.

No pude resistir la tentación y me hice con la obra .En ésta, fiel a su estilo narrativo poético, nos lleva de paseo por la geografía terrestre, marítima y aérea de nuestra patria chica, presentándonos a los amigos vegetales y animales que comparten nuestras vidas y que, en general, no suelen centrar nuestra atención, como si fueran viejos cachivaches abandonados en algún rincón de las casas, las calles, las ciudades, los campos.



Ella misma vive en una aldea muy cerca del mar, conectando dos mundos, lo que se nota en su profundo amor y conocimiento de la Naturaleza, en sus ruidos y silencios, el aullido del viento, el crujir de las hojas, el zumbido de los insectos, el canto de los pájaros, la sombra acogedora de los árboles.

El título del libro, además, hace mención a los vencejos, ese extraordinario pueblo aéreo, habitante perenne de las nubes, salvo para criar, presente con su chirriar en los amaneceres y ocasos, por desgracia en franca decadencia por obra y desgracia de otro pueblo, el humano. Y el vencejo es un ser por el que siento, al estar vinculado a mi vida desde pequeño, esperando siempre con entusiasmo su llegada, un enorme aprecio, y, tengo que decirlo, envidia, al sentirme esclavizado a una vida encadenada al suelo.

Por las páginas de El país de los pájaros que duermen en el aire, no pasa sólo Mónica, sino pescadores, campesinos, amigos, investigadores... que nos informan de las vidas y costumbres de esos otros compañeros de paso por este purgatorio llamado Vida.

Y del prólogo me quedo con su idea de la necesidad de una nueva rama del árbol, una rama que una ciencia y humanidades. Esperemos que, algún día, esa rama pueda despuntar y acoger bellos nidos.